
No me gustan las monjas. La única monja por la que sentí un poco de cariño fue la única que se preocupó por mí en un mal momento y me contó un cuento con la finalidad de animarme. El cuento era algo así:
"Tenemos frente a nosotros un árbol que está lleno de frutos. Muchas veces cogemos los frutos de las ramas bajas porque son los que más a mano tenemos, sin darnos cuenta que posiblemente sean mejores los frutos que están más arriba, pero claro, esos conllevan un esfuerzo terrible. Cuando el fruto de abajo nos sepa amargo o estemos rodeados de frutos caídos y esparcidos por el suelo siempre es mejor hacer un pequeño esfuerzo e intentar coger el fruto que más costoso nos resulta alcanzar. Un día lo alcanzaremos. El esfuerzo siempre es proporcional a los resultados. Puede haber muchos frutos caídos pero siempre siempre será mejor coger el que sea inalcanzable, pues algún día con nuestro esfuerzo llegaremos a él".
Tras escuchar aquella especie de parábola sonreí. Después de aquello siempre he tenido muy presente a lo largo de los años esta historia del árbol. Al final he creado un jardín imaginario y muy peculiar, aunque de diferente índole.
En ese vergel hay frondosos árboles, hay flores de colores y una tupida capa de yerba. Está lucido porque lo cuido con cariño. A veces me gusta sentarme a la sombra de los árboles y hablar con ellos, contándoles lo que me pasa, lo que pienso y lo que hago, incluso los pequeños detalles insignificantes; les cuento mis penas y mis alegrías, mis satisfacciones y mis errores, mis problemas y mis momentos de felicidad... Últimamente tengo algún árbol descuidado o quizás es que no me da la suficiente sombra. Me gustaría volver a sentarme bajo sus ramas y contarles pequeñas anécdotas de mi vida.
En ese vergel hay frondosos árboles, hay flores de colores y una tupida capa de yerba. Está lucido porque lo cuido con cariño. A veces me gusta sentarme a la sombra de los árboles y hablar con ellos, contándoles lo que me pasa, lo que pienso y lo que hago, incluso los pequeños detalles insignificantes; les cuento mis penas y mis alegrías, mis satisfacciones y mis errores, mis problemas y mis momentos de felicidad... Últimamente tengo algún árbol descuidado o quizás es que no me da la suficiente sombra. Me gustaría volver a sentarme bajo sus ramas y contarles pequeñas anécdotas de mi vida.
Hace tanto que en mi jardín brilla el silencio que me da hasta miedo entrar en él. Los árboles son como los amigos. Son frondosos, robustos, hay que cuidarlos, y contrastan con las pequeñas flores que se marchitarán al cabo del tiempo, gente que pasa por nuestra vida tan velozmente que ni siquiera nos deja huella.
En estos momentos me encantaría hablar con A., pero ya no sé dónde encontrarle, ni qué decirle, ni cómo hablarle. Ya no sé si sería capaz de contarle todas aquellas cosas que le decía hace tanto tiempo, ni sé si él me contaría todo lo que pasa por su cabeza como hacía en el pasado. Su sombra me abrazaba tiernamente, pero la separación hace mella, aunque creamos que no, aunque parezca que nada ha cambiado.
También me gustaría hablar con E., pero la noto tan lejana, tan suya, tan etérea. Parece como si cada momento con ella se esfumara en el siguiente segundo. Me doy cuenta de que mi amiga E. se ha distanciado tanto del mundo real que me da miedo de lo que sea capaz de hacer. Somos almas gemelas. Siempre lo supimos y siempre lo aceptamos, pero la distancia también supone un muro que nos va alejando poco a poco. Conversar con ella era como soñar.
Si no hablo de M. es porque tiene suficientes problemas internos como para liarle la madeja con los míos propios. No es plan de echarle más peso del que tiene en estos momentos. De todas mis amigas M. es la más infeliz. Siempre fue así, es mi mejor amiga y siempre le daré la mano. La distancia en este caso no supone un muro, sino que hay un obstáculo más profundo donde los límites se respetan condescendientemente.
Y me encantaría hablar con V. pero últimamente me cuesta, me cuesta porque veo unas trabas sin quererlas ver, pero están ahí. Lo llevo notando desde hace un tiempo. A veces me pregunto si no debí haberme esfumado cuando aún estaba a tiempo. Y ahora parece que estemos predestinados a caminar en diferentes direcciones.
Son cuatro árboles, con sus virtudes y con sus defectos. Simplemente echo de menos hablar con ellos porque hace mucho que dejé de cobijarme bajo sus sombras. Me entristece. El tiempo se acaba para todo y para todos. Aunque ellos no lo sepan yo necesito de su savia pues, a veces, es la única energía que me ayuda a sobrevivir.
A veces me pregunto si no sería mejor cultivar sólo frágiles flores, que se marchitarán al acabar el verano, al menos sólo me quedarán pequeñas espinas dentro y no las grandes cicatrices de las dagas, destinadas a abrirse en cualquier momento con un simple recuerdo.
En mi jardín también hay árboles podridos... pero esos los dejo para otro momento.
