jueves, agosto 12, 2010

El mundo desenfocado

A propósito de que mi vista anda desenfocada últimamente y que he tenido que hacerme unas gafas rojas ‘molonas’ que llevaré puestas desde que coja el coche por la mañana hasta que regrese a casa por la noche, me he parado a pensar que no es lo único que está desenfocado.

Diablos. Apenas escribo aquí últimamente porque no tengo mucho tiempo. Agosto es un mes tramposo, que aparecen ‘reuniones’ cualquier día y llego a casa tarde (como ayer) o cansada como hoy. Cuando toda la gente que me rodea habla de que se cogerá vacaciones los últimos quince días de agosto, yo estoy deseando que termine este mes. Aunque la semana del 30 de Agosto yo también cogeré vacaciones, aunque no sean realmente vacaciones. Pero es cierto que no estaré en casa durante cinco días, que tampoco andaré muy lejos y que posiblemente me lleve el portátil allá donde vaya porque, aunque aún no estoy informada, hay conexión wifi en el lugar donde estaré.

Cuando escribo poco es obvio que no es que hayan desaparecido las ganas ni la energía. De hecho, últimamente tengo unas insaciables ganas de escribir. Supongo que, de alguna manera, intento suplir una especie de vacío que ni siquiera escribiendo puedo llenar. Pero es cierto que he cambiado mi horario, al menos durante las siguientes semanas, para marcharme a las seis (eso sí, tendré que madrugar una hora antes), por el único motivo de escribir. Pero no aquí.

Cuando no tengo que trabajar obligatoriamente en las últimas horas de la tarde, cuando puedo regresar a casa… necesito plasmar por escrito una historia. Una única historia. De esas historias que salen directamente desde el corazón.

Cuando le conocí mi mundo estaba desenfocado. Él consiguió aclarar todo mi entorno por completo. Estoy intentando, sin éxito, que vuelva al estado de desenfoque en que me encontraba antes de conocerle. Pero no puedo. Hablo de vacíos, de lágrimas, de tristeza y de dolor y, a veces, creo que es culpa mía si se está abriendo una herida. Porque él sigue llenando de magia el mundo, porque sigo soñando con él y soy feliz, porque en sus ojos están todas las estrellas del cielo. Y, por mucho que lo intente, no puedo sacármelo del corazón; supongo que… en verdad le quiero.

No deseo que mi mundo esté desenfocado, pero sufro en silencio algo que se llama amor. Y lo sufro porque la cobardía de no decírselo me está matando. Ojalá las cosas fueran más sencillas, ojalá pudiéramos cambiar algunas de ellas.

Hoy he comprendido que no está en nuestras manos ni en nuestra mente dejar de querer a alguien. Eso es cosa del corazón y del tiempo.

No sé. Supongo que he comprendido que esa persona me sigue llenando. Y que yo le sigo queriendo. Y que el mundo es demasiado perfecto cuando está él.

Esto… no me lo puede quitar nadie.

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