No solemos hacer muchas comidas en la ermita, sino que suelen ser más las cenas que hacemos al aire libre. Pese al día nuboso que ha amanecido hemos tenido la increíble suerte de que no lloviera, aunque hacía un poco de frío. Hemos comido en la calle. Ellos asaban las chuletas, nosotras poníamos la mesa. Quince en total. Café y copa. Hacía siglos que no me tomaba una copa después del café, pero han empezado a pedir vozkas y entonces he optado por tomarme yo también una copa, que me ha sabido a gloria, aunque me ha durado horas. Y después hemos jugado a las cartas, aunque nos hemos metido dentro, porque fuera hacía frío. Unos jugaban al póker, otros al futbolín, en mi mesa al subastado.
Una amiga me ha dicho que ayer debería haber salido. No ha necesitado decirme más, porque no hacía falta. Sí, pero SD me aburre, sólo que, de haber salido anoche de fiesta, hubiera diferido un poco de otros fines de semana.
A las seis de la tarde, como si mi reloj biológico me estuviera avisando, he mirado la hora. Y mi mente ha volado lejos.
Poco a poco, nos hemos empezado a marchar, como con cuentagotas. A pesar del tiempo, ha sido un día 10. Realmente no, para que fuera redondo hubiera tenido que ser lo otro. En fin.
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