lunes, abril 30, 2007

Tormenta

Estaba de tormenta, tan oscuro que daba la impresión de que estallaría el cielo en cualquier momento.

Ando con prisas, ya contaré lo de la tormenta :D

domingo, abril 29, 2007

En contra de esos días en que los escaparates hablan por sí solos

Llega otro día puramente comercial. El primer domingo de mayo es el día de la madre. Llevo toda la semana cambiando de canal cada vez que anuncian fragancias y productos estéticos para regalar. Hoy con el periódico viene un suplemento especial. Se titula Felicidades y sólo hay perfumes y objetos de maquillaje. Evidentemente no compraré nada de eso.
Mi madre se conformará con que la llame. De paso le enviaré el libro que le compré hace unos meses por su cumpleaños y que se me olvidó en un cajón cuando en Semana Santa volví a casa.

Sólo me quema que se sobrepasen tanto. Me pregunto cómo deben sentirse aquellos cuyas madres no están con ellos. Mi amiga N., por ejemplo, sentirá un dolor inmenso el próximo domingo pues su madre se fue a un lugar muy lejano, aquel lugar de donde nadie ha vuelto. Y sin embargo, lejanos a ese dolor, los comerciantes exhiben sus "perlitas".
Me quema que nos lo intenten meter por los ojos de esta manera tan vil, como si estuviéramos obligados a comprar algo a cambio del amor de nuestra madre.
La mía personalmente odia estos días. Como yo, prefiere recibir una sorpresa cuando menos se lo espere.

"Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario"

Lo único que separa la realidad de la fantasía es una puerta, la puerta de un armario abandonado en una habitación que no se usa, una puerta que sólo puede abrirse a través de la imaginación de un niño.

Con los ataques aéreos durante la guerra (supongo que se trata de Londres y de la IIª Guerra Mundial), la señora Pevensie decide mandar a sus cuatro hijos al campo, a casa del profesor Kirke, un lugar demasiado alejado de las bombas donde los niños estarán a salvo.
En la gran casa de campo del profesor los niños son felices, siempre y cuando no molesten al dueño y no hagan mucho ruido. Un día se ponen a jugar al escondite y Lucy, la pequeña, llega a la habitación de invitados, donde hay un armario tapado con una sábana. Se refugia allí, pero aquel armario no tiene fondo. De repente sus pies están pisando nieve y se encuentra en medio del bosque. Comienza a caminar y se encuentra con un extraño ser, Tumnus, un fauno que la invita a su casa a cenar. Ella debe volver pero aquel mundo mágico la atrae de una manera especial.
El fauno iba a entregarla a la bruja blanca y, sin embargo, le ayuda a escapar.
Cuando vuelve al otro lado del armario el tiempo no ha pasado. Es como si el tiempo volara en Narnia y en el mundo real no hubieran transcurrido más que segundos. Pero ella estuvo toda una tarde, hasta el anochecer, en el mundo imaginario de Narnia. Decididamente el tiempo del mundo real va mucho más lento.
Cuando les explica a sus hermanos lo que hay al otro lado del armario, los tres buscan pero no encuentran nada, creyendo que sólo era producto de la imaginación de la pequeña Lucy.
Pero como si se tratara de un imán el armario tiene un poder sobre ella y esa noche se despierta para volver a entrar en ese mundo mágico. Esta vez no va sola puesto que la sigue su hermano Edmund.
Cuando el niño llega al bosque no ve a su hermana por ningún lado. En medio del camino aparece de repente una mujer increíble montada en una carroza, tiene un corazón de hielo, una mujer que hace magia delante de él para deleitarle con lo que él quiera, a cambio de que la próxima vez que vuelva traiga a sus otros tres hermanos.
Edmund y Lucy vuelven juntos a sus camas, pero Edmund dice que lo que está contando su hermana es producto de su imaginación.
La próxima vez serán los cuatro los que lleguen a las tierras de Narnia. Cuando van a la casa del árbol donde vive el fauno todo está patas arriba y en un pergamino se le acusa de traición. De repente aparece el castor que les lleva a su dique y les presenta a su mujer. Pero Edmund ha desaparecido, se dirige al castillo de hielo de la bruja blanca. Y allí le cuenta dónde están sus hermanos. La malvada bruja le encierra en una mazmorra de hielo, donde conoce a Tumnus, mientras la bruja envía a su policía secreta, que son lobos salvajes, en busca del resto de humanos.
Los castores les hablan de una profecía que dice que dos hijos de Adán y dos hijas de Eva llegarán para salvar Narnia. En cuanto esto ocurra dejará de ser invierno. Ellos son los elegidos, mientras tanto el legendario rey de aquellas tierras, Aslan, está preparando su ejército. Deben ir a buscarlo para que todo vuelva a florecer.
Perseguidos por la malvada bruja que lleva como prisionero a Edmund y cuya varita convierte en piedra todo lo que toca y tras los regalos que han recibido de Santa Claus, llegan hasta las praderas donde acampa Aslan con su ejército de centauros y criaturas del bosque. Y allí está Aslan, el león, el sabio rey de la selva, que les da la bienvenida y salva a su hermano pequeño, trayéndole de vuelta con los otros tres.
La bruja viene a pedir la sangre de Edmund, que debe ser sacrificado en la mesa de piedra por traidor y porque, según la tradición, los traidores le pertenecen a ella. En un encuentro privado, la vida de Edmund se habrá salvado por un precio mucho más alto. Lucy descubre que Aslan no comparte la alegría reinante. Esa noche despierta a su hermana y las dos le siguen. Ven cómo la bruja blanca le sacrifica en la mesa de piedra. Cuando todos marchan al ataque y dejan el cadáver de Aslan allí solo las niñas se acercan. Deben marcharse para avisar de que la bruja se acerca para presentar batalla y entonces recurren a los árboles. A través de ellos harán llegar el mensaje a sus hermanos. Peter dirigirá la batalla.
Peter va montado en un unicornio blanco, Edmund dirige a los arqueros cuyas flechas son fénix que se convierten en fuego al rozar con el enemigo. Los centauros pelean sin parar, las águilas cogen con sus grandes garras enormes pedruscos que dejan caer al enemigo.
Y mientras, en un lugar algo lejano, Susan y Lucy siguen llorando junto a Aslan. Deciden marcharse a luchar y entonces la mesa de piedra se rompe y aparece Aslan, que les explica que el grabado de la piedra dice que todo ser sacrificado allí que jamás haya cometido traición volverá a la vida. Los tres se dirigen hasta el castillo de la bruja, donde las estatuas de piedra, convertidas por su varita, recuperan la vida gracias al aliento del león. Y allí está Tumnus.
Llegan a tiempo a la batalla, puesto que justo en ese momento Peter ha llegado hasta la bruja y está en sus manos, hasta que Aslan salta sobre ella y la hace desaparecer.
Después de eso serán proclamados reyes: Lucy la Valiente, Edmund el Justo, Susan la Benévola y Peter el Magnífico.

Han pasado los años y cabalgan juntos por el bosque cuando de repente ven algo que les llama la atención. Entonces entran allí y llegan a la habitación de invitados de la casa del profesor. Sin embargo, en el mundo real no han pasado más que unas pocas horas y ellos vuelven a tener el mismo aspecto de antes.

"Que vuestra sabiduría nos bendiga hasta que las estrellas se caigan del cielo".

sábado, abril 28, 2007

Iglesias destinadas a otros fines

El último fin de semana me llamó la atención el suplemento dominical que venía con el periódico. Entre los muchos documentos de interés general había uno de decoración de interiores, aunque esto es sólo una manera de decir que se veían antiguas iglesias reconvertidas en bares y restaurantes. Me llamó la atención porque contrasta que un lugar sagrado se convierta en un local completamente diferente.
He estado buscando en la web imágenes de iglesias que ya no estén dedicadas a ritos religiosos, pero existe poca publicidad sobre el tema.

¿Qué pasa con estos templos? ¿Por qué han acabado así? En el suplemento dice que por un mal estado de conservación la Iglesia se ve obligada a venderlos o alquilarlos a empresarios privados (¡cómo si no tuviera dinero la Iglesia para hacerse cargo!).

En España no hay ningún caso reconvertido, aunque concretamente en Salamanca sí que hay muchos bares que usan una detallada decoración imitando iglesias. Claro que... no es lo mismo.

Cafetería en Liverpool (UK)

Restaurante en Stratford, Ontario (Canadá)

Discoteca en Pittsburgh (USA)

viernes, abril 27, 2007

Euforia

A veces hay cosas que te parecen demasiado lejanas. Y llega un día en que consigues lo que parecía inalcanzable. Y eso, aunque sea poco, es suficiente para llevarte a un estado de euforia total.

Ayer me puse de mala leche. Pocas veces me enfado, y cuando lo hago se me nota. Es algo nimio hasta que te das cuenta de que sus comentarios te afectan, aunque sea de una manera indirecta. Y ante el enfrentamiento preferí evitar a esa persona.
Y en el fondo sé que esa persona jamás me aportará nada, como mucho me exasperará (si me pilla indefensa), pero jamás podrá aportarme más que los que están alrededor, gente que ya conozco y con quienes me siento a gusto.

Deseo dar gracias a quienes están ahí, y sobre todo a quien me hizo ver las cosas de otra manera. En frío, sopesas las cosas y te das cuenta de lo realmente equivocada que estás cuando piensas como yo pensaba ayer.

