viernes, julio 31, 2009

El minuto perfecto


Todos los días tienen, al menos, un minuto perfecto, aunque rezumen tristeza todos los poros de nuestra piel.
Para mí, uno de los mejores momentos del día es aquél en que me siento en el jardín después de cenar. Si bien es un instante de tranquilidad también lo es de disfrute personal. Se trata de saborear la soledad inmersa en la profundidad de los pensamientos, buscar en el acontecer del día que termina lo que haya quedado en el tintero o simplemente mirar al cielo y buscar a Casiopea.

Aires de cambio

Me siento algo irascible, sulfurada quizás. Acabo de venir de Correos y me he metido con todos los conductores que me he encontrado por el camino, he utilizado un variopinto abanico de exabruptos que yacían dormidos en un rincón de la memoria y no veo por que lleguen las 15.00h. para marcharme a casa y olvidarme de estas infernales semanas.
Ni que fuera a marcharme de vacaciones, que no es el caso. Sólo yo sé por qué mi estado de ánimo ha incrementado la susceptibilidad a medida que han ido pasando las horas. Me pregunto por qué, y este último "por qué" no tiene nada que ver con el primero. Al final he terminado con un juego de palabras incomprensible.

El cenit del verano

El verano se encuentra en el ecuador. Parece que fue ayer cuando los encierros de los sanfermines poblaban las cafeterías de madrugadores pendientes de esos dos intensos minutos. Y hoy ya termina el mes.
El año pasado sólo saboreé el verano a partir del 7 de agosto, que vine y disfruté a tope. Me sentía una extraña en mi propia tierra y, quizás todavía, pese a llevar varios meses aquí sigo sintiéndome 'rara'.
Agosto viene acompañado por un loco frenesí laboral. Yo no cojo vacaciones este mes, pero mis compañeras sí, lo que equivale a decir que no tendré casi tiempo ni para respirar. De todas formas, yo disfruto con lo que hago. Y mientras esté a gusto...

6 a.m.

Ya se nota que amanece más tarde. Cuando he abierto los ojos por primera vez aún era de noche. Empezaba a salir el sol por el horizonte cuando iba conduciendo. Y, aún dormida porque estaba en ayunas, me he quedado observando la belleza y la tranquilidad del día que empieza a despertar. Como siempre, el San Lorenzo al fondo imponente me corta la respiración por su majestuosidad. Algunos días se encuentra rodeado de un aura de neblina, pero hoy se veía su rígida sombra entre los colores añiles y grises del alba.

Durante mucho tiempo estuve viviendo muy lejos de aquí. En el otro lugar la tierra era lisa, llana, amarilla y árida. Era una tierra pobre, donde una pequeña parte del suelo estaba destinada a la producción agrícola de cereal y el resto a la cría de reses bravas. Si mirabas a tu alrededor, no se veía el horizonte en muchos kilómetros a la redonda.
Allí aprendí a echar de menos las montañas, los bosques, el abanico de verdes, la temperatura más húmeda, las estaciones de primavera y otoño (que en el otro lugar no existían) y un largo sinfín de cosas.
Antes no me paraba a observar lo que me rodea. Ahora sí. Sólo cuando lo echas de menos te conciencias de la inmensidad que te rodea.

jueves, julio 30, 2009

Melancolía, ciertamente

Es un sentimiento de pesar, firmemente anclado a la boca del estómago. Las mariposas de la tristeza revolotean alrededor, nerviosas. Es la nostalgia indefinida respecto a 'algo' que no llegas a comprender. Las brumas del ayer se ciernen sobre un día azul y se llevan lejos los colores del verano. Tengo ganas de llorar sin razón aparente.

Se llama melancolía.

El sol del atardecer


De ocho a nueve de la noche es una hora pésima para conducir, sobre todo en mi caso, cuando el sol me deslumbra y ciega y no veo nada. Así que tendré que esperar un rato para irme a casa. Por las mañanas ocurre otro tanto, que tampoco veo nada al venir aquí, pero ahí no puedo esperar, estoy impaciente por llegar y desayunar.
No veo por llegar a casa, quitarme los zapatos y no hacer nada. O salir al jardín con Yogui y juguetear con él.

Temor al olvido

Hay momentos en que cierro los ojos y me concentro en una única imagen. Temo que esa mirada se aleje de mi mente. A medida que pasan los días el esfuerzo por recrear sus ojos, su voz o sus rasgos es cada vez mayor. Lentamente se va desdibujando todo en mis recuerdos, como si sólo fuera fruto de un sueño de otra época.
Hay momentos en que cierro los ojos e intento recordar situaciones e instantes concretos, palabras que se dijeron en cualquier momento de las últimas semanas. A medida que pasan los días también se van difuminando, pero es más fácil recordar lo que se ha dicho que una imagen que se ha grabado en tu cerebro días atrás.
Y en esos momentos sonrío inconscientemente. No sé por qué, porque nada es como yo quisiera, sin embargo no puedo borrar de un plumazo esa sonrisa que se ha perfilado sin que me dé cuenta.
Intento no cerrar los ojos para no pensar. Es inevitable decir no cuando los sentidos han empezado a bailar descontrolados a su ritmo frenético.
En estos momentos sólo sé que no quiero olvidar, que no quiero que desaparezcan esos recuerdos. Porque en esos momentos mágicos, ocultos al resto de la gente, me siento un poco más feliz.

¿Un planeta sin internet?

Si internet deja de funcionar todo se reduce al caos. Hoy en día se utiliza para todo (o para casi todo). Te quedas un rato sin conexión y te ves atada de manos y pies.

