miércoles, junio 30, 2010

"Que pase, que pase..."

Estaba a última hora de la tarde sentada en una terraza tomando una cerveza con mi padre. Se me iban los ojos en una dirección. Pensaba: "Que pase, que pase". Pero quien ha pasado es alguien que suele estar a diario con él, alguien que quizás tenga sangre azul (yo me entiendo cuando hablo así).
De todas formas, sólo me he tomado una caña y tenían que haber sido dos, porque el principal motivo de que me quede en las terrazas es el sol deslumbrante del atardecer. Cuando he llegado a casa me picaban los ojos una barbaridad.

Una cervecita

Cómo me gusta tomarme una cervecita después del trabajo. Me acaban de decir que estoy morena.
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De cumpleaños en cumpleaños

Me voy a comprar un regalo para mi mejor amiga, porque si lo dejo pasar al final no le compro nada. Ahora es un buen momento. Eso me recuerda a que en unas semanas más tarde es el cumpleaños de otra persona...
De todas formas, me voy, porque a este paso me cierran las tiendas.

La bicicleta

Igual hace dos años que no cojo la bicicleta. En verano de 2008, cuando inauguraron las piscinas, cogía todas las tardes la bicicleta. El primer día lo pasé francamente mal, pero después me habitué. Digo que el primer día lo pasé mal porque los últimos metros los hice a pie. Luego me fui acostumbrando.
Con dieciséis años no dejábamos la bicicleta nunca, aunque entonces había llegado el furor de las motos. Después, con el coche, es algo que dejas de lado.
Eso me recuerda a que una vez cogí la bicicleta y vine a SD, la única vez que he ido sola en 'bici', que tenía ganas de pedalear, cogí la carretera de Castañares y aparecí en el pueblo de mis abuelos. Mi abuelo tuvo que llevarme a casa. Pedaleé muchos kilómetros, pero llegó un momento en que no pude seguir. Tendría quince o dieciséis años. Ahora me parece que no podría hacer algo así.
El año pasado, para ir a las piscinas, cogía siempre el coche. El caso es que a las piscinas municipales no voy más que a tomar cervezas con mis amigos, casi nunca suelo entrar dentro.
Hoy haría el esfuerzo de venir a SD en 'bici' sólo para pedalear con una persona. Eso estaba pensando. También para quitar el polvo de la Mountain Bike, porque polvo ha de tener. El caso es que mi 'bici' tampoco la cogería hoy en día, porque mi hermano la decoró y tiene unos cuernos en el manillar que me parecen horribles y unos hierros para meter el pie en el pedal que me resultan engorrosos. Además no recuerdo cómo funcionaban los piñones. El caso es que mi hermano 'maqueó' mi 'bici' sin pedir permiso y ahora suelo coger la suya como una pequeña venganza.
Creo que este año volveré a coger la 'bici'. Aquí hay magia... de nuevo. Siempre he pensado que para qué coger la 'bici' si con el coche se llega mucho antes a todos los sitios. Así que en ese pensamiento ha cambiado algo y aquí sólo hay un único mago que pueda cambiarlo todo.

Lo que hace el sol

Al menos hoy no tengo tanto sueño como tenía ayer a estas horas. Tengo la cabeza en otro sitio, a pesar de que no le haya visto.
Como ha venido a primera hora de la tarde alguien muy cercano a él, llevo pensando en él toda la tarde, pero eso sólo puedo hacerlo porque estoy enfrascada en una actividad que puedo realizar mecánicamente y pensar en cosas paralelas. O pensar en él.
Estoy contenta. Sin más. Más contenta estaría si me lo encontrara, pero aun sin verle me siento pletórica.

Una luz

He ido a tomar un café a la catedral (que no es la misma catedral de torre exenta de este pueblo, aunque al leerlo parezca que he estado allí), cuando he visto algo. He visto algo y entonces mi cerebro sólo pensaba en: "Que pase, que pase, que pase...". Pero no ha pasado.
Yo creo que, por mucho que se desee algo, no tiene por qué pasar, aunque hay gente que sí que piensa así. Simplemente... si tiene que ocurrir ocurrirá. Y en este sentido sólo pasan esas cosas cuando no pienso en ellas, cuando estoy despistada o cuando menos lo espero.

