Bloodsong, por
Boris Vallejo
La Antigua Irlanda tenía lo que podría denominarse una
primitiva sociedad sofisticada. Se trataba de una sociedad bastante avanzada
tanto cultural como tecnológicamente, si bien carece de algunas características
clave asociadas a una sociedad no primitiva. Para los irlandeses estas
características eran la carencia de un lenguaje escrito, pertenecer a un centro
urbano (ciudad o pueblo) y el dinero (no utilizar moneda alguna).
La antigua estructura de la sociedad irlandesa estaba
dividida en estratos sociales, aunque no estaba tan estratificada como otras
sociedades antiguas desarrolladas. La jerarquía social irlandesa se establece
en el siguiente orden: sangre y parentesco, la profesión y finalmente el rango
social.
Matrimonio celta
En su origen, la sociedad irlandesa era una organización
familiar, basada en la familia inmediata (fine).
Una familia irlandesa no era como una familia moderna, sino que se incluían en
ella todos los parientes que vivían bajo el mismo techo (padres e hijos,
abuelos y nietos, tías y tíos solteros e incluso sobrinos y sobrinas). Esto desembocó
en la familia extendida (sept), que
además incluía a tíos y tías casados y primos estrechamente relacionados. Después
llegó el clan (clann), formado por
todas las familias que reclamaban el linaje de un solo antepasado. Varios clanes
relacionados formaban una tribu (tuath),
reconocida posteriormente como la unidad política más pequeña. Varias tribus
interrelacionadas formaban un reino (dál)
y varios reinos individuales formaban una provincia (coiced).

En la Antigua Irlanda había cinco provincias: Ulster (
Ulaidh), Connaught (
Connacht), Leinester (
Laigin),
Munster (
Mamu) y Meath (
Mide).
Paralela a la organización familiar estaba la organización
profesional, que en Irlanda era bastante simple. Los individuos se dividían en
tres grupos: guerreros (láech),
artesanos (cerd) y labradores (aithech).
Los guerreros formaban la élite. Recorrían todas las
provincias y protegían al resto de estratos sociales. Su condición de héroes
hacían que los labradores, en vez de resentidos con ellos, les honraran e
incluso les reverenciaran. Aun así, las labores agrícolas constituían la
columna vertebral de la sociedad. Araban la tierra, producían alimentos y
conducían el ganado. Sin los labriegos, los guerreros se morirían de hambre. Por
ello, en vez de tratar a los plebeyos como en otras sociedades, los guerreros
respetaban a los campesinos. Mientras, los artesanos y las mujeres integraban
la clase media. Dependían de la protección de los guerreros y dependían de los
campesinos para alimentarse. Y a su vez, tanto campesinos como guerreros
dependían de las mercancías creadas por los artesanos, que fabricaban armas,
armaduras y carros para los guerreros, pero también creaban las cosas más
cotidianas que todos necesitaban habitualmente. Los sacerdotes, los músicos,
los poetas, los académicos, los abogados, los médicos encargaban la fabricación
de objetos diversos a los artesanos.
Reina celta
La organización del rango social era mucho más complejo (que
las familias y las profesiones), a veces incluso se cruzaban los límites
profesionales. Existían seis clases: gobernantes, aristócratas, hombres libres,
obreros, siervos y dependientes. Cada nivel tenía sus propios derechos y
privilegios. Sin embargo, a diferencia de otras sociedades, esto no era un
sistema de castas, es decir, no era tan rígido, en el sentido de que era
posible de que cualquier persona de cualquier nivel, incluso desde los más
bajos, pudiera avanzar a un nivel más alto, gracias al duro trabajo y la
diligencia.
La clase dominante estaba compuesta por los jefes y los
reyes. Habitualmente esta posición dominante se ubicaba en el jefe del clan (rí clainne). La mayoría de los clanes
eran muy pequeños, por lo que en la misma figura coincidían el jefe del clan
con el jefe del poblado. Algunos clanes eran lo suficientemente grandes como
para abarcar una serie de pueblos, en cuyo caso los líderes de las aldeas
subordinadas eran conocidos simplemente como jefes (rí). Por encima estaba el cacique tribal (rí tuaithe) y sobre él se encontraba el líder local del reino (rí dáil). El líder provincial (rí coicede) era el gran rey (ard rí) de la provincia. Teóricamente
los reyes provinciales eran subordinados del gran rey de Irlanda (rí ruírech), pero la alta monarquía era
sobre todo ceremonial y el gran rey tenía autoridad únicamente sobre el
territorio que se ubicaba alrededor de Tara. Por tanto, los reyes provinciales
eran más o menos libres para actuar como mejor les pareciera. Las pocas
intervenciones del gran rey se cincunscribían a desastres nacionales o cuando
no había colaboración entre los reyes provinciales. El único e indiscutible soberano-rey
que gobernó verdaderamente en Irlanda fue Brian Boru y su poder murió con él en
la batalla de Clontarf en 1014 C.E.