En estos momentos me encantaría hablar con A., pero ya no sé dónde encontrarle, ni qué decirle, ni cómo hablarle. Ya no sé si sería capaz de contarle todas aquellas cosas que le decía hace tanto tiempo, ni sé si él me contaría todo lo que pasa por su cabeza como hacía en el pasado. Su sombra me abrazaba tiernamente, pero la separación hace mella, aunque creamos que no, aunque parezca que nada ha cambiado.
También me gustaría hablar con E., pero la noto tan lejana, tan suya, tan etérea. Parece como si cada momento con ella se esfumara en el siguiente segundo. Me doy cuenta de que mi amiga E. se ha distanciado tanto del mundo real que me da miedo de lo que sea capaz de hacer. Somos almas gemelas. Siempre lo supimos y siempre lo aceptamos, pero la distancia también supone un muro que nos va alejando poco a poco. Conversar con ella era como soñar.
Si no hablo de M. es porque tiene suficientes problemas internos como para liarle la madeja con los míos propios. No es plan de echarle más peso del que tiene en estos momentos. De todas mis amigas M. es la más infeliz. Siempre fue así, es mi mejor amiga y siempre le daré la mano. La distancia en este caso no supone un muro, sino que hay un obstáculo más profundo donde los límites se respetan condescendientemente.
Y me encantaría hablar con V. pero últimamente me cuesta, me cuesta porque veo unas trabas sin quererlas ver, pero están ahí. Lo llevo notando desde hace un tiempo. A veces me pregunto si no debí haberme esfumado cuando aún estaba a tiempo. Y ahora parece que estemos predestinados a caminar en diferentes direcciones.
Son cuatro árboles, con sus virtudes y con sus defectos. Simplemente echo de menos hablar con ellos porque hace mucho que dejé de cobijarme bajo sus sombras. Me entristece. El tiempo se acaba para todo y para todos. Aunque ellos no lo sepan yo necesito de su savia pues, a veces, es la única energía que me ayuda a sobrevivir.
A veces me pregunto si no sería mejor cultivar sólo frágiles flores, que se marchitarán al acabar el verano, al menos sólo me quedarán pequeñas espinas dentro y no las grandes cicatrices de las dagas, destinadas a abrirse en cualquier momento con un simple recuerdo.
En mi jardín también hay árboles podridos... pero esos los dejo para otro momento.
8 comentarios:
Me ha gustado la metafora del jardin para explicar las relaciones con las personas. Me ha parecido muy bonito.
En el momento que mencionas las flores, en el papel de esas personas que vienen y se van, me he parado a pensar en un monton de personas que tras conocerlas no las volvi a ver. Es el caso de compañeros de clase sobretodo, compañeros que tras haber compartido uno o varios cursos nunca mas volvi a ver.
Aunque tambien sucede que cierto dia me topo con una de esas personas a las que hacia tiempo que no veia y ambos nos alegramos.
Se puede decir que en ese momento riego con un poco de agua a la flor que le representa.
Y al igual que tu yo tambien tengo mis arboles, cada cual mas peculiar, y generalmente todos ellos han echado las ramas hacia el cielo a mi vera desde que eran simples hierbas.
A uno de mis mejores amigos le recuerdo en el dia en que nos conocimos. Tendria yo 10 años aproximadamente y me encontraba subido en una rama de un arbol, dejando caer una pierna por cada lado. Pues al chaval no se le ocurre otra que colgarse de ambas piernas y yo con la rama ahi en medio presionando. Tras unos alaridos y algunas lagrimas, me pidio perdon y hasta entonces seguimos haciendo el canelo juntos.
Eso si, nunca mas se me colgo de las piernas, y en las partes nobles no me quedaron secuelas.
Lo bueno que tienen los árboles es que es difícil arrancarlos, así como difícil es que acabe una amistad de verdad.
Si supiera más de tipología de árboles hubiera puesto por ejemplo algo como "un roble, robusto y alto, y noble".
Y anoche no podía dormir así que me levanté de la cama con esta idea en la cabeza, de repente me apetecía escribirla.
Anécdotas en árboles tengo unas cuantas, no es casualidad que un bosque inmenso comience a un kilómetro de mi casa. Es lo que tiene vivir al lado del campo.
Hace unos años nos íbamos siempre a sentarnos bajo la sombra de un "octogenario" (entre comillas porque seguro que tiene más años) y nos sentábamos alrededor de él. Allí, alejados del mundanal ruido y de los ojos de nuestros mayores, fumábamos petas.
Después empezaron a entrar en el campo de fútbol, que estaba al lado, y es un campo de fútbol natural, de estos que sólo tienen los tres hierros de las porterías y donde apenas se juega, ahora menos porque los cardos lo han inundado... cuando entraban con los coches y dejaban la música a tope se fastidió todo.
Muy cerca hay un árbol milenario, junto a la ermita. Allí dice la leyenda que se apareció la Virgen. Hace unos años fue alcanzado por un rayo, se secó en parte, pero con los cuidados del ermitaño, que además le da al vino y siempre tiene la nariz roja, sobrevivió. El daño fue mucho, pero el árbol vivió, igual sí que tiene algo de milagroso.