Hay problemas mayores y, desgraciadamente, peores.

jueves, abril 26, 2007

Resumiendo todo un año en un fragmento

Hace un año ya que creé este espacio. Tal día como hoy abrí una página en blanco con intención de animar a alguien. Por aquel entonces sólo escribía palabras de aliento hacia aquella persona. Desafortunadamente, hoy nuestro contacto es mínimo, por no decir nulo. Aquel primer texto hablaba de las palabras. Decía mucho en pocas líneas y podría haber dicho tanto...
En aquella época la dirección era tan simple como "eirnos" que si se lee al revés forma una palabra en consonancia con aquella época: Sonríe.
Después llegaron las vivencias personales, los sentimientos, las ilusiones, los desvaríos, los momentos de alegría y los momentos tristes, los recuerdos.
La cantidad de cosas que pasan en un año...
He destripado libros como La Historiadora, El Psicoanalista o La Catedral del Mar.
He contado películas como "El laberinto del fauno", "La vida secreta de las palabras" o "Sin City".
He hablado de viajes (París, Roma, Alemania).
He contado momentos del pasado que se me quedaron grabados para siempre.
He hablado de arte, de exposiciones, de curiosidades que me llamaron la atención en un determinado momento.
He escrito sobre castillos fantásticos, aunque reales. Y también he hablado sobre la Muerte.
He descrito instantes insignificantes de mi vida diaria que sólo por contarlos han adquirido un significado diferente en vez de perderse entre la neblina del tiempo. Y sin darme casi cuenta, con 880 entradas, al releer de nuevo, estoy evocando ciertas cosas que ni siquiera recordaba.
He llorado, he soñado, he sabido, he vivido, he volado, he recordado, me he enamorado, he viajado, he paseado por las estrellas y a través del tiempo.
Y siempre tengo algo que contar, siempre hay una palabra, una frase, un párrafo, un fragmento que convierten la idea de mi mente en algo susceptible de ser escrito y, por tanto, apto para leer.
Sé que algún día cesaré de hacerlo, al menos a través de un blog, aunque siga contando cosas en otros soportes. Pero de momento seguiré haciéndolo por el simple hecho de que necesito contar cosas, sacarlas fuera, y aunque suelo ser charlatana en el trato me comunico mejor a la hora de escribir.
En un año cambian muchas cosas. Intento volver a revivir aquel impulso que me llevó a escribir aquí un día, y luego otro y después otro. Y me parece increíble, como a veces siento la incertidumbre de que algo de lo mostrado haya salido de mí, bien porque he cambiado de idea en ese tema o bien porque ahora no sé si sería capaz de contar ciertas cosas.
Ahora cuento con un compañero que no se atreve a escribir aunque yo le he leído cosas y se expresa bien. Pero algún día escribirá, yo le animo a hacerlo porque sé lo que es capaz de contar.
Es un año, parece que pasa tan rápido que cuando te pones a leer un instante cualquiera de tu vida se hace eco en ti y se convierte en algo demasiado intenso para esgrimirlo en un segundo.

El cuento número trece

Hay veces, cuando terminas un libro, en que te queda una sensación extraña, ese ensueño que te balancea ante las historias que ya han terminado, pero sin embargo siguen vivas en tu mente... Un libro que te hace soñar, que te ha mantenido durante unos días a años-luz de la realidad.
Cuando me lo compré pensaba que el número trece, que siempre me ha dado mala suerte, llevaría consigo una historia mala, incluiría un montón de páginas que me provocarían un sueño febril, pero no... Fue, sin embargo, todo lo contrario.
Ahora, cuando empiezo a recordar, me doy cuenta de lo poco importante que es la presencia de los hombres en este libro y, sin embargo, son piezas importantes para que el argumento siga su curso. Si ha habido amor a lo largo de la historia no se menciona, aunque se insinúa.
No es un libro de amor. Es una historia de fantasmas.

"La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos".

Margaret Lea trabaja con su padre en la librería familiar, una exclusiva librería donde se venden libros antiguos y para coleccionistas. Ella escribía alguna vez artículos para revistas. Tiene una extraña sensación y un pequeño secreto: la cicatriz en forma de luna que cambia el color de su piel cuenta la historia de su vida.
Nunca conectó con su madre, ni siquiera ahora. La primera vez que se quedó sola en casa descubrió una caja donde había dos partidas de nacimiento, de su nacimiento, y un certificado de defunción. Aquel día descubrió que había tenido una hermana gemela y que había fallecido.

Un día recibió una carta de la escritora más famosa de Inglaterra, Vida Winter. A pesar de devorar cualquier libro que cayera en sus manos, Margaret no había leído nada de ella. La autora le pedía que fuera su biógrafa. La librera no sabía qué hacer así que escogió un libro escrito por aquella mujer, titulado Trece cuentos de cambio y desesperación. Y lo leyó entero, pero se dio cuenta de que allí sólo había doce cuentos. Imaginó que era un error de imprenta, pero realmente no era así, sino que ese era uno de los pocos ejemplares que se habían vendido con ese título, después el "Trece" se quitó y se retiraron los volúmenes del mercado.
Investiga sobre la escritora y descubre las más extravagantes y fantásticas en torno a su vida pasada, que nadie conoce en realidad.

Margaret coge un tren hacia la casa de campo de Vida Winter, una gran mansión victoriana con un bello jardín laberíntico. Cuando la joven conoce a la escritora le da la sensación de que es una arpía acostumbrada a dar órdenes, una mujer de hiel y acero, una anciana fría y casi inhumana. ¡Cuán equivocada está Margaret! Cuando descubra a la verdadera persona que hay en el interior de ese cascarón arrugado y seco la librera le habrá cogido un afecto inmenso, tanto que la costará desprenderse de ella.
Los primeros contactos no son buenos, puesto que la escritora trata a Margaret como una simple empleada, pero la chica sabrá ganarse un trozo de corazón de la anciana. Y entonces comienza la historia.

La familia March vivía en una gran mansión en Angelfield. Eran inmensamente ricos. Tenían un hijo, Charlie, al que no prestaban mucha atención. Entonces llegó la niña, Isabelle, pero en el parto falleció la madre. Esto supuso para el padre entrar en un estado de shock y desesperación, tanto que en su depresión llegó a encerrarse en la biblioteca para no salir más. Como todo parecía que empeoraría, el ama de llaves entró en la biblioteca con el bebé en brazos y se lo colocó al señor en los brazos. El hecho de tener a su hija recién nacida con él le alentó a cuidarla. Desde entonces padre e hija no se separaron. Cuando la niña creció, su hermano Charlie comenzó a verla como un posible objeto de sus travesuras, pero la inteligencia de la niña dio lugar a un entendimiento fraternal. El joven Charlie empezó a idolatrarla e incluso se enamoró de ella.
Cuando pasaron a la adolescencia, Isabelle y su hermano empezaron a ir a meriendas campestres y la joven se enamoró de un chico del pueblo. Poco tiempo después anunció que se marchaba, lo que causó la desesperación en su padre, que murió poco tiempo después, y la locura de Charlie, que no podía vivir con ella, y que pagaba con las aldeanas la tortura amorosa que le sobrellevaba, cogiéndolas en cualquier descampado o en cualquier corral. Las violaba sin importar el dolor de ellas, pero nadie se quejó jamás.
Cuando volvió Isabelle, no venía sola, sino que traía dos capazos sus hijas gemelas, Adeline y Emmeline. En su ausencia se había casado con el chico del pueblo y éste había muerto poco después, así que ella volvió a casa. Su hermano no se separaba de ella y el cuidado de las niñas estaba a cargo del ama de llaves y del jardinero, que iban envejeciendo.
Las gemelas crecieron y empezaron a hacer travesuras en el pueblo. Se comenta que una, Adeline, era muy inteligente y malvada, y que arrastraba a la otra, Emmeline, algo retrasada pero buena, con ella. Los vecinos empezaron a quejarse y el médico habló con su mujer para que fuera a la casa grande a hablar con la madre de las gemelas.
Cuando entró en la casa, que parecía deshabitada, alguien le golpeó con un violín. Pensando que había sido Isabelle, la mandaron a un manicomio donde moriría un tiempo después. Charlie se encerró en el cuarto de los niños y no salía nunca.
El médico mandó a una institutriz a cuidar de las chicas. Hester, que así se llamaba, enseguida puso orden y limpieza en la casa. Se ganó el afecto de Emmeline, pero no consiguió nada con Adeline. Y entre el doctor y ella descubrieron que podían hacer un experimento con las gemelas. En este proceso los dos se enamoran y Hester debe marcharse ante la vergüenza pública, pues era la esposa del médico la que les había pillado besándose.
Cuando las chicas se quedan solas sólo tienen al jardinero y al ama de llaves. El primero fue asesinado por Adeline, la segunda murió poco después. Aparece entonces un joven que venía a ayudar al anciano y se propone ayudar a las gemelas. Pero deja embarazada a Emmeline. Cuando ella tiene al bebé se lo dejan a una buena señora del pueblo, que lo educará como si fuera su propio hijo. Adeline odia a ese bebé porque su gemela no estaba tan unida a ella, lo había intentado asesinar y prende fuego a la casa. En la pelea una de ellas es salvada.
Ahora bien, la triste historia es que hay una tercera niña, una niña fantasma que fue abandonada a las puertas de la mansión por alguna aldeana a quien Charlie había dejado embarazada. Esa es la verdadera Vida Winter, la que aparecía y desaparecía, que tenía tal parecido con las gemelas que si se aparecía repentinamente todos pensaban que era un fantasma. Esa niña adoraba a su prima Emmeline, a quien intentó salvar del fuego.
Hay dos incógnitas no resueltas en el libro. Una es que no se sabe bien a quién de las dos gemelas salvó. Al final parece ser que fue Adeline y Emmeline murió entre las llamas. La otra pregunta es que tampoco está claro si Isabelle y su hermano cometieron incesto y por tanto las gemelas podrían ser hijas de Charlie y su madre huir y casarse rápidamente para que no surgiera ningún escándalo.
La niña fantasma adopta el nombre de Adeline mientras la otra supuestamente es Emmeline. Poco tiempo después Adeline se cambiará el nombre por el que le dio la fama literaria.

