martes, agosto 31, 2010

Recuerdos de otros mundos


La habitación del Shinagawa Prince Hotel, Tokio

Estoy esperando a que se calienten las planchas, aunque preferiría que se me secara el pelo antes. Esto me recuerda a un día de junio de este año, a un lugar que está a años luz, un lugar donde ahora es madrugada...
Mi primera noche en Japón, recién llegada a un hotel cuya recepción empezaba en un tercer piso y que yo sola jamás hubiera encontrado. La situación es similar, pero en realidad difiere bastante.
Aquello era un viaje de placer, había un ajetreo inmenso en los alrededores del hotel y a esta hora yo ya había cenado. Esto es un viaje cercano, pero no de placer (aunque en cierto modo se asemeje bastante a unas vacaciones en el sentido de que no estoy inmersa en lo cotidiano), estoy con mucha gente y hablo en castellano, aún no he cenado y en la calle resulta asombroso la poca gente que hay (algo que cambiará bastante al comenzar el año académico).
Me recuerda a Osaka porque también ahora lleno mi espera escribiendo. Las palabras que yo comencé a escribir en aquella acogedora habitación de hotel en Osaka se convirtieron en rutina, pero una rutina agradable, una rutina que yo buscaba cada noche, pues al llegar a cada hotel lo primero que hacía era buscar las hojas donde constaba el membrete. Y me gustaba hacerlo. Fueron palabras que cruzaron océanos, que viajaron solitarias en avión y supongo que fueron leídas. Podría haber cogido un libro y haberme puesto a leer, podría haberme puesto a cantar, pero en aquel momento sólo me apetecía describirlo todo, a mano, como hacía siglos que no hacía. Hoy no es tan diferente. No estoy en un hotel y, por tanto, carezco de todo aquel material de escritura japonés. Tampoco tengo una tetera preparada al lado, como había allí en todos los hoteles donde estuve. Ni tengo televisión, ni secador, ni todo el menaje que tienen los baños de los hoteles. La habitación no tiene más que unas mesas vacías, sillas, camas y armarios. Está despersonalizada. Tampoco tiene un kimono sobre la cama. Pero la situación es la misma: espero a que se me seque el pelo mientras se calientan las planchas y escribo. La forma de escribir no es la misma. Allí sentía la necesidad de compartirlo, la necesidad de describir todo; ahora no tengo esa necesidad, lo escribo por mí, porque tengo ganas de hacerlo, pero esto no es novedad, y aquello lo era. Esto es demasiado conocido, demasiado nuestro...

También hay otra cosa que cambia: en Japón yo comía pescado a diestro y siniestro. Anoche me pusieron pescado y me fui con un compañero de Ciudad Real a cenar a la tasca de enfrente. Hoy también cenaré allí, no necesito pasarme por el comedor para deducir que si no hay pescado habrá huevos, tortilla o cualquier producto ligero típico de un menú para escolares. Es lo que hay. Prefiero el pollo de la tasca de enfrente.

Lo que daría por volver a la Osaka que conocí hace dos meses, volver a vivirlo todo, volver a verlo todo, volver a tener todas esas sensaciones, volver a descubrir todo, volver a escribirlo todo...

El regreso

En el tiempo que he ido y regresado del centro, incluidas las compras y un café, todavía no han llegado el resto de los que están en mi grupo. No hasta las ocho. Es decir, que me ha costado poco ir al centro, hacer las compras que tenía que hacer, esperar dos autobuses y estar de nuevo aquí.
Vengo agotada, así que me voy a dar una ducha rápida antes de cenar y voy a leer un poco.

En fin, ya hemos pasado el ecuador, porque el viernes me iré a primera hora de la mañana. El viernes no es imprescindible que estemos aquí.

Ya funciona la WiFi

Si estoy aquí es porque, efectivamente, ya me funciona la WiFi. Que ya era hora, después de dos días. Creo que todo el mundo ha tenido problemas con el sistema de WiFi y muchos teníamos los portátiles parados. Pero ya puedo escribir entradas desde el portátil, subir imágenes de algo más de calidad que las hechas por el móvil, etc.
Los días son muy intensos aquí. Entramos a las nueve de la mañana y salimos a las ocho y media de la tarde. La asistencia es obligatoria, pero me voy a largar hoy a las seis al centro a comprarme zapato cerrado, que mañana han dado lluvias y sólo tengo sandalias.
La gente es agradable y la mayor parte de las veces los oradores nos cuentan historias reales basadas en propias experiencias. Y entonces todo es más interesante, porque, al fin y al cabo, eso es el pan de cada día. Casi todo el mundo que está aquí (y somos muchos) trabaja en esto en el día a día, así que nada nos suena a chino.
Y, cuando me aburro, pienso en alguien y todo resulta menos aburrido. Lo peor es que quizás hace más frío que en cualquier otra ciudad.
¿Qué hago aquí? Para mí son unas pequeñas vacaciones. Es que no lo puedo llamar de otra manera. Aun así, pensaba que iba a tener más tiempo libre...

Código técnico de edificación

Aquí seguimos, con el código. Podría recordar perfectamente cuando lo vi por primera vez. Por noviembre. Lo mal que lo pasaba entonces al coger el CTE. Lo que vi una noche en la calle, el desmoronamiento y este código del que me surgieron infinitas dudas. Como para no recordarlo...
Y todo pasó. Aquello reforzó mis sentimientos hacia él.
Vuelvo al código.
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Dibujar mentalmente

No hay mayor libertad que la de la mente. Tengo tal facilidad para desconectar que, por ejemplo, esta tarde me he encontrado soñando despierta, evocando un rostro que casi me se de memoria y dibujando mentalmente los dulces rasgos que ansío besar, observar, acariciar... Entonces le he sentido cercano, aunque no lo está tanto. He recordado su dulzura y me he sentido más contenta.
Ni se la de veces que he evitado mandarle un mensaje, pero me he cortado los dedos y al final nunca lo he hecho. Igual que escribo entradas al blog... sería fácil darle a enviar, pero algo me dice finalmente que no. Entonces cojo el bolígrafo y presto atención, para volver a caer en la ensoñación y comprender que cada vez que mi mente piensa en él mi corazón le quiere un poco más.

Me voy a soñar con él.

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lunes, agosto 30, 2010

Hablando de decibelios

Pues es interesante la charla. Si hasta he cogido apuntes. Yo creo que nos iremos al centro.

Esto lo he empezado a escribir antes, lo que ha ocurrido es que nos hemos pirado un chico y yo a tomar algo media hora antes.
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Tarde

Un policía local esta hablando sobre la problemática de los ruidos a nivel municipal. Lo que ocurre es que no es hora de charlas, sino de echarse la siesta. Sin embargo, he estado cacharreando con el portátil sin éxito, ya que sigue sin funcionar la wifi. Mañana solicitare otra clave o les diré que me lo solventen.
Al menos es más interesante que lo de esta mañana. De todas formas, estar aquí hasta las 8.30h es un poco pesado. Además no han pasado lista de asistencia, así que perfectamente podría haberme quedado durmiendo o podía haber bajado al centro.
Tampoco puedo conseguir hoy la clave de wifi porque las oficinas están cerradas ahora (menos mal que siempre me quedará la Blackberry). El portátil lo uso para otros menesteres (jugar, escribir, buscar una red de wifi libre -que no hay-). Escribir aquí, aunque cueste más hace que todo lo que están contando sea menos arduo.
He desconectado porque está enfocando la conferencia a esta ciudad y me consta que la legislación cambia según comunidades y según ciudades.
Esta noche dormí con vaqueros. Me quedé 'frita' sobre la cama, pensando en él. A última hora tenemos un vídeo.
Necesito un café. Porque me he tomado después de comer uno de máquina, que parece ser no ha hecho efecto.
Me aburre un poco el tema. Me recuerda todo a la época universitaria, un período que ya pasó, por eso me daba tanta pereza venir esta tarde. Pero en sí mismo el tema de los ruidos me aburre por la forma en que lo está enfocando. Y es que tampoco es hora...
Siempre puedo entrar en ese estado de ensoñación para pensar en él y desconectar completamente de todo esto. Claro que si le dedico unos minutos seguro que se me pasa la tarde volando.
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Cuatro minutos

