
Si internet deja de funcionar todo se reduce al caos. Hoy en día se utiliza para todo (o para casi todo). Te quedas un rato sin conexión y te ves atada de manos y pies.
Recuerdo hace diez años o más (hace diez años yo ya contaba con módem telefónico en casa que me desconectaba cada vez que llamaban por teléfono), cuando era una 'rareza'. Me había hecho un correo en latinmail, que no aceptaba ciertos documentos gráficos, luego lo cambié a mixmail y utilizaba el navegador de Altavista.
En pocos años ha avanzado tanto que ahora lo extraño es conocer a alguien que no sepa nada del tema.
En todo este tiempo he estado en contacto con chats, el messenger y sucedáneos, Skype, juegos en red (OGame), diversos foros (incluso creé uno), blogs; he navegado por mil estrellas diferentes y siempre siempre hay algo que me termina sorprendiendo. Lo mejor es la cantidad de gente que he conocido.
Me quedo con todo lo que he aprendido, con las personas que me han brindado su amistad, con las horas navegando, buscando información de todo tipo, con ese foro que me sirvió para encontrarme cerca de los míos estando tan lejos. Y que siga avanzando.
Lo que más rechazo me produce es que no todo el mundo lo usa de manera positiva, didáctica o enriquecedora. Esto te lleva a la desconfianza, por ejemplo, a la hora de abrir un blog con estatus oculto o crear un foro con -podríamos llamarlo- 'derecho de admisión'. No cuelgo fotos personales, porque no sé quién las va a ver; ni participo en esas redes sociales que están tan en boga en la actualidad.
Sería raro que, de repente, internet desapareciera. A mí podrían quitarme el móvil porque lo odio, pero internet lo uso para tantas cosas que me costaría bastante habituarme a no tenerlo.
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