
Todo ser humano busca la felicidad, se pasa toda la vida buscando la felicidad, sin darse cuenta de que la felicidad está delante de sus ojos, pero vive tan obcecado que se encuentra ciego ante lo que tiene ante sí.
Cuando miramos a veces hacia atrás, al pasado, encontramos momentos felices. Y sí, es cierto que no volverán. Aparece esa especie de nostalgia que es difícil hacer claudicar. La felicidad es este momento.
Hace mucho tiempo que comprendí que la felicidad proviene del interior, incluso en los momentos más dolorosos, tristes y problemáticos de nuestra vida. No tenemos que buscar algo que ya tenemos. Supongo que el truco es que nunca nos conformamos con lo que nos brinda la vida: buscamos un amor que nos haga un poco más felices, deseamos obtener una casa, un coche, una familia que nos brinden momentos de felicidad, perseguimos nuestros sueños hasta conseguir cumplirlos. Y sufrimos mientras buscamos la consecución de nuestros deseos. La felicidad es ahora, cuando te conformas (eso sí, momentáneamente) con lo que te brinda la vida, cuando saboreas esos momentos de paz. Felicidad es recordar y sonreír, pero también disfrutar del presente para seguir engrosando el cofre de recuerdos que atesoramos a lo largo de nuestras vidas. Felicidad es amar a alguien con locura y ver toda una vida en sus ojos, aun no teniendo a esa persona, pero reconocer que amándole a él amas todo lo que te rodea. Felicidad es observar el cielo, con sus nubes, su sol, sus estrellas y sus relámpagos y ser consciente de tu existencia en el mundo, saber que el cielo se volverá gris y que volverán más primaveras… y todas las estaciones volverán a ser diferentes de la actual. Felicidad es sentir la brisa fría del aire fresco en sus mejillas, las gotas cálidas de una lluvia inesperada mojando tu ropa, escuchar cómo crujen las hojas otoñales bajo tus botas, el olor de después de una tormenta, tocar los pétalos de una rosa recién abierta…
Felicidad es mirar unos ojos que te transportan al séptimo cielo en cuestión de segundos. Felicidad es escuchar las notas celestiales de una voz cuyo sonido te pone la piel de gallina. Felicidad es sentir en tu piel su tacto suave y reconocer que te estremeces con ese sutil roce.
… Cuando comprendí que la felicidad estaba dentro de mí me propuse ser feliz siempre…
Ahora bien, la felicidad actual podría incrementarse a la enésima potencia si el amor que siento se consumara. Soy feliz igualmente. Podría estar mejor, pero también podría estar peor; son las dos caras de una misma moneda.
Supongo que nunca nos conformamos, que siempre hay algo que nos quita algo de esa felicidad.
Hoy soy más feliz que hace unos años. Creo que el aumento de felicidad se vio incrementado al ser consciente de que amaba, y que al amar amaba todo lo que me rodeaba.
Y a veces lloro, a veces soy infeliz, a veces me desmorono, a veces estoy triste, a veces me enfado. ¿Y qué? Si incluso las tormentas más rebeldes terminan pasando. Él seguirá ahí, viviendo su vida, y yo seguiré en mi nube, disfrutando de una felicidad que si no es plena es, al fin y al cabo, felicidad.
Yo soy feliz porque hace mucho tiempo me propuse no buscar la felicidad, sino disfrutar de la felicidad que nos rodea y que, la mayor parte de las veces, no conseguimos ver. Y he descubierto que pensar en él también me lleva a la felicidad.
Hoy he leído un cuento sobre la felicidad. Y me he puesto a reflexionar. En la balanza de mi vida siempre han pesado más los momentos felices. Y hace algo más de un año conocí a alguien que me aporta mucho con muy poco. Últimamente me pregunto si me he enamorado. Yo creo que no, que no puedo abrazar al aire. Pero él está ahí. Nuestra mente recrea las situaciones con la persona que amamos con tal perfección que a veces nos sentimos desbordados.
Debería darle las gracias por tantas cosas… Es que él no sabe que apareció en mi vida en un momento crucial. Es como si hubiera aparecido un jardinero y hubiera estado regando una flor que se estaba marchitando, siendo el jardinero él, con esa personalidad misteriosa y magnética que tiene, y mi corazón la planta que se estaba ajando. Pero yo jamás podría decirle esto, porque entonces surgirían más preguntas cuyas respuestas prefiero obviar. Si yo hace dos años tenía mermada la capacidad para amar, ¿cómo es posible que ahora ame tanto y con locura? Será que en este tiempo he conocido a un ángel.