lunes, agosto 09, 2010

Truenos en la lejanía

Inesperadamente, en la lejanía, suena un trueno aislado. Sorprendente porque no me hago a la idea de que haya tormenta.
A la par, siento otro trueno diminuto en mi corazón que esboza gritos que no son escuchados, que se pierden en la noche. Hago oídos sordos a esos pequeños lamentos porque me destrozarían. Me siento incapaz de luchar contra todo ello.
Me encuentro algo perdida y, de hecho, no estoy tan perdida. Me he refugiado en las palabras. La disminución de escribir aquí significa un incremento de hojas de Word que siempre terminan llenándose. Es curioso, pero no me gusta el ordenador para escribir. Pese al dolor en la mano derecha después de un rato, siempre he preferido escribir con bolígrafo y papel, instrumentos palpables que, si bien son más lentos, también hacen que me pare a pensar. Y me he refugiado en la lectura de libros, rutina que en los últimos días he vuelto a retomar después de un parón de varias semanas.
Sigo pensando en ese trueno aislado. Me siento un poco como ese sonido atronador que ha llegado de la nada: queriendo gritar, pero escuchado con patética indiferencia.

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