No queda mucho para el 11 de julio.
Siempre hay fechas que se nos quedan grabadas como si lo que ocurriera entonces fuera algo mágico. Es posible que en realidad aquella noche fuera mágica.
Ese día, hace dos años, conocí a un ángel. Creo que me sentí hechizada con sólo mirarle a los ojos. Desde entonces, el sentimiento que él produce en mí no ha menguado, más bien ha sido todo lo contrario.
Sólo tengo que cerrar los ojos para revivir aquel momento, aunque en breves se cumplan dos años.
Pasarán diez años y seguiré reviviendo ese momento cada 11 de julio como si hubiera sido ayer. Está claro: todos los días no se conoce a un ángel que brinda la luz al día y que lo llena todo de magia.
El 11 de julio está ya ahí. Dos años.
Dos años de sueños, de miradas, de encuentros, de risas, de recuerdos, de imaginación, de dulzura, de luz, de imágenes, de lágrimas, de hechizos, de música, de felicidad, … DE MAGIA.
Magia… magia es la que me rodea en estos momentos y con ese halo de magia es un buen momento para ir a dormir. O a soñar. O a imaginar. O a recordar. O a revivir ese momento único.
Si recuerdo tan bien esta fecha es porque hay otra fecha próxima que es la que me hace no olvidar el día que le conocí.
Hace dos años empecé a creer en el amor.
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