He traído una hoja de arce, símbolo japonés de los amantes. No es que crea en amuletos. En quien realmente creo es en él. Los símbolos dependen de cada uno...

La elaboración del papel Washi

Mi parada de hoy debería haber sido para Nara o Kyoto, pero se me ha hecho algo tarde. Hablar de Nara o de Kyoto implica hacer un gran esfuerzo mental, debido a que allí vi un sinfín de monumentos (templos y santuarios sobre todo) y requiere que haga memoria para recordar el nombre de un edificio religioso o para traducir ciertas partes de los folletos que tienen cierto interés cultural. No sé si es debido al calor o que no deseo realmente que me den las dos de la madrugada, he decidido dejar esos dos lugares para otro momento, para hablar de algo que hicimos varios días después y que me resultó enriquecedor.
En medio de las montañas, muy cerca de Shirakawa-go, se encontraba el pequeño pueblo de Gokayama. Nos enseñaron un vídeo de cómo se recogía la corteza de los árboles de Kozo (morera de papel) y Tororo Aoi (malvarrosa), para mezclarse después creando las hebras que formarán el futuro papel.
Allí aprendimos una parte del proceso, ya que las hebras recolectadas del Kozo y del Tororo Aoi ya estaban en un pilón, mientras un joven daba vueltas para que no se estancaran. Nosotros sólo metimos los moldes en el agua (en posición vertical, porque si los introducías en horizontal salían grumos en el papel) hasta tres veces y luego poníamos nuestra decoración particular en las tres postales.
Hoy sólo tengo dos de aquellas tres postales. Bien sé yo que la tercera está en buenas manos, porque no podía tenerla más que esa persona.





En tan sólo CINCO MINUTOS.

martes, junio 29, 2010

Nunca olvides que te quiero


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Nunca olvides que te quiero es un libro entrañable, tal y como indica el título, pero más que amor que surge entre dos personas que se atraen (por supuesto, lo hay, pero en el libro ocupa un segundo plano) es más el amor a todos los seres queridos de una persona en ausencia de ésta.
Nunca olvides que te quiero es lo que yo le diría a una persona en este momento...

Madison Etchart es una niña de once años que es secuestrada por Rémy durante cinco años. Rémy es un hombre treintañero, solitario que desea tener compañía. El secuestrador quiere una hija y, para ello, la secuestra.
Madison, por su parte, se hace amiga de su secuestrador, pero añora a su familia, así que escribe su historia en cuadernos durante cinco años. Un día, por fin, después de tantos años sin ver el cielo, un parque o una cara conocida, trama un plan para fugarse. Y lo consigue...
La niña que desapareció se ha convertido en una adolescente que ha sobrevivido en su zulo y ha madurado tanto que resulta increíble.

No me ha gustado mucho. Además, como tuve que dejarlo aquí y lo he retomado después, la historia se ha difuminado un poco en ese tiempo. Y lo he terminado casi sin ganas.

Tras el partido


Vale.
He dicho que no lo iba a ver, pero al final lo he visto. Sentía curiosidad. Quería ver ganar a la Roja.
Grandioso el gol de David Villa. Entonces he sonreído. He sonreído porque en medio de Tokio compré una revista japonesa en la que Villa aparecía en la portada (que aquí es la contraportada, porque se leen al revés), y en el interior hay una entrevista en japonés a David Villa.

¡Prepárate Paraguay!

En el campo de golf

Pues he tenido que ir al campo de golf un rato. He hecho fotos, pero no con el móvil. En un rato he quedado con mi padre para tomar unas cervezas. Dos a lo sumo, que si me ve colores enseguida me insta a parar.
Aprovechando que pasaba por el lavacoches también le he dado un lavado rápido.
El fútbol causa furor, todo el mundo va con la roja. Pues nada, alguien me dira el resultado.
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"Shutter Island"


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De todas las películas que he visto últimamente ésta es una de las que más me ha gustado. Martin Scorsese logra atrapar al espectador e incluso nos lleva a hacer un pequeño esfuerzo mental. Estuve a punto de llorar al final de la película. Siempre deseaba que saldría de allí, pero... si hubiera salido la película ya no estaría tan bien.
Es un buen thriller psicológico. Teniendo en cuenta que me encantan este tipo de películas y que, además, transcurre en un manicomio alejado del mundo real... ya es suficiente para que me enganche. Por decir algo negativo, es demasiado larga, quizás le sobra la última media hora.

