
Hacía mucho tiempo que buscaba la novela Diez negritos de Agatha Christie, pero no conseguía encontrarla, hasta que descubrí que hace unos años le habían cambiado el título.
Y aquí está. ¡Qué gozada de lectura!
Cuando una novela tiene tanta fama es por algo. Y es que es una novela magnífica. En mi edición, con los cantos tintados y letras doradas, al final hay un sobre con la confesión del asesino, y es que, como siempre me ocurre con la Christie, nunca descubro al asesino. Aquí he sospechado de todos y he llegado a pensar que había alguien más en la isla, un brazo ejecutor que estaba cumpliendo a rajatabla la canción infantil inglesa de los Diez soldaditos:
Diez soldaditos se fueron a cenar.
Uno se ahogó y quedaron: nueve.
Nueve soldaditos trasnocharon mucho.
Uno no se despertó y quedaron: ocho.
Ocho soldaditos viajaron por Devon.
Uno se escapó y quedaron: siete.
Siete soldaditos cortaron leña con un hacha.
Uno se cortó en dos y quedaron: seis.
Seis soldaditos jugaron con una colmena.
A uno de ellos le picó una abeja y quedaron: cinco.
Cinco soldaditos estudiaron Derecho.
Uno de ellos se doctoró y quedaron: cuatro.
Cuatro soldaditos se hicieron a la mar.
Un arenque rojo se tragó a uno y quedaron: tres.
Tres soldaditos se pasearon por el zoo.
Un oso los atacó y quedaron: dos.
Dos soldaditos estaban sentados al sol.
Uno de ellos se quemó y quedó: uno.
Un soldadito se encontraba solo.
Y se ahorcó, y no quedó ¡ninguno!
Diez personas son invitadas a la isla del Soldado enfrente de Plymouth, en el condado de Devon. La isla del Soldado ha aparecido en la prensa rosa porque la ha comprado un millonario de nombre U. N. Owen, cuenta con una mansión, y con el propietario anterior se hacían fiestas fastuosas. Por lo que nadie duda en hacer caso a la invitación y personarse en la isla para pasar allí una semana de vacaciones.
Los primeros que llegan son el matrimonio Rogers, que se encargarán de llevar el mantenimiento de la mansión y de preparar las comidas de los huéspedes. Previamente han aprovisionado la casa de todo lo necesario para hacer frente a cualquier eventualidad.
Además han sido invitados el doctor Armstrong, el juez Malgrave, la señorita Vera Claythorne, la solterona señorita Emily Brent, Lombard, el joven Marston, el detective Blore y el general jubilado MacArthur. Entre uno de ellos se encuentra el asesino. Y si el lector cree que se va a perder entre los diez nombres, que no dude y siga la lectura, que nadie pierde el hilo...
Cada uno de los invitados tiene en su habitación la copia de una vieja canción infantil, y en el comedor hay diez figuritas de porcelana de soldaditos, figuritas que van a ir desapareciendo a medida que ellos van muriendo asesinados.
Tras la primera cena allí todos se encuentran frente a la alocución pregrabada en un gramófono, donde a todos se les acusa como culpables de haber cometido algún asesinato en sus vidas, negligente o consciente.
A partir de ahí el joven Marston muere asfixiado por el whisky mientras bebe su copa que contiene cianuro. Esa noche la señora Rogers muere en su cama. Al día siguiente el general MacArthur se encuentra mirando los acantilados y allí aparece muerto también. El señor Rogers aparece muerto en la lavandería con un hachazo en la cabeza mientras cortaba leña. La piadosa señora Brent aparece en el comedor envenenada con cianuro mientras una abeja vuela a su alrededor. El juez Malgrave aparece asesinado de un tiro en la cabeza disfrazado de doctor en Derecho. El doctor Arsmtrong es empujado al mar, donde muere ahogado, y cuyo cuerpo encuentran varios días después. Lombard se cae por el balcón, aplastado por un pesado reloj con forma de oso. Vera quita la pistola a Blore y le mata de un tiro al corazón, vuelve a su cuarto y se encuentra la cuerda colgada en la viga para ahorcarse, cosa que no duda en hacer.
Cuando pasa la tempestad y el Scotland Yard accede a la isla, se encuentran diez cadáveres, diez asesinatos, y no saben cómo ha podido ocurrir. Pero el maquinador de todo, que ha terminado quitándose la vida también, ha tirado su confesión al mar en una botella para que lo encuentre un pescador.
¡Qué magnífico libro!
LA AUTORA:

Agatha Christie es conocida en todo el mundo como la Dama del Crimen. Es la autora más publicada de todos los tiempos, tan sólo superada por la Biblia y Shakespeare. Sus libros han vendido más de un billón de ejemplares en inglés y otro billón largo en otros idiomas. Escribió un total de ochenta novelas de misterio y colecciones de relatos breves, diecinueve obras de teatro y seis novelas escritas con el pseudónimo de Mary Westmacott. Probó suerte con la pluma mientras trabajaba en el hospital durante la Primera Guerra Mundial, y debutó con El misterioso caso de Styles en 1920, cuyo protagonista es el legendario detective Hércules Poirot, que luego aparecería en treinta y tres libros más. Alcanzó la fama con El asesinato de Roger Ackroyd en 1926, y creó a la ingeniosa miss Marple en Muerte en la vicaría, publicado por primera vez en 1930. Se casó dos veces, una con Archibald Christie, de quien adoptó el apellido con el que es conocida mundialmente como la genial escritora de novelas y cuentos policiales y detectivescos, y luego con el arqueólogo Max Mallowan, al que acompañó en varias expediciones a lugares exóticos del mundo que luego usó como escenarios de sus novelas. En 1961 fue nombrada miembro de la Real Sociedad de Literatura y en 1971 recibió el título de Dama de la Orden del Imperio Británico, un título nobiliario que en aquellos días se concedía con poca frecuencia. Murió en 1976 a la edad de ochenta y cinco años. Sus misterios encantan a lectores de todas las edades, pues son lo suficientemente simples como para que los más jóvenes los entiendan y disfruten pero a la vez muestran una complejidad que las mentes adultas no consiguen descifrar hasta el final.
EL LIBRO:
Título original: And Then There Were None
Autora: Agatha Christie
Traductor: Orestes Llorens
Editorial: Espasa (2ª impresión, en enero de 2026)
Número de páginas: 237
ISBN: 9788467079517
Valoración: 10/10
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