Creo que me equivoqué en una cosa: nunca le dije que le quería. Se lo debería haber dicho, por mucho que me costara, aunque sólo fuera para que le constara que había alguien que le quería muchísimo. Pero es algo que cuesta decirlo. Desconozco cuántas veces lo habré dicho en el pasado, pero muy pocas. Una vez lo dije, tan sólo una vez. Y quería a esa persona. Hace ya... Y luego dejé de querer.
Entonces la cerilla se apagó. Pero ahora la llama sigue ardiendo, me gustaría que no ardiera cada vez más, que es la sensación que tengo últimamente. He intentado apagar la llama por mis propios medios y no ha sido posible. Es que nunca hasta ahora había conocido a un ángel. Creo que es su magia. Quizás es que nunca había querido tan profundamente a alguien. Me trae de cabeza y, aunque me cueste admitirlo, ya me ha hecho llorar.
Ya no le voy a decir que le quiero. Ya no. Es tiempo de silencio. Aunque la llama siga ardiendo en mí...
Lo más duro es querer a alguien en silencio. Debería habérselo dicho alguna vez, pero ya es tarde.
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