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domingo, marzo 15, 2009

H. P. Lovecraft

Tal día como hoy, 15 de marzo, moría hace 72 años Howard Phillips Lovecraft en una cama de hospital a los 46 años de edad. Fascinada por los relatos que he acabado hoy (aunque he comprobado que aún me quedan los que escribió conjuntamente con otros autores) y con una descontrolada curiosidad sobre la vida del escritor, considero necesario y justo hablar de él.

H. P. Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en la casa familiar del 454 de Angell Street en Providence, Rhode Island. Su madre se llamaba Sarah Susan Phillips Lovecraft y su padre era Windfield Scott Lovecraft, un viajante de Gorham & Co., joyeros establecidos en Providence.
En su más tierna infancia, su padre sufrió una crisis nerviosa en una habitación de hotel de Chicago y fue ingresado en el Hospital Butler, donde permaneció hasta su muerte en 1898. Durante ese período, al joven Lovecraft se le informó de que su padre estaba paralizado y comatoso, aunque en realidad murió de paresia, una variante de la sífilis.
Tras la muerte de su progenitor, la educación del chico recayó sobre su madre (que le sobreprotegía), sus dos tías y, especialmente, su abuelo, el prominente industrial Whipple Van Buren Phillips. Lovecraft fue un niño precoz: recitaba poesía a los dos años, leía con facilidad a los tres y escribía con fluidez a los siete.
A los cinco años leyó Las mil y una noches, obra que le entusiasmo especialmente. En esta época adoptó el pseudónico Abdul Alhazred, personaje que después se convertiría en el autor del mítico Necronomicon. Sus intereses sobre lo árabe se verían eclipsados por el descubrimiento de la mitología griega, a través de Bulfinch’s Age of Fable y versiones juveniles de La Odisea y La Ilíada. En su trabajo más antiguo conservado, El poema de Ulises (1897), parafrasea La Odisea en 88 versos de rima interna. Para entonces ya había descubierto la ficción y su primera historia no conservada, The Noble Eavesdropper, data de 1896. Su interés por la ficción fue estimulado e impulsado por su abuelo, que le entretenía con historias improvisadas al estilo gótico de terror.
Lovecraft fue un niño solitario y retraído, aquejado con frecuentes enfermedades, algunas de carácter psicológico, por lo que asistió de manera esporádica a la escuela de Slater Avenue, donde absorbía gran cantidad de información a través de lecturas individuales.
A los ocho años entró en contacto con la ciencia, concretamente la química y la astronomía. Empezó a editar periódicos de aficionados, como La gaceta científica (1899-1907) y La gaceta de Astronomía de Rhode Island (1903-1907), distribuyéndolos entre sus amigos.
Cuando ingresó en la escuela superior de Rhode Island, amigos y profesores le animaron en sus intereses y actividades literarias. De esta época datan amistades duraderas con jóvenes de su edad.
En 1906 escribió para el Providence Sunday Journal una carta de tema astronómico. Era la primera vez que se publicaba algo escrito por él. Poco después, empezó a escribir una columna mensual, en donde tocaba el tema de la astronomía, para el Pawtuxet Valley Gleaner, periódico de corte rural. Otros trabajos periodísticos incluyen colaboraciones, siempre como columnista, para el Providence Evening News (1914-1918) y para The Assevilley Gazette News (1915).
Con la muerte de su abuelo en 1904 y la mala gestión de su herencia, la familia de Lovecraft se vio envuelta en serios problemas económicos. Lovecraft y su madre se tuvieron que mudar a una modesta casa en el 598 de Angell Street. La pérdida del hogar familiar fue devastadora para Lovecraft. En esta época, se le relaciona con unos terribles y aparentes deseos de suicidio, motivado por sus largos paseos en bicicleta hasta el río Barrington, donde se quedaba mirando especulativamente las profundas aguas. Sólo la búsqueda de conocimiento representa un aliciente para seguir viviendo. A pesar de esto, en 1908, sufre una depresión nerviosa que le fuerza a abandonar la High School sin graduarse. Este infortunio, unido a la imposibilidad de ingresar en la Universidad de Brown, fueron dos hechos que le pesaron durante toda su vida, a pesar de que Lovecraft fue uno de los autodidactas más formidables de su tiempo.
Entre 1908 y 1913, Lovecraft vivió recluido en su casa, haciendo pocas cosas aparte de sus estudios astronómicos y su poesía. Durante este período, Lovecraft desarrolló una insana dependencia de su madre, que aún sufría por el trauma provocado por la enfermedad y muerte de su esposo, que la llevó a desarrollar una relación patológica de amor-odio hacia su hijo.
Lovecraft salió de su reclusión de una manera muy particular. Aficionado a la literatura ‘pulp’ de la época, se sintió tan ofendido por las insípidas historias de amor escritas por Fred Jackson en el Argosy (popular magacín de la época), que escribió una carta en verso atacando a Jackson. La carta se publicó en 1912 y provocó una tormenta de protestas por parte de los defensores de Jackson. Lovecraft se embarcó así en una encendida polémica en la sección de “Cartas al Director” del Argosy, donde sus respuestas eran casi siempre sonetos dieciochescos reminiscentes de Dryden y Pope. Esta controversia no pasó desapercibida para Edward F. Daas, presidente de la United Amateur Press Association (UAPA), Asociación de Prensa amateur de todo el país, que escribía y publicaba sus propios magacines. Lovecraft, invitado por Daas, se unió a la Asociación en 1914. Lovecraft publicó trece números de su propia revista amateur, el Conservative (1915-1923), además de contribuir con ensayos y poesía en otras publicaciones. Lovecraft llegaría a convertirse en presidente y editor oficial de la UAPA, sirviendo además de presidente a la asociación rival NAPA (National Amateur Press Association).
Esta experiencia salvó a Lovecraft de una existencia de reclusión improductiva, como él mismo diría en una ocasión:
"En 1914, cuando el Amateurismo me tendió su amable mano, estaba tan cercano como cualquier animal al estado de vegetativismo... Con la llegada de United, encontré una nueva razón para vivir; un renovado sentido de mi existencia, encontrando una esfera en la cual podía sentir que mis esfuerzos no eran del todo inútiles. Por vez primera, pensé que mis infantiles escarceos en el mundo del arte eran algo más que gritos perdidos en el sordo vacío".
En este mundillo de amateurs, Lovecraft retomó la escritura de ficción, que había abandonado en 1908. W. Paul Cook, intuyendo lo prometido en cuentos de juventud como La Bestia de la Cueva (1905) y El Alquimista (1908), animó a Lovecraft a escribir ficción de nuevo. Lovecraft escribió entonces La Tumba y Dagón durante el verano de 1917. A partir de ese momento, Lovecraft mantendrá un flujo regular de creaciones de ficción, aunque hasta 1922, sus principales estilos literarios serían la poesía y el ensayo. A partir de aquí también comienza la creciente red de correspondencia con amigos y colaboradores, convirtiéndose eventualmente en uno de los escritores de cartas más prolíficos de su siglo, legándonos una cantidad que oscila entre las 60.000 y las 100.000 cartas.
La madre de Lovecraft, cuyas condiciones mentales y físicas la habían llevado a una rápida espiral descendente, sufrió una depresión nerviosa en 1919 y fue ingresada en el Butler Hospital, donde permanecería hasta su muerte en 1921.
La pérdida de su madre fue devastadora para Lovecraft, pero en unas semanas se había recuperado lo suficiente como para acudir a una convención de periodismo amateur en Boston. En este evento conoció a su futura esposa. Sonia Haft Greene era una judía de origen ruso, siete años mayor que Lovecraft. El flechazo fue mutuo. Lovecraft visitó a Sonia en su apartamento de Brooklyn en 1922 y la noticia de su boda el 3 de marzo de 1924 no fue una sorpresa para sus amigos, aunque sus dos tías, Lillian D. Clark y Annie E. Phillips Gamwell, se enteraron por carta una vez pasada la ceremonia. Lovecraft se mudó inmediatamente al apartamento de Sonia y en un principio el futuro parecía prometedor: Lovecraft había puesto un pie en el mundo profesional gracias a la publicación de varias de sus historias en Weird Tales, el conocido magacín pulp fundado en 1923, mientras que Sonia regentaba una exitosa tienda de sombreros en la Quinta Avenida.
Sin embargo, los problemas se abatieron sobre la pareja enseguida: la tienda sufrió bancarrota, Lovecraft rechazó la oportunidad de editar un magacín asociado a Weird Tales (que hubiese implicado su traslado a Chicago) y la salud de Sonia empezó a deteriorarse, lo que la llevó a pasar largas temporadas en un sanatorio de Nueva Jersey. Lovecraft intentó conseguir un trabajo estable, pero nadie deseaba contratar a un hombre de 34 años sin ningún tipo de experiencia anterior. En 1925, Sonia se fue a Cleveland para conseguir un trabajo, mientras Lovecraft se mudó a un apartamento de soltero cerca de la insalubre zona de Brooklyn, llamada Red Hook.
Aunque Lovecraft tenía amigos en Nueva York (Frank Belknap Long, Rheinhart Kleiner, Samuel Loveman), comenzó a sentirse deprimido por su aislamiento entre las masas de "extranjeros" de la ciudad. Su ficción varía entre lo nostálgico, The Shunned House (1924), ambientada en Providence, a lo amargado y misantrópico, El Horror de Red Hook y Él (ambos escritos en 1924 dejan bien claros sus sentimientos hacia Nueva York).
A principios de 1926 se planeó que Lovecraft volviera a su añorada Providence. Pero Sonia no encajaba en estos planes. Aunque seguía sintiendo afecto por ella, consintió cuando sus tías se negaron a la propuesta de Sonia de abrir un negocio en Providence: su sobrino no podía estar casado con una simple tendera. El matrimonio estaba roto y el divorcio llegó en 1929.
Cuando Lovecraft volvió a Providence el 17 de abril de 1926, estableciéndose en el 10 de Barnes Street, no fue para enterrarse a sí mismo. Más bien, sus últimos años de vida fueron los de su florecimiento, como escritor y como persona. A partir de entonces, su vida fue relativamente calmada. Viajó a varios lugares de América en busca de antigüedades (Québec, Nueva Inglaterra, Filadelfia, Charleston, St. Agustine); escribió su mejor ficción, desde La llamada de Cthulhu (1926) hasta En la noche de los tiempos (1934-1935), pasando por Las montañas de la locura (1931), además de continuar con su extensa correspondencia.
En Nueva Inglaterra, Lovecraft encontró su lugar como escritor de ficción fantástica y como hombre de letras en general. Promocionó las carreras de muchos jóvenes escritores (August Derleth, Donald Wandrei, Robert Bloch, Fritz Lieber) y fue implicándose cada vez más en los temas económicos y políticos de su tiempo, apoyando a Roosevelt durante la Gran Depresión y aproximándose hacia una especie de socialismo moderado. Aun así continuó absorbiendo conocimientos en muchos y variados temas, desde la filosofía hasta la literatura, pasando por la arquitectura.
Los dos últimos años de su vida fueron bastante duros. Su querida tía Mrs. Clark murió en 1932. Un año después HPL se muda con su otra tía, Mrs. Gamwell, al 66 de College Street, justo detrás de la John Hay Library (Biblioteca que, en la actualidad, contiene numerosos documentos del autor, manuscritos y cartas de su puño y letra).
Sus últimos relatos, cada vez más largos y complejos, fueron difíciles de vender, y se vio obligado a mantenerse a través de las "revisiones" de obras de otros autores, así como a escribir historias de fantasmas, poesía y trabajos de no-ficción.
El suicidio de uno de sus mejores amigos, Robert E. Howard en 1936 le dejó confuso y entristecido. Por esa época, la enfermedad que causaría su muerte, cáncer intestinal, se había extendido mucho. El 10 de marzo de 1937 ingresó en el Hospital Memorial Jane Brown, donde falleció cinco días después. Fue enterrado el 18 de marzo en el mausoleo familiar de los Phillips en el cementerio de Swan Point.
Es posible que, al final de su vida, Lovecraft temiese el olvido al que parecía estar condenada su obra, ya que no había publicado ningún libro en vida, excepto la edición barata de La sombra sobre Innsmouth (1936) y los relatos, ensayos y poemas que estaban desperdigados por un sinfín de magacines pulp y amateur.
Sin embargo, las amistades que había forjado por correspondencia salvaron su legado: August Derleth y Donald Wandrei estaban determinados a preservar los relatos de Lovecraft en la dignidad de los libros de tapa dura. Fundaron la editorial Arkham House para publicar la obra del "príncipe de Providence" (tal como le llama Stephen King), estrenándose con The Outsider and Other en 1939.
Muchos más volúmenes continuaron publicándose después y finalmente el trabajo de Lovecraft pudo contemplarse en libros que se tradujeron a más de una docena de idiomas. En la actualidad, sus relatos se encuentran disponibles en recopilaciones ampliamente comentadas; sus ensayos, poemas y cartas son accesibles para el numeroso público y muchos estudiosos han escrito sobre las profundidades y complejidades de su trabajo y pensamiento.

