
Con lo que me cuesta subir esas escaleras, que me tiemblan las piernas cada vez que voy y parece que tengo los órganos de mantequilla, tendré que volver.
Por una parte, me han entrado ganas de dejarle allí las bolsas para no tener que regresar, pero la fuerza de mirarle, de escucharle es superior a mí.
Podré sentir mil veces que se me desboca el corazón que, si considero que debo ir mil veces, iría.
Me ha hecho gracia al preguntar si había quedado con él. Quería presentarme de sorpresa, ahora ya no será sorpresa, porque le dirán que he estado y que, además, voy a volver.
Tendría que salir a la calle y gritar para liberar el estrés. Pero como eso es inviable, me conformaré con respirar hondo. De aquí a dentro de unas horas, que volveré. O eso creo.
En otro orden de cosas, tengo un sueño terrible. Se nota y debería haberme echado una siesta. Pero me han dicho que debería venir, y aquí estoy, en la oficina, aunque no sé para qué: al desconocer lo que ha ocurrido estos últimos quince días por mucho que llamen no puedo solucionar mucho. El caso es que tengo que estar aquí, y yo no creo poder aguantar hasta las siete en la oficina. Si es que me caigo de sueño.
2 comentarios:
¿Pues no tenías un día más de vacaciones? Jope, acabas de volver de Japón, deberías estar en tu casa asimilando el jet lag.
Ya. En principio lo tenía, pero finalmente estoy en la oficina. Tampoco importa mucho, son tres horas, o lo que quede de esas tres horas.
Tampoco he venido a las cuatro en punto, sino media hora más tarde.
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