Corre el año 1954. Teddy Daniels (Leonardo di Caprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) son dos agentes enviados a una institución mental a investigar la desaparición de una de las pacientes, Dolores Chanal (Michelle Williams), que se ha escapado y se encuentra en paradero desconocido. Pero en Shutter Island es muy difícil esconderse, ya que sólo hay un ferry, controlado por la institución, que no llega todos los días.
Pacientes y doctores no colaboran con los agentes, hasta parece que están guardando un secreto. Así que los dos agentes deciden marcharse en el primer ferry, pero la tormenta se lo impide y se ven obligados a quedarse en la isla. Teddy descubre ciertas pistas que le llevan a encontrar a Dolores y a otros enfermos que desaparecieron del mundo real. Todo esto se ve mezclado en su mente junto a las muertes de su mujer e hijos, de las que aún no se ha recuperado: él sigue viendo y escuchando a su difunta esposa. Además, los recuerdos de la entrada en Berlín al acabar la IIª Guerra Mundial han creado un trauma depresivo por todo el horror que vio entonces.
Sin embargo, hay algo en la institución que le altera. Es la visión del faro que se encuentra en la isla. Gracias a Dolores descubre que allí sajan el cerebro a algunos pacientes para estudiarlos y hacer experimentos.
Cuando descubre que su compañero ha sido sólo enviado para colaborar en su ingreso en la institución, ya es tarde. Él no puede marcharse y sólo le espera... la sala de operaciones del faro.

Sed de agua, sed de...

Tenía tanta sed que hubiera empezado a hacer un agujero en la calle a ver si salía agua. Al final he ido al supermercado a por agua. Ir al supermercado equivale a pasar por la calle de atrás. Y a sonreír de oreja a oreja con sólo ver algo, algo que te lleva a pensar en él.
Entonces he dejado de tener sed. De repente, mi objeto de visión era su coche y mi pensamiento lo ocupaba únicamente él.
En estos momentos siento que está tan próximo que lo suyo sería ir a decirle que nos vayamos de cañas para mitigar la sed. Lo que ocurre es que yo he quedado a las seis por motivos de trabajo y es algo que me urge.

"Alicia en el País de las Maravillas"


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No tenía muchas ganas de 'destripar' películas, quizás es que estoy perdiendo la rutina, y es que habían pasado muchos meses desde que vi una completa desde la última vez... hasta que tuve pasar muchas horas en un avión para ver cine sin parar.

El caso es que la primera película que vi fue "Alicia en el País de las Maravillas". Hace siglos que leí el libro de Lewis Carroll, además dos veces: una en versión infantil y, tiempo después, en novela. En la segunda ocasión, la misma edición tenía juntos Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo.

Para mí es decepcionante. Después de haber visto tantas obras maestras de Tim Burton, esta película la veo muy floja, como si le faltara algún ingrediente especial que tienen las otras y del que ésta carece.
La película, además, transcurre trece años después, por tanto, a veces se hace indispensable saber qué ocurre en la historia original. Bien, que tire la primera piedra quien no sepa de qué va la historia de Carroll, aunque sólo sea de oídas.

Comento un poco de qué va la película.

Alicia (Mia Wasikowska) es una jovencita que ha acudido a una fiesta donde un lord inglés va a pedirle que se case con él. Ella no desea, por nada del mundo, casarse con ese joven. Entonces ve al conejo blanco, McTwisp, y le persigue entre los arbustos, hasta entrar de nuevo en el País de las Maravillas. Descubre que está gobernado por la malvada Reina de Corazones, Iracebeth (Helena Bonham Carter), que utiliza al dragón Galimatazo para atemorizar a su pueblo; sólo ella puede controlarle.
Alicia no recuerda nada de su viaje anterior. Va reencontrándose con viejos conocidos, como Tarrant, el Sombrerero Loco (Johnny Depp); los mellizos Tweedledum y Tweedledee (Matt Lucas). Le ayudarán a recordar su viaje anterior al reino y, a su vez, Alicia ayudará a destronar a la Reina de Corazones, para poner en su lugar a la pacífica Reina Blanca (Anne Hathaway).

