martes, julio 28, 2009

Kraken, monstruo de las profundidades

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Los hombres ya estaban desesperados. Más de veinte días llevaban cruzando el Océano Atlántico sin vislumbrar un poco de tierra. En la mañana del siete de enero habían partido del Cabo Hatteras, en Carolina del Norte, un estado de la costa este de los Estados Unidos, y se dirigían había la Europa más nórdica. Harían primero escala en Irlanda y luego continuarían hacia Noruega, donde dejarían su cargamento.
A todos los tripulantes del barco les gustaba navegar, pero después de tantos días de viaje, viendo sólo agua en el horizonte, tenían los nervios cada vez más tensos.
"¡Tierra"", gritó un marinero. "No puede ser", dijo el capitán del barco, "todavía nos faltan unas jornadas para llegar a tierra firme". Pero sí, a escasos kilómetros podía verse una isla en las aguas del Océano Atlántico.
Sabía el capitán que descansar un poco animaría el espíritu de sus hombres, así que no dudó en parar unos minutos en aquellas tierras antes de proseguir su viaje.
De pronto, cuando apenas faltaba un kilómetro para llegar a su destino, unos enormes tentáculos envolvieron el barco. Las aguas se removieron inquietas y las olas los cubrieron. Se había desatado una tempestad. Los hombres gritaban.
Ante ellos, se levantó la terrible bestia cuyo cuerpo habían confundido con una isla. Se trataba del kraken, un calamar gigante de casi cien metros de largo. Los tentáculos de la bestia envolvieron el casco y lo levantaron como si fuese de juguete, golpeándolo más tarde contra el agua. Ni un solo tripulante se salvó de la ira del animal.

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