lunes, agosto 09, 2010

Aquellas primeras colonias y la 'cabra' del párroco


La primera vez que pasé diez días fuera de casa era una chiquilla. Nos fuimos a las colonias que organizaba la parroquia de SD, que ese año tocó en Torrecilla en Cameros.
Antes no había estado en los Cameros, una zona rural de La Rioja que me parece magnífica, idílica, donde una persona es proclive a imaginar. Después he estado muchas veces.
Y Torrecilla, uno de los pueblos más grandes de los Cameros, estaba lleno de cuestas.
Dormíamos en colchones sobre el suelo, en la escuela, que estaban enfrente de las piscinas. Era genial levantarse y encontrarse con las piscinas nada más abrir los ojos, aunque sólo podíamos disfrutar de las mismas si nos portábamos bien.
El jefe era Don Tomás, un párroco que tenía muy mala leche y una famosa cabra roja, una Citroneta de las que ya no se ven por la carretera, y ya entonces era objeto de mofa, sobre todo porque Don Tomás era muy voluminoso y, cuando se metía en el coche, éste parecía frágil.
En Torrecilla aprendí a nadar. Mi independencia y osadía ya despuntaban entonces. Cuando comprendí que la piscina infantil se me hacía pequeña, me fui a la piscina de adultos y allí me solté, nadando junto al borde, para comprender que no hacía pie y me defendía bien. A partir de aquel día siempre nadaba en la piscina grande, cada vez más lejos del borde.

¡Qué recuerdos!

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