domingo, septiembre 16, 2012

El tren ya ha pasado

Ayer me mosqueé. Y por la noche seguía mosqueada. 
Me gustaría no estar así, pero me siento así. Ha vuelto a hacer otro desplante. Y ayer me sentía dolida de nuevo, por eso no quería encontrarme con él. No me apetecía verle y, de hecho, no me apetece encontrarme con él. 
Al final, todo lo que nos pasa nos deja una huella. Es cierto que he intentado alargar el amor que sentía por él, pero esto no da más de sí. Es como si se hubiera roto el hilo. Y yo me siento muy cansada.
Cuando comprendo que ya no siento los dulces aleteos de mariposas en el estómago, ni me tiembla la voz cuando hablo con él, ni me tiemblan las piernas cuando voy a su oficina, cuando ya no siento ese calor en mi interior ni las ganas de describir cada momento de él (y con él) cada vez que lo veo... es entonces cuando soy consciente de que ya no siento como sentía.
Creo que he hecho todo lo que ha estado en mis manos, pero no ha servido de nada. Él no ha hecho nada, nunca ha dado un paso en esta dirección, demasiadas cosas en contra y este tren ya se ha marchado. Yo ya no siento aquello, y ya no puedo hacer nada por cambiarlo. Ni quiero.
Sólo me produce un poco de tristeza por las noches. Nada más.

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