En cuatro minutos nos vamos a comer. La mañana ha sido un tanto densa y creo que todos queremos marchar.
Tengo delante un cuaderno cerrado porque no me apetece escribir más.
Lo mejor es que ya tengo las claves de la WiFi.
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En algún lugar

Este es un lugar significativo de una ciudad castellana. Salamanca no es porque sus piedras eran doradas. Aquí son plateadas y yo ya había estado antes. Es la hora del café.
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domingo, agosto 29, 2010

Cruzando calles solitarias

Una ciudad universitaria en agosto es una ciudad fantasma. He cenado rápidamente y en el restaurante no vendían tabaco, así que he surcado las solitarias calles de esta ciudad castellana en busca de un lugar donde vendieran.
Seguramente que durante el curso esto no esta tan olvidado de las manos de dios, tan alejado del centro. A un lado, edificios cerrados; al otro lado, también. Ni siquiera se ve gente en la calle.
Mientras caminaba pensaba en él. No se por qué de repente me he encontrado preguntándome si él estudió aquí. Nunca se lo he llegado a preguntar. Quizás caminó por estas mismas calles. Aunque en otra parte de la ciudad. Es por un amigo en común que sí estudió aquí. Por eso a él también le he relacionado con esta ciudad, aunque realmente no lo se. Quizás se lo tenga que preguntar algún día.
Voy a leer y dormir. Mañana espero haber conseguido la clave de la WiFi.
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Varias horas sin wifi

De momento no tengo conexión a internet. Al menos hasta mañana. No importa, así me ire pronto a la cama. Estoy a punto de cenar...

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Otra ciudad

Ya estoy en otra ciudad, no muy lejos de casa, pero ya son otros aires y estaré con otra gente. También echare mucho de menos a alguien...
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Un viajecito rápido

Esta tarde me marcho unos días, no muy lejos y no es un viaje de placer, aunque sí será como una semana de vacaciones. No me apetece nada, ni siquiera he empezado a hacer la maleta. Pero es algo que tengo que hacer.
Me llevo el portátil porque ya he comprobado que entre los servicios disponibles hay WiFi, así que aunque por el día no pueda conectarme, sí podré hacerlo por las noches, o al mediodía. No sé, porque lo de esta semana me resulta muy arduo.

sábado, agosto 28, 2010

Planeta Comunio


-Sois unas envidiosas: jugamos al póker y aprendéis a jugar, nos hacemos nuestra liga en Comunio y queréis vuestro propio equipo... Es que se os antoja todo lo que hacemos nosotros.
-Es que nos dejaréis fuera cuando habléis del juego, y no queremos.
-Venga, vamos a dejarlas que entren. Seguro que con la suerte que tienen nos despluman a todos.

¿Qué es Comunio? Porque para nosotras, que no soportamos el fútbol, es de guasa estar ahí.
Se trata de un juego on-line de fútbol. Te registras y te asignan aleatoriamente jugadores de la Liga de fútbol que te irán dando puntos. Compras y vendes jugadores y éstos van puntuando a nivel individual según las jornadas reales de fútbol. Ninguno de los jugadores se repite y es un círculo cerrado de gente. Es decir, quince de nuestros amigos tienen su propio equipo, pago previo de cinco euros, y tres de nosotras nos hemos apuntado a última hora con un equipo para las tres. Hemos asignado de asesor-manager a un niño de 14 años que es un encanto, incluso nos ha dado su correo electrónico para preguntarle.
No nos gusta el fútbol, pero el caso es participar. Cada semana una de nosotras se encargará de hacer fichajes y de poner las alineaciones.

Paellas, sol, amigos, una boda con sables, cartas, póker y Comunio. Así hemos pasado la tarde, y ha sido algo muy agradable, para disfrutarlo. A las nueve volvíamos a casa. Podrían ser todos los sábados así... Todos juntos.

Esto es media vida

No nos cansamos de la ermita, de la naturaleza que nos rodea, del día soleado que se ha quedado. Tras el café nos hemos terminado tumbando y la visión es la de las ramas de los árboles que dejan huecos libres de azul. Hay sueño... Y una boda en media hora.
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Luchar por...

Unos los llaman objetivos, otros ilusiones, hay quien los llama sueños. Algunos se cumplen, otros no los verán cumplidos nuestros ojos nunca. Pero es importante tener esas ilusiones, plantearse objetivos a corto o largo plazo, soñar… Quien no se ilusiona por nada en la vida está viviendo sin vivir, sin disfrutarlo. Claro que nos enfrentamos a dificultades, claro que hay obstáculos, claro que a veces es duro… Todo puede solventarse, todo tiene una solución… todo termina pasando y todos terminamos pasando página a esas dificultades.
Hoy tengo una ilusión muy grande. Mejor dicho, son un objetivo y un sueño. El objetivo, aunque a largo plazo, es viable. Está en mis manos. Es algo que está en mí: conseguir eso que conlleva ese objetivo es algo ya casi hecho.
El sueño es más complicado de cumplirse. No depende ya de mí, sino de otra persona. Posiblemente sigamos siendo amigos siempre, posiblemente nunca pase de ahí. Pero soñar es gratis y le quiero muchísimo. No puedo evitar imaginar que me despierto cada mañana a su lado, que enredo mis dedos en su pelo, que le cubro por completo de besos, que… Pienso en él y siento esa felicidad que muy pocas personas pueden llegar a aportarnos. Pienso en él y siento la belleza de todo lo que está a su alrededor, la belleza en todo lo que hace, la belleza en todo lo que dice, la belleza en sus gestos, en sus miradas, en sus manos… Rozando la perfección.
Los objetivos están para cumplirse. Las ilusiones y los sueños no siempre se cumplirán, pero son necesarios.

Es tan fácil quererle y tal complicado acceder a él…

Se me ha hecho tarde y mañana madrugo. Es tan fácil soñar con él y sonreír cada vez...

viernes, agosto 27, 2010

Momento piscina

Ya era hora de disfrutar de unos momentos de sol en las piscinas de mi pueblo. Sólo había venido a tomar cervecitas a última hora de la tarde. Hoy también he pedido una cerveza, pero hoy he entrado.
Además hay mucha gente, cómo se nota que es viernes por la tarde. Voy a ver si leo un rato.
El agua de esta piscina esta de lujo, aunque tiene mucho cloro.
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Tarde de verano...

Se supone que yo debería estar a las cinco en las piscinas. Empiezo con que he llegado a casa a las 16.30h., que hemos estado hablando de algo de esta mañana que no me apetece contar, no hasta que no sea definitivo, mientras sea una ilusión sólo será una ilusión (una ilusión que me ha llevado a hacer muchos cálculos).
Después me he puesto el bikini y me he dado cuenta de que tenía que depilarme. Luego he estado buscando una bolsa de playa que me compré el año pasado y he tenido que ir a buscar una silla para encontrarla encima del armario (aún me falta llenarla).
Y además tengo diez minutos caminando hasta las piscinas, ya que mi padre me ha dicho que se llevaba el coche (y yo el todo-terreno, no). Así que le he dicho: "No te preocupes, cogeré la bici o iré caminando". Y bien, lo que iban a ser las cinco serán las seis. Pero hoy no me iré a la cama sin probar el agua de las piscinas públicas. Es cierto que no ha hecho buen tiempo los fines de semana y que por las tardes a última hora no apetecía entrar, pero es que hoy, casi terminando agosto, será el primer día de este verano que me baño allí. No ha habido otras ocasiones...
Tengo aún que preparar la bolsa... Que me esperan allí. Creo que la entrada cuesta dos o tres euros, pero ni siquiera eso sé.
Me estoy acordando de la estrella de esta mañana. Ni siquiera me he parado a pensarlo, lo he hecho y ya está (lo considero un hecho inocente, en mis dedos iba el cariño hacia esa persona). Y en ese momento le he sentido muy cercano. No puedo hacerlo más veces. Una vez puede pasar. Si lo repitiera podría intuir quién deja las huellas dactilares en su coche, y no es plan.
En fin, puedo seguir escribiendo en las piscinas. Ahora he de irme a tostarme bajo el sol.

