Lo poco que sabía de Qatar estaba relacionado con el motociclismo. Hace un calor tan tórrido que en cuanto das dos pasos te encuentras sudando. Voy en tirantes, y eso me temo esta mal visto aquí. Lo digo porque los hombres miran descaradamente tu torso y algunos ponen graciosas muecas de desagrado. Pero soy occidental y estoy aquí gracias a que su compañía aérea llegó tarde y el otro avión, también de Air Qatar, no esperó. Esta claro que esto es una forma de promocionarse. Cuando llegamos al aeropuerto todo fue sobre ruedas, como si estuvieran acostumbrados a alojar en hoteles a los extranjeros, sellar visados, ponerte autobús, pagarte todas las comidas de tu estancia y una llamada internacional. En el hotel he cambiado dinero (1€ = 4.25 Riyals), me han pedido un taxi y me encuentro en un centro comercial en el centro, gigante, el único lugar de Doha donde de puede estar, gracias al potente aire acondicionado. A las siete he quedado con el taxista para que me lleve de vuelta, ya que ni siquiera los taxis tienen un cartel indicador que los distinga. Para hacerse una idea, esta bastante occidentalizado, pero los hombres visten todos como jeques, o como la idea que yo tengo de los jeques del petróleo: una especie de sotana blanca de tela fresca y pañuelo sujeto con esa especie de cuerdas negras, y las mujeres con pañuelo negro de seda pero con el rostro visible.
He comprado un cargador pero lo he tenido tan poco tiempo que vuelvo a tener la batería en las ultimas. A las diez me llevan al aeropuerto y esta madrugada volare a Osaka. Pero ya debería estar allí.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@
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