La estación de ferrocarril de la ciudad de Dunedin es un hermoso edificio histórico y uno de los mejores ejemplos que existen de estación de ferrocarril de todo el Hemisferio Sur. Aunque no demasiado grande según los patrones internacionales, sus delicadas proporciones le dan un cierto aire de grandeza. Este edificio, construido en estilo renacentista flamenco, fue diseñado por el arquitecto neozelandés George Troup, y se inauguró en 1906. Posiblemente sea la construcción de hierro más hermosa del país. A mí este edificio me gustó muchísimo. Llegué a visitarlo dos veces en diferentes momentos del día (por la mañana y por la tarde).
En el exterior se alternan los detalles en piedra caliza beige de Oamaru, muros en piedra azul de Central Otago y columnas de granito de Aberdeen. Mientras, el tejado está cubierto con tejas de arcilla de Marsella traídas directamente de Francia. Las ventanas de las buhardillas que salen al tejado a dos aguas son típicas de la arquitectura flamenca.
La torre del reloj se eleva 37 metros sobre el nivel de la calle. Los hermosos leones tallados en piedra de cada esquina de esta torre guardan la cúpula que se alza detrás.
En el interior, las ventanillas están decoradas con baldosas blancas y coronadas con el logotipo de la antigua compañía New Zealand Railways. Sobre las ventanillas, un friso con querubines y follaje, realizado por el taller de la Royal Doulton, en Inglaterra, rodea el vestíbulo, en el que se venden los billetes tras un balcón de hierro forjado.
Dos vidrieras en el entresuelo del balcón muestran unas locomotoras acercándose con las luces encendidas, situadas una frente a otra a través del vestíbulo.
La escalera está adornada con una balaustrada de hierro forjado y escalones de mosaico Royal Doulton. Sube desde el vestíbulo hasta el balcón superior.
Los suelos son de mosaico. Más de 725.000 piezas de porcelana de la Royal Doulton forman imágenes de locomotoras de vapor, junto al logotipo de la New Zealand Railways.
La plataforma es el punto de llegada y salida de los viajeros que cogen el Taieri Gorge Railway, que es un tren turístico que recorre toda la Península de Otago.
Un país como Nueva Zelanda no utiliza mucho un medio de transporte como es el tren. De hecho, pocas ciudades cuentan con una estación de tren y las pocas que hay están vacías y son más monumentos de atracción turística que lugares donde apearse o coger un tren. Los pocos viajeros que lo usan no amortizan el coste de los trenes ni el mantenimiento de las vías férreas.
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