Esta novela me recuerda, en cierto modo, a los libros de Virginia C. Andrews que me leía cuando estaba en el colegio.

miércoles, abril 25, 2007

Leyenda del legado del moro

Pedro Gil, más conocido como "Perejil", era un famoso y honrado aguador de Granada. Cogía el agua del principal manantial de la Plaza de los Aljibes de la Alhambra y cada día bajaba y subía por las sinuosas cuestas del Palacio a la ciudad. Para que le ayudara en la carga contaba con un leal compañero, un pollino.
Era pobre pero eso no le quitaba que fuera alegre, pues si por algo era famoso Perejil era por su gran alegría. Y aunque siempre sonreía, no era todo en su vida tan llevadero, pues su familia le daba bastantes quebraderos de cabeza y su mujer nunca le agradecía su trabajo.

Un día había decidido hacer un viaje más a la Alhambra cuando allí se encontró con un moro enfermo que le pidió ayuda para bajar a la ciudad. Pedro Gil le montó en su pollino sin pedirle nada a cambio. Y al llegar a Granada el moro le pidió alojamiento en su casa. El buen aguador le acogió a pesar de que corría peligro al albergar en su casa a un infiel. La Inquisición estaba en auge en aquella época y podría ir a la horca.
El moro expiró en su casa esa misma noche, pero antes le dejó un regalo. Se trataba de una caja que contenía un pergamino en árabe y un trozo de vela.
Como les entrara el pánico, Pedro y su esposa le sacaron de su casa a hurtadillas y le enterraron junto al río Darro.

Suele ocurrir en estas situaciones que siempre se entera alguien y esa persona siempre intentará dar problemas.
Tenían un vecino que era muy chismoso, un hombre que todo quería saber. Era barbero y desde que vio esa noche entrar a Pedro en su casa con un desconocido, que además era moro, no pudo dormir. Después les siguió y vio cómo enterraban el cadáver.
Al día siguiente fue a cortar la barba al alcalde y le contó todo lo que había visto. El alcalde envió al alguacil más fiel a arrestar a Pedro.
Cuando se dieron cuenta de que no había matado al moro para robarle y que no había ningún tesoro más que un pergamino en árabe, le dejaron marchar, aunque se quedaron con el pollino. Y Pedro volvió a sus quehaceres, aunque a peor puesto que ahora debía transportar él mismo el agua sobre sus espaldas.

Un día pasó por la tienda de un moro y decidió enseñarle el pergamino. Cuando descubrieron que era un encantamiento fueron los dos a la Torre de los Siete Suelos y consiguieron abrirla tras pronunciar las palabras encantadas escritas en el pergamino. Y allí había un tesoro oculto. Sólo se llenaron los bolsillos de monedas y joyas y apagaron la vela para que se cerrara la piedra, prometiendo volver y no decir nada.
Pero Pedro se lo tuvo que contar a su mujer y, aunque parezca extraño, ella guardó silencio. Nunca se ponía públicamente las joyas, aunque un día salió a la ventana con ellas puestas para ver cómo brillaban bajo el sol. Fue mala suerte que su chismoso vecino, el barbero, la viera, y faltó tiempo para que fuera a contárselo al alcalde.
Volvió a ser arrestado Pedro, que, incapaz de mentir, contó la increíble historia, así que también prendieron al moro que le había ayudado. Los avariciosos (alcalde, alguacil y barbero) también querían ver y formar parte de ese tesoro así que los tres les acompañaron hasta la torre.
Una vez allí abrieron la gruta encantada y Pedro y su amigo entraron mientras los otros se quedaban fuera. Salieron con sendos jarrones llenos de oro y joyas, alegando que dentro había un pesado cofre que contenía más de lo que habían sacado ellos. Y los tres codiciosos entraron sin pensárselo dos veces.
En ese momento el moro cerró la puerta tras ellos, dejándoles dentro para siempre.

Pedro y su familia se marcharon a Portugal con los bolsos llenos de fastuosos tesoros. Allí disfrutaron de la fortuna y desde entonces no volvió a ser Perejil, sino Don Pedro Gil. El moro regresó a su tierra natal, Tánger.

Siempre esperamos algo de los demás, siempre

Mi amiga Isa dice que siempre esperamos que los demás hagan en una situación determinada lo que nosotros haríamos en su lugar. Muchas veces ocurre, pero no siempre.
Claro que es inevitable pensar en la respuesta del otro, pero a veces esa respuesta es completamente diferente a como esperábamos y quizás va cargada de sorpresa, más que nada, por lo de inesperada que tiene. Otras veces esa respuesta no llega.
Cuando me pongo a reflexionar sobre ciertas situaciones de mi pasado siempre me llegan tenues momentos donde esperé que alguien hiciera algo. Tiempo después me di cuenta de que, hicieran lo que hicieran, casi todo era perdonable.

Hoy sigo esperando, aunque ya no me planteo cómo será la respuesta que me llegue del otro, ni siquiera pienso en lo que yo haría en esa situación. Por nuestros hechos se nos juzga y no somos nadie para decirles a otras personas lo que deben y no deben hacer.

Sin embargo, es cierto que siempre viene alguien que te intenta indicar el camino.

martes, abril 24, 2007

Mi jardín particular

No me gustan las monjas. La única monja por la que sentí un poco de cariño fue la única que se preocupó por mí en un mal momento y me contó un cuento con la finalidad de animarme. El cuento era algo así:

"Tenemos frente a nosotros un árbol que está lleno de frutos. Muchas veces cogemos los frutos de las ramas bajas porque son los que más a mano tenemos, sin darnos cuenta que posiblemente sean mejores los frutos que están más arriba, pero claro, esos conllevan un esfuerzo terrible. Cuando el fruto de abajo nos sepa amargo o estemos rodeados de frutos caídos y esparcidos por el suelo siempre es mejor hacer un pequeño esfuerzo e intentar coger el fruto que más costoso nos resulta alcanzar. Un día lo alcanzaremos. El esfuerzo siempre es proporcional a los resultados. Puede haber muchos frutos caídos pero siempre siempre será mejor coger el que sea inalcanzable, pues algún día con nuestro esfuerzo llegaremos a él".

Tras escuchar aquella especie de parábola sonreí. Después de aquello siempre he tenido muy presente a lo largo de los años esta historia del árbol. Al final he creado un jardín imaginario y muy peculiar, aunque de diferente índole.
En ese vergel hay frondosos árboles, hay flores de colores y una tupida capa de yerba. Está lucido porque lo cuido con cariño. A veces me gusta sentarme a la sombra de los árboles y hablar con ellos, contándoles lo que me pasa, lo que pienso y lo que hago, incluso los pequeños detalles insignificantes; les cuento mis penas y mis alegrías, mis satisfacciones y mis errores, mis problemas y mis momentos de felicidad... Últimamente tengo algún árbol descuidado o quizás es que no me da la suficiente sombra. Me gustaría volver a sentarme bajo sus ramas y contarles pequeñas anécdotas de mi vida.

Hace tanto que en mi jardín brilla el silencio que me da hasta miedo entrar en él. Los árboles son como los amigos. Son frondosos, robustos, hay que cuidarlos, y contrastan con las pequeñas flores que se marchitarán al cabo del tiempo, gente que pasa por nuestra vida tan velozmente que ni siquiera nos deja huella.

En estos momentos me encantaría hablar con A., pero ya no sé dónde encontrarle, ni qué decirle, ni cómo hablarle. Ya no sé si sería capaz de contarle todas aquellas cosas que le decía hace tanto tiempo, ni sé si él me contaría todo lo que pasa por su cabeza como hacía en el pasado. Su sombra me abrazaba tiernamente, pero la separación hace mella, aunque creamos que no, aunque parezca que nada ha cambiado.
También me gustaría hablar con E., pero la noto tan lejana, tan suya, tan etérea. Parece como si cada momento con ella se esfumara en el siguiente segundo. Me doy cuenta de que mi amiga E. se ha distanciado tanto del mundo real que me da miedo de lo que sea capaz de hacer. Somos almas gemelas. Siempre lo supimos y siempre lo aceptamos, pero la distancia también supone un muro que nos va alejando poco a poco. Conversar con ella era como soñar.
Si no hablo de M. es porque tiene suficientes problemas internos como para liarle la madeja con los míos propios. No es plan de echarle más peso del que tiene en estos momentos. De todas mis amigas M. es la más infeliz. Siempre fue así, es mi mejor amiga y siempre le daré la mano. La distancia en este caso no supone un muro, sino que hay un obstáculo más profundo donde los límites se respetan condescendientemente.
Y me encantaría hablar con V. pero últimamente me cuesta, me cuesta porque veo unas trabas sin quererlas ver, pero están ahí. Lo llevo notando desde hace un tiempo. A veces me pregunto si no debí haberme esfumado cuando aún estaba a tiempo. Y ahora parece que estemos predestinados a caminar en diferentes direcciones.

