
Muy pocos héroes de la Antigüedad consiguieron reducir a Cerbero ante las puertas del Hades, pero quienes sí lo lograron tuvieron poderosas razones para hacerlo. Uno de ellos fue Orfeo, que era poeta, músico y el inventor de la lira, uno de los instrumentos más apreciados por los griegos. Orfeo se había casado con la ninfa Eurídice y la amaba apasionadamente. Pero ocurrió que Eurídice pisó en el campo una serpiente mientras corría y murió a consecuencia de aquella picadura. Inconsolable, Orfeo bajó a los Infiernos a por su amada esposa, y allí entonó una melodía tan entrañable que logró amansar a las tres cabezas del can Cerbero, e incluso a las miles de cabezas de víboras que cubrían su lomo.
Cuando cruzó las puertas, Orfeo se dio cuenta de que no sólo había hechizado con su canto al monstruoso perro, sino a todos los que allí moraban. Incluso el dios Hades y su esposa Perséfone se sintieron conmovidos y consintieron en que Eurídice se marchase con Orfeo al reino de los vivos. Pero impusieron una condición: Eurídice debía ir detrás de su esposo y hasta que no salieran del Infierno él no podría volver atrás la mirada para contemplarla.
Todo el camino de regreso lo hicieron tal y como los dioses lo habían dispuesto, pero justo cuando estaban alcanzando ya la salida, Orfeo no pudo resistirse y, despreocupadamente, miró hacia atrás. Y ésa fue la última vez que vio a Eurídice, que desapareció ante su vista para siempre.
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