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) se ha convertido en uno de los escritores de horror y ciencia ficción más influyentes y leídos del siglo XX; su obra es objeto de culto para los adoradores del terror. Injustamente ignorado en vida, fue después de su muerte cuando sus amigos y colegas se empeñaron en difundir su obra a cualquier precio y finalmente se le prestó la atención que merecía. Hoy en día, Lovecraft ocupa un lugar preeminente en el canon de la literatura norteamericana. Parte de su obra ha sido publicada en la Library of America, una especie de "salón de la fama" literario, donde comparte catálogo con genios de la talla de James Fenimore Cooper, F. Scott Fitzgerald, Herman Melville, Mark Twain o Edgar Allan Poe.

En sus relatos, HPL desplaza al hombre como centro de la narración e instaura como eje supremo al cosmos o al ambiente. El débil desarrollo de los personajes y la casi total ausencia de diálogos son reemplazados por descripciones exhaustivas y tremendamente adjetivizadas de lugares y sucesos, llegando a veces a exasperar al lector moderno, acostumbrado a usos estilísticos más dinámicos.
Su declarado y manifiesto ateísmo, junto con sus peculiares experiencias familiares y su historia de reclusión física y espiritual en su ciudad natal, nos pueden dar luces sobre algunos de los temas más recurrentes en su literatura. Los estudiosos suelen dividir su obra en tres grandes grupos: sus cuentos de fantasía pura, los relatos de horror cósmico o numinoso y, por último, aquellos que continuaron una línea clásica del terror.
Muchas de sus historias enfrentan al hombre con el conocimiento de lo prohibido, en donde el protagonista ve colapsar su cordura frente a la abismal enormidad de lo descubierto. También nos muestra la inefable influencia de poderosos y primigenios seres cósmicos, extraterrestres o de otras dimensiones sobre una humanidad "extranjera" en su propio hogar.
Otra de sus líneas argumentales más trabajadas es la que habla sobre culpas atávicas, en las que los descendientes deben pagar por los pecados de los antepasados o sufrir la consecuencia de pertenecer a estirpes de sangre maldita (como en el caso de El horror oculto, La sombra sobre Innsmouth y El caso de Charles Dexter Ward. Tampoco se puede dejar de mencionar el poco disimulado racismo que manifiesta en muchos de sus escritos, cierta misoginia y sus ideas sobre la imposibilidad de escapar al destino o el temor de ver a la sociedad occidental amenazada por fuerzas bárbaras o primitivas.

