domingo, septiembre 30, 2012

Demasiado explícito

¡Diablos! Ahora entiendo que sea tan bien acogido por mujeres de mediana edad. Va de bondage y bdsm, dominación y sadomasoquismo, la teoría del Amo y la Sumisa, pero es todo tan explícito... Es increíblemente explícito. Estoy enganchada. Ciertamente no me esperaba esto. 
No he salido porque con tanta lluvia no me apetece salir, y mucho menos conducir. Así que me he quedado leyendo. Me pregunto cuánto tiempo me llevará leerme esta trilogía. 

sábado, septiembre 29, 2012

Tanto de él

Mañana me espera un día larguísimo, pese a que es sábado. 
Y son las dos de la mañana. No importa. Mañana a esta hora estaré, seguramente, cerca de él.

Me pregunto cuál es esa fuerza que me ha llevado a llamarle esta tarde, sabiendo que iba a cogerme el teléfono él, a volverle a llamar una segunda vez, para que finalmente tuviera que pasar con el coche. Guapísimo. 

Hacía días que no le veía. Es tan adorable. 

Está lloviendo sin parar. Mañana tendré que echarme una siesta antes de marchar por la tarde. No quiero ni pensar el día que me espera mañana. Tedioso. Es mejor no pensarlo.

Ahora, sin embargo, es un buen momento para sumergirse en el mundo de los sueños.

viernes, septiembre 28, 2012

Las horas oscuras

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Las horas oscuras es una novela que nos lleva a leyendas celtas. Siempre desde un ámbito fantástico, el argumento de esta novela se sitúa en la Irlanda medieval, concretamente en el condado de Clare. El personaje principal, y enigmático además, es un monje de origen hispano, llamado Brian de Liébana, que recala en las costas irlandesas con el fin de reconstruir el monasterio de San Columbano, que se encuentra en ruinas desde que unos años antes fuera atacado por los vikingos y se convirtiera en pasto de las llamas. En torno a las ruinas del viejo monasterio circulan muchas leyendas, como que un monje ronda las piedras ennegrecidas, el supuesto fantasma de Patrick O'Brien, el antiguo abad cuyo cadáver nunca fue encontrado.
Algo que no pasará desapercibido para cualquier lector es la coincidencia de los nombres (Brian de Liébana y Patrick O'Brien), coincidencia que no será finalmente cosa del azar. Esta similitud nos lleva a suponer que Brian de Liébana tiene un fin oculto, aparte de reconstruir del monasterio de San Columbano.
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Condado de Clare, Irlanda

Brian aparece solo en Irlanda, con un baúl repleto de libros y pergaminos. Uno de esos libros es el Códice de San Columcille, un libro poderoso que unos seres perversos y oscuros desean destruir a toda costa.
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Strigoi

El rival oscuro de Brian es Vlad Radú, del grupo de los Scholomantes, más conocidos como strigois, que vienen a ser una especie de vampiros modernos que aprenden su ideología en el corazón de Valaquia. Se trata de seres malvados que aplacan su sed con sangre humana, desechan las ideologías de la Iglesia y desean poseer el saber y conocimiento, desean esos libros de magia oscura y de control de los sentidos humanos, que es lo que les da fuerza. Son seres siniestros que, de alguna manera, poseen el alma humana a través de su hipnótica mirada.
Brian de Liébana es invitado al castillo de Cormac O'Brien, el señor que reina en estas tierras y hermano del difunto abad Patrick O'Brien. En un banquete, Brian conoce a Dana, una prostituta que ha ido a reclamar a su hijo desaparecido. Brian decide salvarla y llevarla con él al monasterio. Ella teme a los hombres y le cuenta su historia. Él es un hombre célibe que tiene que reprimir su deseo de yacer con una mujer. Los dos son alabados y bendecidos por los druidas del bosque, que consideran que deben estar juntos.
Cuando llegan el resto de los monjes benedictinos, Dana considera que es el momento de irse, sobre todo cuando conoce al intimidante hermano Michael.
Sin embargo, entre Dana y Brian se ha creado un vínculo muy fuerte, en parte por las semejanzas de sus historias personales, pero sobre todo porque se han enamorado.
Tendrán que pasar por pruebas muy duras, para finalmente enfrentarse a Vlad Radú, pero esas pruebas conseguirán unirlos mucho más. Brian no es otro que el verdadero heredero del trono de Clare, hijo del difunto Patrick O'Brien, que ha regresado a Irlanda a reconstruir su pasado.
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Druida

Me ha gustado, quizás porque todo lo que tiene relación con la cultura de los celtas siempre me ha llamado la atención.

jueves, septiembre 27, 2012

De jueves

No puedo entrar en una librería porque siempre salgo con una novela, como mínimo, en las manos. Hoy ha sido una trilogía, la trilogía de la que habla todo el mundo, o todas las mujeres maduras que ven las telenovelas en casa después de comer. Estoy convencida que, aunque Cincuenta sombras se ha convertido en un best-seller, no me gustará. Últimamente están de moda las novelas enfocadas a las mujeres maduras que no encuentran su sitio, el sentido a lo que hacen con sus vidas, donde todo se tilda de una amargura que deja leer entre líneas "esto es lo que quería para mí y en esto me he convertido". Y esa amargura que viene pareja con este tipo de novelas no me gusta. 
Dejando aparte esto, la novela invita a la reflexión, hace pensar. Y esto es lo que me ha impulsado a llevármela de la librería.

Anoche no conseguí terminarme de leer el otro libro. Me quedé dormida. El medicamento para el catarro consigue que por las noches duerma de un tirón y que por las mañanas camine grogui. En estos momentos estoy algo mareada. 
El otro libro se ha quedado encima de la cama esta mañana. Cuando venía en el coche, he recordado ese momento, he mirado a un lado y el libro no estaba. Ya no podía echarme para atrás. Al mediodía necesito un libro para leer mientras estoy en la peluquería, donde no me interesa la prensa rosa ni los cotilleos que se cuentan entre secadores.

