Cuando llegaron los peregrinos de Canterbury en 1850 para fundar sus nuevas colonias, enseguida se dieron cuenta del potencial para la cría del ganado que tenía la zona, y los empresarios rurales –granjeros que utilizaron como pasto las llanuras, los valles y el interior de Canterbury –se convirtieron en una fuerza económica y política.
Aunque la reforma del territorio de finales del siglo XIX hizo que se rompieran estas grandes propiedades, todavía se conservan como pastos grandes extensiones de tierras altas, muchas arrendadas, sobre todo en Canterbury.
Buenas carreteras y una moderna red de comunicación han contribuido a reducir el aislamiento y la dureza de la vida en esta zona, aunque siga rigiéndose por sus condiciones climáticas y geográficas y por el ciclo anual de la ganadería.
Durante el verano, el ganado pasta en las laderas de las montañas y, antes de llegar el invierno, se traslada hacia pastos más bajos. El proceso necesita varios días y es dirigido por hombres a pie o a caballo con la ayuda de perros ovejeros. Tras la época de esquileo, la reproducción y la cría de los corderos, el ganado vuelve a trasladarse a las tierras altas para pasar el verano.
El esquileo es realizado por equipos de esquiladores que utilizan unas tijeras manuales que dejan una capa de lana protectora en la espalda de las ovejas.
La especie dominante de las que se crían en las tierras altas es la raza merina, resistente y con lana de gran calidad.
Carnero de raza merina
La lana de oveja merina de las tierras altas de la isla Sur es muy delicada y se utiliza para elaborar lujosos artículos de punto y delicados tejidos.
Comprar y vender ganado es un negocio que se desarrolla en las subastas de la zona, donde los granjeros compran ejemplares que mejoran la calidad y la cantidad de su producción.
Las ruedas de pienso, como el heno y el ensilaje, se cultivan como alimento suplementario para las ovejas durante el frío invierno.
El cordero asado servido con verduras, patatas y judías sigue siendo una de las comidas tradicionales favoritas.
Visitamos Morelea Farm una mañana lluviosa. Los granjeros acababan de regresar de Andalucía, donde habían disfrutado de dos semanas de vacaciones. La granja se encontraba aislada, a unos veinte minutos de la localidad de Fairly.
Nada más llegar, nos regalaron un silbato para llamar a las ovejas. Un silbato que no era tal, ya que había que saber colocar la lengua y los dientes para hacerlo sonar. Yo no lo conseguí.
El granjero nos explicó que allí había 2000 cabezas de ovejas y 300 vacas y que llevaba él solo la granja junto con su mujer. Aquí surgió una pregunta: “¿Entonces en vacaciones…?”. Nos explicó que su hijo también era granjero y no vivía muy lejos, y que era su hijo quien le había cuidado a los animales mientras habían estado en España.
Máquina para esquilar
No hizo una demostración de esquileo, porque no era la época más apropiada, ya que en Nueva Zelanda estaban terminando el otoño. Pero nos enseñó el aparato esquilador. Nos explicó que una oveja se esquila entre tres personas y que habitualmente se suelen esquilar unas 300 ovejas al día (en época de esquileo).
En la granja había dos tipos de ovejas: merinas y rommey. Las primeras producen lana para ropa, mientras que las otras dan lana para moquetas, alfombras y cortinas.
Los dos tipos de lana de oveja merina y rommey
En la granja Morelea viven de la lana, la carne y la leche, de todo aquello que producen los animales.
Cuando salimos al exterior, el granjero llamó a uno de los perros ovejeros, que nos trajo a un grupo de carneros de raza merina hasta donde estábamos. Los carneros no se movían ni un ápice y, cuando lo hacían, el perro les instaba a que se quedaran quietos. Tanto me impresionó ese perro ovejero de exposición, que le dije al granjero: “I buy you the dog”. Se rió, pero no me lo vendió. El perro me dejó impresionada.
El granjero nos dijo que una oveja de tres meses cuesta unos 120 dólares neozelandeses (unos 80 €). No reciben subvenciones del Gobierno, porque no les gusta andar entre tanto papeleo, eso nos dijo el granjero. Desde mi punto de vista, deberían facilitarles más la cosa, ya que los granjeros neozelandeses son los que sostienen la mayor parte de la economía del país.
Terminamos almorzando en la granja, con los granjeros. La cocina era muy acogedora.
El almuerzo consistía en carne de oveja y ternera, patatas y ensalada de arroz.
En Nueva Zelanda, los coches pueden llevar matrículas con los nombres de los propietarios, como es el caso del vehículo de Morelea, al que tuvo que quitar una letra porque no le cabía todo el nombre en la matrícula. Vi otros muchos coches con el nombre de los propietarios en las matrículas.