Lovecraft y el cine
De joven, Lovecraft fue un gran aficionado al cine mudo, sobre todo entre 1908 y 1913 (su época de reclusión). Los primeros locales que se abrieron en Providence comenzaron a funcionar en marzo de 1906, y asistió a las primeras funciones “con el mismo espíritu con el que había leído a Nick Carter, Old King Brady & Frank Reade”, los populares héroes de las dime novels (folletines en fascículos de diversos géneros: western, policíaco, de aventuras o fantástico), que se vendían a diez centavos (un dime), indudable antecedente de las revistas pulp.
Sus actores favoritos eran Douglas Fairbanks, Mary Pickford y en especial Chaplin, a quien dedicó un poema en octosílabos titulado To Charlie of the Comics (1916).
Entre las películas que vio destacan, además de todos los cortos de Charlot, "El nacimiento de una nación" (1915) y "El lirio roto" o "La culpa ajena" ("Broken Blossoms", 1919), de David W. Griffith. Posteriormente, arrastrado por su esposa Sonia y su amigo Frank Belknap Long, que no habían perdido aún el interés por el cine como le pasaba a él, vio, entre otras, "El ladrón de Bagdad" (1924), de Raoul Walsh, cuyos fabulosos decorados le debieron fascinar; "El fantasma de la ópera" (1925), la gran creación de Lon Chaney, y "El mundo perdido" (1925), adaptación de la novela de Conan Doyle, que constituyó un verdadero hito en la utilización de efectos especiales.
A su regreso a Providence tras el divorcio, se extinguió su afición al cine, aunque contempló las primeras muestras de cine sonoro. Tanto "Frankenstein" como "Drácula", ambas de 1931, le aburrieron soberanamente, a pesar de que trataban un tema que le era bastante afín, y en la segunda incluso abandonó la proyección. En esta época sólo gozó de su agrado la película de Frank Lloyd "La Plaza de Berkeley" (1933).
Si hoy viviera, es probable que no aprobara la extraña peculiaridad de la actual sala cinematográfica de su ciudad natal, Cable Car Cinema, que, además de ofrecer una selecta programación para cinéfilos, compuesta principalmente por cine independiente americano y películas extranjeras, presume de ser la más original del mundo: su parte central está ocupada por sofás de dos plazas.

La literatura de Lovecraft tiene mucho potencial para cautivar la atención de guionistas, productores, realizadores y público cinematográfico. Tal vez sea por aquella peculiaridad de sus cuentos, que los interrelaciona sutilmente unos con otros, ambientándolos en esos inquietantes lugares irreales de Nueva Inglaterra; o la casi permanente mención del fantástico y poderoso Necronomicon, libro maldito que aún muchas personas pueden pensar que realmente existe.
O aquellos horrores tan profundos que las palabras no alcanzan a describirlos y pueden llevar a la mente a imaginar lo inimaginable. La presencia de todos estos elementos tomados del ocultismo esotérico, la ciencia y el periodismo de la época, constituyen un terreno fértil para despertar la imaginación del más escéptico. Y el cine de terror, estando siempre a la caza de elementos perturbadores, no podía dejar pasar de largo estas angustiantes historias.
Sin embargo, Hollywood tardó en encontrar y adaptar al cine el filón creativo de Lovecraft. No es hasta 1963, 25 años después de su muerte, cuando se estrena "El Palacio de los Espíritus" ("The Haunted Palace"), que es una adaptación bastante libre de El caso de Charles Dexter Ward. Por razones de marketing, el productor y director Roger Corman utilizó para el título del film uno de los poemas de Edgar Allan Poe. La película tuvo regular aceptación entre el público.
Seguirían luego "Die, Monster, Die!" (1965) y "Curse of the Crimson Altar" (1968), protagonizadas por Boris Karloff e inspiradas por El color surgido del espacio y Los sueños en la casa de la bruja, respectivamente. La primera perdió totalmente la línea argumental del relato de horror de Lovecraft, llevándolo hacia la ciencia ficción, mientras que la otra desperdicia el reparto reunido (entre los que se encontraban Christopher Lee y Barbara Steele) en una historia que pierde fuerza y se torna aburrida. Mucho más efectiva resultó la adaptación de la misma historia hecha para televisión en 2005, dentro de la serie "Masters of Horror" y dirigida por Stuart Gordon.
Los años 70 trajeron consigo la versión cinematográfica de uno de los relatos esenciales del ciclo literario de los Mitos de Cthulhu: El horror de Dunwich (1970), producida por Roger Corman y dirigida por Daniel Haller. La historia del nefasto Wilbur Whateley, interpretado por Dean Stockwell, es recreada con toques psicodélicos, incorporando al personaje Nancy Wagner (Sandra Dee), que no aparece en la obra literaria. En la película, el horror que inspira el original está ausente.
En Italia, la influencia “lovecraftiana” se dejó sentir a través de Lucio Fulci, uno de los grandes propulsores del ‘gore’ más explícito. Sus películas "Paura Nella Città Dei Morti Viventi" (1980) y "Quella Villa Accanto al Cimitero" (1981) hacen constantes referencias a creaciones y lugares de la obra del autor de Providence.
Posiblemente la más popular y taquillera traslación a la pantalla de una obra de Lovecraft sea "Re-Animator" (1985), basada en Herbert West, Re-Animator, una historia de la cual HPL manifestó no sentirse totalmente satisfecho. Dirigida por Stuart Gordon y protagonizada por Jeffrey Combs, dos grandes personajes del cine de terror ochentero, esta hilarante historia sobre una sustancia que puede reanimar cadáveres, logró desatar una nueva ola de películas basadas en los cuentos del autor.
La misma combinación (Lovecraft, Gordon, Combs) volvió a reunirse en "From Beyond" (1986), secuela del relato corto Desde el Más Allá, en el que un científico logra inventar una máquina (el ‘resonator’) que estimula la glándula pineal, abriendo la mente a una dimensión paralela habitada por monstruosos seres. Se trata de una producción sumamente entretenidoa con una buena banda sonora y efectos especiales bastante apreciables para la época.
En 1987 llegaría una nueva versión cinematográfica de El color surgido del espacio. Se trata de "La Granja Maldita" ("The Curse"), en donde un meteorito cae en el campo de una familia de granjeros produciendo terribles mutaciones físicas y psicológicas entre sus miembros. La historia guarda muy poca relación con lo que Lovecraft quería transmitir en lo que él consideraba su relato favorito. El horror atmosférico se pierde para dar paso a la repugnancia y el ‘gore’ explícito.
Una suerte similar correría la adaptación de Lo innombrable. Estrenada en nuestro idioma con el título de "Donde duerme el Horror" ("The Unnamable", 1988), el filme contiene muchas referencias a Lovecraft: los personajes de Randolph Carter y Charles Dexter Ward son prestados de otros relatos del autor, se menciona al Necronomicon, parte de la acción de desarrolla en la Universidad Miskatonic, etc., pero rápidamente degenera en una burda película estudiantil de horror. Sin embargo, su exiguo éxito llevó al director, Jean-Paul Ouellette, a realizar una pseudo-secuela llamada "The Unnamable II: The Statement of Randolph Carter" (1993).
Dan O’Bannon dirigió "The Resurrected" (1992), una interesante revisión de El caso de Charles Dexter Ward, en la que Chris Sarandon interpreta el doble papel de Joseph Curwen y Charles Dexter Ward. Las criaturas deformes (sobre todo la moribunda que los lugareños se encuentran flotando en el río) son de los más “lovecraftiano” que se ha visto en la pantalla. En 1994 apareció "Necronomicon", película compuesta por tres relatos enlazados por la presentación del propio Lovecraft, encarnado por Jeffrey Combs.
La trilogía "Evil Dead" de Sam Raimi y los llamados filmes apocalípticos de John Carpenter ("The Thing", "Prince of Darkness", "In the Mouth of Mandes"), a pesar de no estar basados en ninguno de los relatos de HPL, transportan al espectador a universos en los que la influencia “lovecraftiana” no pasa desapercibida.
El nuevo milenio trajo consigo "Dagon: La Secta del Mar" (2001), nada despreciable producción de la Fantastic Factory, dirigida por Stuart Gordon y basada en los cuentos de Dagón y La sombra sobre Innsmouth. Dos parejas tienen un accidente en el mar, llegando al extraño pueblo de Imboca e iniciando una lucha por sobrevivir a los temibles mutantes humano-marinos que lo habitan.
La más fiel de las adaptaciones de HPL es "La llamada de Cthulhu" ("The Call of Cthulhu", 2005). En esta producción muda y en blanco y negro, el director novel Andrew Leman realizó un homenaje al cine expresionista respetando fielmente la línea argumental de la historia original, inclusive la estructura capitular. No hay ‘gore’, desnudos ni lenguaje obsceno; sólo 47 minutos de pura mitología “lovecraftiana”, como para transmitir a las nuevas generaciones.
Tal es la influencia de la literatura de HPL en el séptimo arte que desde 1995 se viene realizando el H.P. Lovecraft Film Festival, como un espacio donde los realizadores profesionales y amateurs pueden seguir rindiendo tributo a este genio del horror.
Muchas otras adaptaciones e inspiraciones han quedado en el tintero. Pero es innegable que el inagotable universo creado por Lovecraft y sus seguidores seguirá alimentando la imaginación de los guionistas por mucho tiempo.