Por otro lado, se ha acabado mi trayectoria en Kingdoms of Camelot. Me gustaba el juego por su parecido a oGame en lo tocante a la estrategia, pero es la segunda vez que se cuelga cuando voy a acceder. Tras un rato en el foro leyendo el sinfín de errores que existen en el juego, la ausencia de respuestas por parte de los moderadores y, en definitiva, las críticas sobre la mala gestión y la nula resolución de problemas, he optado por no intentarlo más. No lo dejo porque no me guste, sino porque no me gustaría que, pasado el tiempo, con más infraestructura y demás, me ocurra que no puedo entrar. Así que lo dejo. Intentaré acceder en los dos próximos días y si no puedo, eliminaré la aplicación.

Es jueves. Los jueves suelen ser propicios para encontrarme con ese ángel de mirada perfecta. Seguro que está guapo.

miércoles, septiembre 26, 2012

Miércoles de otoño

No podría pasar esta tarde sin haber echado una cabezada. Cuando las tardes libro me gusta salir a pasear al bosque, sobre todo ahora que los colores cambian. Sólo que hoy me he terminado medicando y el antibiótico me ha dado sueño.
Se sobrelleva. 

Esta noche me he propuesto terminar un libro. Un libro que me está gustando mucho, del cual ya quiero conocer el desenlace, aunque siempre ralentizo los finales para que duren más.

martes, septiembre 25, 2012

Carpe Diem

Lo mejor de los martes (y de los miércoles) es que no trabajo por las tardes. A una hora del final de jornada... aún siento los excesos del fin de semana.
En estos momentos es cuando siento que he envejecido, que la edad no nos ofrece aquel aguante que teníamos hace unos diez años.

Adoro el otoño, quizás porque es la estación que más invita a escribir, la época en que más ganas tengo de dejarme llevar por los sueños, aunque soy consciente de que también es la antesala del invierno. Y el invierno es... prefiero no pensar en el invierno. Ya llegará.

Últimamente he pensado más que nunca en el Carpe Diem. Aprovecha el momento. El sábado por la tarde tomábamos unas cervezas en una terraza y una amiga habló de que el lunes tenía que volver a trabajar después de las vacaciones. Recuerdo que le respondí que mejor hacía si pensaba en la cerveza que nos estábamos tomando y los cacahuetes que había en un plato, que para más inri le dije que tuviera cuidado que son afrodisíacos. Porque, al final, el lunes es para todos, pero ya ha pasado.
Es que siempre nos estamos lamentando por momentos del pasado que fueron mejores o por lo que llegará, sin tener en cuenta que el mejor momento es el momento presente. Creo que mi dosis de felicidad diaria es ahora, cuando me encuentro sola en la oficina, cuando soy consciente de que aún me llegan las reminiscencias del último fin de semana, cuando disfruto con lo que hago (y algunas cosas de mi trabajo no me gustan, pero al final esto no me paro a pensarlo). En dos horas, o tras la siesta si es que me tumbo luego, seguramente volveré a encontrarme feliz. Y esos momentos hacen que el día sea siempre perfecto. Mañana ya habrá pasado.

Cuando estuve en Tokio llovía el día que nos fuimos a ver el Palacio Imperial, el mismo día que hicimos el crucero por el río Sumida. De hecho, estuve en plena época de lluvias, así que la lluvia aparecía cuando menos lo esperabas y al día siguiente hacía sol desde las nueve de la mañana. Había comprado un paraguas transparente que, como siempre me ocurre, terminé perdiendo allí, en una estación de metro del centro (en Shinjuku creo que fue). El guía era un japonés que ya rozaba los setenta y que en la punta del paraguas llevaba un pez azul de plástico. Después de la comida, empezó a llover de una manera terrible. Coincidí ese día con dos amigos, uno colombiano y otro estadounidense, que iban con sus hijos. Uno de ellos muy moreno y de ojos negros y pelo rizado; el otro muy rubio y con ojos azules. Los hijos eran adolescentes y réplicas exactas de sus padres. El colombiano, que llevaba años viviendo en USA, se puso a hablar conmigo. En cierto momento me quejé del tiempo. No hay nada más molesto que estar de viaje y que se ponga a llover a cántaros. Entonces él me dijo: "El tiempo siempre es el que tiene que ser". Después de eso, nunca he vuelto a quejarme del tiempo y recuerdo exactamente las palabras del colombiano.

Lo del Carpe Diem viene a estar en consonancia, el minuto más importante es ahora. Lo malo es que nos pasamos media vida pensando en el futuro y recordando el pasado.

Mi padre dice que nunca seremos más jóvenes de lo que somos ahora. ¡Cuánta razón tiene! Así que cuando espoleo y viajo a la otra punta del mundo, sin esperar a nadie, es normal que en mi mente piense que llegará un día en que no podré hacerlo. Seguro que buscaré otros sucedáneos que me harán igualmente feliz.

Hoy no sé qué me pasa. Físicamente aún me encuentro cansada, pero moralmente estoy casi tocando el cielo.

lunes, septiembre 24, 2012

Otoño



El otoño invita a romanticismo.