Pero muchos, muchos años antes yo tengo una imagen de un árbol especial. Es de estos árboles que se quedan secos, no muy altos, adonde trepas aunque desde sus ramas no llegues a alcanzar el cielo. Estaba este árbol situado en un lateral del frontón, el viejo frontón de piedra. Un frontón que tenía una peculiariedad: estaba al revés. Es decir que tenía la pared lateral a mano derecha, cuando debe ir a la izquierda. Por allí es muy típico jugar a pelota a mano (no es casualidad que Titín III sea riojano) y en mi pueblo no es que fueran zurdos sino que la culpa era de la pared del frontón.
Por supuesto yo también lo he probado y he terminado con la mano dolorida.
Cuando éramos pequeños y estaba esa "joya" de frontón había árboles a los lados y en uno de ellos nos subíamos a hacer el paripé. Llegó el verano y los niños, que eran más traviesos que las niñas, trajeron paja y la pusieron debajo. Así que te puedes imaginar lo divertido que era subir al árbol para tirarse después al montón de paja.
Hasta que no se sabe de dónde había salido, pero uno se clavó un alambre junto al ojo, un alambre que se encontraba entre la paja.
Y lo dejamos.
Después tiraron el viejo frontón y arrancaron todos esos árboles, pues el frontón que hicieron después, aparte de estar bien las paredes, era bastante más grande.
Los árboles siempre me llaman la atención, pero esos árboles ancianos, aquellos que llevan aquí más que nosotros, que nuestros antepasados, aquellos que tienen más anillos que las mujeres más ancianas de este mundo, y que seguirán estando aquí aún después de que hayamos abandonado esto. Esos... esos susurran. Sólo hay que saber escucharlos.
Cómo me he alargado.
Las flores son bonitas y te dan pequeñas satisfacciones de vez en cuando, pero siempre mueren. Su existencia es demasiado efímera como para dedicarles mucho tiempo. Y es que la belleza es caduca. Por eso prefiero un árbol, porque dura mucho tiempo.
No te alargas. Me ha sido placentero leerme entero tu tocho. :P
Lo que no sabia era que fumases petas hohahaha canalla.
Yo, aunque creci viviendo en ciudad, tuve la suerte de que mi barrio fuera un barrio periferico con un monton de praos alrededor. Antes de que en las inmediaciones de mi barrio comenzaran a construir edificios y urbanizaciones, yo y mis coleguis ibamos a hacer casetas echas con maderas y pales (esos utensilios cuadrados y de madera que se usan para apilar todo tipo de mercancias sobre ellas) en las que nos reuniamos para hacer el gamba o ver revistas porno que comprabamos en algun kiosko con el pretexto de que era para nuestro padre. En torno a un arbol fue precisamente, un nogal que debe tener mas años que carrascuca, donde empezamos a tomar calimochos que adquiriamos en el lidl. Fue en aquellos parajes donde pillamos nuestras primeras miniborracheras. Tambien recuerdo esos praos que en un par de ocasiones ardieron por la mano piromana de un chaval conocido por estos lares, o cuando los usabamos para huir cuando rompiamos los cristales de mi colegio a pedradas.
Luego llegarian las excavadoras y construiriann decenas de bloques de viviendas muy chulos, matando el encanto que esa zona tenia para nosotros. Creo que fui la ultima generacion en disfrutar de ello.
Sin embargo el nogal ancestral sigue ahi, haciendo esquina entre la calle Japon y la calle Ramon Areces, como si lo que sucediera a su alrededor se la sudara enormemente.
puse "echa" sin H
en mi flog tambien hice la misma jugada :oops:
Ahaha los petas los dejé hace años. Ahora no fumo (bueno... a veces).
Veo que te he hecho (con hache) recordar cosas.
Yo sólo espero que en mi pueblo no se construya, pero es eso, un pueblo y como tal tiene preservado un futuro incierto, supongo que terminará siendo un pueblo veraniego, donde las viejas casas se venderán a gente nueva que necesita un paraje natural donde pasar las vacaciones y donde las casas familiares se preservarán para los hijos que han rehecho su vida en la ciudad, y que volverán en "fiestas de guardar" con toda su progenie. Y esos días merecerán la pena, pero por lo demás es muy triste en invierno. No se ve un alma. Se está llenando de fantasmas, las calles se llenan de brumas. Y la población está muy envejecida. Así que en unos años se quedará en el esqueleto.
Sólo revivirá en las vacaciones y por la vida que le dan los albergues y el Camino de Santiago. Sino... estaría condenado al abandono.
Hola,
Es la primera vez que escribo, pero es que esta entrada me ha llegado tan profundamente que tenia que decir algo aunque solo fuera, que razon tienes.
Poco a poco, la gente no se da cuenta, tarde o temprano llegan los problemas, la distancia, cada arbol tiene sus propias experiencias y a su vez sus tristezas.
Cultiva esos 4 árboles y no dejes que el ultimo se seque pues te dolera para siempre.
Besos, N :P
No dejaré que NINGUNO se seque ;)
Tus palabras me agradan, N.
Por un momento había pensado que eras otra persona :P
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