Lovecraft vs Poe


Lovecraft era gran admirador de Poe, de hecho en los relatos de Lovecraft se pueden ver muchos influjos de Poe. 
Aprovechando que es el año de Edgar Allan Poe (se cumplen 200 años de su nacimiento), he optado por releerlo de nuevo. La primera vez tenía dieciséis años y no lo disfruté en todo su esplendor, ya que me vi apurada por el tiempo y la obligación de entregar un trabajo al profesor de literatura. Nos dio una lista y teníamos que escoger un autor. No sé aún muy bien por qué, opté por Edgar Allan Poe. En aquella época adolescente, me fascinó. 

El Asiduo de las tinieblas

Éste es el último relato de la Narrativa completa, lo cual me produce una extrema sensación de vacío indescriptible e infinita pena. Imagino que en un tiempo lo retomaré y volveré a perderme entre las magistrales historias del Genio. El segundo volumen es mucho mejor que el primero, debido sin duda a que los textos son más maduros y los personajes están mejor perfilados, todo unido a la búsqueda incesante de escenarios sublimes magníficamente descritos.
En una de las notas leí que H.P. Lovecraft en una de sus cartas contaba que había destruido la mayor parte de sus escritos (muchos de los cuales han quedado inmortalizados a través de sus poesías). Me pregunto cuál hubiera sido su legado si no hubiera muerto tan joven (46 años) y si no hubiera destruido todo eso...

Robert Blake aparece muerto en el estudio de su casa de Providence, frente a la ventana desde la que se ve la iglesia abandonada de Federal Hill. Muchos creen que falleció debido a la descarga eléctrica de un rayo, pero su cadáver no está chamuscado, y su rostro revela una profunda expresión de terror.
En su diario cuenta que llegó a Providence para dedicarse a la escritura y la pintura. Desde su ventana se veía una iglesia abandonada y oscura, que los pájaros evitaban. Todas las tardes se sentaba en la ventana y se imaginaba historias, hasta que un día decidió visitar ese templo.
En las laberínticas calles de Federal Hill, zona poblada por italianos, todo el mundo al que preguntaba huía y hacían signos con las manos en contra de un mal insano. Blake, cuando encontró la iglesia en ruinas, entra y recorre sus oscuros y silenciosos muros. En una estancia pentagonal con siete sitiales vacíos hay una caja con una piedra que reluce. Su mirada no puede apartarse de esa enigmática piedra. En un rincón yacen los huesos desparramados y carcomidos de un periodista, del que aún se conservan parte de sus notas y papeles. En las notas se habla de un ser de la oscuridad que sólo puede regresar al mundo si alguien mira fijamente el Trapezoedro Resplandeciente. También encuentra información sobre ciertas desapariciones para hacer sacrificios rituales a través de una secta de las Estrellas. Antes de que caiga la noche, Blake huye aterrorizado en casa. Desde su ventana sigue observando la oscura iglesia en ruinas. Sus temores se hacen realidad cuando lee los periódicos: personas que desaparecen misteriosamente, ruidos de aleteos en la oscuridad, vidrieras rotas... Blake cae en una depresión nerviosa, pues sabe que ese extraño ser de las tinieblas vendrá a por él. Y una noche de tormenta en que se va la luz... los italianos apostados junto a la iglesia escuchan las enormes alas negras que salen y ven una sombra más oscura que la noche surcar el cielo en dirección a la casa de Blake.

El final es un guiño a Edgar Allan Poe, porque se supone que el Asiduo de las tinieblas y Robert Blake comparten la misma alma (La caída de la casa Usher).

La sombra de otro tiempo

Quizás este relato de H.P. Lovecraft es, de todos los que he leído, el que mayor simbolismo político contiene. Fue escrito a finales de 1934 y principios de 1935. Teniendo en cuenta estas fechas, que Hitler llegó al poder en 1932 y que, para la época del relato, ya empezaba a sembrar ese terror racial, cuando H.P. Lovecraft habla de la Gran Raza de Yith, una raza de seres inteligentes superior a la humana, cuyo tipo de gobierno es un socialismo fascista... es inevitable no pensar en lo que estaba ocurriendo en Europa en aquella época (y lo que aún estaba por llegar). Es curioso observar cómo, además, el nombre del protagonista, Nathaniel, es de origen judío; no creo que sea una mera coincidencia. 
Desde mi punto de vista, creo que Lovecraft utiliza este simbolismo para dar su propia versión desde una perspectiva literaria y, finalmente, no se hace complicado relacionar los hechos históricos con el paralelismo ideológico de este relato. 

Nathaniel Wingate Peaslee, profesor de Economía en la Universidad Miskatonic de Arkham, tiene una afección de amnesia que le durará cinco años. Un día, en medio del aula, se desvanece y pierde todos los recuerdos. Su familia le ve como un extraño y todos, menos uno de sus hijos, le abandonan. Es entonces cuando el profesor Peaslee empieza a interesarse por los libros de la famosa biblioteca de Miskatonic y entra en contacto con libros prohibidos sobre magia oscura (los famosos Manuscritos Pnakóticos, el Necronomicon, el Libro de Eibon, De Vermis Mysteriis, etc.). Aunque pierde la memoria, tiene conocimientos extensos sobre otros temas que en su verdadera identidad jamás había estado interesado.
Al cabo de cinco años, un extranjero acude a su casa y, al día siguiente, continúa orando en la lección de economía, justo donde la había dejado, como si ese lapsus de cinco años no hubiera existido.
Después de esto, empieza a interesarse por la psicología y por los diferentes estados de amnesia, pero son los mitos folclóricos los que le darán las explicaciones más plausibles, aparte de extraños sueños que le llevan a través de los tiempos hasta una época que dista a 150 millones de años hacia atrás.
Comprende que su mente ha estado cautiva por unos seres que estudian el futuro y el pasado y que escogen ideas según sus circunstancias, perfeccionándose de tal forma que se constituyen como una raza superior a la humana. Es la Gran Raza de Yith, venida desde las estrellas y asentada en la Tierra a través de millones de años. Peaslee descubre una arquitectura superior a la humana, una biblioteca que tiene un tipo de conservación de ejemplares único, y él escribe toda su sabiduría. Los seres que le rodean son una especie de conos con tentáculos y pinzas, con tres ojos en la parte superior y únicamente con los sentidos del oído y la vista desarrollados. Y cuando se mira a sí mismo se sorprende al ver que él no está dentro de su cuerpo humano. En cada sueño él escribe en su inglés materno, a pesar de que los seres de la Gran Raza utilizan unos extraños jeroglíficos para comunicarse. A medida que le otorgan más libertad, descubre plantas y animales que existieron en época de los dinosaurios, y unas ruinas negras sin ventanas a los que todos los de la Gran Raza temen (cosa curiosa cuando son tan sabios).
Peaslee comienza a escribir en una publicación científica el contenido de sus sueños hasta que recibe una carta desde Australia Occidental. Robert Mackenzie ha leído sus artículos y le habla del descubrimiento de unas piedras con extraños grabados, aparte de aconsejarle que organice una expedición científica. Los fondos para el grupo de exploración se los entrega la Universidad Miskatonic y se lleva consigo a varios eruditos, entre los que se encuentra su hijo.
En una explanada desértica, encuentran los restos de construcciones de una antigua civilización. Peaslee, que por las noches no puede dormir, se acostumbra a dar paseos por las ruinas y la arena, hasta que repara en unos jeroglíficos sobre piedra negra. Al quitar la arena encuentra un pasadizo que le lleva al subterráneo y, conscientemente, él conoce el camino que ha de seguir hasta encontrar la cámara donde supuestamente están sus escritos. El viento empieza a silbar con mucha fuerza y teme a las trampillas abiertas, ahora sin vigilantes, de donde venían los temores de la Gran Raza. Llega hasta la cámara y se lleva uno de los libros, bien conservado, pero el viento le persigue y cae en el negro abismo. Cuando despierta, se encuentra en la arena y no tiene el libro que le podría haber servido de prueba. Lo único que recuerda es que ese manuscrito no estaba trazado con jeroglíficos, sino escrito en inglés.

