
No soporto que me echen piropos de manera gratuita, sobre todo cuando provienen de esos buitres que se mueren por pillar 'cacho'. Es que hoy ya van dos. Te pones una minifalda y hay quienes se ponen insoportables.
Caso 1: Ana se encontraba tranquilamente desayunando en la cafetería, con bastante sueño porque todavía no había probado el primer café de la mañana, ese que despierta totalmente y que impulsa a empezar el día llena de energías.
Viene D. y la mira de arriba a abajo.
-Buenos días, ¡qué guapa estás hoy!
Ana mira para otro lado, ignorando la frase y sigue desayunando, pensando en las ojeras pronunciadas, el pelo revolucionado y mirando el reloj preguntándose si ya va siendo hora de subir.
-¡Hola, D.! ¿Qué tal el fin de semana?
La conversación sigue su curso, a caballo entre la vacuidad y la nimiedad, tonterías sin profundidad que se dicen todos los días.
-¡Estás morena! ¡Hasta las piernas las tienes con color!
Ana desconecta, permitiendo que el otro siga con su perorata matutina y sin interrupción.
Explicación: Mis compañeras de curro intentan meterme a D. por los ojos. Me parece un gran tío y me cae bien. A veces le invito a desayunar, otras me invita él. Ahí acaba todo. Lo que él no sabe es que ciertas observaciones me caen encima como jarros de agua fría, sobre todo si son a primera hora de la mañana.
Caso 2: Viene el propietario de una de las Comunidades, a quien tengo la enorme desgracia de haber conocido en abril. Y digo desgracia porque -y no me gusta usar esta expresión- está 'muerto de hambre'. Ya desde el primer día intentó un acercamiento. Después, con la de veces que he tenido que ir a su ciudad, me ha pedido datos personales, como mi teléfono (le di el del trabajo) y el correo electrónico (esto ha sido hoy). Pero la última vez que me personé allí y empezó a hacerme preguntas de índole privado, como el de las relaciones sentimentales y demás, me envaré y salí por patas. Es obvio que he empezado a evitarle.
Pues hoy ha venido, me ha mirado de arriba a abajo, y en un momento que nos hemos quedado solos me ha saltado:
-¿Qué haces para estar tan buena?
Lo peor es que no me ha quitado ojo en la hora y media que ha estado. Finalmente me ha pedido el correo electrónico. Es una pena que le haya dado el de hotmail, una pena por él, ya que no uso ese correo. Estaba deseando que se pirara cuanto antes.
Sobran los comentarios.