Recuerdo hace diez años o más (hace diez años yo ya contaba con módem telefónico en casa que me desconectaba cada vez que llamaban por teléfono), cuando era una 'rareza'. Me había hecho un correo en latinmail, que no aceptaba ciertos documentos gráficos, luego lo cambié a mixmail y utilizaba el navegador de Altavista.
En pocos años ha avanzado tanto que ahora lo extraño es conocer a alguien que no sepa nada del tema.
En todo este tiempo he estado en contacto con chats, el messenger y sucedáneos, Skype, juegos en red (OGame), diversos foros (incluso creé uno), blogs; he navegado por mil estrellas diferentes y siempre siempre hay algo que me termina sorprendiendo. Lo mejor es la cantidad de gente que he conocido.
Me quedo con todo lo que he aprendido, con las personas que me han brindado su amistad, con las horas navegando, buscando información de todo tipo, con ese foro que me sirvió para encontrarme cerca de los míos estando tan lejos. Y que siga avanzando.
Lo que más rechazo me produce es que no todo el mundo lo usa de manera positiva, didáctica o enriquecedora. Esto te lleva a la desconfianza, por ejemplo, a la hora de abrir un blog con estatus oculto o crear un foro con -podríamos llamarlo- 'derecho de admisión'. No cuelgo fotos personales, porque no sé quién las va a ver; ni participo en esas redes sociales que están tan en boga en la actualidad.
Sería raro que, de repente, internet desapareciera. A mí podrían quitarme el móvil porque lo odio, pero internet lo uso para tantas cosas que me costaría bastante habituarme a no tenerlo.

Alojamiento en Bélgica

Brujas (Brugge)

Cuando me ofrecieron la posibilidad de ir a Bruselas y a Brujas en septiembre no tardé mucho en dar una respuesta afirmativa. El viaje se acerca a grandes zancadas y aún no tenemos alojamiento allí. No sé siquiera las personas que vamos (creo que ocho o nueve). He estado mirando en Google Earth, pero no viene todo lo que quiero, también he entrado en la página de Ibis Hotels (personalmente me gustan estos hoteles, aunque son iguales en todos los sitios) y he localizado el centro de Bruselas para no tener que andar mucho.
Adoro ver planos. Los requisitos para el alojamiento son que tenga una boca de metro o una parada de autobús cerca del hotel, que éste cuente con servicio self-service para desayunar (generalmente casi todos los hoteles hoy en día lo tienen) y, por supuesto, que esté cerca de la zona comercial.
El hecho de que aún no tengamos un lugar que dormir allí se debe a que somos muchos y, por tanto, hay un amplio abanico de posibilidades y gustos. Y si vas con un grupo hay que ponerse de acuerdo todos. Eso sí, al final, veo que seré yo la que reserve para todos.

Lo que sí es cierto es que ya he recopilado amplia información sobre las dos ciudades. Sé que hay mucho chocolate y que este año es el Año del Cómic (hay muchas exposiciones sobre Tintín, Lucky Lucke -cuyo autor era belga-, Titeuf y alguno más que no recuerdo).

miércoles, julio 29, 2009

El ajetreo de las terrazas

Aunque no me apetece mucho moverme de casa, he quedado en una terraza veraniega a tomar una cervecita. Desde allí se ve pasar a mucha gente. El trasiego de personas que van de un lado a otro es continuo. Sentada allí observas a la gente. Es interesante descubrir que un alto porcentaje de estos individuos van ensimismados y ni siquiera se dan cuenta de que son observados. Pensándolo bien, cuando yo paso junto a una de estas terrazas no miro hacia la gente que está sentada, a no ser que alguien me llame.

¡Oh! Sí que apetecen unas cañitas ahora...

En la acera


La última vez que aparqué en una acera me multaron, aunque no la pagué. Terminaron quitándomela. En el momento en que coges el coche entre las 11.00h. y las 14.00h. olvídate de encontrar sitio después para aparcar. De todas formas, para una hora más que debo estar aquí -y lo que tengo que hacer en esa hora, que me darán las 15.30h.- poco importa ponerlo en cualquier sitio. Claro que con la suerte que yo tengo seguro que tengo receta al bajar.
Hay quienes me dicen que por qué no cojo el otro coche. A veces lo cojo por las mañanas, por las tardes se lo dejo a mi padre (hablando con propiedad: él me lo deja a mí por las mañanas), que ya me ha dicho que me estoy aficionando. Lo que importa no es llevar un coche grande, de poco tiempo, con marchas automáticas y otros tantos botones que no sé ni para qué sirven. Al conducir, busco la comodidad y me he acostumbrado al que tiene más de quince años, carece de aire acondicionado, tiene marchas normales y es de color rojo, aunque creo que necesita una mano de pintura. Sé que me podría quedar en la carretera cualquier día, pero a mí me gusta el bólido este. Con el otro tengo problemas para aparcar y ni se me hubiera ocurrido subirlo a la acera.

Tengo un agujero en el estómago que no para de rugir. Pero lo que más me apetece es bañarme en la piscina, cosa que haré en cuestión de una hora.

El día que comienza su andadura entre papeles oficiales

A las 9.00h. repiqueteaban los zapatos sobre los adoquines del casco viejo. Ir al Ayuntamiento me abruma en el sentido de que no basta con ir una vez, sino que siempre falta algo, siempre tengo que volver.
Las calles estaban casi vacías. Ni siquiera había peregrinos en la plaza de la Catedral.

La ciudad empezaba a despertar, bajo el sol matutino de la actividad en ciernes de un día que está a punto de comenzar su ajetreo maquinal (otros ya habíamos iniciado ese ritmo febril).

Lo que se debe y no se puede evitar

Hay cosas que ocurren sin que nos demos cuenta, ¿acaso no se pueden evitar de alguna manera?
Yo creo que sí, que todo es evitable porque todo está en la cabeza, que es la que controla los demás órganos de nuestro cuerpo. Pero si mi cabeza controlara el deseo como yo quisiera (¿o no?) me pregunto por qué en estos momentos parece que el volcán entra en erupción.

