No sabría muy bien en qué género encuadrar esta película, aunque podría ser ciencia ficción con un toque de romanticismo. Lo cierto es que me gustó bastante, quizás por el tema que toca: ¿estamos todos predestinados o no hay un guión escrito desde antes de que nazcamos?
David Norris (Matt Damon) es un ambicioso político deseoso de conseguir un asiento como senador en Estados Unidos. En una derrota catastrófica, debido a la información mediática en contra de sus excesos de juventud, conoce a Elise (Emily Blunt), una magnífica bailarina. A partir de este encuentro, surge el amor a primera vista.
Ellos quieren estar juntos, pero el destino les tiene reservados otros planes. Estos planes se llevan a cabo a través de unos misteriosos individuos que harán todo lo posible por tener separados a los jóvenes. El destino le tiene reservado a David la presidencia del país más poderoso del mundo, mientras que Elise terminará convirtiéndose en una célebre bailarina de éxito mundial.
Cuando a David se le muestra lo que está sucediendo, ha de decidir si acepta seguir el camino predestinado o si, por el contrario, desea enfrentarse a su destino para estar junto a Elise.
Harry (Anthony Mackie) es uno de esos agentes del Destino que se da cuenta de que quizás son ellos los que están equivocados y hace lo posible por ayudar a David, explicándole el significado de las puertas y de los sombreros. David y Elise lucharán por su amor y ganarán la batalla al Destino.
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