
Llegué a casa a las tres de la madrugada. Varias horas después sonaba la alarma. Mejor no recordar cómo llegué, pero cogí el inicio de fiestas con muchas ganas. He dormido tres horas y media y esta mañana me dolía la cabeza un poco. Cuando salga a las tres me echaré una siesta infinitamente larga, lo suficiente como para descansar y levantarme con nuevas energías antes de cenar. Aunque estoy pensando que quizás me vaya antes de las tres, porque hoy hay vermout.
En fin, a las 6.30h. se oía la música en la carpa y a la gente. Mi hermano pequeño no había llegado aún cuando yo me he marchado. Es lo que tiene. Y además el tiempo acompaña, lo que es de agradecer.
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