Hasta hace relativamente poco tiempo yo llevaba una vida tranquila.


martes, julio 28, 2009

Gente

Esta mañana caminaba por una calle llena de rostros, caras impasibles mirando al frente, ojos que observaban ciertos monumentos arquitectónicos de siglos pasados, personas raudas cuyos pasos rápidos suenan en los adoquines.
En cierto sentido me ha recordado al cine, cuando graban a cámara lenta a la multitud que camina por las calles, para centrarse después en dos rostros que están predestinados a encontrarse. Concretamente me ha recordado a la película de "Closer", con Natalie Portman emergiendo entre la gente al principio y al final de la película.
En mi caso particular camino deprisa, sin mirar a los lados ni a la gente. A veces paro en algún escaparate o a veces me tienen que saludar porque parece que voy despistada.

Hay mucha gente por las calles estos días. Sale el sol y los lagartos salen a pasear.

Casarse por la iglesia

Es época de bodas. Comienzo el día 8 de agosto y aún me quedan accesorios por comprar. Esta tarde ha sido el bolso. Respeto que la gente se case pero al menos podrían ponerse de acuerdo para que sean poco a poco.
El contrato nupcial me parece de lo más ridículo que puede existir. Nos lo imponen, desde el principio de los tiempos, un grupúsculo de curas corruptos y machistas que están sedientos de poder y dinero. Que no hace falta demostrar a Dios que dos personas se quieren, porque Dios todo lo ve, está en todos los sitios. Y el amor no necesita firmas, ni contratos, ni testigos. El amor sólo requiere a dos personas que alberguen para con el otro un sentimiento superior, indescriptible.
Es obvio que estoy en contra de la institución eclesiástica como tal. Es un timo. Respeto a quien se una en matrimonio ante los ojos de Dios, pero yo no acepto esas reglas impuestas por la sociedad.
He aquí la libertad de expresión, opinión, elección.

Y si me casara... sería demasiado excéntrico, empezando porque si lo hiciera ya iría en contra de mis principios. La iglesia es un engaño mayúsculo.

Pequeños placeres del verano

Si tuviera que elegir una estación del año ésa sería el verano. Odio el frío, la lluvia, la nieve, el viento; no es de extrañar. Y me gusta que el sol me dé en la cara.
Otros veranos no, pero éste es especial, sobre todo porque disfruto del momento y del hecho de poder coger lo que tengo al alcance de la mano. Todos los días de calor deseo que llegue la hora de comer para darme un baño en la piscina. O dos. Nadar me relaja, me hace olvidar incluso lo más cercano.
Adoro llegar a casa, quitarme todo (que equivale a quitarse todas las cargas, incluso las mentales, algo que se agradece) y bañarme. Hay días en que he comido a las 15.30 h. sólo por haber perdido la noción del tiempo. Y no me importa prepararme a contrarreloj y llegar con cinco minutos justos para tomar un café rápido. Es un nuevo empezar, y esta vez sin cargas.

Antes, cuando estaba en Salamanca y carecía de la piscina, no lo echaba tanto de menos. Salamanca... me trae magníficos recuerdos y éstos son los que me entristecen por los años vividos allí, por la gente que conocí, por las fiestas que disfruté, por esas piedras desgastadas al sol que tanta gente han visto llegar... y marchar.

Kraken, monstruo de las profundidades

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Los hombres ya estaban desesperados. Más de veinte días llevaban cruzando el Océano Atlántico sin vislumbrar un poco de tierra. En la mañana del siete de enero habían partido del Cabo Hatteras, en Carolina del Norte, un estado de la costa este de los Estados Unidos, y se dirigían había la Europa más nórdica. Harían primero escala en Irlanda y luego continuarían hacia Noruega, donde dejarían su cargamento.
A todos los tripulantes del barco les gustaba navegar, pero después de tantos días de viaje, viendo sólo agua en el horizonte, tenían los nervios cada vez más tensos.
"¡Tierra"", gritó un marinero. "No puede ser", dijo el capitán del barco, "todavía nos faltan unas jornadas para llegar a tierra firme". Pero sí, a escasos kilómetros podía verse una isla en las aguas del Océano Atlántico.
Sabía el capitán que descansar un poco animaría el espíritu de sus hombres, así que no dudó en parar unos minutos en aquellas tierras antes de proseguir su viaje.
De pronto, cuando apenas faltaba un kilómetro para llegar a su destino, unos enormes tentáculos envolvieron el barco. Las aguas se removieron inquietas y las olas los cubrieron. Se había desatado una tempestad. Los hombres gritaban.
Ante ellos, se levantó la terrible bestia cuyo cuerpo habían confundido con una isla. Se trataba del kraken, un calamar gigante de casi cien metros de largo. Los tentáculos de la bestia envolvieron el casco y lo levantaron como si fuese de juguete, golpeándolo más tarde contra el agua. Ni un solo tripulante se salvó de la ira del animal.

Cuando se pierden la tolerancia y el respeto...

Una de las situaciones más denigrantes para un ser humano es el hecho de que alguien querido le pierda el respeto. Es curioso cómo, alrededor nuestro, se dan este tipo de situaciones más a menudo de lo que quisiéramos.
Llega un momento en que el sentimiento de cariño y afecto desembocan en furia desenfrenada, en energía negativa.
Es triste.


Se tardan años en aprender a amar a una persona íntegramente, en construir los pilares del afecto, segundos en destruirla.