Si tuviera que verla de nuevo, no la vería. El vestuario y efectos tridimensionales están bastante logrados.

Al agua

El perrito ha terminado huyendo de mí, porque lo primero que hago cuando llego es echarle a la piscina, pero ya ha aprendido a salir. El año pasado era tan pequeñin que no llegaba al borde, pero este año sí que consigue salir.
Eso me recuerda a que ya hace un año que esta con nosotros, acababa de empezar julio.
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Días azules

Anoche soñé con él, así que no es de extrañar que esta mañana a las 8.30h. siguiera durmiendo sin desear levantarme por nada del mundo. Sigo con ese aura de felicidad.
Estoy pensando que se acaba junio y que se me ha pasado sin darme cuenta (es comprensible).
Hoy es un día azul, de esos que esperas que no se nublen, aunque si salieran las nubes seguro que encontraría algo para darle color.

Hiroshima 広島

Es el 6 de agosto de 1945. La IIª Guerra Mundial lleva varios años destruyendo ciudades con bombardeos continuos y sesgando la vida de millones de personas en todo el mundo. En la ciudad japonesa de Hiroshima, las alarmas antiaéreas llevan sonando toda la noche. Al amanecer, descubren que un único avión norteamericano se acerca solitario, así que no cunde el pánico y todos los ciudadanos emprenden sus tareas cotidianas.
A las 8.15 de la mañana el Enola Gay lanza una única bomba de uranio (la de Nagasaki, dos días después, fue de plutonio) sobre la ciudad, creando una destrucción masiva. La temperatura del aire donde acaba de caer la bomba alcanza millones de grados centígrados que, a continuación, crea una bola de fuego que destruye todo lo que encuentra a su paso.
En Hiroshima no queda nada en pie, toda la ciudad se ha convertido en cenizas. A 160 metros del epicentro de la bomba aún se puede ver la estructura agrietada de la cúpula del Pabellón de Fomento de la Industria. El resto de las ruinas de otros edificios se han ido derritiendo con el calor”.
Casi 130.000 personas perdieron la vida aquel fatídico día. Casi 180.000 personas perdieron sus hogares… La cúpula que quedó en pie aún se puede ver, como el triste recordatorio de lo que una vez ocurrió allí. El Gembaku Domu.
Yo conocí el Gembaku Domu hace unos años a través de la célebre fotografía de Yosuke Yamahata, enviado por el Gobierno japonés al día siguiente de caer la bomba para que documentara los efectos de la nueva arma norteamericana. Esta foto marcó un antes y un después.
Hiroshima es una ciudad que te marca, te deja una huella terrible. Es una ciudad muy gris, sus edificios son grises e incluso su gente es más cerrada. Pero tiene algo… Es como si la ciudad en sí misma tuviera alma y te atrapara.
La ciudad vista desde el piso 15º del hotel
¿Qué se siente en una ciudad donde ocurrió tan lamentable hecho histórico? Porque la mezcla de sentimientos es aterradora. La víspera de marchar recuerdo que yo no quería irme a otro lado, que me quería quedar allí el resto de las vacaciones.
Gembaku Domu
Dejando aparte el Gembaku Domu, no se encuentra en Hiroshima nada que recuerde aquel 6 de agosto de 1945, pues la ciudad fue reconstruida totalmente.
Túmulo conmemorativo
Hiroshima no tiene mucho más que el inmenso parque de la Paz erigido en los años 60, en un lugar cercano a la explosión de la bomba. Se encuentra en la confluencia de los ríos Ota y Motoyasu. Junto al parque se encuentran los restos medio fundidos del Gembaku Domu, un edificio perturbador, sin lugar a dudas. Todos los ocupantes del edificio murieron en el acto. Sus vigas retorcidas, los vastos boquetes y las pilas de cascotes han sido designados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. No muy lejos de la entrada al parque se encuentra la campana de la Paz y túmulo conmemorativo, adornado con grullas de papel, que alberga las cenizas de decenas de miles de personas incineradas en este lugar.
Túmulo conmemorativo (detalle)

