
Pasan de las seis de la tarde y aún sigo en la oficina. Mi afán de atar todos los cabos sueltos es demasiado grande. No puedo dejar nada desordenado, ni un papel fuera de lugar. Ni tareas pendientes, aunque aquí no me queda más remedio que delegar en mis compañeras. Pero debería ir decidiendo sobre la hora de marchar.
Mañana estaré volando, escribiendo, leyendo, pensando en él y, por supuesto, sonriendo. ¿Cómo podría ser de otra forma? Si pienso en él me siento algo más feliz. Pero sobre todo escribiré. Escribiré porque me siento llena cuando escribo. ¿Y qué voy a hacer si no tantas horas? Leer, sí, pero por mucho que adore leer (y además al Maestro King), llegaría un momento en que me entraría el sopor.
Estoy completamente evadida. Me voy a tomar un café y luego a recoger todos los papeles que tengo sobre la mesa. Después c'est fini.
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