sábado, marzo 14, 2009

El libro

Entre un montón de libros antiguos, el narrador repara en uno muy viejo, cuyas cubiertas están carcomidas y al que le faltan las primeras páginas. Pero la fórmula mágica llena de runas en la página por donde está abierto le ha atraído y se lo ha llevado. 
El libro, sin embargo, le ha llevado a abismos insondables, fuera del tiempo y del espacio. Ya no volverá a ver las cosas de este mundo como antes. Y tampoco se va a arriesgar a llegar a ciudades del abismo que le causen tanto pánico.

El clérigo malvado

Se trata de un sueño que tuvo H.P. Lovecraft, donde el protagonista es él mismo.
En el sueño sube a un desván donde su guía le dice que no toque el extraño objeto que hay sobre la mesa y que abandone la habitación antes del anochecer. A través de un reflector de rayos, aparece la visión de un clérigo, seguido de muchos otros más que parece que le están echando una reprimenda. Cuando se queda solo prepara una cuerda para ahorcarse.
El soñador no escucha nada y está todo el tiempo en un tercer plano hasta que se dirige al clérigo solitario para convencerle de que no se suicide. El rostro perverso del clérigo sonríe mientras se va acercando. Instintivamente vuelve a sacar el reflector de rayos y todas las visiones desaparecen. El hombre que le había guiado hasta el desván le prepara para lo que va a ver en el espejo: su rostro ha cambiado y ahora tiene el del clérigo perverso.

El ser del umbral

Daniel Upton explica por qué ha matado a su mejor amigo, Edward Derby, recluido en el Sanatorio mental de Arkham. A pesar de la diferencia de edad, Edward y Dan compartían conocimientos y las mismas curiosidades intelectuales. 
En su infancia, Edward estuvo sobreprotegido por sus padres, hasta el punto de quedarse en casa jugando en solitario, lo que le convirtió en un niño retraído (es un rasgo de paralelismo con la infancia de H.P. Lovecraft) y de voluntad débil. En la Universidad Miskatonic estuvo en contacto con libros prohibidos, como el Necronomicon y los Manuscritos Pnakóticos y, muy pronto, se vio influido por las artes oscuras. Se mantuvo soltero y sobreprotegido por sus padres hasta bien entrados los años treinta, en que falleció su progenitora. Fue entonces cuando conoció a Asenath Waite. Los dos compartían los mismos gustos por la magia oscura, llevando las hechicerías a la práctica. Pero los rumores sobre los Waite eran inquietantes. Hija de Ephraim Waite, que supuestamente estaba muerto, provenía de Innsmouth, la desolada ciudad de la que nadie que estuviera cuerdo quería saber nada. Su padre se casó a una edad avanzada con una mujer que nadie había visto y Asenath era fruto de ese matrimonio tardío. La muchacha se quejaba del hecho de no haber sido varón para superar las hechicerías de su padre. 
Edward y Asenath se casaron enamorados, aunque el padre de Edward se impuso al enlace. Dan dejó de ver durante un tiempo a su amigo y, cuando le visitó de nuevo, le notó cambiado. A medida que fueron pasando los años, mientras Asenath envejecía prematuramente, Edward estaba cada vez más triste hasta llegar a la enajenación mental. Poco a poco, empezaron a verse cosas extrañas en la mansión de los Derby y Dan comprobó que Asenath entraba en posesión del cuerpo de su marido, mientras recluía a éste en su cuerpo no humano en el desván de la enorme mansión donde vivían. Una de esas invasiones de identidad se produjo delante de Dan, cuando Edward le explicaba nervioso lo que ocurría e, inmediatamente, sufrió una especie de ataque que le llevó a hablar con una extraña lucidez, que a dan le produjo un tenue horror que no sabría explicar.
Varios meses después, un exasperado Edward aparecía en su casa explicándole que Ephraim había invadido el cuerpo de su hija Asenath y que ésta esperaba tomar posesión del suyo en la Víspera de Todos los Santos, pero la había conminado a dejarle en paz. A medida que los nervios se apoderaban de él, Edward decidió avisar a los médicos que le ingresaron en el Sanatorio, encontrando una repentina mejoría en él poco tiempo después. 
Edward volvió a sentir un tenue horror al ver a su amigo tan lúcido y, cuando recibió las llamadas de alguien que no conseguía hablar ("Glup, glup"), lo tuvo claro. Esa noche llamaron a su puerta y un ser que hedía a pescado, achaparrado y con un extraño cuerpo le entregó una nota, donde le explicaba que Asenath había invadido su cuerpo para siempre, a pesar de que supuestamente la había asesinado, que debía matarla e incinerarla para que Ephraim o Asenath o quienquiera que fuese el poderoso ser malvado de la brujería no pudiera tomar posesión de ningún otro cuerpo humano más. 

A través de las puertas de la llave de plata

Este relato enlaza directamente con otros tres anteriores: El testimonio de Randolph Carter, La búsqueda en sueños de la ignota Kadath y La llave de plata.

Han pasado cuatro años desde la desaparición de Randolph Carter y varios hombres se reúnen en casa del abogado De Marigny para repartir la herencia del desafortunado Carter. Entre ellos destaca la presencia de un swami* hindú, Chandraputra, que dice poseer información sobre el paradero de Carter. Hay opiniones confrontadas: mientras que unos quieren repartir la herencia cuanto antes, algunos prefieren esperar por si Carter regresara del mundo de los sueños, donde creen que está. 
Cuando el swami comienza a hablar todos se quedan impresionados. El hindú, amigo de máxima confianza de Carter, les explica que cruzó dos puertas gracias a la llave de plata y que estuvo frente a los Antiguos y Yoth-Sothoth y llegó al abismo, donde encontró varias de sus facetas y comprendió que había llegado a un vacío ajeno al tiempo y al espacio. Allí sus dos facetas predominantes eran la de un malvado y poderoso mago de Yaddith, Zkauba, y la de Randolph Carter. Adormeció al primero para regresar a la Tierra, pero su aspecto es desagradable y ha de esconderse tras una máscara hasta que recupere su aspecto humano. 
Enseña varias pruebas a sus oyentes, como la llave de plata y unos pergaminos con la deformada letra de Carter, pero uno de sus primos no le cree y le tacha de impostor. Al intentar quitarle la careta que lleva, el primo muere y la faceta de Zkauba desaparece detrás del péndulo de un reloj con extraños jeroglíficos para no regresar jamás.
Sin embargo, la herencia de Randolph Carter aún no se ha repartido.