A veces me siento más enamorada que nunca. Hoy no sé... Cuando he visto que él seguía... cuando me he parado a hablar con alguien cerca de su coche y alargaba los minutos a ver si aparecía...
En otoño pasearía con él pisando miles de hojas. 
A veces es mejor que no me encuentre con él. Así incluso llego a echarle de menos. Y en realidad le echo de menos.

domingo, septiembre 23, 2012

Un fin de semana largo

No estoy para muchas historias. 
Me ha despertado un vasco que se ha metido a la cama donde yo estaba durmiendo. Interesante. Dormían en el mismo lugar que nosotras, estaban también de despedida y nos han invadido las habitaciones. Aunque ha sido cuestión de minutos, y menos mal, porque lo único que me apetecía era seguir durmiendo, aunque después ha sido imposible.
Anoche fue un desmadre. Conocí a tanta gente que es imposible acordarse de todos. De uno sí que me acuerdo. Lo malo es que era demasiado joven. Supongo que le terminaré escribiendo, era bastante majete.
¿Dónde terminé la noche? ¿Cómo llegué a la cama? Hay ciertas lagunas en mi cabeza. 

También recuerdo un momento de máxima exaltación. Cuando mi móvil parpadeaba en rojo. Y empezó a latirme el corazón. 

En definitiva, no entiendo a los hombres.

El fin de San Mateo significa que el verano, ahora sí, ha llegado a su fin.

sábado, septiembre 22, 2012

Antes de marchar

En un rato desaparezco del mapa durante más de un día. Tengo ganas de fiesta a tope con mis amigas. En unos minutos me iré, y creo que va siendo hora de apagar el portátil. No sé cómo volveré mañana. 

viernes, septiembre 21, 2012

Dónde estará...

Llevo cuatro o cinco años que no piso Logroño en fiestas. Simplemente me agota tanta gente, como me agotan, en definitiva, las festividades de cualquier ciudad. Demasiada gente. Media hora (o más) para pedir una copa. Jaleo. Las plantas de los pies casi en carne viva al ir a dormir.
Este año no me queda más remedio que ir, ya que estaremos de despedida y me he comprometido. Además quiero estar en la despedida.
Pereza me da por la gente. Por otro lado, no me quedarán ganas de ir a San Mateo hasta dentro de varios años. 

Después... llega de nuevo la rutina, la tranquilidad. Los encuentros casuales con él. En los últimos meses, desde que hicimos las paces, me he puesto en contacto con él varias veces. He quedado con él en numerosas ocasiones. Y ahora que es tan accesible he perdido el interés. Me pregunto si él irá a Logroño este fin de semana. Seguramente no. Mucha gente huye del sábado de San Mateo. Incluso yo huiría si no tuviera una despedida.
De no atreverme a marcar su número de teléfono he pasado a llamarle siempre que tengo una mínima duda, y él siempre se ha mostrado afable. Algo ha cambiado. Quizás hay más seguridad, un incremento de la confianza, la complicidad que existe desde hace varios meses. 

Le admiro de una manera diferente. Creo. Porque le sigo admirando, pero me da la sensación de que le conozco desde siempre. Y creo que por su parte también hay cierto afecto que antes no existía. No me atrevería a decir que hay algo más por su parte, porque eso se lo tendría que preguntar. Pero he descubierto que cuando me mira y le miro hay un pedazo de felicidad, sé que le brindo cierta alegría, quizás porque sabe que yo siempre estoy de su lado. Quizás porque sabe que le quiero con locura. 

Vuelven las ganas de compartir con él todo. Aún no le he dicho que me voy a Lanzarote a mitad del mes de octubre. De Tenerife le traje un lagarto de cristales, si la memoria no me falla. Lo mejor de traerle algo es explicarle la historia, por qué un lagarto y no otra cosa... No me deja traerle nada de los viajes, pero siempre me salgo con la mía.

jueves, septiembre 20, 2012

Tan cerca...

Siempre está cerca, pero nunca le veo. Aparcaba al mediodía, y he aparcado cerca de su coche, pero él ha brillado por su ausencia. Seguro que ha sido cuestión de minutos.
No sé por qué me quejo, ya que podría llamarle y hablar con él. Recuerdo que al principio buscaba cualquier excusa. Ahora no lo necesito, y sé que si sigo pensando en ello terminaré descolgando el teléfono para preguntarle qué tal está.

Guapísimo seguro. Y adorable. 

Caminos que se cruzan


He tocado el cielo con las yemas de los dedos, me he arrastrado por el barro en las circunstancias más adversas, incluso he volado sin alas en las situaciones más inimaginables. Pero por muchos extremos que busque nunca he abrazado felicidad tal como la que ahora me inunda. 

Me pregunto si le veré hoy. Es jueves. Los jueves el azar siempre nos lleva por caminos que se terminan cruzando.

Recuerdos tan nítidos

¿Cómo alguien se da cuenta de que la otra persona es aquella persona que siempre habíamos estado buscando, la media naranja que nos falta para que el mundo sea simplemente perfecto...? Yo me di cuenta al mirarle a los ojos la primera vez. Todos los recuerdos que tengo de él son demasiado dulces, pero el instante en que él me miró a los ojos y sentí que leía en mi interior... es algo que aún no logro comprender. Cómo accedió tan fácilmente a mí aquel desconocido. Recuerdo que me puse nerviosa, pese a que no le había visto en mi vida.

Y ahí empezó todo. De repente me encontraba con esos ojos allí donde iba, hasta que no pude estar más tiempo sin saber su identidad. Cuando me lo presentaron ya le había empezado a querer. Hoy, más de tres años después, le quiero muchísimo más. Con sus altibajos, con los buenos momentos. Con todos esos instantes vividos junto a él, buenos y malos, aunque prefiera recordar los buenos. Me pregunto qué me da él, qué ha hecho para que lo que siento por él no lo haya sentido nunca antes.

