jueves, agosto 26, 2010

Buscando la materia prima

Dicen que una mente creativa descubre arte en el objeto más simple que se halle ante sus ojos. Un trozo de madera no será un simple trozo de madera cuando en esa mente imaginariamente se haya convertido en una flauta de la que salgan las melodías más fantásticas jamás escuchadas; una hoja de periódico no será una simple hoja de periódico cuando en la mente sea una pajarita de papel; una piedra no será una simple piedra cuando la mente la visualice como la sirena que decorará el mascarón de proa de un buque... Y en un sentido que me toca más de cerca, una hoja en blanco no será una hoja en blanco cuando yo visualizo mis palabras en ella, convertidas en historias.

Mucha gente me ha dicho que tengo enorme creatividad, pero no es necesario que nadie me diga lo que poco a poco he ido descubriendo. No es sólo creatividad, sino que además tengo gran imaginación y una mente soñadora. Pero eso lo he ido descubriendo poco a poco.

Creé este blog hace unos años para buscar la belleza y en la belleza estaba el arte (aunque no todo el arte conlleve belleza). Creé este blog porque me di cuenta de que las palabras, moldeadas con imaginación, también creaban arte. Y adoro el arte de la escritura.

Y en él veo un ángel, no porque le esté mirando con la mente creadora y creativa, sino porque veo la belleza que hay en esa persona. Porque miro esos ojos y descubro la nobleza que creía desaparecida en el mundo, porque escucho su voz y descubro una bondad sin límites, porque veo su sonrisa y el reloj del mundo se congela. Y todas esas cualidades, todas esas virtudes sólo las he visto en una única persona…

La belleza siempre aparece donde menos la esperábamos. Yo era como aquel tronco frío, rígido, que estaba secándose. De repente, un día llegó alguien y poco a poco fue creando una flauta diminuta de madera. Ahora suenan los acordes que nunca quise escuchar…

Y sí. Adoro escuchar esos acordes. Todo lo que me rodea está cargado de música, pero también de magia. Esto antes no era así, pero a mí me gusta cómo es ahora el color de las cosas.

Para mí no existen hojas en blanco, sino que existen palabras. Y esas palabras se mueven al ritmo de una música cuyos acordes bailan en función de la magnificencia que yo veo en una persona en el mundo. Esa persona es única. Parece irreal, pero esa persona existe.

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