La clase aristócrata poseía los privilegios (nemhedh), es decir, sostenía la tierra y
controlaba su uso y distribución. En la Edad de Hierro irlandesa, la tierra no
era propiedad privada, sino que era propiedad de la tribu en su conjunto. Sin embargo,
los aristócratas poseían la tierra en fideicomiso para los miembros de la tribu
(céile). La tribu en su conjunto es
la que divide la tierra cultivable tribal entre la que mantiene al jefe o rey
para sostener su gobierno, que se encuentra en poder de los nobles y sus
inquilinos, y la tierra que comparten el resto de plebeyos libres. Las tierras
no cultivables eran terrenos baldíos, tratados por las tribus como tierras
comunales que podían ser reclamadas por cualquier clase y utilizadas para el
pastoreo, la caza, la recolección de alimentos, la recogida de leña, etc. Sin embargo,
los líderes y los aristócratas recibían la mayor parte de la tierra cultivable,
ya que eran los que tenían libertad para determinar cómo utilizarlo.
Guerrero de la nobleza
Existían dos tipos de aristócratas: los guerreros nobles (uasal) y los profesionales (flaith). Todos los guerreros, sin
importar el grado de humildad, provenían de la nobleza (airech), por lo que necesitaban la tierra como apoyo para poder
dedicarse a la lucha. El rango más alto que un guerrero podía conseguir no era
como el equivalente moderno del rango militar, sino el del campeón (fénnid). Es lógico si tenemos en cuenta
el carácter heróico de la sociedad irlandesa en la Edad de Hierro celta. Los profesionales
también necesitaban la tierra para ganarse la vida, ya que dedicaban sus
esfuerzos a sus profesiones. Eran los médicos (fáithliag), los bardos (fili),
los encargados de la Ley (breitheamh)
y los sacerdotes (druih).
Los hombres libres (aire)
carecían de privilegios (doernemhedh),
por lo que no podían poseer tierras de su propiedad, si bien se las podían
alquilar a un noble o se las podía otrogar la tribu. Sin embargo, sí podían
poseer bienes personales (por ejemplo, ganado). La mayoría de los hombres
libres eran agricultores (bóaire),
aunque entre ellos surgieron determinados trabajadores especializados. Estos campesinos
especializados realizaban tareas apreciadas por la aristocracia, que eran los
poetas-músicos (bard), herreros (gobae) y los carreteros (arae).
Los trabajadores (féine)
además de no tener privilegios tampoco podían poseer bienes personales, ni
tampoco alquilaban la tierra a los aristócratas. Sin embargo, vivían en la
tierra con motivo de la afiliación tribal que se les asignó al nacer o
escondidos en tierras tribales no reclamadas. Al igual que los hombres libres,
la mayoría eran agricultores (bothach),
pero muchos trabajaban en otros oficios. Habitualmente eran empleados de los
aristócratas y entre ellos se encontraban los carpinteros (saer), guardaespaldas (amuis),
hospitaleros (briugu), guardianes (dercia), cocineros (rannaire), administradores (rechteaire)
y mensajeros (techt).
Miembros de una comunidad celta
A pesar de sus desventajas sociales, los hombres libres y
los trabajadores conformaban los plebeyos libres y los miembros de la tribu.
Esto les otorgaba voz y voto en los asuntos tribales, incluyendo el derecho a
la elección del líder y la división de las tierras tribales. De hecho, formaban
el grueso de la afiliación tribal, así como el último fundamento de la Ley y la
autoridad en la sociedad irlandesa.
Los siervos (sencleith)
trabajaban la tierra de los nobles y de algunos plebeyos libres a los que les
habían concedido tierras. Los siervos estaban atados a la tierra y no podían
salir de ella sin permiso, aunque no eran esclavos. De hecho, se les
consideraba miembros de la tribu, aunque no tenían derecho de voto, pero sí
contaban con el derecho de ocupar tierras tribales y podían prosperar a partir
de su propio trabajo.
Los dependientes (fuidir)
no tenían tales derechos, aunque vivían un poco mejor que los esclavos en la
mayoría de los casos. Había dos tipos de personas dependientes. Los extranjeros
(saer-fuidir) eran respetuosos con la
Ley, pero por la razón que fuera no estaban respaldados por el apoyo de una
tribu; también se les concedió el derecho de asentarse en tierras tribales sin
reclamar, siempre dependiendo de su buen comportamiento; no tenían voz ni voto
en los asuntos tribales y dependían de la buena voluntad de la tribu. El otro
tipo de dependientes (daer-fuidir)
eran prisioneros, criminales y esclavos, que no tenían ningún tipo de derecho. Aun
así, la Ley irlandesa favoreció la emancipación, por lo que era posible que un
individuo perteneciente a esta clase fuera liberado y/o adoptado por una tribu,
como recompensa por servicios de carácter extraordinario.