Son cuatro árboles, con sus virtudes y con sus defectos. Simplemente echo de menos hablar con ellos porque hace mucho que dejé de cobijarme bajo sus sombras. Me entristece. El tiempo se acaba para todo y para todos. Aunque ellos no lo sepan yo necesito de su savia pues, a veces, es la única energía que me ayuda a sobrevivir.
A veces me pregunto si no sería mejor cultivar sólo frágiles flores, que se marchitarán al acabar el verano, al menos sólo me quedarán pequeñas espinas dentro y no las grandes cicatrices de las dagas, destinadas a abrirse en cualquier momento con un simple recuerdo.

En mi jardín también hay árboles podridos... pero esos los dejo para otro momento.

Fugacidad

Hoy he hablado con mi tío. Está ingresado en el hospital. Con la quimio se le obstruyen las venas y tienen que eliminar esa obstrucción. En los últimos meses le han vuelto a dar sesiones. Está mucho más debilitado, pero feliz.
En su voz hoy se le notaba alegría, menos cuando me decía: "Aquí me han traído"... Será cuestión de dos o tres días lo que va a estar en el hospital, pero aun así...

A veces me gustaría tener una varita mágica y poder cambiar ciertas cosas, sobre todo aquellas que me apenan.

Al menos me producen alegría estos pequeños momentos en que, aunque lejos, puedo gozar de su compañía. Porque sé que algún día, no muy lejano, no podré contar un momento como éste que acabo de contar. Debo parar aquí porque sé que la tristeza podría adueñarse de mí. Y no quiero que se nuble todo a mi alrededor.

lunes, abril 23, 2007

Día del Libro

Lo peor en Salamanca es salir una tarde por las cercanías de la Plaza Mayor puesto que sólo te chocarás con los encopetados domingueros charros, que ¡ojo! no te dejan pasar y son maleducados pues te ponen mala cara hasta cuando dices: "Perdone, ¿me deja pasar?". Ni que la calle fuera suya. Y con el buen tiempo y al ser fiesta, estando la Plaza Mayor llena de puestos de volúmenes literarios donde muchos miran y pocos compran (yo pertenezco a este selecto pequeño grupo, por supuesto), aquello era una batalla campal.
Pero vengo quemada porque no he dado más que media vuelta en los soportales de la Plaza, la otra media la he dejado por imposible, simplemente me he agobiado, y me he agobiado tanto que he optado por marcharme; obviamente no iba con las manos vacías.

Hace unos meses puse el aspecto exterior del Gran Hotel cuando ya habían empezado las obras. Mes y medio después la vista es espectacular, y triste. El Gran Hotel era un símbolo de la ciudad, y ahora ya no existe.
Pero me centraré en la Plaza Mayor, llenísima de gente. Me he ido porque en unos días tiene lugar la Feria del Libro, me he marchado por el mogollón de gente, que hoy era de más, me he dado media vuelta porque iba cargada de libros para devorar en los próximos meses y porque no quería gastar más dinero.
He aquí el puesto de la célebre librería Cervantes, la más conocida y barata de Salamanca y lógicamente la que más vende con diferencia.
Y he llegado a casa. Alguno me echará un mal de ojo cuando vea los de Paulo Coelho (El Zahir y La bruja de Portobello).
Anda que no pesan... Los iré comentando a medida que pase el tiempo y me los vaya leyendo.
Creo que puedo tener en casa cogiendo polvo Moby Dick y Las uvas de la ira, pero al menos ahora sé que me los leeré.

No hay lugar más peligroso para mí y mi cartera que un lugar donde se expongan libros públicamente y hagan descuentos al llevarte alguno.

La aventura del albañil

Había una vez en Granada un albañil muy piadoso que dedicaba más días a rezar que a trabajar y cuanto más rezaba más se empobrecía.
Una noche llamó a su puerta un viejo cura que le dijo que necesitaba un favor. El albañil, con tal de salir un poco de esa pobreza que se adueñaba de él y de su familia, siguió al sacerdote. Éste le vendó los ojos y le guió por las sinuosas calles del Albaicín hasta un patio. Allí le destapó los ojos y le pidió que le construyera una bóveda bajo una pila morisca.
Al no terminar la primera noche el trabajo tuvo que volver al día siguiente, nuevamente con los ojos tapados para no descubrir adónde iban. Esa noche, el viejo sacerdote le pidió que le ayudara a enterrar allí a sus muertos, y después que debía cerrar todo con un tabique, de manera que desde el exterior nada anormal se viera bajo esa pila morisca.
El albañil se aterrorizó al escuchar "muertos" pero se calló y descubrió que los supuestos muertos estaban en unas tinajas muy pesadas. Pronto se tranquilizó sabiendo que estaban llenas de monedas.
Cuando terminó su trabajo y el sacerdote le pagó volvió el albañil a su vida anterior, pues las monedas que le pagaron enseguida se esfumaron entre los suyos y volvió a empobrecerse.
Pasó el tiempo. Un día llamó a su puerta un señor. Este hombre sabía que el albañil estaba necesitado de trabajo y dinero así que le pidió que le arreglara y restaurara una casa que había recibido en herencia. Cuando los dos hombres llegaron a la casa, el albañil reconoció enseguida el patio y la pila morisca, así que le preguntó al caballero a quién había pertenecido aquella casa.
El actual dueño le explicó que aquella casa había pertenecido a un cura que tenía fama de avaro, y que por las noches se oía su espíritu deambular por los pasillos con el sonido de las monedas en el bolsillo. Por eso no podía alquilarla ya que la gente pensaba que estaba encantada.
Entonces el albañil le pidió que le dejara vivir allí con su familia, pues él no creía en historias de fantasmas, mientras la adecentaba. El dueño aceptó.
El albañil sabía el escondrijo de las monedas y con el paso del tiempo se fue enriqueciendo sin que nadie supiera cómo, pero lo que está claro es que su familia jamás volvió a pasar hambre.
Cuando en el lecho de muerte agonizaba confesó, por fin, el secreto de esa repentina riqueza a su primogénito y heredero.
Y así acaba la historia del albañil que nació pobre y murió rico.

Más que una fecha

El 23 de abril es para los castellanos algo más que el día de la Comunidad. Se conmemora, además, la derrota sufrida por los comuneros en las tierras de Villalar (Valladolid).
Me remito al despegable que viene hoy junto al periódico:

"El día 23 de abril se celebra la fiesta de Castilla y León recordando la sublevación de los comuneros, en 1521, contra el emperador Carlos V, cuya derrota tuvo lugar en Villalar. Por este motivo, esta localidad vallisoletana protagoniza los actos que conmemoran estos hechos y que, cada año, reúne a más de 200.000 personas de todos los signos políticos, unidas para rememorar la lucha de un pueblo por su identidad".

Para mí es algo más que eso. Hoy es el día del libro también, y el aniversario de la muerte de dos símbolos de la literatura universal: Cervantes y Shakespeare. Esta tarde toca pasear entre los puestos llenos de libros, donde la "originalidad" es ver los best-seller eclipsando a mejores libros que están relegados a un segundo plano.

"Gandhi"

"Cuando desespero, recuerdo que a lo largo de la Historia siempre han triunfado la verdad y el amor. Ha habido tiranos y asesinos; por un momento pueden parecer invencibles pero al final siempre caen. Tenedlo presente siempre."

Si hay una figura histórica que dé pie a la curiosidad del resto de los mortales ésa es la de Gandhi, ese hombre bajito, vestido con un simple paño que levantó a su pueblo contra esa dependencia colonialista. Y aunque parezca increíble que un hombre así osara enfrentarse a todo un imperio y conseguir su objetivo, llevó hasta el final su creencia, y a pesar de haber sido parte fundamental en la independencia de la India, él pensaba que había fracasado en su labor principal, basada en una No Violencia que es ciertamente una utopía para la Humanidad. Siempre habrá enfrentamientos, sea por poder, riquezas o tesoros ocultos, sea por religión o conflictos políticos y económicos, sea por lo que sea siempre hay una guerra en algún rincón del mundo.


"Correrán ríos de sangre antes de que conquistemos nuestra libertad, pero esa sangre deberá ser la nuestra".

La película es bastante fiel a lo que pudo haber sido la vida de Mohandas Gandhi, llamado después Mahatma que significa "alma grande". Simplemente pienso que su peculiar manera de pensar frente a las dificultades de nuestro mundo es única y difícilmente se pueden cumplir ciertos objetivos, aunque sean en nombre de la fe y la paz. Demostrado queda que Gandhi fue la espinita del poder británico (y de esa tiranía colonialista) en la India, pero también queda demostrado que un solo hombre tuvo la capacidad suficiente para mover montañas allá donde parecían inamovibles. Y esto es admirable, tan admirable como grande era su alma.

"La verdadera educación consiste en obtener lo mejor de uno mismo. ¿Qué otro libro se puede estudiar mejor que el de la Humanidad?"