*Swami: En la India es un título de respeto que se aplica a ciertos maestros espirituales (gurús), generalmente dentro del hinduismo. 

viernes, marzo 13, 2009

Los sueños en la casa de la bruja

Walter Gilman es un estudiante de la Universidad Miskatonic en Arkham. Su curiosidad por la misteriosa bruja Keziah Mason, que había vivido dos siglos antes y que había desaparecido sin dejar rastro de la prisión, le condujeron a alquilar la misma habitación que ella ocupó. Uno de los rumores más extendidos es que la vieja bruja aún se deja ver en fechas próximas a Walpurgis (noche del 30 de abril) y en la víspera de Todos los Santos, acompañada por una siniestra mascota, al que llaman Brown Jenkin, un ser parecido a una rata, aunque más grande, con rostro y extremidades humanas.
Gilman es un estudiante modelo que empieza a aventajar a sus compañeros de clase con su visión de la cuarta dimensión. Desde hace unos días una extraña fiebre se ha apoderado de él. Tiene extraños sueños en los que ve a la anciana acompañada por ese "animal", que gesticulan para que vaya con ellos. A través de los sueños pasa por abismos insondables hasta llegar a un espacio vacío donde un hombre de tez negra le insta a firmar unos pergaminos. Se despierta sudoroso y, en una de las ocasiones, se ha traído una figura extraña que ha arrancado de una fantástica balaustrada.
Se acerca la noche de Walpurgis. Ha desaparecido un niño y en los periódicos los testigos han visto a tres personas (un negro, una vieja y un joven en pijama). Gilman tiene miedo y se va a dormir al cuarto de un compañero. Pero la noche de Walpurgis no puede controlar el sueño y la vieja Keziah se lo lleva de nuevo a través de otra dimensión. En un altar está el niño que va a ser sacrificado. Gilman evita que la vieja lo mate y la estrangula con un crucifijo, mientras Brown Jenkin quita la vida al niño. Gilman tiene que volver a la vida real y despertar. Pocos días después la rata con rostro humano acaba con su vida mientras está soñando. 

Brown Jenkin

La sombra sobre Innsmouth

Para celebrar la mayoría de edad, un joven se ha puesto a viajar en busca de maravillas arquitectónicas e históricas que aclamen su atención. En una estación escucha hablar de la desolada Innsmouth, una ciudad con habitantes extraños. La curiosidad del joven se ve alentada hasta que ve la figura desgarbada del conductor del autobús mugriento. Pero no desecha su propósito, aguanta los escrúpulos y sube al autobús que le llevará a Innsmouth.
Innsmouth es una ciudad con casas desvencijadas y techos caídos donde huele insoportablemente a pescado, sobre todo en presencia de los pocos habitantes que dejan verse por las oscuras y mugrientas calles de día. Al otro lado de la bahía se yergue el terrorífico Arrecife del Diablo. 
El joven entra en la abacería que está frente a Gilman House, el hotel de mala muerte donde se aloja, y pregunta a un muchacho que no ha nacido allí. Éste le hace un plano de la ciudad, aconsejándole que no se acerque ni a los muelles ni a las iglesias ni al edificio que alberga la Orden de los fieles de Dagón. Lo que observa es que muchos de los hoscos y huraños habitantes tienen unos andares bamboleantes. Después de un largo paseo que le impulsa a marcharse cuanto antes de aquella ciudad andrajosa, encuentra al loco Zadok Allen. Por el joven de la abacería, sabe que induciéndole a beber le podrá sonsacar algo. Y Zadok le cuenta una extraña historia. Obed Marsh era un capitán de barco que llegó a unas islas donde los nativos adoraban a los dioses del mar a cambio de oro y extrañas joyas. El capitán, sediento de oro, consiguió volver a Innsmouth y convencer a la gente de que adoraran a los habitantes que vivían en ciudades sumergidas. A cambio de doncellas y varones que fueron desapareciendo paulatinamente, la familia Marsh abrió la refinería de oro que les aportó suculentos beneficios y los habitantes de Innsmouth siempre tendrían pescado para comer. Pero los seres con aspecto de anfibio querían mezclar su sangre con la de los humanos. Obed se casó con una mujer venida del mar a la que nadie vio jamás. Tuvieron descendencia, pero su hija fue casada mediante engaño con alguien de Arkham y no se la volvió a ver más. Los habitantes de Innsmouth habían aceptado porque así conseguían la inmortalidad. Por eso por las calles de la ciudad no se veían ancianos (todos terminan sumergiéndose en las aguas para no volver más), todos tenían ojos saltones que nunca parpadeaban y contaban con una calvicie incipiente. Al final de su relato, el anciano Zadok empieza a gritar e insta al joven que huya porque acaban de ser descubiertos. 
Cuando llega al autobús, todos los habitantes le miran con recelo. Escucha en un idioma extraño unas palabras que se dirigen al conductor del autobús y éste asegura que se le ha roto el motor y no puede llevarle de Arkham. El joven teme quedarse en Innsmouth de noche, pero como no tiene más remedio decide subir a la habitación y echar todos los cerrojos. En vela escucha cómo alguien intenta abrir las puertas que dan a su habitación y empieza una huida desenfrenada. Escondiéndose entre las casas derruidas e imitando los andares bamboleantes, descubre que las carreteras están vigiladas para evitar que escape. Y entonces recuerda la estación de tren abandonada. Oculto por unos arbustos de las vías consigue ver a los aterrorizadores peces-rana que siguen su pista. Sin embargo, consigue escapar.
En Arkham da parte a las autoridades para que investiguen los extraños sucesos de Innsmouth, aunque sabe que los humanos no podrán acabar con esa especie de anfibios que pueblan todos los mares. Se documenta sobre una parte de su familia materna, apellidada Marsh, y encuentra una terrible realidad que corrobora cuando, al cabo de un tiempo, le aqueja una terrible enfermedad que le impide parpadear. A través de los sueños ve a su abuela y a la esposa de Obed, que le esperan en las profundidades marinas. Y, aunque intenta evitar ese tipo de pensamientos, la cruda realidad es que cada vez siente más el poder magnético del mar sobre él.

Uno de los repugnantes y deformados peces-rana que habitan Innsmouth

jueves, marzo 12, 2009

En las montañas de la locura

Un grupo de exploradores de la Universidad de Miskatonic decidieron realizar un viaje para investigar la Antártida. Llevaban sofisticados aparatos científicos para extraer las rocas que había bajo el hielo.
Unos cuantos buscaron un puesto de avanzadilla y prepararon un campamento al amparo de elevadísimas montañas (más altas que las del Himalaya). Tiraba un viento impresionante cuando uno de los hombres abrió una cavidad en una ladera y se encontró con una caverna llena de extraños seres fósiles de naturaleza animal y vegetal de hacía millones de años. Entre ellos destacaban los fósiles de unos extraños seres. Lake estuvo informando sobre lo que acababan de encontrar, pero al día siguiente sólo escucharon el silencio. El resto decidió ir a explorar y encontrar al grupo. En el campamento no había ni rastro de vida y faltaban ocho de los ejemplares que habían encontrado, así como un hombre y un perro.
Dos de ellos decidieron explorar más allá de las montañas con una avioneta y uno volvió con una enajenación mental grave. Detrás de las altas montañas encontraron una vasta ciudad, entre el hielo, de edificios tallados en la roca. Posaron la avioneta para ir a investigar en uno de los edificios y se encontraron con magníficas tallas en las paredes, pero nada de vida. Siguieron caminando por los oscuros túneles y haciendo fotografías y bocetos. A través de la historia reflejada en los relieves murales, comprendieron que aquellas antiguas ciudades habían sido construidas por los Grandes Antiguos venidos desde las estrellas cuando la Tierra era aún un planeta joven. Para levantar las ciudades crearon a los shoggoths, que eran una especie de criados. Pero los shoggoths se rebelaron cuando los Grandes Antiguos (los ejemplares que habían encontrado Lake y su grupo) abandonaron sus ciudades terrestres por las acuáticas. 
Los dos hombres siguieron los túneles y llegaron a una sima, donde había utensilios del campamento de Lake, y los cuerpos del explorador y el perro desaparecidos. Entonces comprendieron que los Grandes Antiguos desaparecidos les habían precedido. De repente escucharon los graznidos de gigantes pingüinos albinos y ciegos, que a su paso se mostraron pacíficos. Siguieron caminando y se encontraron con varios de los Antiguos decapitados. Entonces comprendieron el significado de los últimos relieves y gritaron. Por los túneles se empezó a escuchar un terrible sonido: "Tekeli-li", que se iba acercando. Entonces echaron a correr instintivamente, pero lograron mirar al espantoso shoggoth que venía detrás de ellos: una especie de masa oscura que corría a gran velocidad tras ellos. Se sintieron libres al salir al aire libre y llegar a la avioneta. El terror aún siguió en el aire y los dos hombres prometieron que jamás iban a contar su aventura. Pero ahora, cuando un grupo de exploradores ha anunciado que irá a la Antártida, ellos se han visto obligados a contar lo que vieron.