Dibujando estrellas

Hoy he ido a un lugar, un lugar especial donde he tenido que tomar una decisión, aunque esta aún no es definitiva, porque me han dado unas semanas para pensármelo. Y cuando iba he visto un coche. He pasado al lado y me he detenido sólo para dibujar una estrella en el cristal. Si llega a venir en ese momento me da algo. Entonces le hubiera dicho que estaba haciendo la prueba del algodón. Ha sido gracioso cuando un conductor ha pasado lentamente y se ha quedado mirando como diciendo: Qué hace esta?
Al volver a pasar por allí ya no estaba.
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Nightmares


Hace años aún tenía pesadillas que me llevaban de cabeza durante el día. De repente, una noche aprendí a soñar y comprendí que prefería soñar.
Recordando algunas de esas pesadillas, había algunas que eran recurrentes, que se repetían en ciertas situaciones. Una de ellas incluso me avisaba cuando me iba a poner enferma, porque sólo aparecía esa pesadilla cuando tenía fiebre.
En todas las habitaciones de mi casa hay molduras de escayola que separa el techo de las paredes. Me solía quedar dormida mirando esas molduras, cuando mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, y de repente soñaba que aparecían monstruos (semejantes a las gárgolas de una catedral) que se movían en mi dirección. Entonces me despertaba sudando y seguía viendo los seres monstruosos que venían hacia mí. Y gritaba tanto que mis padres se asustaban. Al día siguiente, tenía fiebre y debía guardar cama. Pero, como todo, pasó. Un día dejé de ver seres fantásticos que me despertaban por la noche. Recuerdo que una noche incluso empecé a correr por el pasillo señalándoles a mis padres dónde estaban mis perseguidores.
Otra pesadilla que solía despertarme sudando (y no gritando esta vez) era cuando soñaba que caminaba descalza por un campo con plantas que me llegaban a la cintura y sentía en las plantas de los pies el roce sibilino de cientos de serpientes. Siempre he tenido fobia a las serpientes, tanto que me resulta insoportable incluso ver fotografías.
Y había una pesadilla que resultó constructiva. Soñaba que un día me levantaba de la cama y cuando hablaba escuchaba palabras que no entendía (las que yo decía), pero además no entendía lo que la gente me decía. Me sentía un personaje tan extraño que era horrible. No podía comunicarme con nadie y eso producía impotencia en mí. Con esta pesadilla no llegaba a despertarme, aunque un día comprendí que saber idiomas era importante para comunicarse. Así que yo me lo tomé como un buen mensaje. Aunque he perdido mucho vocabulario en los idiomas que aprendí, aún sigo defendiéndome cuando salgo al extranjero. Mucha gente podría pensar que esta pesadilla provenía por influencia de la Iglesia (por estudiar con monjas o por la catequesis y las misas obligadas de los domingos), pero no era así. Creo que fue porque me contaron el argumento de un libro de una niña que no quiso aprender a leer y, al no poder leer un cartel de "Perro peligroso", la mordió un perro. Me lo contaron, porque yo de niña no leía nada.
Hablando de influencias, siempre he querido saber cómo se llama una película de Alfred Hitchcock donde entierran a una persona viva. Porque siendo una niña vi esa película y me encontré soñando con que estaba dentro de un ataúd. Aunque ahí sólo me desperté soñando, fue suficiente para no volver a ver películas antes de dormir durante mucho tiempo.

¿Qué pasaría si un día no pudiéramos entendernos con las personas que queremos, si nuestras palabras no casaran con lo que queremos decir y nuestras manos escribieran algo que ininteligible? Y que fuera un hecho generalizado, que le ocurriera a todo el mundo. Sería otra nueva torre de Babel, sería horrible.
Aunque hay un lenguaje único que no necesita ningún tipo de comunicación más que un gesto. Me pregunto si él me entendería lo que quiero decirle con sólo mirarle. O si podría entenderle yo a él. Me gustaría que nos comprendiéramos, claro. Pero para saberlo tendría que ocurrir algo tan utópico como lo que he descrito. Y eso no va a ocurrir.

La imagen es de una librería japonesa. No sabía japonés. Para mí, las letras japonesas eran como dibujos. Apenas existían los libros de pastas duras; casi todos eran flexibles (y obviamente más baratos). Abundaban las series de cómics. Y yo me traje uno, un libro-cómic (un libro que sólo contuviera texto no tiene sentido si no lo entiendo), que empieza por donde nosotros tenemos el final. De todas formas, pese a no saber el idioma, sería capaz de escribir alguna palabra (como Tokio) en japonés de memoria. En Japón no podía ocurrir como en mi pesadilla, ya que allí podía recurrir al inglés.

jueves, agosto 26, 2010

El cielo más oscuro

A medida que venía a mi pueblo el cielo se iba oscureciendo más y más.
Al ir al coche he visto muy cerca otro vehículo y le he sentido muy próximo. Ahora no lo recuerdo pero seguro que he sonreído inconscientemente.
Hoy no le he visto, pero me he acordado mucho de él...
Mañana por la tarde tiene que hacer calor para entrar a las piscinas de mi pueblo, que aún no me he bañado aquí. Y va a terminar el verano.
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Dónde me llevará la tarde

Acabo de quedar, porque hoy están todos en las piscinas. Pero lo que me gustaría de verdad es quedar con una persona, y no para caminar, sino para tumbarnos en cualquier lugar donde no dé el sol y corra un poco el aire, tomando una bebida muy fresca y hablando de cualquier cosa. Sólo estar con él, compartir un momento del día con él, robarle unos instantes y mirarle a los ojos diciéndole todo sin pronunciar palabra.
No se puede tener todo. Aunque es una imagen idílica. Porque tan sólo su presencia basta para dotar al mundo de una belleza insólita. Y su imagen, evocada una y un millón de veces, me hace soñar...

Contrastes de temperaturas

Me da pereza coger el coche y marchar a casa por el calor que hace. Aquí estamos en el Polo Norte, pero cuando salgo a la calle parece que entro en el desierto del Sáhara. Me recuerda al día que pasé en Doha, aunque aquello era mucho más, pero era un calor parecido.

He llamado a la peluquería para cancelar la cita y me voy a poner en remojo durante un rato, que se agradece.

Buscando la materia prima

Dicen que una mente creativa descubre arte en el objeto más simple que se halle ante sus ojos. Un trozo de madera no será un simple trozo de madera cuando en esa mente imaginariamente se haya convertido en una flauta de la que salgan las melodías más fantásticas jamás escuchadas; una hoja de periódico no será una simple hoja de periódico cuando en la mente sea una pajarita de papel; una piedra no será una simple piedra cuando la mente la visualice como la sirena que decorará el mascarón de proa de un buque... Y en un sentido que me toca más de cerca, una hoja en blanco no será una hoja en blanco cuando yo visualizo mis palabras en ella, convertidas en historias.

Mucha gente me ha dicho que tengo enorme creatividad, pero no es necesario que nadie me diga lo que poco a poco he ido descubriendo. No es sólo creatividad, sino que además tengo gran imaginación y una mente soñadora. Pero eso lo he ido descubriendo poco a poco.

Creé este blog hace unos años para buscar la belleza y en la belleza estaba el arte (aunque no todo el arte conlleve belleza). Creé este blog porque me di cuenta de que las palabras, moldeadas con imaginación, también creaban arte. Y adoro el arte de la escritura.