¡Cuántas veces nos han llegado esas citas que salieron de su boca! ¡Cuántas veces tenemos ante nosotros una persona que nos haga reflexionar sobre los problemas que acechan este mundo! ¡A cuántos podemos admirar con tal magnitud y magnificencia!

"La verdad jamás daña a una causa que es justa".

"Cuanto más la practico, con mayor claridad advierto lo lejos que estoy de la plena expresión de la no violencia en mi vida".

"Los grilletes de oro son mucho peor que los de hierro".

"Uno debe ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la verdad".

"Entiendo por religión, no ya un conjunto de ritos y costumbres, sino lo que está en el origen de todas las religiones, poniéndonos cara a cara con el Creador".

Richard Attenborough no sólo nos brinda la vida de este gran hombre, sino que nos aporta visiones de la India en un cierto momento de la Historia (desde finales del siglo XIX hasta la muerte de Gandhi en 1948). Algunas imágenes son descabelladas, no sólo por una violencia extrema, sino por ese mensaje implícito que conllevan.
Por ejemplo, hay un momento en que varios insurgentes descarrilan un tren con soldados ingleses, y cuando llega a la zona, un paraje desierto, otro ferrocarril donde viaja la familia Gandhi y les hacen bajar del tren, dicen: "Han matado a un soldado inglés". De repente se ven varios cadáveres de hindúes a un lado de la vía. Y la cámara se dirige en esa misma dirección, a la que está mirando Mahatma, y nos hace formar parte de su pensamiento: "Sí, han matado a un soldado inglés, pero ¿cuántos hombres hindúes han muerto? ¿Ellos no cuentan? También son hijos de Dios".
Hay otro momento en la película que me puso la piel de gallina. Era casi al final, en una huelga de hambre que hizo Mahatma como protesta por la lucha de religiones entre musulmanes e hindúes. Está postrado en una terraza, al borde de la inanición y muy debilitado. Entonces llega un hombre, un hindú, y le da un trozo de pan. Le pide que coma, que no quiere el peso de su muerte sobre sus espaldas, que suficiente peso tiene por haber matado a un niño.
Y le explica que los musulmanes mataron a su pequeño hijo, entonces él aplicó la ley del Talión, el "ojo por ojo", y mató a un niño musulmán, que él irá al infierno de todas formas.
Entonces Gandhi le dice que él sabe el truco para escapar de las garras del infierno: Debe buscar a un niño a cuyos padres hayan matado y educarle como si fuera su propio hijo, pero debe asegurarse de que ese niño sea musulmán, y debe educarle además en la religión musulmana.
Ese momento está genial.

"No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia".

La película comienza en un tren que viaja a través de Sudáfrica. Corre el año 1893. Un joven abogado viaja en un vagón de primera clase. Cuando llega el revisor le obliga a pasarse a tercera por ser un hombre de color: los hindúes sólo pueden viajar en tercera. Al enfrentarse a él, el joven abogado es echado del tren sin miramientos. Este joven se llama Mohandas Gandhi y acaba de licenciarse en Derecho en Inglaterra, va a Sudáfrica a trabajar para una empresa, y nada más llegar comienza a darse cuenta de las grandes diferencias sociales que existen en aquel país: por una parte hay una clase privilegiada donde caben todos los ingleses, tengan el trabajo que tengan, por otra parte están el resto de los ciudadanos: sudafricanos e inmigrantes hindúes, que son los que no tienen derechos ni privilegios de ninguna clase, que deben llevar un pase donde viene detallado el origen y condición del que lo lleva, y aquel es un lugar donde las leyes van en su contra. Pero igual que hay hombres injustos, también se hacen leyes injustas.
Gandhi luchará por la causa hindú. Se sublevará contra los pases, convenciendo a sus conciudadanos que los quemen porque están en su derecho a la libertad. Estas pequeñas rebeliones le llevarán a la cárcel varias veces, también le golpearán y poco a poco empieza a tomar forma la celebridad de este hombre.
Estando las prisiones sudafricanas llenas de hindúes de repente son puestos en libertad. Y Gandhi decide volver a su tierra natal donde será recibido como un héroe nacional. Es el año 1915 cuando Mohandas baja por la pasarela del barco en Bombay, ante los estruendosos gritos de la gente que le vitorea. No va vestido de manera occidental sino a la usanza hindú y eso es algo que llama la atención, pues a partir de este momento siempre se le verá vestido con prendas hechas por sus compatriotas o por él mismo que incluso aprendió a usar la rueca.
Gandhi sólo tiene su palabra, un poder de convicción basado en hacer el bien y no utilizar la violencia. Cuando en la India le piden que diga un discurso no sabe muy bien qué debe decir: él ha estado muchos años fuera y realmente no conoce el verdadero estado de su tierra natal, no sabe cómo están las cosas allí. Y decide hacer un viaje en tren para ver cómo viven los hindúes. En ese viaje se da cuenta de la pobreza que existe; a costa del enriquecimiento de los colonos ingleses, los hindúes trabajan sin derechos, bajo un sol revelador; los hindúes son maltratados en su propia tierra, no tienen derechos sobre una de las materias primas principales, la sal; los hindúes no tienen derecho a manifestarse y si lo hacen soldados ingleses se verán capaces de matar a los que "alteran el orden público", aunque entre la multitud haya mujeres y niños... sin tener remordimientos por ese tipo de matanza. Pero Gandhi comienza a ser cabeza pensante de esa sociedad desprivilegiada y maltratada, esa sociedad que tiene sus problemas, unos problemas que la Corona Inglesa no va a resolver, cegada como está en el enriquecimiento propio. Gandhi se rebela contra esa injusticia a su pueblo, hace la famosa marcha de la sal donde declara que la sal es un derecho de los hindúes y no de los colonos, une a sus compatriotas con los musulmanes pues juntos pueden conseguir la independencia de los ingleses...
Gandhi estuvo varias veces encarcelado por estos enfrentamientos directos al virrey. Su esposa le siguió en todo lo que se propuso. Y todo el pueblo le siguió también con una fidelidad inaudita: sabían que él iba a salvarles del yugo inglés. Aprendieron aquello de la No Violencia, y al no defenderse dejaban desarmados a los ingleses.
Gandhi tenía sus armas propias: las huelgas de hambre le debilitaban, pero fueron efectivas, sobre todo con los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes. Su esposa murió en la cárcel. Él vio cumplidos sus deseos en 1947, cuando los ingleses abandonaron su poder en aquel país, y el gran amigo de Gandhi, Nehru, se convirtió en el máximo dirigiente del Congreso.
El 30 de enero de 1948 un fanático hindú que se oponía a su programa de tolerancia asesinó a Mahatma Gandhi. Sus cenizas se esparcieron en el río Ganges.

Muchos de sus escritos son para leerlos con atención. Este hombre nos lleva a la reflexión en muchas de las cosas que dijo:

"Dejen las armas, por cuanto éstas no van a servir para salvarles a ustedes ni a la humanidad. Deben invitar a Hitler y Mussolini a que tomen todo lo que quieran de sus países. Si quieren ocupar sus casas, vayánse de ellas. Si no les permiten salir sacrifíquense a ellos, pero siempre rehúsen rendirles obediencia".

"La violencia es el miedo a los ideales de los demás".

"Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa".

"Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego".

"Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio".

"No hay camino para la paz, la paz es el camino".

"No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna".

"Lo que se obtiene con violencia solamente se puede mantener con violencia".

"Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él".

"Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible".

"No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores".

"Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos".

"Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga".

"La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutar la libertad".

"La muerte no es más que un sueño y un olvido".

"El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes".

"Si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel".

"Realmente soy un soñador práctico; mis sueños no son bagatelas en el aire. Lo que yo quiero es convertir mis sueños en realidad".

"Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo".

"El hombre no posee el poder de crear vida. No posee tampoco, por consiguiente, el derecho a destruirla".

"La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia".

"Dios no ha creado fronteras. Mi objetivo es la amistad con el mundo entero".

"Si no tenemos miedo de los hombres y buscamos sólo la verdad de Dios estoy seguro de que todos podremos ser sus mensajeros. En lo que a mí respecta creo sinceramente que respondo a estas dos condiciones".

"No debemos perder la fe en la Humanidad, que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias".

"Lo mismo que un árbol tiene una sola raíz y múltiples ramas y hojas, también hay una sola religión verdadera y perfecta, pero diversificada en numerosas ramas, por intervención de los hombres".

"Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena".

"La tarea que enfrentan los devotos de la no violencia es muy difícil, pero ninguna dificultad puede abatir a los hombres que tienen fe en su misión".

"La plegaria no es un entretenimiento ocioso para alguna anciana. Entendida y aplicada adecuadamente, es el instrumento más potente para la acción".

domingo, abril 22, 2007

Leyenda del príncipe Ahmed Al Kamel o el Peregrino del Amor

Hace muchos... muchos años, hubo un rey moro en Granada que sólo tenía un hijo, Ahmed, al que le llamaban Al Kamel (El Perfecto) porque todo lo hacía bien.
En el momento de su nacimiento, el rey llamó a la Corte a los mejores magos para que leyeran en las estrellas y auguraran el futuro de su hijo. Todos los sabios le dijeron que sería un noble soberano y su reinado sería próspero, que sería una gran persona, pero las buenas cualidades siempre van acompañadas de algo que las ensombrece. Así que a pesar de todo, este buen hacer del futuro príncipe podía desviarse del camino, puesto que si Ahmed caía bajo los designios del amor éste podía destruirle y toda su vida se tornaría desgraciada.
Así que su padre el rey mandó construir un bello palacio fortificado, que se viera por encima de las torres de la Alhambra, que estuviera suficientemente aislado del mundo. Allí envió a su hijo, al cuidado de un severo filósofo y rígido profesor que había venido y aprendido todo su saber en Egipto. Su nombre era Eben Bonabben. El rey le dio carta blanca para darle toda la educación a su hijo y de la manera que mejor creyera, pero debía privarle de las enseñanzas del Amor.
Ese palacio aislado del mundo era el Generalife.