Leviatán, animal perverso y huidizo

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Para algunos pueblos judíos de la antigüedad, Dios creó a Leviatán y a otros monstruos marinos durante el Quinto Día de la Creación. De entre todos ellos, Leviatán era el más maligno y escurridizo, el más peligroso de todos, y el que tenía mayor poder de destrucción. Según cuentan algunas leyendas, durante varios siglos Leviatán gobernó los océanos e impuso el terror entre los marineros y pescadores. Su cuerpo de serpiente y sus siete cabezas de dragón lo hacían temible y espantoso, y tan grande era el poder que Leviatán estaba alcanzando en el mar, que Dios decidió dormirlo hasta el día del juicio final, cuando dicen que volverá a despertarse la bestia para servir a su señor legítimo. Desde entonces, Leviatán duerme en las profundidades del Océano Índico y, en ocasiones, sus ronquidos provocan fuertes tempestades que hacen que algunos barcos naufraguen y muchos marineros pierdan la vida en el mar.
Y está escrito que el monstruo debe permanecer oculto y olvidado, y que ningún hombre, ni animal, ni bestia debe perturbar su descanso para que el mundo siga existiendo y no regresen los antiguos males que asolaron la Tierra en tiempos aún más terribles que los nuestros.

lunes, julio 27, 2009

El árbol de los amigos

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, mas otras apenas vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos. Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo padre y nuestra amiga madre, que nos muestran lo que es la vida. Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros. Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien. Mas el destino nos presenta a otros amigos, los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino. A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, amigos de corazón. Son sinceros, son verdaderos. Saben cuándo no estamos bien, saben lo que nos hace feliz. Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo enamorado. Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies. Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas. Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca. Hablando de cerca no podemos olvidar a amigos distantes, aquéllos que están en la punta de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones. Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría. Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino. Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrán de los que no nos dejarán nada. Ésta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

¿Santa Ana?

Es curioso lo que te puedes encontrar en el correo un lunes por la mañana, sobre todo si el email va dirigido a ti. Es curioso porque es gente con la que únicamente te relacionas laboralmente, a veces simplemente hablas con ellos por teléfono o te comunicas a través del correo electrónico, como es el caso del que me ha felicitado por Santa Ana. Es obvio que yo no sigo el Santoral. Quiero que conste el email aquí (obviando los datos personales):

"FELIZ ONOMÁSTICA
Enviado: domingo 26/07/2009 8:22

Sra. Dª. Ana XXX XXXX

Distinguida Ana:

En tan señalado día quiero desearte que lo pases feliz rodeada de los tuyos y que logres todos lo éxitos personales y profesionales que te mereces.

Sin otro particular por el momento, te mando un afectuoso saludo.

Atentamente.

Luis Xxxxxx

WEB: http://www.xxxxxxxxx.xx

CORREO: luis@xxxxxxxxxx.xx

NOTA:

Si no fuera realmente tu onomástica lo lamento pero lo he hecho con toda mi buena intención. El Santoral es muy rico y hay nombres que aparecen en varias fechas.

Y si me comunicas cuando lo es realmente, al año que viene no tendría esta equivocación."


Dicen mis compañeras que cosas así no les pasan a ellas. Guasas aparte.

domingo, julio 26, 2009

Nereidas, hermosas criaturas puras

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Cuenta una leyenda antiquísima que, en el principio de todos los tiempos, el mundo estuvo habitado sólo por cuatro criaturas: los gnomos, los silfos, las salamandras y las nereidas. Era un mundo elemental, puro, sin conflictos, donde estos primeros seres vivían en paz: los gnomos trabajaban la tierra; los silfos gobernaban los vientos; las salamandras administraban el fuego subterráneo y las nereidas regían las aguas del mar.
Quiso entonces el Gran Creador que construyeran un mundo habitable, y les ordenó que de la unión de la tierra, el aire, el fuego y el agua hicieran a todas las criaturas del planeta. Y así surgieron los animales y las plantas, pero también los dioses, las hadas, los enanos y el resto de los seres que pueblan la tierra. Pero cuando terminaron de trabajar, el Gran Creador les mandó dar forma a una última criatura, a la que llamarían hombre.
Al principio, las salamandras, los silfos y los gnomos protestaron, porque no querían trabajar más, pero al final se sometieron porque a sus hermanas, las nereidas, les había parecido muy buena idea. Entonces, de mala gana, los gnomos modelaron un poco de barro, al que los silfos llenaron de aire y las salamandras dieron calor, pero aquella criatura era tan tosca y poco agraciada que las nereidas tuvieron que hacer la mayor parte del trabajo. Las nereidas mezclaron con agua aquellos escasos materiales, barro, aire y fuego, y trabajaron día y noche la solución hasta completar la última obra.

Casi como en el paraíso

Me he dejado llevar por la parsimonia del sofá al terminar el día, por el vaivén de la somnolencia que aparece justo después de ponerse el sol, por las tertulias familiares con la familia o los idílicos momentos de reflexión en el jardín...
Estoy preparada de nuevo para reanudar aquello que más me gusta. Y para hacerlo a diario.

Hace un viento de mil demonios, pero estoy con el portátil en el jardín. A lo lejos se escucha el constante ulular de un ave desconocida, pueden ser patos; es un sonido reconfortante. A veces se escucha el motor de algún coche que pasa por el otro lado de la calle. Lo más molesto es el viento, pero saber que desde el jardín conecto a internet es relajante, porque éste es uno de los mejores lugares para plasmar las ideas que tengo en mente.
Antes escribía aquí. Lo hacía en viejos cuadernos con páginas de colores, sentada en la yerba, mirando el horizonte infinito que se extiende detrás de mi casa. El cementerio lejano, con sus grises y melancólicas piedras que alojan los recuerdos de los que nos dejaron en el camino, con los cipreses que proyectan sus altas sombras en las últimas horas del atardecer. Los campos de mil colores: ocres, amarillos, verdes... Los oscuros montes en la lejanía...

Estoy descansada. Ayer por la noche no salí más que a tomar el café en mi pueblo. No era tanto el bajón físico como el moral. Mi estado de ánimo estaba desparramado por los suelos. Sólo quería abrazarme al sueño que me brinda Morfeo y no pensar en nada. Hoy estoy, simplemente estoy, y quizás es por ese estado anímico por lo que me propongo escribir de nuevo, hoy que tengo tiempo y los días que vendrán.
Escuchando el ulular de las diminutas palomas (acabo de preguntar qué tipo de ave es), los pájaros que no cesan en su eterno trino y el maullido de Simoneta iniciando el ritual de su enésimo cortejo.