Y en él veo un ángel, no porque le esté mirando con la mente creadora y creativa, sino porque veo la belleza que hay en esa persona. Porque miro esos ojos y descubro la nobleza que creía desaparecida en el mundo, porque escucho su voz y descubro una bondad sin límites, porque veo su sonrisa y el reloj del mundo se congela. Y todas esas cualidades, todas esas virtudes sólo las he visto en una única persona…

La belleza siempre aparece donde menos la esperábamos. Yo era como aquel tronco frío, rígido, que estaba secándose. De repente, un día llegó alguien y poco a poco fue creando una flauta diminuta de madera. Ahora suenan los acordes que nunca quise escuchar…

Y sí. Adoro escuchar esos acordes. Todo lo que me rodea está cargado de música, pero también de magia. Esto antes no era así, pero a mí me gusta cómo es ahora el color de las cosas.

Para mí no existen hojas en blanco, sino que existen palabras. Y esas palabras se mueven al ritmo de una música cuyos acordes bailan en función de la magnificencia que yo veo en una persona en el mundo. Esa persona es única. Parece irreal, pero esa persona existe.

miércoles, agosto 25, 2010

Lo que siempre rechacé

Siempre he rechazado el amor como tal, siempre lo he visto como un conjunto de estímulos y sensaciones incontrolables que no se pueden definir de otra manera.
Y he amado en el pasado, pero no he amado como amo ahora. Siempre he rechazado el amor como tal, pero ha llegado un momento en que las evidencias me llevan a aceptarlo. Si existe una palabra para describir lo que siento en estos momentos esa es “amor”.
Y es incontrolable en el sentido de que, cuando me encuentro con él, me tiembla la voz de tal forma que no puedo evitarlo, que ni siquiera respirando profundamente puedo hacer que pare. Y es incontrolable cuando siento el impulso de tocarle, de mirarle, de abrazarle, de escucharle… aunque aquí finalmente consigo controlar todos los impulsos. Es incontrolable cuando veo su coche, por ejemplo esta tarde, y siento su cercanía, siento que un hilo invisible de magia fluye en esa dirección. Y entonces descubro que estoy sonriendo, y que soy feliz, y esa felicidad se incrementa por el cúmulo de sentimientos hacia esa persona tan grande.
Supongo que es amor. El sonido de otro corazón rige tus pensamientos, vives sabiendo que él está cerca y que mientras él esté cerca todo el entorno será más perfecto. A pesar de caminar todos los días por las mismas calles, cada día esa calle vuelve a ser una novedad, porque hoy has descubierto una planta que ayer no viste, no porque no estuviera, ya que siempre estuvo ahí, sino porque observas más todo lo que te rodea. Y es como si vieras todo por primera vez. Ves el pájaro que se ha posado en un balcón, indiferente al ruido y a la gente, y descubres una belleza inusual en el ave. No desconoces cómo es el canto de un pájaro ni desconoces cómo son, pero es como si fuera la primera vez que lo vieras. En su delicadeza está su belleza.
Entonces esa belleza del mundo, ¿siempre estuvo ahí? ¿o depende de cómo lo estén mirando mis ojos? Pero a mis sentidos ha llegado una influencia externa. Ha sido una persona la que me ha abierto los ojos, la que me ha hecho creer de nuevo en el amor, y ni siquiera lo sabe. Él lo desconoce. Yo no creía y ahora creo.

He empezado a escribir sobre este tema esta tarde, pero en un momento dado me he visto obligada a marcharme. Necesitaba hablar de ello. Supongo que no terminaba de asimilarlo, pero los hechos son obvios.

Cuando le miro a los ojos veo un mundo entero en ellos, y es cuando me siento contagiada por esa fuerza que emana de él. Descubro en esa mirada perfecta lo mejor que existe en el mundo. En ese instante me entran unas ganas terribles de abrazarle, de susurrarle al oído cómo es la grandeza que veo en él… pero no me atrevo a hacerlo ni a decírselo.

Amor… No puedo dar la espalda a lo que siento. Simplemente lo siento y ya está. Y no es malo sentirlo, antes lo rechazaba, pero ahora, al sentir esa efervescencia de sentimientos de todo tipo, me siento alborozada. Alegre. Tranquila. Algo más feliz.

Por un abrazo suyo

Es tan dulce recordar ese torrente de palabras que me hacen vibrar, es tan dulce evocar esa mirada tímida que me desboca el corazón, es tan dulce imaginar sus caricias, sus besos, sus pensamientos.

Imagino que me abraza y el mundo alrededor de nosotros se hace más pequeño en comparación con el abrazo de esa persona.

Si pudiera parar el mundo en esos instantes en que me encuentro con él… lo haría. Aunque no me salgan las palabras, aunque me tiemble la voz, aunque no sepa dónde meterme las manos o hacia dónde encaminar mis pasos, aunque no me atreva a mirarle y cuando lo haga vuelva a sentirme ‘perdida’, aunque sepa que para él soy transparente…

Es tan grande la fuerza que emana de esa persona…

Grandeza de espíritu

La grandeza de espíritu existe en muy pocas personas de las que llegaremos a conocer a lo largo de nuestra vida. Yo he conocido a una persona que tiene esa grandeza de espíritu y es contagiosa. Le miro a los ojos y descubro una bondad infinita, indescriptible; su nobleza interior emana desde el interior y todo lo que no tiene color reluce con todos los colores del mundo... Es imposible no quererle. Y, en estos momentos, me siento tocada. Tocada por su dulzura, por su encanto, por su paz. Y adoro querer a esa persona tan especial.


"Ningún día es igual a otro,
cada mañana tiene su milagro especial, su momento mágico,
en el que se destruyen viejos universos
y se crean nuevas estrellas".

martes, agosto 24, 2010

Situaciones imprevistas

Hay ciertas situaciones que ocurren cuando menos lo esperas. Esta tarde estaba tan centrada en lo mío que, en cierto momento, he decidido ir a tomar algo. ¡Cuál ha sido mi sorpresa al encontrar allí a quien menos esperaba encontrarme...! Después de tanto tiempo no he sido capaz de alejarme mucho.
Lo primero he sentido que me temblaba la voz. Después de pedir ya no temblaba, pero no he podido alejarme. Tenía que preguntarle cómo le iba todo, y tenía que hacerle algunas preguntas que sé que él puede responderme. Sigo confiando en él por completo. Le he mirado a los ojos y he sentido tal paz que no tengo palabras para describirlo. Y estaba guapísimo. Después de tanto tiempo, encontrarme con él ha sido un momento sublime. Loable.
En unos minutos le he descrito lo de Qatar Airways y otro asunto que me importa más, uno de esos asuntos donde, si tomas la decisión definitiva, será algo para toda la vida. Me interesaba su opinión y, por eso, le he preguntado.
Acabo de ponerme las gafas. Tengo tanta suerte que he ido al bar sin ellas, cosa que me alegra, porque no quiero que él me vea con gafas.
En resumen, que estaba guapísimo. Y llevo con una sonrisa de oreja a oreja desde que nos hemos encontrado.
Hay situaciones que ocurren sin más. No las esperas y de repente ocurren. Tenía ganas de verle y de mirarle y de escucharle... Ya estoy feliz para el resto de la semana. Le sigo queriendo muchísimo.