Estoy enamorada, como nunca antes lo había estado. A él le veo más cercano, pero aún siento que falta algo. A él le sigo notando indeciso, pero también con cierta necesidad de sentirse querido, o valorado quizás. Siempre he pensado que él no se valora lo suficiente, incluso se lo he dicho en alguna ocasión. Siempre estaré yo para valorarle, que él se lo merece. ¿Qué no se merecerá una persona que nos hace sonreír cada mañana al salir el sol?

miércoles, septiembre 19, 2012

Tantos minutos de él


A veces pienso en lo que me gustaría caminar junto a él. Mirándole a los ojos, enredando mis dedos entre los suyos, mirar en la misma dirección, escuchar su voz a todas horas (y sé que no me cansaría jamás).
Es posible que mañana me encuentre con él, porque los jueves le suelo ver a mediodía.
Con este día de fiesta que hemos tenido en medio de la semana, mañana volver a la rutina va a sonar extraño. Toca Ezcaray.

Últimamente siento cierto estremecimiento en la espalda cuando le tengo delante, cuando me mira con esos ojos penetrantes, enigmáticos, misteriosos, esos ojos que dicen tan poco de su dueño y contienen tantas cosas buenas del mundo. ¿Por qué será que siempre que le miro a los ojos me siento un poco mejor, o algo más feliz? Pero últimamente hay algo más. 

martes, septiembre 18, 2012

La nostalgia de tanta dulzura


Le echo de menos. Es cierto que no han pasado ni unas horas desde que hablé con él y parece que han pasado años. No sé qué hacer esta noche: por un lado, me apetece salir, pero si salgo, la otra persona se tiene que ir pronto, mientras que el resto de mis amigos están en la capital. Soy capaz de ir yo sola a tomar algo sólo para verle... Seguro que está guapísimo. Tan dulce.

lunes, septiembre 17, 2012

La llamada del corazón

Algo en mí me impedía llamarle, pero finalmente he caído en esa tentación que siempre me dirige a su dirección. Le he llamado y su voz, dulce al otro lado, me ha producido cierta dicha indescriptible. Mi llamada no eran buenas noticias, pero prefiero hablar con él a guardar silencio. 
Me ha dicho que nunca apaga el móvil. Y yo estuve dos días mosqueada porque pensaba que lo había apagado. En fin, menos mal que le he llamado...

Es tan dulce...

Ha sido una conversación donde el cariño rezumaba por todos los lados. Se sentía en cómo me hablaba él, en cómo le hablaba yo... Es tan adorable...

domingo, septiembre 16, 2012

El tren ya ha pasado

Ayer me mosqueé. Y por la noche seguía mosqueada. 
Me gustaría no estar así, pero me siento así. Ha vuelto a hacer otro desplante. Y ayer me sentía dolida de nuevo, por eso no quería encontrarme con él. No me apetecía verle y, de hecho, no me apetece encontrarme con él. 
Al final, todo lo que nos pasa nos deja una huella. Es cierto que he intentado alargar el amor que sentía por él, pero esto no da más de sí. Es como si se hubiera roto el hilo. Y yo me siento muy cansada.
Cuando comprendo que ya no siento los dulces aleteos de mariposas en el estómago, ni me tiembla la voz cuando hablo con él, ni me tiemblan las piernas cuando voy a su oficina, cuando ya no siento ese calor en mi interior ni las ganas de describir cada momento de él (y con él) cada vez que lo veo... es entonces cuando soy consciente de que ya no siento como sentía.
Creo que he hecho todo lo que ha estado en mis manos, pero no ha servido de nada. Él no ha hecho nada, nunca ha dado un paso en esta dirección, demasiadas cosas en contra y este tren ya se ha marchado. Yo ya no siento aquello, y ya no puedo hacer nada por cambiarlo. Ni quiero.
Sólo me produce un poco de tristeza por las noches. Nada más.

sábado, septiembre 15, 2012

Tarde para todo


No sé qué me está ocurriendo. He intentado alargar el tiempo, pero ya no siento lo que sentía. Me pesa y me produce tristeza. Pero me resulta demasiado indiferente. Creía que si él hiciera algo..., pero ni creo que lo haga ni creo que me importe ya. Es demasiado tarde.
Ese tren ya ha pasado.

viernes, septiembre 14, 2012

Mirando al firmamento

Acabo de ver la Osa Mayor, frente a mi ventana. Brillante, con bastante claridad. Y pensaba en él. En que mañana compartiré unos minutos de su tiempo con él y que podré absorber sus conocimientos. 
Me gustaría compartir con él cada noche estrellada, cada noche que se vea con tanta claridad la Osa Mayor, poder señalarle Kasiopea, y quizás, si la noche es muy diáfana, buscar el Cinturón de Orión.

Aún cierro los ojos y veo lo guapo que estaba esta tarde.

jueves, septiembre 13, 2012

Poco más de las cuatro y... el paso de un ángel

Pasaban unos minutos de las cuatro de la tarde. Iba a cruzar el semáforo y entonces he mirado... he reconocido la matrícula y entonces he saludado. He sentido cierto alborozo en mi interior, como si con ese momento tan efímero me hubiera dado una vida entera llena de felicidad.
¿Qué hace él para conseguir que yo sonría siempre...?
Pensaba que ahí iba a acabar todo. Sentía sus ojos clavados en mi espalda. Me veía bien, porque acababa de cortarme el pelo.
Entonces ha parado delante de mis narices y ha salido del coche. No he podido evitar acercarme, porque tenía que recordarle la hora de mañana. Estaba guapísimo, adorable...
Le quiero tanto...

miércoles, septiembre 12, 2012

Cinco años

Anoche... cuando recordé aquel 12 de Septiembre de 2007... lloré. Inevitablemente lloré. 
Cinco años han pasado desde que se nos fuera el tío J., y aún parece que fue ayer. Es complicado buscar un sentido al adiós definitivo a alguien, pero su huella y su recuerdo aún siguen perviviendo.
Le echo mucho de menos. Me gustaría contarle tantas cosas...

¿Dónde estará...?


Hoy he pensado en él, he empezado a contar los días que llevo sin verle o sin hablar con él. No me acuerdo. Y le echo de menos. Ni siquiera vienen a tomar café donde siempre. Le preguntaré. Puede ser por el verano o... porque han encontrado un lugar mejor.
No importa. Si además estoy segura de que le veré el viernes y que antes hablaré con él...