Monumento infantil de la Paz (detalle)
El monumento infantil de la Paz muestra a una niña extendiendo las manos. Una grulla, símbolo de la longevidad y la felicidad, vuela sobre ella. Las grullas de papeles de colores se convierten en algo simbólico. Hacen referencia a la historia de una niña víctima de la bomba que creía que se recuperaría de su enfermedad si fabricaba mil grullas de papel. La niña no sobrevivió, pero su historia corre de boca en boca. De ahí que los monumentos, en concreto éste, estén adornados con grullas de papel enviadas desde todos los colegios del país.
Monumento infantil de la Paz
Más adelante se encuentra la llama de la Paz, que sólo se apagará cuando todas las armas nucleares del mundo hayan sido eliminadas.
Cenotafio

La llama de la Paz
Al lado de la eterna llama, se encuentra el cenotafio, diseñado por Tange Kenzo, en memoria de las víctimas de la guerra. Contiene los nombres de todos los que murieron, con una inscripción que reza: “Descansen en paz. Jamás volveremos a cometer el mismo error”.
Museo Memorial de la Paz
El Museo Memorial de la Paz es un lugar que pone la piel de gallina. Al principio nos pusieron un vídeo que se titulaba, si mal no recuerdo, “Las madres de Hiroshima” (o algo parecido). El reportaje era aterrador, porque te describía con todo tipo de detalles cómo debió ser aquel 6 de agosto de 1945 y las secuelas que llegaron después, así como todo tipo de efectos. Al ser un arma nueva, era muy difícil combatir las nuevas enfermedades que surgieron a partir de ella.
El “antes”

El “después”
Caben destacar del museo un Buda de bronce medio fundido, un triciclo despedazado y la impresión de una sombra oscura en los escalones de granito de un banco, único resto de la persona que estaba sentada allí en el momento del impacto.
Recreación del horror de Hiroshima
Había maquetas en miniatura de la ciudad antes y después de la explosión. Era impactante. Asimismo, podías pasearte entre la recreación del horror que debió ser aquello.
Pero lo que más me sorprendió aquella tarde fue el silencio que había en el Museo. En todos los museos, hasta el más silencioso, se oyen murmullos, pisadas o incluso mosquitos. Allí, pese a que había tantísima gente, no se escuchaba nada más que las respiraciones contenidas de los visitantes, que miraban los restos, leían las historias, paseaban horrorizados ante aquella recreación de la destrucción masiva de una ciudad. IMPACTANTE.
Castillo de Hiroshima
Obviamente, si la ciudad fue completamente destruida en 1945 no hay edificios antiguos que ver. Uno de los monumentos históricos, destruido por la bomba y reconstruido una década después, es el castillo. Pasamos junto a él, pero no lo visitamos.
Tranvía en Hiroshima
Quedan pocas ciudades japonesas que tengan tranvía, cuatro o cinco. Hiroshima es una de ellas. En el resto de ciudades que visité creo recordar que no había tranvías; las más grandes tienen metro (Tokio, Kioto, Osaka).
En Hiroshima pasé dos días y dos noches. Ahora bien. ¿Qué cené allí? Ni siquiera yo lo sé, pero este plato estaba delicioso.

Hiroshima me impactó. Era diferente al resto de las ciudades. Tenía un aura de tristeza, de recordatorio permanente... que no sabría describir muy bien. Una parte de mí se quedó allí.

lunes, junio 28, 2010

Unos segundos en que se ha parado el tiempo

Camisa amarilla ámbar. Eso es que está contento. O que es un sol.

Y yo me pregunto: ¿Por qué diablos no ha mirado en mi dirección? Si hubiera girado tan sólo unos grados la cabeza hacia su izquierda me hubiera visto, porque me encontraba en la calle justo cuando pasaba él. Al menos yo sí que le he visto. Y como siempre que conduce va mirando al frente, no como yo, que miro en todas las direcciones.
Para mí ha pasado como a cámara lenta. Estaba guapo. Y ahora habrá aparcado en el otro lado.

Haciendo tiempo

Estoy escribiendo un email, aunque realmente ya está escrito. Lo que ocurre es que tarda un rato en adjuntar fotos. Pero como es para quien es tengo una paciencia que hasta a mí me resulta increíble.
Imagino que también tardará un rato en enviarse.

Tengo que hacer.