Lo que dan de sí los daños morales


Hoy he recibido una carta de Qatar Airways con la que no estoy conforme. Tanto que he llamado para aclarar que 191,80 € en bonos no es nada cuando no sé si volveré a volar en esa compañía. Bien, aparte de decirles que aún les tengo que pasar el recibo del primer día en Japón, que es cuestión de días, les he dicho que los daños morales en Doha no se pueden pagar con todo el dinero del mundo, porque "mire, que como mujer occidental y viajando sola además, pasar un día en un país árabe me causó tal daño moral que ni todo el dinero del mundo puede pagar el infierno que yo pasé allí durante 24 horas; y encima me vienen con unos bonos de viaje sólo utilizables en Qatar Airways, pues no me complace su resolución, porque en los próximos años no tengo intenciones de volar a otro país asiático y no tenga posibilidades de viajar en su compañía".
Es que me parece una tomadura de pelo. A mí que me reembolsen el dinero del primer día de Japón, que posiblemente lo hagan.
Junto a la carta, me viene un formulario de aceptación de los bonos y una referencia de reclamación. La señorita Laura Rosendo me ha dicho que lo comprendía. Pero yo creo que no lo comprende. Se ha quedado callada cuando le he dicho que pasé un infierno en Qatar, cosa que no es totalmente cierta, pero reconozco que algo acojonada sí que estaba.
No me apetecía escanear la segunda hoja, porque tenía que volver a quitar mi nombre, pero hay un prefacio que dice "Yo, el abajo firmante, por el presente escrito declaro que acepto de Qatar Airways un MCO de 191,80 € en concepto de pago total, quedando liquidada y finiquitada cualquier deuda pendiente y renunciando a exigir responsabilidad alguna de cualquier tipo o naturaleza que pudiera surgir con relación a Qatar Airways".
Obviamente es la última frase la que me ha sentado mal. Así que si tengo que achacar perjuicios morales por verme obligada a pasar un día en un país de cultura totalmente diferente a la mía, no me voy a cortar. No creo que los dos primeros días del viaje se puedan abonar con unos bonos utilizables sólo por esta compañía y encima olvidarlo como si no hubiera pasado nada. No. ¿Salieron tarde de Madrid? Que se responsabilicen si luego en Doha se perdieron cuatro o cinco aviones hacia varios países asiáticos. No puedo olvidar el calor tan elevado de Qatar, ni el velo que llevaban las mujeres que no enseñaban de su cuerpo más que los ojos -las casadas el rostro entero- y las manos, ni que no había nada para ver, ni los hombres vestidos de blanco completamente, ni cómo me miraban algunos por llevar tirantes a la occidental, ni que ni siquiera me pude tomar una cerveza porque allí estaba prohibido el alcohol, ni lo escondidos que estaban los aseos femeninos en el centro comercial, ni el taxista que quería hacerme una foto y que quería que le hiciera yo una y me negué, ni la comida que sabía a arena del desierto... No, yo no podré olvidar durante mucho tiempo mi estancia en Qatar. Podría dejarlo pasar, pero quiero que me indemnicen. Se nota que estoy en pie de guerra. No pienso darme por vencida, hasta que me indemnicen (no los daños morales, sino lo que verdaderamente perdí en Japón).

Corazón, ese reloj humano que nunca para…

De un tiempo a esta parte me sorprende estar buscando imágenes de corazones, incluso los dibujo inconscientemente cuando estoy hablando por teléfono. Esto es hilarante cuando no me gustan los corazones, al menos aquellos que simbolizan el amor. Realmente debería decir que no me gustaban, ahora no sé. Los busco con motivo de unas palabras que jamás he dicho a quien debería habérselas dicho, los busco para ilustrar lo que escribo día a día.

Para mí el corazón era tan sólo una válvula que regía la vida interna del cuerpo humano. De repente me encuentro ante un corazón con una parte material que sigue bombeando sangre y con una parte inmaterial que rige las emociones. Ambas partes se entremezclan, por ejemplo, al verle, cuando siento que el corazón late muy deprisa, al sentir que no me cabe en el pecho, que se hace tan grande en presencia de esa persona que no puedo detenerlo.

El corazón nunca para. Podría decir que, de unos meses a esta parte, le he dado mala vida, sobre todo cuando me dan vuelcos tan terribles que parecen destinados a dejarle en los huesos, pero no, mi corazón disfruta amándole, es como si se le ofreciera savia nueva cada vez.

¿Acaso es malo dibujar corazones cada vez que alguien me está diciendo algo al teléfono? La cuestión es que es algo inconsciente. Porque cuando hablo por teléfono, estoy a la conversación, no a lo que hacen mis manos. Pero después, cuando cuelgo y me encuentro con el resultado, me sorprende ver los dibujos que han salido de mi pluma.

Que nunca pare, que nunca pare el regocijo que siente mi corazón ante su dulzura…

lunes, agosto 23, 2010

Se busca...

Todo ser humano busca la felicidad, se pasa toda la vida buscando la felicidad, sin darse cuenta de que la felicidad está delante de sus ojos, pero vive tan obcecado que se encuentra ciego ante lo que tiene ante sí.

Cuando miramos a veces hacia atrás, al pasado, encontramos momentos felices. Y sí, es cierto que no volverán. Aparece esa especie de nostalgia que es difícil hacer claudicar. La felicidad es este momento.

Hace mucho tiempo que comprendí que la felicidad proviene del interior, incluso en los momentos más dolorosos, tristes y problemáticos de nuestra vida. No tenemos que buscar algo que ya tenemos. Supongo que el truco es que nunca nos conformamos con lo que nos brinda la vida: buscamos un amor que nos haga un poco más felices, deseamos obtener una casa, un coche, una familia que nos brinden momentos de felicidad, perseguimos nuestros sueños hasta conseguir cumplirlos. Y sufrimos mientras buscamos la consecución de nuestros deseos. La felicidad es ahora, cuando te conformas (eso sí, momentáneamente) con lo que te brinda la vida, cuando saboreas esos momentos de paz. Felicidad es recordar y sonreír, pero también disfrutar del presente para seguir engrosando el cofre de recuerdos que atesoramos a lo largo de nuestras vidas. Felicidad es amar a alguien con locura y ver toda una vida en sus ojos, aun no teniendo a esa persona, pero reconocer que amándole a él amas todo lo que te rodea. Felicidad es observar el cielo, con sus nubes, su sol, sus estrellas y sus relámpagos y ser consciente de tu existencia en el mundo, saber que el cielo se volverá gris y que volverán más primaveras… y todas las estaciones volverán a ser diferentes de la actual. Felicidad es sentir la brisa fría del aire fresco en sus mejillas, las gotas cálidas de una lluvia inesperada mojando tu ropa, escuchar cómo crujen las hojas otoñales bajo tus botas, el olor de después de una tormenta, tocar los pétalos de una rosa recién abierta…

Felicidad es mirar unos ojos que te transportan al séptimo cielo en cuestión de segundos. Felicidad es escuchar las notas celestiales de una voz cuyo sonido te pone la piel de gallina. Felicidad es sentir en tu piel su tacto suave y reconocer que te estremeces con ese sutil roce.

… Cuando comprendí que la felicidad estaba dentro de mí me propuse ser feliz siempre…

Ahora bien, la felicidad actual podría incrementarse a la enésima potencia si el amor que siento se consumara. Soy feliz igualmente. Podría estar mejor, pero también podría estar peor; son las dos caras de una misma moneda.

Supongo que nunca nos conformamos, que siempre hay algo que nos quita algo de esa felicidad.

Hoy soy más feliz que hace unos años. Creo que el aumento de felicidad se vio incrementado al ser consciente de que amaba, y que al amar amaba todo lo que me rodeaba.

Y a veces lloro, a veces soy infeliz, a veces me desmorono, a veces estoy triste, a veces me enfado. ¿Y qué? Si incluso las tormentas más rebeldes terminan pasando. Él seguirá ahí, viviendo su vida, y yo seguiré en mi nube, disfrutando de una felicidad que si no es plena es, al fin y al cabo, felicidad.

Yo soy feliz porque hace mucho tiempo me propuse no buscar la felicidad, sino disfrutar de la felicidad que nos rodea y que, la mayor parte de las veces, no conseguimos ver. Y he descubierto que pensar en él también me lleva a la felicidad.