Sigo pensando que es adorable, especial. Único. Un ángel.

martes, septiembre 11, 2012

Love is...


A veces le echo de menos. Simplemente. Mucho. 
Vuelvo a despertarme pensando en él, sonriendo al día que amanece en el horizonte. Saber que él se encuentra cerca me hace más feliz cada mañana. 

lunes, septiembre 10, 2012

Amor se escribe sin hache


Antes de ir a dormir, como hace unos días, como hace ocho meses, como hace tres años... siempre me acuerdo de él. Desconozco qué ha hecho él para enamorarme de esta manera. Me pregunto qué haría sin él...

domingo, septiembre 09, 2012

La sociedad de la Antigua Irlanda

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Bloodsong, por Boris Vallejo

La Antigua Irlanda tenía lo que podría denominarse una primitiva sociedad sofisticada. Se trataba de una sociedad bastante avanzada tanto cultural como tecnológicamente, si bien carece de algunas características clave asociadas a una sociedad no primitiva. Para los irlandeses estas características eran la carencia de un lenguaje escrito, pertenecer a un centro urbano (ciudad o pueblo) y el dinero (no utilizar moneda alguna).
La antigua estructura de la sociedad irlandesa estaba dividida en estratos sociales, aunque no estaba tan estratificada como otras sociedades antiguas desarrolladas. La jerarquía social irlandesa se establece en el siguiente orden: sangre y parentesco, la profesión y finalmente el rango social.
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Matrimonio celta

En su origen, la sociedad irlandesa era una organización familiar, basada en la familia inmediata (fine). Una familia irlandesa no era como una familia moderna, sino que se incluían en ella todos los parientes que vivían bajo el mismo techo (padres e hijos, abuelos y nietos, tías y tíos solteros e incluso sobrinos y sobrinas). Esto desembocó en la familia extendida (sept), que además incluía a tíos y tías casados y primos estrechamente relacionados. Después llegó el clan (clann), formado por todas las familias que reclamaban el linaje de un solo antepasado. Varios clanes relacionados formaban una tribu (tuath), reconocida posteriormente como la unidad política más pequeña. Varias tribus interrelacionadas formaban un reino (dál) y varios reinos individuales formaban una provincia (coiced).
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En la Antigua Irlanda había cinco provincias: Ulster (Ulaidh), Connaught (Connacht), Leinester (Laigin), Munster (Mamu) y Meath (Mide).

Paralela a la organización familiar estaba la organización profesional, que en Irlanda era bastante simple. Los individuos se dividían en tres grupos: guerreros (láech), artesanos (cerd) y labradores (aithech).
Los guerreros formaban la élite. Recorrían todas las provincias y protegían al resto de estratos sociales. Su condición de héroes hacían que los labradores, en vez de resentidos con ellos, les honraran e incluso les reverenciaran. Aun así, las labores agrícolas constituían la columna vertebral de la sociedad. Araban la tierra, producían alimentos y conducían el ganado. Sin los labriegos, los guerreros se morirían de hambre. Por ello, en vez de tratar a los plebeyos como en otras sociedades, los guerreros respetaban a los campesinos. Mientras, los artesanos y las mujeres integraban la clase media. Dependían de la protección de los guerreros y dependían de los campesinos para alimentarse. Y a su vez, tanto campesinos como guerreros dependían de las mercancías creadas por los artesanos, que fabricaban armas, armaduras y carros para los guerreros, pero también creaban las cosas más cotidianas que todos necesitaban habitualmente. Los sacerdotes, los músicos, los poetas, los académicos, los abogados, los médicos encargaban la fabricación de objetos diversos a los artesanos.
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Reina celta

La organización del rango social era mucho más complejo (que las familias y las profesiones), a veces incluso se cruzaban los límites profesionales. Existían seis clases: gobernantes, aristócratas, hombres libres, obreros, siervos y dependientes. Cada nivel tenía sus propios derechos y privilegios. Sin embargo, a diferencia de otras sociedades, esto no era un sistema de castas, es decir, no era tan rígido, en el sentido de que era posible de que cualquier persona de cualquier nivel, incluso desde los más bajos, pudiera avanzar a un nivel más alto, gracias al duro trabajo y la diligencia.
La clase dominante estaba compuesta por los jefes y los reyes. Habitualmente esta posición dominante se ubicaba en el jefe del clan (rí clainne). La mayoría de los clanes eran muy pequeños, por lo que en la misma figura coincidían el jefe del clan con el jefe del poblado. Algunos clanes eran lo suficientemente grandes como para abarcar una serie de pueblos, en cuyo caso los líderes de las aldeas subordinadas eran conocidos simplemente como jefes (). Por encima estaba el cacique tribal (rí tuaithe) y sobre él se encontraba el líder local del reino (rí dáil). El líder provincial (rí coicede) era el gran rey (ard rí) de la provincia. Teóricamente los reyes provinciales eran subordinados del gran rey de Irlanda (rí ruírech), pero la alta monarquía era sobre todo ceremonial y el gran rey tenía autoridad únicamente sobre el territorio que se ubicaba alrededor de Tara. Por tanto, los reyes provinciales eran más o menos libres para actuar como mejor les pareciera. Las pocas intervenciones del gran rey se cincunscribían a desastres nacionales o cuando no había colaboración entre los reyes provinciales. El único e indiscutible soberano-rey que gobernó verdaderamente en Irlanda fue Brian Boru y su poder murió con él en la batalla de Clontarf en 1014 C.E.
La clase aristócrata poseía los privilegios (nemhedh), es decir, sostenía la tierra y controlaba su uso y distribución. En la Edad de Hierro irlandesa, la tierra no era propiedad privada, sino que era propiedad de la tribu en su conjunto. Sin embargo, los aristócratas poseían la tierra en fideicomiso para los miembros de la tribu (céile). La tribu en su conjunto es la que divide la tierra cultivable tribal entre la que mantiene al jefe o rey para sostener su gobierno, que se encuentra en poder de los nobles y sus inquilinos, y la tierra que comparten el resto de plebeyos libres. Las tierras no cultivables eran terrenos baldíos, tratados por las tribus como tierras comunales que podían ser reclamadas por cualquier clase y utilizadas para el pastoreo, la caza, la recolección de alimentos, la recogida de leña, etc. Sin embargo, los líderes y los aristócratas recibían la mayor parte de la tierra cultivable, ya que eran los que tenían libertad para determinar cómo utilizarlo.
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Guerrero de la nobleza