A medida que fue pasando el tiempo, el joven que poseía una gran docilidad para acatar todo lo que le ordenaba su maestro, había aprendido todas las materias que su viejo profesor le iba enseñando. Había dos cosas que le llamaban expresamente la atención: la poesía y la música. Y así empezó a componer rimas y melodías a los elementos de la naturaleza, tanto animados como inanimados; sus letras cantaban a los pájaros y a las flores, a los árboles, al agua, al sol y a las piedras.
El profesor se alarmó ante estos deseos implícitos de adoración a la naturaleza y esos devaneos locos innatos e inevitables en todos los seres vivos, y encerró al joven príncipe en la más alta torre. Allí le enseñó un nuevo entretenimiento: el lenguaje de los pájaros. Ahmed lo aprendió rápidamente. Ya no se sentía tan solo allí arriba puesto que empezó a hablar con sus nuevos compañeros voladores: un gavilán, un búho, un murciélago, una golondrina que siempre habían tenido un lugar en aquella torre.
Al llegar la primavera y escuchar el trino de los ruiseñores a lo lejos y los demás cantos del resto de los pájaros, oyó por primera vez algo llamado "amor". Preguntó a sus compañeros voladores, aquellas aves que compartían aquella torre con él, pero ninguno supo o quiso explicarle "aquella tontería". Entonces el príncipe preguntó a su viejo profesor. Bonabben le aconsejó que era mejor olvidarse de aquella pesadilla pues altera los sentidos y vuelve locos a todos los que caían bajo sus efectos.
Pero el príncipe no estaba conforme ya que había observado en la naturaleza que donde había amor había alegría, que todos los que estaban bajo los efectos sedantes de aquella "cosa" gozaban de una inmensa felicidad y no conocían penas ni tristezas.

Un día entró por una ventana de la torre un palomo y el príncipe Ahmed le encerró en una jaula. El pájaro empezó a lamentarse de su mala suerte. Aunque el joven le daba toda una serie de caprichos, el palomo no probaba la comida y se quejaba de su desdicha. En sus quejas hablaba del Amor. Y esto interesó al príncipe.
Fue el palomo el que le explicó a Ahmed lo que era el Amor. Entonces el príncipe le dejó en libertad.

Mucho tiempo después, una tarde que estaba el príncipe paseando por el jardín, el palomo regresó y le dijo a Ahmed que había encontrado una princesa digna de él, más bella que todas las flores de su jardín. Le hizo una descripción tan cautivadora que Ahmed escribió a la joven unos versos de amor y el palomo se encargó de llevar la misiva a la cautiva.

Pasó el tiempo. Ahmed perdió toda esperanza. Ya creía que el palomo jamás regresaría y que se la había jugado cuando una noche el ave entró herida de muerte por una flecha, y le entregó al príncipe un collar de perlas y un retrato en miniatura de la muchacha.
Desde entonces, el príncipe deseó fervientemente conocer eso que llaman Amor, y conocer sobre todo a esa joven y su paradero, pues el palomo no había tenido ocasión de decírselo. Y un buen día decidió escaparse de esa prisión por cuyos barrotes se le estaba escapando la juventud. Pidió ayuda a sus compañeros, pero sólo pudo convencer al búho filósofo.
Así salieron de Granada en dirección a Sevilla. En esa ciudad el búho tenía como amigo a un viejo cuervo que sabía todos los secretos del mundo y no se le escapaba nada. Cuando llegaron a la ciudad, el cuervo, que se alojaba en la Giralda, no había visto ni oído hablar de la joven del retrato.
Tras escuchar la historia de Ahmed le aconsejó que fuera a ver a su amigo viajero, un personaje que había estado en muchos palacios y conocía a muchas princesas. A aquel viajero se le podía encontrar en el árbol más anciano de la Mezquita de Córdoba; era el Patio de los Naranjos su lugar preferido para contar historias de sus viajes. Hasta allí se dirigieron entonces el príncipe y el búho.
Cuando llegaron a la Mezquita, el viajero resultó ser un papagayo charlatán que contaba historias y congregaba a mucha gente a su alrededor.
Ahmed pidió hablar con él en privado. Y al enseñarle el retrato, el papagayo le dijo que era la princesa Aldegunda, hija de un rey cristiano de Toledo, pero que sería difícil verla, porque su padre la había encerrado para que nadie viera su belleza y porque iba a desposarla cuando cumpliera los 17 años.
El papagayo decidió acompañar a Ahmed y al búho. Y llegaron a Toledo. Desde la lejanía divisaron el palacio donde estaba encerrada la princesa. El papagayo se acercó y habló con Aldegunda, que estaba triste de amor. Al día siguiente la princesa cumpliría 17 años y su padre había convocado un torneo: quien lo ganara recibiría como trofeo la mano de su hija.
Debido a la fama de su belleza oculta, muchos eran los caballeros cristianos que habían venido de lejanas tierras para participar en el torneo.
Ahmed se lamentó. Estaba versado en letras y conocía las ciencias, pero jamás había tocado un arma. Entonces el búho, que todo lo sabe, le contó que había en Toledo una gruta donde en el pasado se había escondido un musulmán huyendo de la dominación cristiana de la ciudad. En aquella cueva murió dejando tras de sí un encantamiento sobre sus pertenencias: armas, coraza, corcel. Sólo podría coger aquellos objetos un hermano musulmán, y cuando se los hubiera puesto nadie podría vencerle. Pero al ponerse el sol el poderoso embrujo desaparecería.
Y así se presentó Ahmed en el torneo. Dijo ser el "Peregrino del Amor". Como sólo podían participar nobles, finalmente tuvo que confesar quién era realmente.
Mas un caballero se rió de su religión y Ahmed luchó contra él, pero una vez puestos en batalla los objetos encantados no podían parar, así que el príncipe se resignó y luchó contra todos los caballeros, incluso con el rey. Y entonces se puso el sol y huyó, desapareciendo en el interior de la gruta.
Cuando al día siguiente el papagayo volvió con noticias de los rumores, se decía que toda la ciudad de Toledo estaba consternada y que la princesa se había desvanecido y estaba enferma. Ningún médico de la Corte conseguía curarla. Entonces el rey ofreció como recompensa a aquél que curara a su hija elegir un objeto de su tesoro.
Tras descubrir que la princesa lloraba de pena y amor por Ahmed, el búho, gran consejero, le dijo al príncipe que en el tesoro real había una caja con una inscripción que nadie había conseguido descifrar, excepto sus amigos búhos. Dento de la caja había una alfombra mágica que sólo su poseedor podría poner en movimiento.
Entonces Ahmed se disfrazó de beduino del desierto y consiguió entrar en el palacio para curar los males que aquejaban a la princesa. Comenzó a cantar pero la "enfermedad" de la princesa no se disipaba, así que recitó los versos de amor de su carta. De repente Aldegunda sonrió y el rey permitió al joven entrar en los aposentos de la princesa, anticipándose a sus deseos.
Ahmed le pidió la caja y extendió la alfombra a los pies de la princesa, mientras confesaba a todos la verdadera historia, y que hace mucho tiempo que los dos príncipes se amaban. Mientras tanto la alfombra iba subiendo al cielo y los jóvenes huyeron por los aires sin que nadie pudiera detenerlos.

El rey de Toledo decidió llevar sus tropas hasta Granada para rescatar a su hija. Allí fue recibido con grandes honores por Ahmed, ya convertido en rey pues su padre había fallecido, y Aldegunda. Y lo que en principio podría haber sido la más sangrienta de las batallas se convirtió en la más feliz de las fiestas.

Y es que no se puede negar a nadie el Amor ni nadie puede evitarlo. A todos les llega, tarde o temprano, y todos nos convertimos en víctimas de sus encantos y designios.

Sol

Los rayos de sol brillan en las calles de Salamanca. Parece un día de verano. Además, al mediodía, todo está más tranquilo... hasta que he llegado a la Rúa y la Playa Mayor, donde se agolpan los turistas, parados frente a los restaurantes para comer, o sentados ya en las terrazas veraniegas, o inmortalizándose con las viejas piedras doradas de esta ciudad.
El caso es que yo buscaba un quiosco donde comprar mi ansiado periódico. Ya es mala suerte que tengo dos quioscos de prensa al lado de casa y los dos tienen un horario peculiar: abren sobre las 12h. y cierran antes de las 15h, y por la tarde a veces he bajado a las 17h y están cerrados y cierran a las 22h.
Así que me he dado un paseo bajo el sol. En uno de los arcos de entrada (o salida) de la Plaza Mayor había un tío igual que Bob Marley tocando y cantando. Lo hacía realmente bien. Había congregado alrededor un numeroso grupo de curiosos.
Y al fin en un quiosco de la Plaza me he cogido el periódico habitual con el tomo de Cossío, una enciclopedia sobre toros que me parece bastante completa. Supongo que se la regalaré a mi hermano, que es un aficionado a tales lides.