Shoggoth 

miércoles, marzo 11, 2009

El que susurra en la oscuridad

Yoth-Sothoth
Wilmarth es un catedrático de la Universidad de Miskatonic en Arkham. Había seguido muy de cerca las inundaciones que transcurrieron en Vermont en noviembre de 1927, en donde se decía que habían aparecido ahogados cadáveres de extraños seres. Eso llevó a una polémica que se hizo pública mediante cartas de eruditos en los periódicos. Wilmarth era el más encarecido defensor de que esos cadáveres simplemente estaban hinchados y descompuestos. Fue entonces cuando recibió la carta de Henry Akeley, un estudioso que vivía en una enorme casa de campo a las afueras de Vermont. Akeley le cuenta que esos extraños seres existen realmente, que han venido desde el planeta Yuggoth (Plutón) y adoran a antiquísimos dioses, como Yog-Sothoth y Nyarlathotep. Los primeros que llegaron tienen aspecto fungoso, pero el resto son parecidos a los cangrejos, con tentáculos en la cabeza (se llaman Mi-Go). Akeley se siente acosado por ellos porque grabó sus extrañas conversaciones, algunos humanos le espían por orden de los Mi-Go, encontró una piedra negra llena de grabados incomprensibles y todas las noches les escucha acercarse a su casa, donde al día siguiente se pueden ver las huellas, como pinzas de cangrejo.
A pesar de que todo esto se escapa de la racionalidad humana, Wilmarth le creyó y comenzó entre los dos hombres una relación de correspondencia, en la que el de Arkham recibió algunas pruebas. Akeley, cada vez más asustado, hablaba de irse a vivir con su hijo a California, cuando de repente un día le animó a ir a visitarle a Vermont. La carta tenía un talante contradictorio con el resto y, además, estaba escrita a máquina y le conminaba a que le llevara todas las cartas y pruebas.
Wilmarth decide ir a Vermont, pero es un tal Noyes quien va a recogerle a la estación, alegando que Akeley ha tenido un ataque de asma y no puede moverse. En la casa, Akeley está sentado en una butaca y su voz es apenas un susurro que habla de viajes al espacio exterior, a Yuggoth, a través de la mente. Con una especie de operación quirúrgica, los Mi-Go cogen el cerebro humano, lo meten en un tubo y lo envían a cualquier sitio del espacio. Esos tubos pueden hablar a través de una máquina. A Wilmarth le parece una locura. El olor de la habitación es horrible. El catedrático ya ha decidido marcharse al día siguiente cuando le entra un extraño sopor. Consigue despertar y escucha voces susurrantes en el piso de abajo. Sabe que su amigo Akeley ha abierto las puertas a esos seres que ahora son sus amigos. Escucha su nombre varias veces y, finalmente, cuando cae el silencio, decide explorar. Encuentra a Noyes en una habitación durmiendo, pero en la butaca no encuentra a su amigo Akeley. Lo único que encuentra es su cabeza y sus manos y mira hacia el tubo de la estantería donde pone el nombre de su amigo. Aterrorizado decide huir de allí y al día siguiente pone una denuncia en la policía, pero los guardias no encuentran nada, ni siquiera huele mal. Wilmarth, sin embargo, sabe que los Mi-Go existen y se esconden en las montañas de los alrededores de Vermont, que vigilan a los humanos, y que cada vez son más numerosos.

Mi-Go & Funghi

martes, marzo 10, 2009

El horror de Dunwich

Dunwich y su comarca es un lugar nefasto. Casi todo carece de vida y los aldeanos de músculos nervudos y rostros malicentos miran con recelo a los visitantes. Es un lugar perdido, lleno de polvo y arruinado por un monstruo que le insufló la vida. Es el esqueleto lleno de telarañas de una población que vive aterrorizada ante lo que sufrió.
Todo comenzó cuando la deforme y albina Lavinia Whateley tuvo un bebé. Nadie sabía quién era el padre, pero el niño tenía unos genes muy diferentes a los de la madre (moreno, peludo, de piel oscura y precoz). El viejo Whateley que había practicado las artes oscuras comenzó a hacer reformas en la casa y todas las ventanas del piso superior fueron tapadas con tablas. Nadie en el pueblo comprendía nada. Lavinia subía con su hijo al altar de los antiguos dioses de Sentinel Hill donde invocaban a seres de otros mundos. El anciano compraba reses que aparecían con llagas en el cuello.
El muchacho iba creciendo precoz, tanto física como intelectualmente. Antes de cumplir los cuatro años medía más de dos metros, habla con locuacidad y estudiaba diversos conjuros. Pero necesitaba un libro, el Necronomicon, por lo que tuvo que hacer una visita a la biblioteca de Arkham. El doctor Armitage, que ya había visitado Dunwich y estaba informado de los rumores y sucesos extraños que allí ocurrían, no le prestó el libro y avisó a otras bibliotecas para que no se lo enseñaran. Hasta que una noche intentó robarlo. Los perros guardianes, que siempre ladraban al pasar él, acabaron con la vida de Wilbur Whateley, cuyo cuerpo era el de un monstruo lleno de ojos y tentáculos.
Pero ahí no acabó la cosa. De repente, en Dunwich empezaron a suceder cosas extrañas. De repente, la casa de los Whateley se derrumbó y aparecieron inmensas pisadas que se dirigían a Sentinel Hill. Pero nadie conseguía ver al monstruoso ser. El doctor Armitage fue a Dunwich con dos colegas, preparados para enfrentarse a ese ser. 
Después de seguir las pisadas de ese monstruo invisible que había sembrado el pánico hasta el altar de los antiguos dioses, dejando atrás a los pavorosos aldeanos, los tres hombres le dieron visibilidad con los polvos mágicos de un pulverizador y acabaron con él gracias a conjuros mágicos. El polvo y el hedor de ese ser monstruoso jamás desapareció totalmente de Dunwich.
Sólo el doctor Armitage comprendió que ese monstruo era el hermano gemelo de Wilbur Whateley.

lunes, marzo 09, 2009

Ibid

Se trata de una sátira en donde Lovecraft se mofa de la pomposidad académica de ciertos estudiantes que terminan cometiendo errores mayúsculos al intentar aparentar una locuacidad y erudición de las que carecen.
"... como dice Ibid en sus famosas Vidas de poeta" -de una disertación de estudiante-.
Lovecraft desentierra a un tal Ibido que fue cónsul de Roma, favorito del emperador y santo de la iglesia romana, cuyo cráneo, a su muerte, viajó por todo el mundo hasta llegar a Salem, donde quedó semienterrado en el subsuelo y adorado por los perros.

Historia del Necronomicon

El Necronomicon es un libro sacado de la portentosa imaginación de H. P. Lovecraft. El resto sólo son copias baratas y plagios de la idea original, que el autor usó para dar credibilidad a sus historias. 