Existían dos tipos de aristócratas: los guerreros nobles (uasal) y los profesionales (flaith). Todos los guerreros, sin importar el grado de humildad, provenían de la nobleza (airech), por lo que necesitaban la tierra como apoyo para poder dedicarse a la lucha. El rango más alto que un guerrero podía conseguir no era como el equivalente moderno del rango militar, sino el del campeón (fénnid). Es lógico si tenemos en cuenta el carácter heróico de la sociedad irlandesa en la Edad de Hierro celta. Los profesionales también necesitaban la tierra para ganarse la vida, ya que dedicaban sus esfuerzos a sus profesiones. Eran los médicos (fáithliag), los bardos (fili), los encargados de la Ley (breitheamh) y los sacerdotes (druih).
Los hombres libres (aire) carecían de privilegios (doernemhedh), por lo que no podían poseer tierras de su propiedad, si bien se las podían alquilar a un noble o se las podía otrogar la tribu. Sin embargo, sí podían poseer bienes personales (por ejemplo, ganado). La mayoría de los hombres libres eran agricultores (bóaire), aunque entre ellos surgieron determinados trabajadores especializados. Estos campesinos especializados realizaban tareas apreciadas por la aristocracia, que eran los poetas-músicos (bard), herreros (gobae) y los carreteros (arae).
Los trabajadores (féine) además de no tener privilegios tampoco podían poseer bienes personales, ni tampoco alquilaban la tierra a los aristócratas. Sin embargo, vivían en la tierra con motivo de la afiliación tribal que se les asignó al nacer o escondidos en tierras tribales no reclamadas. Al igual que los hombres libres, la mayoría eran agricultores (bothach), pero muchos trabajaban en otros oficios. Habitualmente eran empleados de los aristócratas y entre ellos se encontraban los carpinteros (saer), guardaespaldas (amuis), hospitaleros (briugu), guardianes (dercia), cocineros (rannaire), administradores (rechteaire) y mensajeros (techt).
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Miembros de una comunidad celta

A pesar de sus desventajas sociales, los hombres libres y los trabajadores conformaban los plebeyos libres y los miembros de la tribu. Esto les otorgaba voz y voto en los asuntos tribales, incluyendo el derecho a la elección del líder y la división de las tierras tribales. De hecho, formaban el grueso de la afiliación tribal, así como el último fundamento de la Ley y la autoridad en la sociedad irlandesa.
Los siervos (sencleith) trabajaban la tierra de los nobles y de algunos plebeyos libres a los que les habían concedido tierras. Los siervos estaban atados a la tierra y no podían salir de ella sin permiso, aunque no eran esclavos. De hecho, se les consideraba miembros de la tribu, aunque no tenían derecho de voto, pero sí contaban con el derecho de ocupar tierras tribales y podían prosperar a partir de su propio trabajo.
Los dependientes (fuidir) no tenían tales derechos, aunque vivían un poco mejor que los esclavos en la mayoría de los casos. Había dos tipos de personas dependientes. Los extranjeros (saer-fuidir) eran respetuosos con la Ley, pero por la razón que fuera no estaban respaldados por el apoyo de una tribu; también se les concedió el derecho de asentarse en tierras tribales sin reclamar, siempre dependiendo de su buen comportamiento; no tenían voz ni voto en los asuntos tribales y dependían de la buena voluntad de la tribu. El otro tipo de dependientes (daer-fuidir) eran prisioneros, criminales y esclavos, que no tenían ningún tipo de derecho. Aun así, la Ley irlandesa favoreció la emancipación, por lo que era posible que un individuo perteneciente a esta clase fuera liberado y/o adoptado por una tribu, como recompensa por servicios de carácter extraordinario.
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Mujer celta

Otro aspecto muy discutido de la heroica sociedad irlandesa son los derechos de las mujeres. Existen encarnizados debates sobre este asunto, donde una versión dice que las mujeres no eran más importantes que un mueble, mientras que otro grupo defiende la teoría de que las mujeres eran iguales, e incluso superiores, a los hombres. Esto hace que los historiadores recurran a las fuentes, tales como las Leyes Brehon. El resultado que se obtiene es que, mientras la antigua sociedad irlandesa era fuertemente paternalista, las mujeres gozaban de muchos derechos y que producían gran energía, ya que eran la combinación perfecta de ambición, talento y oportunidad.
Por ejemplo, en las sociedades medievales en general el padre tenía el derecho de elegir al hombre que se casaría con su hija. Sin embargo, en la Antigua Irlanda, la mujer era libre para casarse con quien quisiera, independientemente de los deseos de su padre. Además, era libre para divorciarse de su marido cuando quisiera. Mientras que en la Europa medieval, las mujeres se limitaban a ser esposas, monjas o prostitutas, en la Antigua Irlanda no estaban ligadas a los varones ni podían acceder a profesiones privilegiadas. La mujer irlandesa no podía ocupar cargo alguno de ninguna clase, ni podía aspirar a ser líder tribal, del reino o provincial. En materia de propiedad, mientras que los maridos de Europa eran libres de hacer lo que quisieran con la propiedad de sus esposas, en la Antigua Irlanda ni el marido ni la esposa podían vender, permutar o hacer trato de propiedad del otro sin el permiso del cónyuge propietario. Por otra parte, si una pareja se divorciaba, se repartían la propiedad en la misma proporción que cada uno tenía cuando contrajeron matrimonio. Por ejemplo, si la mujer poseía el doble de vacas que su marido cuando se casaron, cuando se divorciaron ella conservaba el doble de vacas que su marido si el rebajo se había incrementado durante el matrimonio.
Un tema especialmente rebatido es si las mujeres lucharon como guerreros en las batallas. Muchos estudiosos sostienen que no hay evidencia de mujeres guerreras celtas, pero hay otros testimonios que documentan que las mujeres irlandesas luchaban en las batallas junto a los hombres, e incluso se aprobó una Ley en el año 697 C.E. que prohibía a las mujeres ir a la guerra.
Otro aspecto relevante de la sociedad irlandesa antigua es la estructura de la comunidad. Antes de la llegada de los vikingos, no existían verdaderos pueblos o aldeas. En su lugar, la gente vivía en una especie de cabañas aisladas. Estas construcciones compartían el mismo diseño y se les conoce como ring-forts.
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Típico ring-fort

