
Durante siglos, marineros de todas las épocas y lugares han contado que una gigantesca criatura con forma de serpiente se les había aparecido en alguno de sus viajes. Los relatos más frecuentes nos llegan de los países escandinavos, de las frías aguas de Noruega, Dinamarca, Suecia o Finlandia. Cuentan estas historias que un horrible monstruo se acercó a escasos metros de un barco con intención de volcarlo, y los marineros más afortunados relataron que una enorme serpiente se alejó al oír sus disparos.
Corría el año 1518 cuando Olaf Mansson, que años después llegaría a convertirse en Arzobispo de Uppsala, en Suecia, decidió viajar por toda Escandinavia con la intención de conocer el folclore y las costumbres de su tierra. Durante más de cinco años estuvo tomando apuntes de los lugares que descubría o de las historias que le contaban y, con todos los datos que obtuvo, realizó diversos mapas y publicó una historia natural de las tierras escandinavas.
Como se puede leer en su obra, unas gigantescas serpientes marinas de hasta sesenta metros de longitud se acercaban a las costas con la intención de arrebatar a los hombres de las cubiertas de sus barcos. Aunque estos seres vivían entre las rocas, salían a la superficie para devorar animales o atacar a los barcos, pero a los hombres sólo los rozaban cuando una terrible catástrofe estaba a punto de asolar el país, anunciando el inicio de una guerra o la muerte del soberano.
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