Y esto es casi como estar en el paraíso. ¿Por qué decía yo antes que odiaba los domingos?

Nessie, el monstruo del Lago Ness

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Cuando hablamos de seres fantásticos o de monstruos, pensamos siempre en seres imaginarios, inexistentes, sin sospechar que algunos de ellos pueden estar viviendo muy cerca de nosotros.
En las Tierras Altas de Escocia, al norte de Inglaterra, hay un lago muy estrecho y profundo, en cuyas aguas puede verse a un monstruo de grandes dimensiones, mundialmente conocido con el nombre de Nessie o monstruo del Lago Ness. Algunos piensan que Nessie es un plesiosaurio, un dinosaurio de agua, descendiente de los antiguos dinosaurios que poblaron la Tierra hace millones de años, pero... ¿cómo es posible que todavía sobreviva alguno?
Cuenta la leyenda que en el año 565 un joven misionero irlandés de apenas veinte años cruzó toda Escocia convencido de llevar el mensaje de Jesús a todas sus gentes. No sabía entonces el misionero que tres grandes hechos marcarían su vida: que sería la primera persona en conocer al monstruo del Lago Ness, que fundaría varios monasterios y que lo santificarían con el nombre de San Columbano.
Todo sucedió una fría mañana del año 565. Como cada día, el joven misionero se levantó temprano y se echó a la calle dispuesto a evangelizar Escocia. Esa jornada le tocaba predicar en la zona más al norte. Se encontraba en un valle cercano al Lago Ness cuando vio entre las aguas un largo cuello que atrajo su atención. Parecía un enorme animal con la cabeza pequeña y la piel oscura. Como no podía creer lo que estaba viendo, el misionero se frotó los ojos para asegurarse, pero no estaba soñando. Cuando volvió a mirar hacia el lago, el monstruo seguía allí y pudo contemplarlo con total nitidez.

sábado, julio 25, 2009

Nixes, ninfas de malos presagios


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Mi mujer y yo habíamos decidido pasar el verano en un balneario con otra pareja de amigos. Llevábamos allí cinco días y aquellas vacaciones prometían ser las mejores de nuestras vidas. Sin embargo, una mañana salimos los cuatro a dar un paseo por el pueblo y al cruzar una esquina mi amigo tropezó con una hermosa muchacha. Por supuesto, él se disculpó y la ayudó a incorporarse, pero ella lo rechazó con enojo y le echó una extraña mirada.
Aquella joven tenía los ojos verdes más turbadores y profundos que he visto en mi vida. Algo muy seductor había en ellos, y también algo maligno. Cuando se dio la vuelta para irse, observamos que el dobladillo de su falda estaba húmedo.
Aquel mismo día pasamos la tarde en el mirador del balneario. Desde allí se veía perfectamente un lago al que acudíamos para seguir el tratamiento que nuestro doctor nos había mandado, porque sus aguas tenían fama de ser medicinales.
Pero lo que vimos aquel día sobrepasaba nuestro entendimiento. Una muchacha bailaba sobre las aguas y hundía el borde de su falda en el lago y... por un instante, nos pareció que la ejecutora de tan estremecedor baile era la joven que habíamos visto por la mañana. Era tanta nuestra sorpresa que un anciano que estaba a nuestro lado nos sacó de dudas:
-Es una nixe que le danza a la muerte -dijo-. Mal presagio, sin duda.
Al día siguiente, mientras nos bañábamos en el lago, mi amigo desapareció de repente. Se lo tragó el agua y apareció ahogado dos horas más tarde en la orilla. Fue el anciano quien nos dijo que la nixe había anunciado su muerte con aquella danza.

viernes, julio 24, 2009

Polvo somos

Hoy he visto el DNI de mi tío. En septiembre se cumplirán dos años desde que se fuera para siempre. Tocar su DNI, algo físico, palpable, algo suyo que siempre llevaba consigo me ha causado enorme impresión. El hecho de tocar ese documento me ha llevado a momentos de su vida, momentos que ya no volverán.
Últimamente pienso mucho en él. El fin de semana pasado le decía a una amiga que aún, en estos dos años, no he visto su tumba, que evito ir al cementerio, que prefiero recordarle como quien era, como el tío favorito, que nos convirtió en discípulos de SU EQUIPO (¡cómo hubiera disfrutado con el triplete de este año!), el que siempre nos hacía reír...
No quiero entristecerme, aunque en la actualidad le recuerdo con una sonrisa en los labios, sabiendo que no está tan lejos mientras esté en mi cabeza, en mi corazón.

Un vahído

Desayunaba tranquilamente en la cafetería de abajo cuando todo ha empezado a dar vueltas a mi alrededor. Deseaba subir para que nadie notara el mareo que empezaba a engullirme sin yo poder evitarlo.
De repente he abierto los ojos y he levantado la cabeza del periódico abierto. Me ha llevado unos segundos reconocer la cafetería y he comprendido lo que estaba ocurriendo. Nerviosa, he mirado a los clientes y al del bar, que parecían no haberse dado cuenta. Un sudor frío me estaba recorriendo la piel y si me hubiera bajado del taburete en ese momento me hubiera desmayado. He intentado aguantar, me he preguntado cómo subir arriba sin caerme en el intento y finalmente he pedido un vaso de agua, explicando que tenía un ligero mareo, para sentarme después junto a la ventana abierta para empezar a coger color.
Aún me siento algo mareada, pero va pasando poco a poco. El caso es que no quiero ir a casa, y aunque no rinda al 100% al menos adelanto trabajo.

