Me apetecía leer Petros Márkaris, pensando que no iba a aparecer el comisario Kostas Jaritos, pero ha sido una grata sorpresa.
Este libro está formado por varias historias cortas que tienen relación no sólo con la cuarentena del COVID, sino con cualquier tipo de confinamiento.
En tres de ellas, aparece Jaritos durante el COVID, cuando tiene que pasarse en casa diez días confinado porque su secretaria ha dado positivo. Hay un asesinato y le instalan un portátil para poder hacer videollamadas a la comisaría. En la segunda historia nos encontramos con el asesinato de un médico que sale en las noticias durante el COVID. En la tercera ponen de cebo a un mendigo para atrapar a un hombre que acuchilla mendigos.
En el resto de historias, vemos dos mendigos que noticias durante quieren ir a una casa de acogida, se cuelan en una fábrica de muebles y allí se encuentran con el dueño, al que no aceptan en casa por temor al contagio. Dos hombres ponen su restaurante junto a una estación de tren alemana: uno es griego y el otro es turco, se pasan los días discutiendo a ver cuál de las comidas es mejor, aunque venden lo mismo con diferentes nombres. Hasta que las mujeres deciden invitar a cenar a sus casas, estrechan la relación y abren un restaurante juntos.
Finalmente habla de la isla de Jalki, frente a Estambul, donde viven unos pocos griegos durante el año y se llena de turistas en el verano.


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