
Estoy con la creatividad por las nubes, esto es, a partir de hoy voy a dedicar las últimas horas de la tarde (sólo yo sé por qué evito ir a esa terraza en concreto) a escribir. Y no me refiero a esto, sino a escritura más cuidada. Si eso es lo único que me hace desconectar durante unas horas y, de alguna forma, me llena algo, creo que merece la pena.
No es que no me apetezca tomar una cerveza, pero no será aquí. Y diciendo esto acabo de hacer una llamada para tomar algo en la ermita. Necesito despejarme. Necesito salir de aquí. Y aunque hoy no haya hablado de él no quiere decir que no haya pensado en él. Quizás he pensado más en él que otros días, sólo que es algo que he mantenido en silencio.
De todas formas, incluso la tristeza lleva a la creación de cosas hermosas. De hecho, creo que la tristeza lleva a hacer cosas de belleza extraña.
Decía aquel viejo orador romano (Catulo): "Odio y amo, tal vez te preguntes cómo puedo hacerlo; no sé, pero lo siento y así me torturo". Sin embargo, yo no odio.
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