Se trataba de un área circular rodeada por un foso defensivo. Dentro del perímetro interior, excavaban la tierra para crear una zanja que formaba un terraplén. Los muros de contención eran construidos en la cara interior con el fin de protegerla, e incluso a veces erigían empalizadas de madera en la parte superior. Había al menos una entrada en la muralla, que se defendía con un sistema doble de puertas, que contaban con pequeños terraplenes creados a ambos lados de las puertas.

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Corte transversal de un ring-fort

Los grandes ring-forts tenían defensas más elaboradas, que incluían numerosos anillos concéntricos formados por construcciones alternas de murallas y fosos, e incluso complejos laberintos en las puertas, y en las grandes estructuras, si era posible, se incluían muros de piedra. Algunos contaban con una barrera externa, conocida como chevaux de frise, que no era otra cosa que un campo de piedras rotas, con las puntas afiladas y bordes hacia fuera. Tienen la misma función que las trampas para tanques: impoden que los carros se acerquen demasiado. Muchas fortalezas fueron construidas en lo alto de colinas y montículos elevados, aprovechando sus defensas naturales; se conocen como castros.

Había tres tipos de ring-forts. Los más simples y pequeños (ráth) alojaban a los familiares inmediatos y a las familias pequeñas, incluso a veces a las familias extensas. Luego estaban los algo más grandes y mucho más fortificados (caisel) alojaban familias extensas y pequeños clanes. El más grande y muy fortificado (dún) eran los bastiones de los líderes. Algunos eran lo suficientemente grandes como para albergar clanes enteros, e incluso algunos parecían ciudades, ya que podían albergar a profesionales, comerciantes y artesanos.
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Casa circular

Dentro del perímetro defensivo había al menos una casa circular, que general estaba junto a otros edificios anexos más pequeños. Estas casas circulares estaban hechas con adobe cubierto de barro, que a veces era sustituido por pesadas piedras sin argamasa. Había una entrada principal, que por lo general estaba flanqueada por dos más pequeñas, e incluso a veces había también una entrada trasera. El techo tenía forma de cono y estaba cubierto de paja, aunque no contaba con un agujero para que saliera el humo del hogar central. En cambio, el humo se acumula en el interior del espacio y se filtra a través de la paja. Este ambiente pobre en oxígeno era perfecto para preservar y almacenar los alimentos, especialmente la carne.
Una casa circular podía ser de cualquier tamaño. Las más grandes contaban con un anillo interior que ayudaba a sostener las vigas del techo, pero incluso las casas pequeñas tenían un espacio considerable.

Las palabras del druida

Estoy leyendo un libro que habla de druidas y leyendas celtas. Me encuentro en el jardín en una especie de paz inquebrantable.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Recordando unos ojos perfectos

Podría haber salido porque voy a ir a la cama justo casi cuando es la hora de regresar. Lo que más me pesa de haberme quedado en casa es preguntarme si me hubiera encontrado con él. Él me dijo hace una semana que no iban a estar en SD, pero tampoco le pregunté dónde.
Lo que más me pesa es ir al encuentro de los sueños y tener que imaginarme, o más bien recordar, esos ojos perfectos, esa voz tan sensual, ese rostro tan querido... cuando quizás esta noche podría haberme encontrado con él de nuevo.

sábado, septiembre 08, 2012

Y soñar con él

No voy a salir. No me apetece. Lo que me apetece de verdad es leer y dormir. Y, por supuesto, soñar con él.
Esta tarde he hecho compras por internet. No es algo que realice con frecuencia, pero una vez me he puesto...

Es hora de ir a leer un rato.

viernes, septiembre 07, 2012

Lo que no querrías olvidar

Hay un concurso de la Fnac que trata de describir el momento que no desearías olvidar y, escribiendo con el corazón, salen las palabras más bellas, pensando en él, por supuesto. Y esto es lo que he enviado:

Desearía no olvidar nunca ese momento en que los relojes paran sus minuteros. Desearía no olvidar nunca ese instante en que el ruido de alrededor cesa de manera repentina, que ya no escuchas la música de ese pub en que te encuentras un sábado por la noche, que podría ser cualquier sábado, pero es una noche especial y única... Desearía no olvidar nunca el momento preciso en que él entra por la puerta, en que tu mirada se encuentra con la suya. Desearía no olvidar nunca el instante en que alguien te coge del brazo y te lo presenta, esa persona a la que llevabas tres meses deseando conocer, escuchar, mirar. Y ya no miras a hurtadillas, le miras a los ojos y encuentras en ellos las cosas más bellas del mundo, las cosas que sólo ves cuando le miras a él. Entonces comprendes que tan sólo hace un minuto que le has conocido y que ya has empezado a quererle.
Y hoy, algo de tres años después de aquella noche de sábado de julio de 2009, sigues queriéndole como nunca has querido a nadie, sigues mirándole y encontrando en esa mirada las cosas más bellas del mundo, sigue haciéndote sonreír cada mañana al clarear el día y cada noche al ir al encuentro de los sueños. Ese momento hermoso, ese momento en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, es inolvidable. Todavía hoy cierro los ojos y revivo ese instante que atesoro como un recuerdo de valor incalculable. No desearía olvidarlo nunca y, de momento, no lo he olvidado. 