A primera hora de la tarde

Me he dado una vuelta por el polígono, así que he tenido que salir un poco antes de casa. Y cuando estaba a punto de aparcar he visto su coche, justo donde me gusta a mí aparcar. Reconozco que me ha dado un subidón, tanto que he aparcado enfrente, pero fatal, hoy he aparcado fatal. Yo creo que me ha dado tal subidón al saberle tan cercano, que me he puesto nerviosa y casi pego al coche de al lado. Centímetros a mano izquierda y varios metros a mano derecha. Hacía siglos que no aparcaba tan mal. Estaba, yo creo, más pendiente de lo que tenía al frente que de lo que tenía a los lados.
Me gustaría verle.

El primer baño del año

Es cierto que no he tenido ocasión de bañarme antes, así que hoy sólo venía con intención de ponerme el bikini y tirarme de cabeza. He cogido al perro y también le he tirado, así que ahora ni siquiera se me acerca, porque sabe lo que le espera...
He estrenado bikini de corazones. Cómo podía ser el de este año? Tenía que ser algo relacionado con mi estado de ánimo. Y a ver si cojo algo de color, que ya me han dicho muchos que no parece que haya estado de vacaciones.
Es una gozada disfrutar de unos chapuzones antes de comer.
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Las valquirias, doncellas guerreras del dios Odín

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En la mitología escandinava, las valquirias eran las doncellas guerreras del dios Odín, y estaban encargadas de seleccionar en la batalla a los guerreros que debían morir.
La más famosa de las valquirias se llamó Brunilda y las muchas historias que sobre ellas se escribieron aún son recordadas en los países nórdicos.
En el campo de batalla luchaba el rey Arnag contra las tropas de su enemigo más poderoso, el temido Jalgunar, que era un protegido del dios supremo Odín, y para el que todavía no había llegado el último día. Aquella mañana estaba escrito que debía morir el rey Arnag, pero justo cuando Brunilda se acercó a él y un guerrero enemigo ya había levantado la espada que debía atravesarlo, Arnag vio a la valquiria y de un manotazo consiguió quitarle la capa de pluma de cisne con que se cubría, lo que significaba que desde ese momento la doncella guerrera estaba a su merced para cuanto él ordenara. Un golpe de suerte lo había salvado y no iba a desaprovechar aquella oportunidad.
Arnag hizo uso de este poder inesperado y le ordenó que luchara para él, venciera a sus enemigos y matara el rey Jalgunar, el protegido de Odín. Brunilda no tuvo más remedio que obedecer, pues ésas eran las condiciones que imponía el uso de la capa de cisne: si un mortal conseguía arrebatársela, debía obedecerlo.
Al ver muerto a su protegido, el dios Odín montó en cólera y con una aguja mágica pinchó a Brunilda, la despojó de su divinidad y la condenó a vivir en el monte Hindfell rodeada de un anillo de fuego, donde pasó muchos años hasta que la salvó Sigfrido, el más célebre de los guerreros nórdicos, con el que terminó casándose.

Hora de ir a dormir


Me voy a soñar con un ángel.

Bodegas Darien


Ayer, entre otras cosas, no sólo visitamos el solitario aeropuerto de Logroño, sino que también vimos una bodega de corte vanguardista.
Llegamos tarde a la bodega, donde había otro grupo de despedida, pero los muchachos no nos dejaron disfrutar de la visita a la bodega, ya que sólo pensaban en la cata.

