Hoy ha sido un día demasiado largo. No me apetece escribir, ni sobre el viaje ni sobre nada. Me apetece desconectar de todo.
Lo que me apetece es dormir. Descansar con la mente en blanco. ¿Será posible...?
Una vez, hace mucho tiempo ya, cuando estaba en la escuela, leí un cuento. Trataba sobre una semilla desde que es plantada hasta que es recolectada. En realidad, la protagonista no era la semilla, sino las estaciones. A veces, los seres humanos vamos a la par que las estaciones, pero de una forma más espaciada en la vida. Un día te encuentras sembrando una semilla, que tras mucho sol y mucha agua germinará dando lugar a las flores y, más tarde, a los frutos. Cuando están maduros hay que recolectarlos. Pero, ¿qué ocurre cuando el fruto se echa a perder y te encuentras ante un paraje yermo y no tienes en la mano ni tan sólo una semilla para sembrar...?
Son todos símbolos: la semilla que planté, los soles que ayudaron a florecer, el fruto a punto de echarse a perder. Mimé la semilla, pero estaba destinada a perecer.
"El sentimiento es una flor delicada, manosearla es marchitarla". (Mariano José de Larra)
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