Arriesgar o morir en el intento

He perdido la cuenta del tiempo que hacía que no sentía tanto interés por un hombre. Esta historia comienza a finales de marzo y no estoy muy segura de que no vaya a finalizar cualquier día de éstos. A veces creo que he olvidado lo que es amar y sentirse amada. Y últimamente me he vuelto a sentir viva, porque quizás no he olvidado lo que es SENTIR. Aunque no voy a adelantar acontecimientos; no creo que haya más sentimiento que la más pura atracción física que se puede sentir por otra persona. Un estremecimiento me recorre la espina dorsal en cuanto le veo o me encuentro con él, y es casi a diario.

La atracción puede llegar disfrazada de mil formas, pero hasta el día en que clavó su mirada en mí y me sentí 'desnuda' no comprendí hasta qué punto podía atraerme. Y finalmente, pecando de inconformista, tuve que dar el paso para conocerle. No voy a negar que me arrepentí de haberlo hecho, sí, me arrepentí de haberle conocido porque siento que necesito más y más. Cuanto más le conozco más quiero conocerle.
Ahora... siento una incertidumbre total. Dudo sobre el hecho de ponerle las cartas sobre la mesa, explicarle que me estoy pillando y que el camino más fácil -para mí- sería abandonar y 'desaparecer', no permitir que esto vaya a más, sobre todo al desconocer lo que piensa él, que no ha dado ni una respuesta en los últimos días y no se ha dejado ver.

jueves, julio 23, 2009

"Los hombres que no amaban a las mujeres"

No voy a repetir el argumento cuando hace algunos meses comenté el libro homónimo.
Lo que sí es cierto es que la película está genial. Ya me lo habían dicho, incluso gente que no se ha leído el libro. Los personajes, especialmente Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, están muy bien caracterizados. La película es bastante fiel al libro, lo que es de agradecer. La recomiendo, no sin antes haber leído la trilogía -que es sublime-.

Así a modo de recuerdo...

Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) es un célebre periodista de la revista Millennium, que está pasando por una dura etapa, acusado de difamaciones contra una multinacional sueca, Wenneström. Pierde el juicio y decide alejarse de su trabajo, en el sentido de que no salpique a la revista. Es entonces cuando Henrik Vanger le ofrece un trabajo de investigación sobre Harriet, su sobrina favorita, desaparecida cuarenta años atrás. El anciano sabe que el asesino se encuentra entre un pariente cercano, movido, sin duda alguna, por la codicia.
Por otro lado, Milton Security ha sido contratada para investigar al periodista y es su mejor investigadora la que se hace cargo, Lisbeth Salander (Noomi Rapace), una hacker que consigue sobrevivir a duras penas. Es obvio que el encuentro entre Mikael y Salander les va a llevar a convertirse primero en compañeros, en amigos (y amantes) después.

Las nornas, doncellas del destino

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Creían los escandinavos que tres damas tejían el destino de los hombres, a las que llamaban nornas, y que cada una de ellas simbolizaba el paso del tiempo: Urd, la más anciana, personificaba el pasado; Verdandi, la más hermosa de las tres, representaba el presente; y Skuld, que se ocultaba detrás de un tupido velo, encarnaba el futuro.
Las nornas se encontraban siempre junto a la fuente sagrada de Urdar y tenían el encargo de regar con agua el fresno Ygdrasil, el Árbol de la Vida, pues de él dependía la existencia de todos los seres de la Tierra.
Las nornas eran unas damas muy importantes. Ellas no podían cambiar la suerte de los hombres, pero conocían el destino de cada uno desde el momento en que nacían.
En cierta ocasión, el rey de un antiguo reino llamó a las nornas para que acudieran a su castillo y vaticinaran el futuro del joven príncipe que acababa de nacer.
Urd se fijó en el linaje de sus padres y predijo que sería un muchacho noble y bien parecido; Verdandi miró a su alrededor y leyó en los ojos de los reyes el amor que sentían por su hijo, y auguró que el joven príncipe crecería sintiendo el afecto de sus padres y, cuando fuera rey, sería un rey justo y seguro de sí mismo; pero Skuld, siempre más pesimista, confesó que todo eso sería verdad, pero que sería rey antes de lo que todos pensaban.
El día que el joven príncipe cumplió los siete años, el rey cayó muerto en batalla. Desde ese día el joven príncipe gobernó justamente su reino, ayudado en todo momento por los consejos de su madre.

Como una droga

Y llega un momento en que comprendes que necesitas más y más, que es como una droga sin la cual no puedes vivir, que no hay un minuto del día en que no le dediques un pensamiento, que a medida que pasan las horas tu cuerpo te pide un 'chute' más.
Y cuando no lo tienes lo deseas más y más. Tal y como digo al principio: como una droga.

La cabeza en casa

Como gran fetichista de los bolsos, esta semana me he propuesto usar, como mínimo, uno cada día, sin repetir. Y lo voy cumpliendo.
El problema es que, al cambiar todas las cosas de bolso a las 6.00 a.m., te dejes algo que está en un bolsillo interior. Hoy llevo todo ¡menos la cartera! Ni siquiera puedo ir a casa a por ella, porque eso requiere coger el coche. El desayuno lo tenía pagado (por un amigo que cumple años hoy), y para el café de las doce ya me las arreglaré.

miércoles, julio 22, 2009

Anoche tuve un sueño

Anoche tuve un sueño. Soñé algo tan especial que merece que le dedique unas palabras.
Me he despertado con la espina dorsal temblando y una sonrisa radiante, para tornarse oscura a medida que iban pasando las horas.
¿Cuándo los sueños se convierten en realidad? En estos momentos me gustaría tener la magia suficiente para desear que ese sueño fuera premonitorio y se convirtiera en un hecho real. Desafortunadamente carezco de ese tipo de magia.

Empiezo a sentirme pillada, como hacía tiempo no me sentía. Y tengo miedo, tengo tanto miedo que miro hacia el pasado para descubrir que, en los últimos tiempos y en este tipo de situaciones, siempre terminaba tomando la decisión de huir.