Fue escrito por el árabe loco Abdul Alhazred, de quien se dice que vivió hacia el año 700 d. C., visitó las ruinas de Babilonia y los subterráneos secretos de Menfis, pasó diez años en soledad en el desierto al sur de Arabia, habitado por espíritus malignos protectores y monstruos de la muerte. Después de escribir el Necronomicon desapareció misteriosamente y se cuentan cosas horribles y contradictorias sobre su supuesta muerte. Se cuenta que fue arrebatado por un monstruo invisible en pleno día y devorado ante un gran número de testigos.
El título original en árabe es Al Azif. Azif es un término que los árabes utilizan para designar ese sonido nocturno (producido por los insectos) que suponen que son aullidos de demonios. Fue traducido al griego con el título de Necronomicon por Theodorus Philetas y condenado a la hoguera un siglo después. Tuvo numerosas traducciones, pero muchas se perdieron. Se cree que el manuscrito al español fue traducido por Miguel de Cervantes durante su cautiverio en Argel y que lo tituló El libro de los nombres de los perdidos. La Inquisición hizo desaparecer todos los ejemplares y sólo unos pocos malditos quedan aún en el mundo y su contenido es terrorífico. 

Gente muy antigua

Se trata de una carta de un hombre que ha tenido un sueño muy extraño ubicado en los últimos años de la república romana en la ciudad hispana de Pompelo (Pamplona). En el sueño el que redacta la carta era un cuestor (encargado de ciertas tareas administrativas y fiscales en las provincias romanas) provincial llamado Lucio Celio Rufo. 
Habían observado que, cada primavera y otoño, se celebraban en los montes de las proximidades ciertos aquelarres en extrañas lenguas que daban lugar a la desaparición de mucha gente. Incluso los bárbaros vascones tenían miedo de aquellas terroríficas noches. Entonces el cuestor envió sendas misivas a Tarraco (Tarragona) y Calagurris (Calahorra), para que enviaran soldados que se enfrentaran a aquellas gentes tan antiguas que causaban pánico dos veces al año. Cuando sonaron los tambores en las calendas (principios de mes) de noviembre una cohorte de trescientos hombres buscó un guía nativo que les guiara hasta la cima. Y allí empezaron a sonar unas voces estruendosas mientras las hogueras incrementaban las sombras de inmensos seres terroríficos. Cundió el caos y el narrador despertó del sueño sin saber el final.

El color del espacio exterior

Cerca de Arkham hay un lugar desolado que los campesinos llaman "páramo maldito". En una pequeña explanada en medio de la espesura de un frondoso bosque hay un claro cubierto con un polvillo grisáceo que carece de vida. Los árboles y plantas de las proximidades están deformados. Tienen intención de construir un embalse que lo cubrirá.
El narrador cuenta que pasó por allí, pero los lugareños se negaban a hablar de "aquellos extraños días". Finalmente le dieron el nombre de un loco, Ammi Pierce, que le contó una pavorosa historia.
Todo comenzó cuando cayó un meteorito. La roca incrustada en la tierra, cerca del pozo de la granja de los Gardner, iba disminuyendo de tamaño. Científicos de Arkham vinieron a tomar muestras, pero enseguida esos pequeños fragmentos terminaban desapareciendo. Poco a poco, los alrededores empezaron a iluminarse de noche con un extraño color que no era de este mundo. Los animales enloquecían, las plantas se deformaban y un extraño ser extraía la vida de todo lo que le rodeaba. Finalmente, los miembros de la familia Gardner fueron desapareciendo paulatinamente dejando tras de sí unos despojos polvorientos de lo que habían sido en vida. Ammi venció su renuencia y acudió a la granja de sus vecinos para encontrarse con la desaparición del último miembro de su familia. Consiguió huir desesperado y, al día siguiente, denunció la desaparición de los Gardner. Varios hombres de la policía, un juez, un forense acudieron con Ammi a la granja y se encerraron dentro al anochecer, para encontrarse con el extraño ser que salía del pozo y dejaba sin vida lo que tenía alrededor. Cuando esa misma fosforescencia venida de otro mundo comenzó a entrar en la casa, escaparon hasta un alto y comprobaron que los glóbulos de ese color del espacio exterior subían al cielo. Donde había estado la granja apenas quedaba nada, pero todos ellos sabían que el suelo seguía emponzoñado y los lugareños creen desde entonces que se va extendiendo cada día un poco más.

domingo, marzo 08, 2009

El caso de Charles Dexter Ward

He comenzado el segundo volumen de la Narrativa completa de H. P. Lovecraft, que dejé a un lado allá por el mes de mayo. Ahora lo he retomado con ganas. 
El primer relato es relativamente largo, sobre todo si se compara con otras historias del autor. Y, sin duda alguna, es espeluznante, atrayente y maquiavélico.
Todo comienza en un sanatorio cuando uno de los 'reclusos' se escapa. El enfermo es Charles Ward, un joven que en pocos años había cambiado su aspecto físico y psicológico. A pesar de su juventud tenía apariencia senil, su voz se había convertido en un susurro agónico y tenía una extraña cicatriz junto a un ojo. Le había desaparecido una mancha de nacimiento y le había surgido una verruga de color verdusco. Hablaba como un ser del pasado y su escritura había variado enormemente.
El doctor Willet, que le había seguido de cerca, había llegado a investigar los misteriosos acontecimientos en torno a la vida del joven Ward hasta límites insospechados. Cuando descubrió la siniestra verdad no volvió a ser el mismo.
El joven Ward fue un erudito, un estudioso, un ermitaño del pasado. Entre sus antepasados encontró a Joseph Curwen, un hombre que había venido desde Salem un siglo y medio antes. Comenzó a buscar información y documentos sobre ese extraño personaje e investigó sus experimentos nigrománticos. El joven Ward encontró un retrato de Curwen y lo llevó a su casa. Cuando terminó el instituto, decidió no ir a la universidad porque los estudios que tenía entre las manos le parecían más importantes, un gran paso para la Humanidad si los llegara a hacer públicos. También encontró un diario de su antepasado, así como una serie de documentos, muchos de los cuales estaban escritos en extraños idiomas. Visitó a ciertos oscuros personajes en Europa y volvió a casa, donde ocupó el ático, adonde nadie tenía acceso. Allí tenía su laboratorio y su biblioteca y a veces se escuchaban gritos, aullidos y voces extrañas, como si estuviera invocando a alguien. Ante las crisis nerviosas de la madre, el señor Ward reprendió a su hijo, que se trasladó a un bungalow situado en Pawtuxet, en el mismo lugar donde su antepasado practicaba sus hechicerías. La madre fue enviada lejos a descansar y el hijo se hizo acompañar de un criado portugués y un erudito reservado que llevaba gafas oscuras y barba teñida, el doctor Allen.
El señor Ward y el doctor Willet descubrieron que el joven estaba perdiendo la cordura y le enviaron al psiquiátrico, dispuestos a investigar la casa de campo de Pawtuxet. Ante el terrible hedor, el señor Ward no pudo continuar. Willet, por el contrario, encontró la losa que llevaba a los oscuros rincones laberínticos del subsuelo y allí encontró documentos antiguos y seres espectrales, incluso invocó a uno de ellos. Cuando volvió en sí estaba en una cama y en su bolsillo había una nota con caracteres antiguos que le pedía que matara a Curwen con ácido. Los dos hombres están seguros de que Charles ha traído a Curwen al presente a través de la magia oscura y que no puede ser otro que el doctor Allen. Cuando hablan con los detectives y éstos les dicen que han encontrado las gafas y la barba postiza del hombre desaparecido, ellos atan cabos y no dudan de que Curwen, Charles y Allen son la misma persona. El doctor Willet cree estar seguro de que Curwen ha usurpado el cuerpo del joven Ward, así que sube al ático y lo purga. Tras el lugar donde se había encontrado el retrato desaparecido de Curwen halla los restos de Charles Ward. Después sólo tiene que ir al psiquiátrico y desenmascarar a Curwen, que ha suplantado al muchacho, al que destruye a través de un anticonjuro. Ante él aparecen los restos del viejo retrato. Ni siquiera ha necesitado ácido.