Mujer celta
Otro aspecto muy discutido de la heroica sociedad irlandesa
son los derechos de las mujeres. Existen encarnizados debates sobre este
asunto, donde una versión dice que las mujeres no eran más importantes que un
mueble, mientras que otro grupo defiende la teoría de que las mujeres eran
iguales, e incluso superiores, a los hombres. Esto hace que los historiadores
recurran a las fuentes, tales como las Leyes Brehon. El resultado que se
obtiene es que, mientras la antigua sociedad irlandesa era fuertemente
paternalista, las mujeres gozaban de muchos derechos y que producían gran
energía, ya que eran la combinación perfecta de ambición, talento y
oportunidad.
Por ejemplo, en las sociedades medievales en general el
padre tenía el derecho de elegir al hombre que se casaría con su hija. Sin embargo,
en la Antigua Irlanda, la mujer era libre para casarse con quien quisiera,
independientemente de los deseos de su padre. Además, era libre para
divorciarse de su marido cuando quisiera. Mientras que en la Europa medieval,
las mujeres se limitaban a ser esposas, monjas o prostitutas, en la Antigua
Irlanda no estaban ligadas a los varones ni podían acceder a profesiones
privilegiadas. La mujer irlandesa no podía ocupar cargo alguno de ninguna
clase, ni podía aspirar a ser líder tribal, del reino o provincial. En materia
de propiedad, mientras que los maridos de Europa eran libres de hacer lo que
quisieran con la propiedad de sus esposas, en la Antigua Irlanda ni el marido
ni la esposa podían vender, permutar o hacer trato de propiedad del otro sin el
permiso del cónyuge propietario. Por otra parte, si una pareja se divorciaba,
se repartían la propiedad en la misma proporción que cada uno tenía cuando
contrajeron matrimonio. Por ejemplo, si la mujer poseía el doble de vacas que
su marido cuando se casaron, cuando se divorciaron ella conservaba el doble de
vacas que su marido si el rebajo se había incrementado durante el matrimonio.
Un tema especialmente rebatido es si las mujeres lucharon
como guerreros en las batallas. Muchos estudiosos sostienen que no hay
evidencia de mujeres guerreras celtas, pero hay otros testimonios que
documentan que las mujeres irlandesas luchaban en las batallas junto a los
hombres, e incluso se aprobó una Ley en el año 697 C.E. que prohibía a las
mujeres ir a la guerra.
Otro aspecto relevante de la sociedad irlandesa antigua es
la estructura de la comunidad. Antes de la llegada de los vikingos, no existían
verdaderos pueblos o aldeas. En su lugar, la gente vivía en una especie de
cabañas aisladas. Estas construcciones compartían el mismo diseño y se les
conoce como ring-forts.
Típico ring-fort
Se trataba de un área circular rodeada por un foso
defensivo. Dentro del perímetro interior, excavaban la tierra para crear una
zanja que formaba un terraplén. Los muros de contención eran construidos en la
cara interior con el fin de protegerla, e incluso a veces erigían empalizadas
de madera en la parte superior. Había al menos una entrada en la muralla, que
se defendía con un sistema doble de puertas, que contaban con pequeños
terraplenes creados a ambos lados de las puertas.
Corte transversal de un ring-fort
Los grandes ring-forts
tenían defensas más elaboradas, que incluían numerosos anillos concéntricos
formados por construcciones alternas de murallas y fosos, e incluso complejos
laberintos en las puertas, y en las grandes estructuras, si era posible, se
incluían muros de piedra. Algunos contaban con una barrera externa, conocida
como chevaux de frise, que no era
otra cosa que un campo de piedras rotas, con las puntas afiladas y bordes hacia
fuera. Tienen la misma función que las trampas para tanques: impoden que los
carros se acerquen demasiado. Muchas fortalezas fueron construidas en lo alto
de colinas y montículos elevados, aprovechando sus defensas naturales; se
conocen como castros.
Había tres tipos de ring-forts. Los más simples y pequeños (ráth) alojaban a los familiares
inmediatos y a las familias pequeñas, incluso a veces a las familias extensas.
Luego estaban los algo más grandes y mucho más fortificados (caisel) alojaban familias extensas y
pequeños clanes. El más grande y muy fortificado (dún) eran los bastiones de los líderes. Algunos eran lo
suficientemente grandes como para albergar clanes enteros, e incluso algunos parecían
ciudades, ya que podían albergar a profesionales, comerciantes y artesanos.
Casa circular
Dentro del perímetro defensivo había al menos una casa
circular, que general estaba junto a otros edificios anexos más pequeños. Estas
casas circulares estaban hechas con adobe cubierto de barro, que a veces era
sustituido por pesadas piedras sin argamasa. Había una entrada principal, que
por lo general estaba flanqueada por dos más pequeñas, e incluso a veces había
también una entrada trasera. El techo tenía forma de cono y estaba cubierto de
paja, aunque no contaba con un agujero para que saliera el humo del hogar
central. En cambio, el humo se acumula en el interior del espacio y se filtra a
través de la paja. Este ambiente pobre en oxígeno era perfecto para preservar y
almacenar los alimentos, especialmente la carne.
Una casa circular podía ser de cualquier tamaño. Las más
grandes contaban con un anillo interior que ayudaba a sostener las vigas del
techo, pero incluso las casas pequeñas tenían un espacio considerable.