Hoy he leído un cuento sobre la felicidad. Y me he puesto a reflexionar. En la balanza de mi vida siempre han pesado más los momentos felices. Y hace algo más de un año conocí a alguien que me aporta mucho con muy poco. Últimamente me pregunto si me he enamorado. Yo creo que no, que no puedo abrazar al aire. Pero él está ahí. Nuestra mente recrea las situaciones con la persona que amamos con tal perfección que a veces nos sentimos desbordados.

Debería darle las gracias por tantas cosas… Es que él no sabe que apareció en mi vida en un momento crucial. Es como si hubiera aparecido un jardinero y hubiera estado regando una flor que se estaba marchitando, siendo el jardinero él, con esa personalidad misteriosa y magnética que tiene, y mi corazón la planta que se estaba ajando. Pero yo jamás podría decirle esto, porque entonces surgirían más preguntas cuyas respuestas prefiero obviar. Si yo hace dos años tenía mermada la capacidad para amar, ¿cómo es posible que ahora ame tanto y con locura? Será que en este tiempo he conocido a un ángel.

Hora de marchar

Es un buen momento para marchar. Algunos de mis amigos están jugando al póker en las piscinas. Otros disfrutan de una cerveza bajo la sombra de los añosos árboles de la ermita, donde pronto llegarán los mosquitos. Así que tengo para elegir.
Lo que realmente me apetece es tumbarme en un mullido césped, no importa dónde, con esa persona especial. Y sentirme en paz con el mundo.
Creo que iré a las piscinas.

Nuages


Las nubes están muy blancas hoy y el cielo es muy azul. Nunca se suelen ver las nubes tan definidas como se pueden observar hoy. Dan ganas de levantar los brazos y tocarlas.
Mi padre dice que está de cambio. Y seguramente todo terminará en tormenta. Hoy se podrían encontrar figuras en el cielo, aunque yo siempre vería lo mismo. Y no es que se me haya acabado la imaginación; sino que cuando miro al cielo, sea de día o de noche, me acuerdo de la misma persona encantadora de siempre.

Cuanto menos le veo más le quiero

Debe ser algo así, que me acuerdo mucho más de él si no le veo. Y siento que le quiero, no más, sino cada día un poco más. Quizás cuando le vea no le reconozca, quizás se haya cortado el pelo, quizás esté cambiado. Pero algo no habrá cambiado: de sus ojos seguirá emanando esa fuerza, esa nobleza, esa tranquilidad...
Lo de no reconocerle sería imposible. Es un decir. Eso me ha recordado a mi novela preferida: El conde de Montecristo de Alejandro Dumas. A rasgos generales, la novela trata de una pareja, Edmundo Dantés y Mercedes, que están a punto de casarse. Son muy felices. Él es un marinero noble al que le van a dar un puesto de mando en el barco donde trabaja, pero alguien le tiende una trampa porque le envidia. Su mejor amigo, Fernando Mondego, que pertenece a la aristocracia local, desea a Mercedes, envidia que Edmundo sea tan noble y tan querido por todos y, gracias a su peso social, Edmundo es 'enterrado' en vida en la prisión de la isla de If, de donde nadie sale con vida. Pasados quince años (no lo recuerdo bien, pero fueron muchos), Edmundo consigue escapar. Ya no es el jovencito que ingresó, pero en la prisión ha descubierto el tesoro de un fraile a quien tomaban por loco, por lo que llega a la isla de Montecristo y, a partir de ahí, se autodenominará "conde de Montecristo". Se prepara para su terrible venganza. Y, cuando, varias décadas después, regresa a Francia convertido en un noble del que todo el mundo habla pero a quien nadie ha visto, sólo una persona le reconoce: Mercedes.
Con esto quiero decir que a él le reconocería aunque mis ojos no le vean. Pues mi corazón sí que siente su cercanía. De todas formas, le echo de menos. Echo de menos no decirle algo cuando me acuerdo de él, echo de menos no haberle contado que en noviembre visitaré Grecia, echo de menos no tomarme una copa con él, echo de menos no mirarle a los ojos y aprenderme de memoria esa mirada angelical, echo de menos no verle pasar con el coche, echo de menos su voz, sus manos, su sabiduría. Le quiero demasiado.

Anhelo

Hoy tengo ganas de verle, como casi todos los días. Es como si necesitara de él, de su magia, de sus ojos, de su risa.
Dicen que si deseas mucho algo finalmente se termina cumpliendo. Espero que sea así, porque hoy necesito de su magia. Y eso que me siento algo feliz. Sólo que tengo un nudo en el estómago porque hace mucho tiempo que no le veo.

El día después

Ayer, cuando llegué a casa, sólo atiné a ducharme y tumbarme. Cuando me he despertado eran las 6.30h. y no he conseguido volver a pegar ojo. Ahora tengo una hora para levantarme. Ya que, obviamente, si esta tarde tengo una reunión no voy a ir a las ocho para no poder salir a las seis.
Esta noche he soñado con él. Y ahora estoy sonriendo.

Hoy son los 'caparrones' en la Cruz de los Valientes. Irá quien pueda ir...

domingo, agosto 22, 2010

Patatitas

En un rato empezarán a repartir las patatas. Aquí hay más gente que en la guerra, se mire hacia donde se mire. Y el tiempo acompaña, que es de agradecer.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

sábado, agosto 21, 2010

Los colores olvidados y otros relatos ilustrados


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A veces simplemente apetece hacer una pausa para tomar entre las manos libros que se saborean en cuestión de poco tiempo y cuyas enseñanzas se disfrutan. Ayer me llegó un paquete de la Casa del Libro con varios volúmenes que me apetece leer y cogí el de relatos ilustrados. Algo dentro de mí me impulsaba a leerlo, a disfrutar de los dibujos de su interior y a desconectar un poco de todo.
Es un libro que tiene quince relatos cortos que se leen de un tirón. Se disfruta porque está escrito con ilusión y esta ilusión es contagiosa.
Uno de los relatos, el que da título al libro, Los colores olvidados, es uno de los mejores, porque el optimismo que emerge de esos párrafos te llena de vida. Los colores olvidados se refiere a las ilusiones perdidas. Carmesina es una niña que nace en un mundo sin color con unos ojos azules como ya no tiene ningún bebé. Ella será la elegida para devolver los colores al mundo y, por tanto, para hacer renacer las ilusiones de los hombres.

Es uno de los magníficos relatos que ilustran este libro. Merece la pena leerlo, sobre todo porque todos los relatos están cargados de optimismo. Y es fácil que nos hagan sonsacar una sonrisa.

En fiestas de Gracias

Aún no había amanecido cuando regresé a casa, creo que el reloj marcaba las seis. Hoy toca más fiesta. Y el tiempo acompaña. La primera vez que he abierto los ojos ha sido porque mi hermano pequeño ha dicho: "¿Las doce son aún?". Me he dado media vuelta en la cama y he seguido durmiendo. Pero sentía una quemazón por dentro que me ha obligado a levantarme: esta mañana me hubiera bebido todo el agua de la piscina.

