El ingenio nos puede salvar de algunas situaciones realmente difíciles y, si no, que le pregunten a Simbad el Marino, que ya se creía derrotado cuando se le ocurrió cómo huir del ave Roc.
Simbad el Marino fue un aventurero que viajó por muchos lugares. Era hijo de una familia muy rica y heredó una gran fortuna, pero la dilapidó en poco tiempo en fiestas con sus amigos. Al verse sin un solo céntimo, y pensando que no tenía nada que perder, Simbad metió las pocas pertenencias que le quedaban en un saco y se embarcó en una nave de comerciantes.
En cierta ocasión, Simbad fue abandonado sin querer por sus compañeros de navío. Se quedó dormido sobre la playa y no pudo partir con ellos. Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue una cúpula blanca y una enorme nube que cubría el cielo. Todavía un poco adormilado, cerró los ojos y siguió durmiendo.
Al despertar, descubrió con sorpresa que la cúpula era un enorme huevo y que la sombra la daba un enorme águila que cuidaba del huevo. ¿Qué clase de ave podía tener ese tamaño? Recordó entonces las historias del ave Roc, una especie de águila gigante capaz de levantar con sus garras a caballos y elefantes.
Simbad pensó que debía ser muy prudente si quería salvarse. Esperó sin moverse a que el ave se posara sobre los huevos para empollarlos y, en ese momento, Simbad se quitó su turbante y, con mucho cuidado, ató uno de sus brazos a la pata del animal. Al cabo de un rato el ave levantó el vuelo y se posó sobre una montaña. Sin emitir un solo ruido para no ser descubierto, Simbad desató el nudo y quedó libre de nuevo.
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