Panorámica desde la bodega

domingo, junio 27, 2010

Miyajima 宮島

Dejando atrás el embarcadero para ir a la isla de Miyajima
Al sur de la ciudad de Hiroshima, en la costa de Sanyo, se encuentra la isla de Miyajima. Desde el ferry, llegando a la isla, llama la atención la imponente torii (puerta sintoísta) construida en el mar, que advierte que ésta es una isla sagrada. En Miyajima no hay maternidades ni cementerios, ya que está prohibido dar a luz o morir en esta isla. Tampoco está permitido talar árboles, de ahí que la isla esté cubierta por un bosque virgen que alberga numerosas aves, y los ciervos mansos se mueven entre la gente.
Respecto a los ciervos, debo comentar que en Japón se les considera como los enviados de los dioses, por lo que está prohibido matarlos.
Ciervo en Miyajima
Antes de seguir, tengo que hablar de las religiones más importantes de Japón: budismo y sintoísmo, ya que en esta isla hay un templo budista y un santuario sintoísta. Es importante marcar la diferencia entre las dos religiones y sus monumentos: los lugares de culto budista se reconocen por los sufijos –ji y –dera y se traducen como templos ('temples', en inglés). Los lugares de culto sintoísta se traducen como santuarios ('shrines', en inglés). Así que según te dijeran si era templo o santuario ya sabías reconocer qué religión era la que se practicaba allí.
Tablillas llenas de deseos y oraciones en el santuario de Miyajima
Otra diferencia importante es que el sintoísmo es una religión de vida y el budismo una religión enfocada a la muerte. Una de las cosas que nos dijeron es que en Japón era muy difícil encontrar una familia cuyos miembros practicaran la misma religión; es decir, que lo normal es encontrar miembros de una familia que sean budistas y otros que practiquen el sintoísmo. En ciertos aspectos, tienen algunos ritos muy parecidos. Recuerdo que nos dijeron que sólo un 1% de la población en Japón eran cristianos; de hecho, yo vi desde el tren una iglesia y me llamó la atención, pese a que esté acostumbrada a verlas aquí, porque allí no había monumentos cristianos.
Salida del santuario de Miyajima
La religión mayoritaria de Japón es el sintoísmo, o shinto, traducido como “el camino de los dioses”. Es la religión nativa y, por ende, la más antigua. Gira en torno a la creencia de que las divinidades (kami) presiden todas las cosas, vivas, muertas o inanimadas, de la naturaleza. Hay kamis mayores y menores adorados en un sinfín de santuarios (jinja). El sintoísmo influye en muchos hábitos japoneses, tales como el énfasis en la purificación y la estética austera.
La gran O-Torii
Las torii (puertas) son los símbolos más conocidos del sintoísmo. Estas puertas señalan la entrada al recinto sagrado de un santuario. En el caso de la isla de Miyajima, y otros muchos lugares, si te pones enfrente de la puerta, ésta marca un camino invisible y recto que hasta la entrada del santuario principal. Las torii suelen ser de madera pintada (en Miyajima es de color naranja); otras son de piedra. Todas tienen dos rieles en su parte superior.
Haiden del santuario Itsukushima
El recinto principal del santuario sintoísta, por lo general, es una capilla (honden) donde hay un objeto sagrado (shintai), en el que se cree que reside el kami a quien está consagrado. Normalmente, sólo el superior de los sacerdotes entra en el honden, que está separado de la sala de los fieles (haiden).
Deseos escritos en papel, colocados en el santuario Itsukushima
Una de las cosas que llamaban la atención de los santuarios sintoístas era la ingente cantidad de amuletos de todo tipo que se vendían en sus alrededores. Estos amuletos de la suerte se llaman omamori. Suelen estar relacionados con la fertilidad, la suerte y la salud. El buen augurio puede ser escrito también en un pedado de papel o en una tablilla de madera que suelen colgarse en lugares del cuerpo y no deben abrirse. También en la salida de los santuarios pueden escribirse oraciones y deseos en tablas ema (ya enseñaré fotos que hice más delante de estas tablillas y papeles a la entrada de los templos).
Bidones de sake ofrecidos al santuario
Otra de las cosas que llama la atención de los santuarios sintoístas son los taruzake (sake de barril). Son barriles de madera de ciprés donde se deja envejecer al sake y que se llevan a los santuarios sintoístas como ofrendas. Lo que pone en el exterior es el logotipo del destilador. Yo me quería traer uno de estos en pequeño, pero no pude debido a que en Qatar me lo iban a confiscar (porque en Qatar está prohibido el alcohol).


Puerta de entrada al santuario y al templo, que marca el camino
El budismo, segunda religión de Japón, llegó desde la India en el siglo VI, a través de China y Corea. Al principio, esta religión mantuvo posturas incómodas con el sintoísmo, a pesar de que incorporó elementos comunes. Su compleja moralidad y sus creencias cosmológicas impregnan la vida moderna, especialmente en el énfasis por el control mental del budismo zen.
Pagoda de Miyajima
El recinto del templo budista incluye una sala principal (hondo) y, a veces, una pagoda, un cementerio, edificios para los monjes y, a menudo, un templo sintoísta. En la isla de Miyajima, el templo budista es Daisho-in, aunque se encuentra bastante alejado del bullicio del puerto y del santuario sintoísta. No lo llegamos a ver.
Pagoda de la isla de Miyajima
Las pagodas de algunos recintos religiosos acogen reliquias de Buda, tales como fragmentos de hueso. Habitualmente, la reliquia se oculta en la base de la columna vertebral. Son frecuentes las pagodas de tres o cinco pisos, pero no suele permitirse el acceso a los pisos superiores.
Y es cierto, vi muchas pagodas, pero todas estaban cerradas, así que tenías que conformarte con admirar su estructura exterior.
La pagoda de Miyajima es de cinco plantas, construida en el siglo XV.