El premio es la última novela de María Dueñas firmada. Aunque no me importa el premio, sino que me resulta más importante lo que he escrito.

jueves, septiembre 06, 2012

Una llamada sin pensar

No he aguantado. Ni dos minutos y ya estaba llamándole. Sólo para escucharle, porque soy consciente de que podría haber evitado perfectamente la llamada.
Es encantador.

Sólo por escuchar su voz. Seguro que está guapísimo. Y yo sigo enamorada. Aunque es cierto que ya no me tiembla la voz.

Love me!

Hay momentos en la vida que son especiales. 

Pensar en una persona a veces te hace sonreír. Es curioso, pero me apetece llamarle, sólo para escucharle... una vez más. Adoro su voz, adoro sus ojos, adoro su pelo, adoro sus labios, adoro su rostro, adoro su sabiduría, adoro sus manos... Adoro todo de él.
Ayer me fijé en que tiene las manos morenas, ágiles y perfectas. Con esas manos tiene que hacer maravillas.

No sé si aguantaré sin llamarle esta tarde.

miércoles, septiembre 05, 2012

Siempre existe la magia

En algún lugar del mundo, de ese pequeño mundo que nos rodea, siempre existirá la magia. Y allá donde esté él siempre habrá magia.

Cada día tengo más claro que estoy enamorada.

martes, septiembre 04, 2012

El amor que nos rodea


Hoy creo en el amor, en todo lo que significa, en todo lo que conlleva. Pensar en él me hace estremecer, sonreír y llorar a partes iguales, ver el día más azul de lo habitual. Soñar con él me hace sentir bien, me hace abrir los ojos cada mañana sabiendo que todo lo que ha de venir tiene que rozar la perfección. Estar con él hace que sienta la magia que me rodea.
Que luego digan que el amor no existe. En mi caso está en todo lo que me rodea. Es la hora de ir a los sueños que me vuelven a llevar a él.

Al encuentro de los sueños perdidos


Le echo mucho de menos cuando no le veo, aunque esté la mayor parte del tiempo pensando en él, y aunque queden reminiscencias del fin de semana que me hacen sonreír. 
Daría un mundo por perderme en sus besos, en sus ojos, enredar los dedos entre su pelo...

Últimamente vuelvo a soñar con él.

lunes, septiembre 03, 2012

Días demasiado especiales

Hay días que son más especiales que otros, simplemente así, y siempre hay un motivo (algo o alguien) que los hacen más especiales.
Cuando pienso en los momentos con él siento una especie de cosquilleo que ha ido variando con el paso del tiempo. 
Antes, cuando aún éramos dos desconocidos, un encuentro con él era recordado con nostalgia y deseaba fervientemente volverme a encontrar con él para mirarle a los ojos o para escuchar su voz adorable. 
Ahora, siento un cosquilleo diferente. Ahora que nos conocemos un poco más existe eso que llaman confianza. Ya no tengo que preguntarle para que hable de sí mismo, ni me quedo mirándole fijamente, pero la magia sigue desbordándome. Recuerdo sus palabras y las atesoro como si tuvieran un valor incalculable, porque las cosas que dice me llegan muy adentro. 
Y cuando me dice eso siento un desbordamiento de cariño hacia él demasiado intenso.

Hoy llevo todo el día como si me encontrara en una nube.

domingo, septiembre 02, 2012

Apalabrados

En el iPad tengo el Apalabrados, pero en Blackberry aún es de pago, así que habrá de esperar. Lo que ocurre es que he estado a punto de decirle a ese ángel de mirada perfecta que se descargara el Apalabrados para Blackberry y antes he estado comprobándolo con mi móvil. 
En el iPad juego con rivales desconocidos, pero quiero jugar con él. Es muy bueno formando palabras, que le vi ayer. Y es el juego de moda.

En el corazón del bosque

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Cuanto más leo a John Boyne, menos me gusta. Me pasó algo similar cuando me leí su novela anterior, El ladrón de tiempo, que no cuajaba... Y, sin embargo, El niño con el pijama de rayas fue arena de otro costal. El autor me va decepcionando progresivamente. No sé si volveré a leer alguna novela suya más.
Esta novela, con sus pasadas 200 páginas me ha resultado pesada e infantil.
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Pinocho

Una mañana muy temprano, un niño de ocho años llamado Noah Barleywater se escapa de casa en busca de aventuras. Cruza varios pueblos y cuando llega al tercero se encuentra con un anciano muy peculiar, que vive en una juguetería llena de marionetas de madera. El anciano le cuenta su historia, de cómo fue a conocer mundo y rompió una promesa con su padre, al que no vio morir y, por tanto, no pudo despedirse de él.
El anciano, que eligió ser de carne y hueso, tiene una nariz que crece si miente, y resulta que no es otro que Pinocho.
Noah, tras escuchar la historia del anciano, decide volver a casa. Se había ido porque sus padres hacían cosas muy raras y le estaban ocultando que su madre estaba enferma y hacía cosas extrañas para pasar más tiempo con su hijo. Noah sabe que su madre se va a morir, y tiene que llegar a tiempo a casa para despedirse de ella.