¿Y ahora...?

¿Qué es la tristeza?

Creo que me siento un tanto triste desde ayer. No sé cuáles son las circunstancias exactas. De repente noto el bajón moral, que me desplomo, que los ojos se me rasgan al pensar en ciertos momentos y/o personas. Intento evadirme de la realidad, aun sabiendo que sólo hay una manera para hacerlo, la única manera que me transporta a mundos imaginarios.
Me siento desolada, con incertidumbre y lo peor de todo es que desconozco el siguiente paso. Me cuesta caminar, mirar al frente.
Después de cenar me senté en el jardín y me quedé flotando en los pensamientos que te brindan la soledad y las noches estivales. Y sentí un repentino nudo en el estómago. Tragué saliva y vacié mi mente de los oscuros presentimientos que podían cernirse sobre mi persona. Intenté sonreír, consciente de lo que me cuesta hacerlo estos días.
En estas ocasiones, siempre me acuerdo de la célebre frase del poeta hindú, R. Tagore:

"Si te caes siete veces, levántate ocho".


La verdad es que es un proverbio chino, no una frase de Tagore (comprobado).

El llanto de las cicatrices

Cuando contemplo mi cuerpo, me encuentro con variadas cicatrices de diversos tamaños que ya hace tiempo se cerraron. La última es de mayo y todavía llama la atención el resplandor rojizo. Siete puntos en la ingle, que consiguieron que evitara la piscina pública los primeros días de verano.
Tengo otra en el ombligo, de una hernia que me quitaron hace cuatro años en Ávila. Realmente no se nota nada, el trabajo fue tan perfecto que hay que observar fijamente, pero las miradas ajenas se desvían unos centímetros para observar de cerca el tatuaje del pegaso que sigue implacable en mi tripa.
Unos años antes me hice un buen tajo bajo la rodilla izquierda y ahí queda una blanquecina cicatriz. Cuando la miro recuerdo las lejanas risas de mi tío, aquellas risas que ya no podré escuchar, cuando vio los chorretones de sangre caer por la pierna.
Todas traen recuerdos, valiosos recuerdos. Volvería a pasar por el terrible dolor de los puntos sin anestesia de esa rodilla sólo para poder escuchar a mi tío reírse, en aquellos momentos donde aún no había aparecido aún aquella enfermedad que se lo llevó para siempre.
Últimamente me acuerdo mucho de él, pero son recuerdos que me guardo para mí, recuerdos que conforman un álbum de fotos en mi memoria, alentados por el calor del cariño, por la falta de una persona que aportaba tanto, que reía tanto.
Siento el temblor de los dedos al escribir sobre él. Le siento cerca, más cerca que nunca.

Sin embargo, las peores cicatrices son las que no se ven.

martes, julio 21, 2009

La sinfonía de las manos

No hace muchos días toqué las manos más suaves, aterciopeladas, musicales que he tocado nunca. Creo recordar que se me erizó la piel. Y no exagero al decir que aquellos dedos tenían música. Además fue un acto inconsciente. Fue después, al recordar, cuando descubrí las sensaciones de aquel momento concreto.

Siempre he pensado que las manos y los ojos son dos partes del cuerpo humano que, de una manera u otra, brindan una información inaudita a los demás. La mirada es importante porque puedes descubrir si la otra persona te oculta algo o no, si sus ojos son diáfanos, si parpadean mucho o poco, si mira profundamente o desvía la mirada... Y las manos te ofrecen amplia información sobre la otra persona. Las manos que yo toqué eran de músico, de artista, delicadas y suaves, cálidas. Esas manos invitaban a confianza y me enseñaron cualidades que no están a la vista.

Hay manos traicioneras,
manos sin memoria,
manos que han vendido hasta sus ideas,
ahora se mueven en tenebrosas oficinas,
forman alianzas, cuentan billetes,
pobres manos vacías.

Hay manos crueles,
manos manchadas de sangre,
como las de aquel dictador chileno,
manos asesinas que ahora lanzan misiles.

También las hay dignas,
no se callan ni se esconden del frío,
manos castigadas que reclaman lo suyo,
manos del trabajador.

Pero nada como tus manos,
cuando vuelvo del abismo,
tan pequeñas y tan fuertes,
descubren donde traigo las heridas.

Y hay manos libres,
lo dieron todo por un sueño,
hoy son de fuego,
ya se han vuelto inmortales.

lunes, julio 20, 2009

Dos cañitas

La tarde se me ha hecho bastante larga, en el sentido de que estar sola es mortal. Lo mejor es que, algo más tarde de las siete (y, por supuesto, fuera del horario de oficina), he quedado con I., sabiendo que tenía que volver a terminar un asuntillo.
Son más de las nueve y sigo aquí. Al menos el sol no me deslumbrará a la hora de ir a casa. Y espero que sean antes de las diez.

Las cañitas apetecían, aunque sólo fuera para despejarme. Las terrazas de Santo Domingo a veces me traen recuerdos de las Biergarten en Alemania, que a las ocho de la tarde estaban llenas de gente y a las doce no quedaba nadie. Aunque allí eran jarras de medio litro.

Buitres

No soporto que me echen piropos de manera gratuita, sobre todo cuando provienen de esos buitres que se mueren por pillar 'cacho'. Es que hoy ya van dos. Te pones una minifalda y hay quienes se ponen insoportables.

Caso 1: Ana se encontraba tranquilamente desayunando en la cafetería, con bastante sueño porque todavía no había probado el primer café de la mañana, ese que despierta totalmente y que impulsa a empezar el día llena de energías.
Viene D. y la mira de arriba a abajo.
-Buenos días, ¡qué guapa estás hoy!
Ana mira para otro lado, ignorando la frase y sigue desayunando, pensando en las ojeras pronunciadas, el pelo revolucionado y mirando el reloj preguntándose si ya va siendo hora de subir.
-¡Hola, D.! ¿Qué tal el fin de semana?
La conversación sigue su curso, a caballo entre la vacuidad y la nimiedad, tonterías sin profundidad que se dicen todos los días.
-¡Estás morena! ¡Hasta las piernas las tienes con color!
Ana desconecta, permitiendo que el otro siga con su perorata matutina y sin interrupción.