Esta noche más.

viernes, agosto 20, 2010

Tantos treses

Llegué a casa a las tres de la madrugada. Varias horas después sonaba la alarma. Mejor no recordar cómo llegué, pero cogí el inicio de fiestas con muchas ganas. He dormido tres horas y media y esta mañana me dolía la cabeza un poco. Cuando salga a las tres me echaré una siesta infinitamente larga, lo suficiente como para descansar y levantarme con nuevas energías antes de cenar. Aunque estoy pensando que quizás me vaya antes de las tres, porque hoy hay vermout.
En fin, a las 6.30h. se oía la música en la carpa y a la gente. Mi hermano pequeño no había llegado aún cuando yo me he marchado. Es lo que tiene. Y además el tiempo acompaña, lo que es de agradecer.

jueves, agosto 19, 2010

Deseo imperante


Sólo hay que pararse un instante a pensar en nuestras vidas y en las vidas de las personas que están a nuestro alrededor. Reflexionar por qué cada día se quiebran relaciones. Por qué el amor ya no es lo que era.
La falta de compromiso impera en nuestro tiempo. La gente ya no se compromete, no asume responsabilidades, tiende a lo efímero, a lo fugaz. Crece la superficialidad. Hay enormes lagunas y mayores vacíos. Vacíos de todo. No sólo no hay compromiso en las relaciones sentimentales o sociales, sino que ha desaparecido prácticamente en todos los niveles. Por supuesto, hay excepciones.
Me entristece observar cómo la mayor parte de la gente, más o menos joven, ya no cree en el amor. Yo misma había dejado de creer en el amor, hasta que he vuelto a sentir sus alas en carne propia de un tiempo a esta parte y no puedo negar la evidencia.
Pero en ese sentido hay un egoísmo creciente. La gente ya no sabe compartir y ni siquiera se digna a aprender cómo se hace. Ha desaparecido la fidelidad, la lealtad a una única persona. La gente no sabe querer… Hoy en día impera el sexo. Todo es sexo.
No se profundiza en nada. Pero hay más. Existen los sentimientos. El amor ya no es lo que era, aunque siempre hay excepciones.
Observando mi trayectoria sentimental desde hace unos años, creo que soy una de las últimas románticas que quedan en el mundo. Y encima él no lo sabe y supongo que tampoco quiero que lo sepa.
Existe el amor en el momento en que una persona es consciente de que existe. Es uno de los pocos sentimientos que nos brinda una extraña energía que no podemos abarcar.
Aún queda esperanza. Si existen cuatro personas en el mundo que crean en el amor, aún queda esperanza. Queda la esperanza de que el amor no está aún en vías de extinción.

No sabes cómo necesito tu voz;
necesito tus miradas
aquellas palabras que siempre me llenaban,
necesito tu paz interior;
necesito la luz de tus labios
¡¡¡Ya no puedo seguir así!!!
Ya no puedo...
mi mente no quiere pensar
no puede pensar nada más que en ti.
Necesito la flor de tus manos,
aquella paciencia de todos tus actos,
con aquella justicia que me inspiras
para lo que siempre fue mi espina,
mi fuente de vida se ha secado
con la fuerza del olvido...
me estoy quemando;
aquello que necesito ya lo he encontrado
pero aún ¡¡¡te sigo extrañando!!!

(Mario Benedetti)

Lo que más deseo en el mundo es conocerle. Pero no de una manera superficial. Quiero saber quién es él de verdad.
Poder confiar en él con la certeza de no fallarle y sernos sinceros el uno al otro. Aspiro a crecer con él, a que me contagie su grandeza, a que le contagie mi optimismo ante el mundo.
Amarnos..., sin reservas, incondicionalmente.
Vivir intensamente cada instante con él y compartir con él todos los días especiales.
Tener siempre sus abrazos, sus besos y sus miradas y que él tenga los míos.

Él es lo que más deseo en el mundo, sin lugar a dudas.

En la orilla de piedras de un río cualquiera

Con el aire plagado por el olor dulzón que precede a la tormenta, me encuentro pensando en algún lugar que tenga un río de piedras. En el pasado he estado a orillas de muchos, y recuerdo haber cogido piedras de un río de Santurde hace ya muchos años. Me imagino con él, caminando descalza entre las piedras y pensando en lo incómodo que es. ¿Quién no prefiere caminar sobre la suave arena? Pero las huellas en la arena muy pronto se terminan borrando. Como se borraron las huellas que otras personas dejaron en mi corazón. Por eso, si tuviera que caminar con él, preferiría hacerlo por la orilla empedrada de un río en ninguna parte. Porque la dureza de esas piedras es tan profunda como lo que siente mi corazón por él. Casi imposible de romper.
Una vez leí que dos personas iban caminando descalzas por un camino lleno de guijarros y de tierra. Uno de ellos mantenía la compostura, porque ya lo había hecho antes, y por tanto no le afectaba nada de lo que rozaban sus pies. La otra persona sentía el dolor, las heridas abiertas en las plantas de los pies, hubiera dejado de caminar, pero el acompañante le conminaba a seguir, hasta que llegó un momento, varias horas después, en que dejó de sentir el dolor.
No venía al caso. Una tarde como la de hoy, aunque llueva, me gustaría compartirla con él, perdernos entre las hayas que pueblan las riberas de los ríos de esta tierra y caminar descalzos sobre miles de guijarros.
Es curioso, porque la dureza de las piedras puede dar lugar a variadas versiones. Depende de cómo lo interpretemos cada uno. Duros son algunos corazones, por ejemplo, que no sienten, que no aman. Pero para mí es más interesante la metáfora que he utilizado al principio: sentir algo tan fuerte que está como tallado en piedra.

¡A saber dónde está! Podría encontrarse a mil kilómetros de distancia y sentirle tan cercano como cuando me imagino caminando con él junto a las piedras que se ven mojadas por las aguas inconstantes de un río. Y no sabría dónde está. Tanto da que se encuentre a mil kilómetros de distancia o que se encuentre a dos calles, porque siempre llevo su recuerdo muy cerca del corazón.
Igual está de vacaciones. Es agosto. Casi todo el mundo que conozco coge vacaciones en agosto. Y además nunca le veo, por lo que crecen las posibilidades de que esté en otro lugar. A veces me dan ganas de decirle algo, pero me acuerdo de ‘algo’ y tan sólo eso, que es bien poco, sirve para que cambie de idea.
Sigo teniendo ganas de verle, de escuchar su voz reconfortante, de mirar esos ojos tan dulces…

Ahora puedo soñar que camino con él junto a un río de piedras. Es lo que trae el aire tormentoso de esta tarde.

Al encuentro de la noche

No hay nada como irse a dormir con una sonrisa en los labios y saber que soñaré con un ángel.

"El amor no es lo que nos dicen las canciones románticas; el amor ES".

La odisea de las mañanas

Ella se levantaba temprano para sentarse durante una hora delante del espejo. Se miraba a los ojos y se concentraba en la tarea de convertir su rostro de ojos somnolientos en una cara que sonriera al nuevo día. Se maquillaba lentamente, como quien no tiene otra cosa mejor que hacer. Nadie podía verla sin los ojos perfilados de negro ni los labios pintados de carmesí.
Una melodía sin letra salía directamente desde su garganta, inconscientemente, como aquella que disfruta de lo que está haciendo.
Se ponía sus mejores ropas, siempre lustrosas, siempre con vivos colores.
Después se atusaba el pelo dorado, debilitado por mil tintes, y se lo recolocaba lentamente. Se levantaba para ir al joyero y buscaba las joyas que hicieran juego con su vestimenta.
Nunca sabes a quién puedes encontrarte un día.
Esa mujer pasaba de los 80, tenía el rostro surcado de cientos de arrugas que han conocido tiempos mejores, algunas disimuladas por el maquillaje. Siempre tan coqueta, aunque la mano tenía principios de párkinson, siempre iba arreglada desde primera hora de la mañana. Al hablar, guardaba mucho las formas (aunque comenzaba a tener principios de locura).
Yo conocí a una señora así. Ya murió. La admiré, en serio. Me pareció admirable que, pese a su avanzada edad, ella siguiera maquillándose como si tuviera veinte años, que fuera tan coqueta como una niña y es que, en verdad, a sus ochenta y tantos, seguía siendo una niña.