Cuentos de la Alhambra

Era uno de los libros más vendidos en Granada, así que pensé que algo especial tendrían las páginas de Washington Irving. Y allí empecé a leérmelo, aunque ahora, tras haber pasado la última página, considero que mejor hubiera sido leérselo antes de visitar la Alhambra.

Washington Irving visitó la Alhambra en 1829 y escribió una serie de cuentos y leyendas que corrían de boca a boca entre las ingenuas gentes del siglo XIX y nos relata de un modo costumbrista cómo era España en aquella época y, más concretamente, Granada, además de narrarnos con todo detalle las costumbres y hábitos de los habitantes de la zona.
Junto a muchos de estos relatos, el escritor plasmó delicados dibujos sobre lugares de la Alhambra que tanto asombraban en su época tal y como en la actualidad lo siguen haciendo.

No estoy de acuerdo con la descripción general que el autor hace de España, que limita a unos simples "paisajes de vastas llanuras y pueblos en lo alto de colinas". El paisaje español es mucho más variado y heterogéneo que eso.

Irving emprende el viaje desde Sevilla hasta Granada junto al embajador de Rusia en Madrid, amigo suyo, y contratan a un joven vizcaíno para que les hiciera de guía a través de los peligrosos caminos y a la vez les surtiera las alforjas. Le llamaban "Sancho".
La descripción de los famosos bandoleros andaluces y de las filas de arrieros junto a la hospitalidad que encontraron en las posadas del camino es lo más característico del viaje.

El autor llega a la Alhambra y encuentra allí un guía muy especial, un personaje peculiar que alega ser un "hijo de la Alhambra".
Allí visitan los Palacios Nazaríes, que en aquel momento estaban siendo cuidados por una noble mujer, doña Antonia. Entonces comienzan a contarles las primeras leyendas.
Un soldado inválido vio cómo le llamaban los fantasmas de los Abencerrajes asesinados y salió huyendo despavorido. El siguiente hombre que vio los mismos fantasmas no huyó; sin embargo, salió de la Alhambra rico y se habla de que este inválido sí que hizo buen uso de la información que le dieron los espíritus de los moros.
Alrededor de la Alhambra corrían entonces numerosas leyendas, sobre todo aquellas que dicen que bajo sus cimientos los moros escondieron muchos tesoros.

Después de la obligada visita al palacio, el autor y su acompañante hacen la visita de rigor al Gobernador de Granada y le expresan su incredulidad acerca de que teniendo un palacio tan magnífico como la Alhambra viva en el centro de la ciudad.
Entonces el Gobernador les ofrece a los viajeros sus habitaciones de la Alhambra y les desea una feliz estancia. Los dos visitantes no creen su suerte pero pronto comienzan una vida semejante a la de reyes pasados. Más tarde las obligaciones llaman al embajador a Madrid y se tiene que ir, quedando sólo Irving como monarca absoluto de la Alhambra.

Dolores, la sobrina de doña Antonia y quien en la práctica se encarga del palacio, tiene dos palomos a los que mima. Un día abre la ventana y uno de ellos se marcha; no volverá hasta que tenga hambre, cosa que desespera a la joven. Después le cortará las alas. Es una anécdota con una buena moraleja.
Dice el proverbio: "La pena sufrida de noche es alegría por la mañana".
Su primo Manuel, que también vive allí, está enamorado de Dolores y quiere casarse con ella.

"Cuanto más opulentos han sido los habitantes de una mansión en los días de prosperidad, más humildes son los descendientes cuando llega la decadencia y, a menudo, el palacio del rey termina siendo el asilo de un mendigo".

La Alhambra en la época que la visitó Irving albergaba gente muy pobre, muchos eran inválidos de guerra cuyo servicio al rey y a la patria nunca se vieron recompensados, además de que su casta se convirtió en una clase decadente.
La viejecita Mª Antonia Sabonea, la "reina Coquina", de la que se dice que es bruja; un viejo con nariz de borracho, "Alonso de Aguilar", que dice ser descendiente del Gran Capitán; el guía del escritor, Mateo Jiménez, con una prole numerosa y más infinita todavía su sagacidad para contar historias sobre aquel lugar... son algunos de los habitantes de la Alhambra.
En las torres los habitantes de la Alhambra ponen sus cañas para pescar en el cielo, actividad que se reitera por las tardes para cazar a las aves que se resguardan en los recovecos del sinnúmero de grietas del palacio, torres y murallas.

"Existen dos clases de gentes para quienes la vida es una fiesta continua: los muy ricos y los muy pobres. Los primeros porque no necesitan hacer nada; los segundos, porque no tienen nada que hacer".

Un día nuestro autor llega al Salón de Embajadores, sala que utilizará como reposo y como fuente de inspiración. Desde el mirador descubre los contrastes de la Granada cristiana y la Granada musulmana. Asimismo hace un repaso a los ocho siglos de permanencia árabe en España, donde florecieron todas las ciencias, se construyeron innumerables y maravillosos edificios, hoy en ruinas, personas que aprendieron a convivir con sus gentes y que finalmente fueron echados al otro lado del estrecho. El legado que los musulmanes dejaron en España es inmenso. En ese mismo mirador Carlos V dijo en su día: "¡Fatal destino el del hombre que perdió todo esto!".

Otro día Irving encuentra una puerta cerrada con llave y en su mente fantástica empiezan a desarrollarse todo tipo de misterios sobre esas estancias vacías que hay detrás de la puerta.
La curiosidad le lleva a pedir la llave y en el interior se encuentra con el Mirador de Lindaraja, la Torre de Comares y el Tocador de la Reina.
Lindaraja era hija del alcaide de Granada en tiempos en que Mohammed V fue despojado del trono y el rey fue acogido en casa del alcaide. Cuando el monarca volvió a ocupar su trono recompensó al alcaide otorgando a su hija Lindaraja esas habitaciones y a uno de sus más fieles súbditos en matrimonio.
Las estancias están decoradas con adornos de la época de Felipe V (último rey que vivió en la Alhambra) y el mirador de la parte superior de la torre se convirtió en el Tocador de la Reina, pues fue el tocador de la esposa de Felipe V, Isabel de Farnesio.
Irving decide trasladarse con sus cosas a esas habitaciones. La primera noche allí la imaginación del autor le produce fantásticas visiones aterrorizadoras, y así durante varias noches, hasta que llegó la luna llena y por primera vez vio con otros ojos aquel lugar mágico, desaparenciendo el terror inicial.

La Torre de Comares es la que se eleva sobre los Palacios Nazaríes. En la actualidad no se puede subir hasta arriba, así que nos conformaremos con las magníficas vistas que nos describe Washington Irving en este fragmento.
Tras describir la panorámica que se ve desde los cuatro puntos cardinales, cuenta la anécdota que narra fielmente la generosidad del rey Ismael Ben Ferrag que, asomado en esta torre en 1319, vio un campamento cristiano a orillas de Granada. Esas tropas iban lideradas por los príncipes Don Juan y Don Pedro, que saqueaban Granada a diario, esperando que el rey moro saliera de su fortaleza para enfrentarse a ellos. Pero Ismael esperaba refuerzos, que llegaron cuando los infantes abandonaban la ciudad. El ejército del monarca árabe rápidamente les alcanzó y se produjo la batalla. Los dos príncipes perdieron la vida, así como todos los soldados cristianos. El cuerpo de Don Pedro fue llevado a sus familiares, pero el cuerpo de Don Juan se perdió en un barranco. El hijo de éste escribió a Ismael pidiéndole que buscara el cadáver de su padre y que no le deshonrara. Ismael así lo hizo y finalmente devolvió a los suyos el cadáver con grandes honores.

En la Sala de Embajadores hay un balcón desde donde se ven las callejuelas del Albaicín. Desde allí miraba el autor los quehaceres diarios de sus moradores y frecuentemente se imaginaba sus historias.
Vio la procesión de una novicia que iba a tomar el velo en un convento, y los amores furtivos de una granadina que esperaba fervientemente a su amante en el balcón y el galán siempre aparecía disfrazado. Su fiel escudero Mateo siempre le sacaba del ensimismamiento y le devolvía a la realidad contándole las verdaderas historias de la gente que había visto. Una tarde le señaló una casa del Albaicín y le contó la historia de un albañil muy pobre que se convirtió, de la noche a la mañana, en uno de los hombres más ricos de la ciudad.

Un día el autor vio, como si de un espejismo se tratara, apostado junto a la Fuente de los Leones, a un verdadero moro. Tras percatarse de que ese hombre era de carne y hueso, entabló una conversación con él, y el moro le dijo que era un mercader beréber y que siempre que visitaba Granada se acercaba a la Alhambra.
En la conversación surge el nombre de Boabdil, el Rey Chico, según el beréber, "el príncipe traidor que vendió la Alhambra y la ciudad a los reyes cristianos".
Irving cree que Boabdil ha sido durante toda la historia injustamente tratado, infinitamente calumniado y objeto de mofas constantes, por lo que investiga la historia del rey "Infortunado".