La gran torii es la entrada marítima al santuario de Itsukushima. Ese día, que la marea había bajado, se podía acceder hasta la torii a pie. Tiene un diseño de cuatro pilares (yotsuashi), que son los que le dan estabilidad.


Santuario Itsukushima
El santuario Itsukushima está construido por completo sobre pilotes de madera. En uno de sus recintos se encuentra el escenario no (variedad de teatro tradicional japonés) más antiguo de Japón. Este santuario es Patrimonio de la Humanidad.
Interior del santuario
El santuario está dedicado a las tres diosas Munakata: Ichikishima-hime, Tagitsu-hime y Tagori-hime. Se las adora como diosas del mar, pero también para la seguridad contra accidentes de tráfico, para ser afortunados o para alcanzar el éxito.
El santuario es una construcción única, que muestra al visitante la belleza artística del estilo arquitectónico Shinden.
La O-Torii vista desde el santuario Itsukushima
El color bermellón del santuario y de la O-Torii se utiliza en muchos santuarios sintoístas para mantener alejados a los espíritus malignos, pero esta laca de color (para mí) naranja es muy eficaz además para prevenir la corrosión.
Monte Misen
Desde el transbordador se ve una imagen idílica de la isla de Miyajima, con la gran torii y el monte Misen detrás, donde se ubica el parque Momijidani, valle de la hoja de arce (japonés). La hoja de arce japonés es un símbolo del tiempo que pasa. En Japón se la considera como el símbolo de los amantes.


En todos los lugares sagrados hay una fuente o pilón para hacer las abluciones antes de entrar. Los cazos son de madera de bambú. Yo utilicé el agua sagrada para refrescarme porque este día hacía mucho calor (y sol, que el sol era raro verlo en Japón, casi siempre oculto entre nubes). Las abluciones del templo sintoísta deben hacerse de una determinada manera: primero se echa agua sobre una mano, después sobre la otra, a continuación das un sorbo con la boca y lo escupes en un canal que corre alrededor de la fuente (no es agua de beber; esto es a modo de purificación antes de entrar). El agua sobrante del cazo no se puede tirar de nuevo de cualquier manera. Hay que poner el cazo en posición vertical, con el mango en la parte inferior y dejar que el agua resbale lentamente hasta el pilón.


Abriendo ostras en una calle de Miyajima



Calle de tiendas en Miyajima

Doria, la comida de los dioses japoneses
Doria es lo que comí en la isla de Miyajima. Se le considera comida de dioses y es una especie de pasta (muy parecida a la besamel) que se come ardiendo y que lleva en su interior camarones y otros mariscos. Por encima está gratinada. Ni que decir tiene que me quemé la lengua, aunque tenía un sabor suave y delicioso. Dejé casi todo, porque tenía que coger el ferry en un cuarto de hora y tenía que recorrer toda la isla hasta el embarcadero.

Tengo un sinfín de fotos de esta isla, porque era idílica. Pero sólo puedo colgar una pequeña selección. De momento, termino aquí.
El templo budista no lo vimos y he de decir que, a partir de aquí, en cuanto veía un santuario sintoísta no lo distinguía del resto, porque eran todos naranjas y, desde un punto de vista occidental, parecen todos iguales (aunque éste se encuentre junto al mar y sobre pilotes y el resto estén sobre la tierra).
Se estaba celebrando una ceremonia en el santuario de Itsukushima. Un guarda me llamó la atención al verme con la cámara (aunque yo ya había hecho la foto). No es que no se pudiera hacer fotos, sino que no se podían hacer fotos sacando a los fieles de espaldas. Es decir, está prohibido hacer una foto como ésta allí.