Explicación: Mis compañeras de curro intentan meterme a D. por los ojos. Me parece un gran tío y me cae bien. A veces le invito a desayunar, otras me invita él. Ahí acaba todo. Lo que él no sabe es que ciertas observaciones me caen encima como jarros de agua fría, sobre todo si son a primera hora de la mañana.

Caso 2: Viene el propietario de una de las Comunidades, a quien tengo la enorme desgracia de haber conocido en abril. Y digo desgracia porque -y no me gusta usar esta expresión- está 'muerto de hambre'. Ya desde el primer día intentó un acercamiento. Después, con la de veces que he tenido que ir a su ciudad, me ha pedido datos personales, como mi teléfono (le di el del trabajo) y el correo electrónico (esto ha sido hoy). Pero la última vez que me personé allí y empezó a hacerme preguntas de índole privado, como el de las relaciones sentimentales y demás, me envaré y salí por patas. Es obvio que he empezado a evitarle.
Pues hoy ha venido, me ha mirado de arriba a abajo, y en un momento que nos hemos quedado solos me ha saltado:
-¿Qué haces para estar tan buena?
Lo peor es que no me ha quitado ojo en la hora y media que ha estado. Finalmente me ha pedido el correo electrónico. Es una pena que le haya dado el de hotmail, una pena por él, ya que no uso ese correo. Estaba deseando que se pirara cuanto antes.

Sobran los comentarios.

On Monday

No debería 'robar' horas al trabajo para escribir que los lunes por la mañana llevan a desidia con sólo pensar en que queda toda la semana por delante. Realmente no es tan grave porque, en cuanto cierre los ojos y los vuelva a abrir, ya habrá pasado toda la semana. Que se pasan volando las semanas.
Todavía me sigue dando la sensación de que llegué a La Rioja ayer para quedarme definitivamente y en breves se cumplirán cuatro meses.
Este lunes, empero, empieza nuestro 'particular' horario de verano: en días alternos podré disfrutar de las tardes libres. Es de agradecer. Aunque mañana me pesará levantarme a las seis de la mañana.
También le he cogido el coche a mi padre, lo que supone un cambio. No tengo ni idea de para qué diablos sirven la mayoría de los comandos del coche, aunque lo he aparcado bien a la primera, que es lo que más temía.

Lunes por la mañana. Creo que aún no he despertado al cien por cien. El hombre del tiempo ha pronosticado tormentas para hoy. Miro a la ventana y veo sol. Y, a pesar de ser lunes, me encuentro pletórica, con energías nuevas, positiva y... algo feliz.

domingo, julio 19, 2009

Moto GP: Gran Premio de Alemania

Llevo como cosa de un mes sin hablar de la Moto GP y del motociclismo. No es porque me haya olvidado, sino porque, por la razón que fuera, no vi el motociclismo. Me perdí la de Holanda y la de Laguna Seca (de donde tengo un buen recuerdo del año pasado con aquel duelo magistral entre Rossi y Stoner).
Hoy estaba en la cama y me he despertado pensando en ver la carrera. Cuando me he levantado faltaba un cuarto de hora para el final. Era el GP de Alemania, ayer llovía en Sachsenring y hoy ha seguido el duelo entre Rossi y Lorenzo. Con la de hoy, Valentino hace su victoria nº 101 y ya está más cerca de igualar al más grande de los grandes del Motociclismo: Giacomo Agostini (con 123 victorias en su carrera).
El segundo y tercer lugar en el podio ha sido para Lorenzo y Pedrosa respectivamente.

Como mi hermano no está no me ha estado chinchando por el hecho de no apoyar a los españoles. Siempre le explico que aún tenemos a Valentino para rato.

El paso del tiempo

Si empezara a contar el número de ocasiones en que me he obsesionado con el tiempo me faltarían dedos en las manos y los pies para enumerarlas todas. Incluso he soñado en cómo sería parar el tiempo tan sólo un minuto.
Si me pusiera a pensar en todas las veces en que me he sentado delante del ordenador con intenciones de escribir, permitir que la energía creativa fluya por mis dedos y perder la noción del tiempo CREANDO historias... me sobrarían los dedos de las manos. Ayer me recordaron que no podía dejar de lado algo que me llena tanto. Y en estos momentos no tengo excusas.

Hablando del paso del tiempo, aprovecho la ocasión para felicitar a V. por su cumpleaños.

sábado, julio 18, 2009

La belleza de las cosas pequeñas

La vida corre tan rápido que ni siquiera tenemos tiempo para parar un momento y observar lo que nos rodea. Puede pasar por nuestros ojos una panorámica de una belleza insólita y, por mucho que miremos, somos incapaces de ver nada. Ni siquiera somos conscientes de las cosas pequeñas. Y cuando no vemos, tocamos, olemos, sentimos lo más nimio, quizás por parecernos insignificante, empezamos a olvidar.
Y volver a recordar lleva mucho tiempo. Yo he olvidado el penetrante olor de una rosa bañada por el rocío de la mañana, he olvidado a qué saben los besos, las agridulces despedidas, cerrar los ojos frente al mar y escuchar la rugiente serenata de las olas en calma, he olvidado el sonido de los zapatos sobre las piedras mojadas de la Plaza Mayor (de Salamanca) en una tarde de tormenta; he olvidado que no quiero olvidar.
He vuelto a recordar que en las cosas pequeñas está el don de los grandes prodigios de nuestra vida, los que han sido y los que están por llegar.