Las habitaciones por donde escapó Boabdil de la Alhambra para entregar las llaves de la ciudad se encuentran en la Torre de Comares. Desde entonces se encuentra tapiada la puerta por la que huyó.
El autor cabalga siguiendo la ruta que la familia de Boabdil debió seguir al dejar Granada atrás: la Torre de los Siete Suelos, la Puerta de los Molinos, la ermita de San Sebastián (donde entregó las llaves de la ciudad a Fernando el Católico), la Cuesta de las Lágrimas (donde el desposeído rey miró por última vez la ciudad) y el Último Suspiro del Moro, donde su madre Aixa al verle llorar le dijo la célebre frase que ha llegado hasta nuestros días: "Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre".
Quizás la fama que se le ha dado a Boabdil es cruelmente injusta, en el sentido de que sólo se habla de ese momento en que entrega y abandona Granada, sin tener en cuenta que mientras reinó fue un monarca bastante justo.

Es algo bastante común en España contar historias, reales o ficticias, y leyendas que enriquezcan la mente de quienes las escuchen.
Una de las leyendas que más se repite es acerca de la de la cantidad de tesoros escondidos que hay bajo los castillos y atalayas moriscas. Esto se debe a que en muchos casos se han encontrado ánforas y jarrones llenos de monedas, pero también la causa está en que durante las guerras entre moros y cristianos las fortalezas y castillos cambiaban tantas veces de dueño que escondían sus objetos más preciados pensando que la marcha era sólo temporal.
La Alhambra también es susceptible a este tipo de narraciones encantadas y muchas son las leyendas que circulan respecto al sinfín de tesoros ocultos bajo sus piedras.

A los tres meses de vevir en la Alhambra como verdadero soberano llegaron visitantes.
Se trataba de un viejo conde que, al terminar el verano, gozaba de unas vacaciones temporales en el palacio granadino, junto a su familia, comitiva y criados.
La persona más interesante de esta familia era Carmen, la hija del conde, de unos 16 años de edad, que como buena andaluza todo lo hacía bien y, aparente e inocentemente, sin esfuerzo.
El conde y el escritor se repartieron las dependencias cortésmente, de tal manera que el viejo conde y su gente ocuparon las habitaciones anexas al Patio de los Leones, mientras que Irving se replegaba a la zona de Lindaraja.

Una tarde, Carmen invita a sus amigas de Granada al palacio y todos deciden ir a pasear hasta los románticos jardines del Generalife, que albergaban entonces los retratos de todos los reyes y personajes ilustres que por allí habían pasado.
Estando en aquel vergel colmado de flores, suena desde la vega del Darro una guitarra, y comienzan a correr las leyendas sobre aquel lugar.

Otro día Irving se propone dar un paseo a su fiel escudero Mateo hasta la colina más alta de Granada: el Cerro del Sol. Así salen por la Puerta de la Justicia y pasan junto a la Torre de los Siete Suelos, atraviesan el Generalife, y Mateo cuenta sus fantásticas historias.
Habla del Velludo, una figura fantasmagórica que sale por las noches; se trata de un caballo sin cabeza perseguido por una jauría de perros que enseñan los colmillos y van mordiéndole las pezuñas. Se cuenta que es el espíritu de un rey que mató a sus seis hijos.
Cruzan unos aljibes moriscos donde por las noches también aparecen fantasmas los moros. Y Mateo cuenta la historia de la olla que aparecía en un agujero de esa montaña, que no se veía lo que contenía, pero cuando alguien iba a cogerla desaparecía repentinamente.
Y cuenta que el tío Nicolás se dedicaba a coger hielo por la noche, que llevaba a Granada al amanecer; pero era un hombre que tenía gran facilidad para quedarse dormido. Un día la acémila le llevó hasta un lugar desconocido y cuando despertó vio una ciudad morisca y una procesión de soldados moros, todos ataviados de negro. En una mula blanca iba el Padre Inquisidor, y él le saludó, pensando que si ese hombre estaba ahí no había de tener miedo. Entonces un moro le empujó hacia un barranco. Cuando despertó todo había pasado. La gente no le creyó pensando que era producto de algún sueño. Lo cierto es que el Inquisidor murió aquel mismo año.

Paseaba otro día Irving entre la Alhambra y el Generalife cuando encontró una torre que todavía no había visto: era la Torre de las Infantas. Y justo en ese momento salió a la ventana una hermosa joven, que resultaba ser recién casada con un hombre entrado en años.
La tradición oral cuenta que la torre se llama así porque un rey tirano de Granada encerró allí a sus tres hijas y ocultó su belleza a los ojos del resto de los mortales. Sólo las permitía salir por la noche, que montaban a caballo y recorrían las colinas cercanas. Nadie podía hablarles bajo pena de muerte.
Todavía hoy se oyen los cascos de sus caballos en las noches de luna llena y desaparecen si alguien se digna a hablarlas.

Había un viejo soldado inválido en la Alhambra que vivía en una modesta y cómoda habitación en la Torre del Vino. Tenía más cicatrices que años y sus méritos como soldado no se vieron nunca recompensados, así que se pasaba el día escribiendo extensas cartas al Gobierno para que le pagara por sus servicios pasados.
Tenía un libro de máximas filosóficas que aplicaba a su propia vida personal.
El autor gozaba con la compañía de este veterano de guerra.

Con motivo del día de su onomástica, el conde celebró una fiesta adonde llegaron todos aquellos familiares lejanos, los que le guardaban sus posesiones y muchos más criados, todos enriquecidos a su costa. Su hija demostró tener grandes cualidades para el teatro.
En un momento determinado fue con un grupo de jóvenes, al anochecer, en busca de los misterios que tanto abundaban en la Alhambra.
Y llegaron a la Puerta de Hierro, pero no se atrevieron a entrar en el oscuro túnel que seguía porque contaban las malas lenguas que aparecía por las noches una mano sin cuerpo. Regresaron corriendo y aterrorizadas porque, al volver, habían visto dos figuras blancas que supusieron que eran fantasmas, aunque sólo eran dos estatuas.

Manuel, el sobrino de doña Antonia y futuro marido de Dolores, debe ir a Málaga a hacer el examen que le brindará el título para poder ejercer como médico.
Un viejo soldado inválido, el tío Polo, le enjaeza la mula al joven. Este hombre le llama la atención a Irving porque siempre lleva un tomo del Padre Feijoo consigo.
A la vuelta de Manuel se celebra una fiesta porque el muchacho ya es médico y, en esa fiesta, Dolores presenta al tío Polo como uno de los residentes de la Alhambra que más historias conocen de ella.

Finalmente el autor nos regala las historias de dos reyes constructores de la Alhambra: el que la empezó y el que la acabó.

En el siglo XII hubo un rey moro en Granada que fue colocado en el trono por el pueblo. Se llamaba Mohamed Ibn Alahmar, y la tradición oral dice que era, además, alquimista y mago.
La verdad es que él construyó en Granada escuelas, hospitales; enriqueció a los pobres; trajo agua a la ciudad; evitó una guerra contra los cristianos, pues habiendo sitiado Fernando el Santo Jaén fue Mohamed a hablar con él y se convirtió en su vasallo.
A pesar de ser benevolente con su pueblo y de que se atormentaba por luchar contra sus hermanos de religión junto a las hordas cristianas, enriqueció a la ciudad de Granada. Y en una montaña comenzó a construir un palacio lleno de fuentes, jardines y le proveyó con salones bellísimos.
Su pueblo le adoraba.
Siendo anciano salió con su ejército de la ciudad y una lanza se quebró en una de las puertas. Era símbolo de mal augurio, pero sin embargo el rey quiso seguir su camino. De repente se vio aquejado por una terrible enfermedad y falleció poco después, lejos de su ciudad querida. Está enterrado en la Alhambra.

La Alhambra se terminó de construir en el siglo XIV por obra y gracia de otro carismático monarca, Yusuf Abul Hagig. Se caracterizó este rey por ser magnánimo hasta con sus enemigos, y muy pacífico a pesar de que en la época que le tocó vivir no paró de luchar contra Alfonso XI de Castilla. También construyó hospitales, escuelas, mezquitas... llegando a dotar a Granada de una gran prosperidad. Trajo a su reino riqueza, seguridad, educación y elegancia. Terminó el palacio de la Alhambra, empezado por sus antecedores, y su nombre aparece esculpido en las paredes.
El rey castellano sitió Gibraltar y cuando Yusuf llegó con sus tropas hasta allí se enteró de que Alfonso XI había fallecido. No se luchó aquel día y la comitiva fúnebre fue respetada en silencio por todos los moros.
Un día rezaba Yusuf en la Mezquita de la Alhambra cuando alguien entró y le apuñaló con una daga. Expiró poco después. Su asesino fue descuartizado y sus miembros expuestos públicamente. Al rey se le enterró bajo una lápida de mármol que llevaba una inscripción en la que se ensalzaban y alababan sus grandes cualidades, pero se perdió y no se sabe en qué lugar exacto de la Alhambra está enterrado.

Y como todos los sueños, también los bellos viajes llegan a su fin.
Unas cartas sacaron del ensueño a nuestro autor, pues sus asuntos le llamaban a su país. En ese adiós se hace llamar Rey Chico II pues, como Boabdil, paró a mirar Granada por última vez en el paraje donde siglos atrás parara el rey en su exilio, aquel paraje llamado "el Último Suspiro del Moro".
En su tartana y acompañado durante unas millas por unos cuantos amigos con los que había compartido grandes momentos Irving dice definitivamente adiós al sueño en el que estuvo inmerso en Granada.

[Faltan varias leyendas que he preferido sacar fuera.]