Seres solitarios

El ser humano es un ser solitario por naturaleza, es el ser más solitario que existe porque tiene capacidad de raciocinio para pensar en esa extraña soledad. Nacemos solos y morimos solos. Pero también somos seres sociales, necesitamos comunicarnos con otros seres humanos, con nuestro entorno, necesitamos aportar nuestro granito de arena al mundo…
Desde el primer momento estamos rodeados de gente, desde que somos recién nacidos, aunque no seamos conscientes de ello. Nos vemos arropados por nuestra familia; a medida que crecemos nos socializamos a través de la escuela, donde se sientan las bases de las mejores amistades; después nos concienciamos de nuestra sexualidad y llega una época en que comenzamos a sentirnos extraños encerrados en un cuerpo en perpetuo cambio, llegan los primeros amores y quizás la rebeldía de quien no asimila esos cambios de los que está siendo objeto. Es el momento en que percibes que te estás convirtiendo en adulto, en que empiezas a tomar responsabilidades. Experimentas, vives, ríes, lloras, bailas, sonríes, hablas, trabajas… Incluso amas. No estamos preparados para vivir solos.
A veces se necesita mucho más que toda la gente del mundo para llenar algo que no comprendemos. Una persona que supla al mundo entero. Una persona a quien contar todos los secretos del corazón sin necesidad de decir en alto una palabra. Una persona con quien compartir todo. Es complicado esto último.
La vida no es para vivirla en solitario. Pero nadie nos ha enseñado a vivir. Porque se aprende a vivir viviendo cada día, igual que se aprende a amar amando cada día.
¡A saber los trenes que dejamos pasar cuando nuestros ojos se ven deslumbrados por una única luz!
Tengo una amiga que dice que un clavo quita otro clavo. Me río cuando lo dice. Quizás es que ella lo consigue. Yo creo básicamente otra cosa: que hay que quitar primero un clavo para meter otro. Necesito tiempo para meditar. Pero yo no quiero sacarle de mi corazón. Ése es el problema, que le quiero demasiado como para dar la espalda a todo lo que siento por él. Y es que sólo tengo que pensar en sus ojos, cargados de una bondad infinita, y no puedo dejar de quererle. Es complicado.
Creo que prefiero seguir siendo un ente solitario antes que perderle.

De todas formas, los seres humanos siempre estamos buscando una especie de amor que a veces tendemos a idealizar. Lo que realmente buscamos es a una persona que esté en consonancia con nosotros (o nosotros con la otra persona). A partir de ahí surgen una serie de sentimientos que, en conjunto, pueden denominarse (o no) "amor". Es posible que pensemos que ya hemos encontrado a esa persona y es posible que estemos equivocados y no sea esa la persona a quien llevamos buscando toda una vida. ¡Yo qué sé! Es un tema delicado y complicado.

miércoles, agosto 18, 2010

A ver si acaba agosto

Agosto es un mes que pasa raudo y veloz. Se ve un exceso de gente en todos los sitios. Vayas donde vayas: la plaza está llena, el frontón está lleno, las piscinas están llenas, la ermita está llena... En los miradores hay gente. Y a cualquier hora del día, aunque yo ni siquiera estoy aquí para comprobarlo, pero lo sé.
Dos amigas, de vacaciones que están, han venido a buscarme a la oficina a las 18.01 h. de la tarde. Muy cucas ellas, pues yo acababa de mirar el reloj viendo que ya terminaba mi jornada laboral y entonces he escuchado la puerta y he mirado al cielo: siempre aparece alguien cuando te tienes que marchar. Pero esta vez eran mis amigas. Ellas saben mi horario actual, así que han venido cuando acababan de dar las seis. Sabían que, hiciera lo que estuviera haciendo, hoy podía esperar y que me terminaría marchando, primero a tomar algo y luego a ver los partidos (que han brillado por su ausencia).
Huele a fiesta. Mañana a esta hora estaremos a punto de escuchar el cohete de fiestas.
Realmente tengo ganas de que termine agosto. Y eso que el 29 cojo otra semana de 'vacaciones'. Sigo prefiriendo la rutina del resto del año, aunque ver tanta gente me alegra, pero también me gusta un poco la tranquilidad de siempre, ver las mismas caras de todos los días, y verle a él, claro. He perdido la cuenta de los días que no le veo. Es que acabo de recordar que en agosto del año pasado no le vi en ningún momento (creo), que pasaron dos meses hasta que volví a encontrarme con él.

Futbito

El primer partido no se celebra porque no se ha presentado el equipo rival. Hasta las ocho no tenemos el siguiente partido. Las gradas están llenas. Estamos de pre-fiesta.

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Los colores del día


Esta mañana, cuando venía en el coche, iba haciendo fotos del paisaje que me rodeaba. Cuando me he levantado el sol era un disco de color rojo que hacía daño a los ojos, pero cuando venía ya había aclarado el color y era anaranjado. Me encanta mirar el paisaje actual, con la sensación de pulcritud que queda después de la cosecha. Y entre los colores dorados, a veces resaltaban los campos verdes de las plantas de patatas o quizás el amarillo intenso de los girasoles.
Y, mientras tanto, venía pensando. Sonriendo...

martes, agosto 17, 2010

Notas de música en las paredes del frontón

Cuando he llegado a las piscinas había una multitud de coches. Se nota que estamos en vísperas de fiesta. Demasiada gente que empieza a llegar, pues durante el año esperan a venir al pueblo durante estos últimos quince días de agosto. No vienen en otras épocas. Sólo estos días.
Se disfrutan varias cervecitas en las piscinas, descansando del día.
Cuando, al volver, nos dejamos caer en el frontón allí también hay numerosos coches de los torneos que se están disputando. Mañana juega uno de los equipos de mi pueblo a futbito, entonces mañana ya no iremos a las piscinas, sino que estaremos en el frontón.

"También conozco el frontón". Tantas cosas me llevan a él... El frontón no es ya tan importante porque mañana jueguen amigos míos, sino en función de que él también ha estado allí, también ha jugado a frontenis en ese lugar, también ha pisado esos mismos bloques de hormigón.
Es como caminar por las mismas calles a destiempo, cuando este destiempo se refiere a que cada uno pasa por ahí a diario sin coincidir, dirigiéndose a sus tareas habituales, sin ser conscientes de quién puede pasar por allí unas horas después o quién pasó el día anterior.
Lo mismo ocurre con los lugares. Me pregunto cuánto tiempo hace desde que él venía a jugar al frontón. Quizás hasta hayamos coincidido alguna vez en el pasado. Entonces yo tenía una raqueta rosa y blanca, que me gustaba porque me la vendieron según la altura y, por tanto, la manejaba bien. Tenía las cuerdas transparentes y nunca quise otra raqueta. Creo que era una Converse, pero no lo recuerdo exactamente. Aún puede estar en mi casa, seguramente metida en una caja retirada llena de duras pelotas de pelotari, alpargatas con cintas de colores de danzador, unas castañuelas, un platillo volador, mi flauta de madera metida en su caja, dos órganos...

Con nueve años me regalaron mi primer órgano. Era uno de estos en los que tecleabas una melodía que se iba repitiendo en una especie de cinta que venía incluida en el órgano. Dos años después tocaba de oído el Cumpleaños Feliz. Cuando comprendí que la flauta se me daba bastante bien, pero viendo que la flauta no molaba tanto como instrumento musical, todas las canciones de flauta las empecé a tocar en el órgano (de oído). Entonces le regalaron a mi hermano pequeño otro órgano más grande y para mí fue un lujo. Cuando saqué el Himno de la Virgen de mi pueblo, con lo complicado que es, me di cuenta de que, en lo que se refiere a música, prefería más escucharla que crearla. Pero si aún cogiera la flauta, inconscientemente tocaría canciones, así como si me pusiera delante de un órgano... algo saldría. También quería tocar la guitarra. Siempre he querido aprender a tocar la guitarra. Hice mis pinitos durante un tiempo, pero luego, debido a variadas circunstancias, dejé la guitarra a un lado.

Música... sigo prefiriendo escucharla cuando la tocan otros. Siempre digo que tengo mal oído, lo cual es cierto en lo que se refiere a letras y cantar, pero el fondo, el instrumental... es otro cantar. Ése se me queda grabado. Pienso en una canción al piano (por ejemplo, 18 de Moby) y noto la calma a mi alrededor, y entonces vuelvo a pensar en él.