domingo, marzo 08, 2009

El caso de Charles Dexter Ward

He comenzado el segundo volumen de la Narrativa completa de H. P. Lovecraft, que dejé a un lado allá por el mes de mayo. Ahora lo he retomado con ganas. 
El primer relato es relativamente largo, sobre todo si se compara con otras historias del autor. Y, sin duda alguna, es espeluznante, atrayente y maquiavélico.
Todo comienza en un sanatorio cuando uno de los 'reclusos' se escapa. El enfermo es Charles Ward, un joven que en pocos años había cambiado su aspecto físico y psicológico. A pesar de su juventud tenía apariencia senil, su voz se había convertido en un susurro agónico y tenía una extraña cicatriz junto a un ojo. Le había desaparecido una mancha de nacimiento y le había surgido una verruga de color verdusco. Hablaba como un ser del pasado y su escritura había variado enormemente.
El doctor Willet, que le había seguido de cerca, había llegado a investigar los misteriosos acontecimientos en torno a la vida del joven Ward hasta límites insospechados. Cuando descubrió la siniestra verdad no volvió a ser el mismo.
El joven Ward fue un erudito, un estudioso, un ermitaño del pasado. Entre sus antepasados encontró a Joseph Curwen, un hombre que había venido desde Salem un siglo y medio antes. Comenzó a buscar información y documentos sobre ese extraño personaje e investigó sus experimentos nigrománticos. El joven Ward encontró un retrato de Curwen y lo llevó a su casa. Cuando terminó el instituto, decidió no ir a la universidad porque los estudios que tenía entre las manos le parecían más importantes, un gran paso para la Humanidad si los llegara a hacer públicos. También encontró un diario de su antepasado, así como una serie de documentos, muchos de los cuales estaban escritos en extraños idiomas. Visitó a ciertos oscuros personajes en Europa y volvió a casa, donde ocupó el ático, adonde nadie tenía acceso. Allí tenía su laboratorio y su biblioteca y a veces se escuchaban gritos, aullidos y voces extrañas, como si estuviera invocando a alguien. Ante las crisis nerviosas de la madre, el señor Ward reprendió a su hijo, que se trasladó a un bungalow situado en Pawtuxet, en el mismo lugar donde su antepasado practicaba sus hechicerías. La madre fue enviada lejos a descansar y el hijo se hizo acompañar de un criado portugués y un erudito reservado que llevaba gafas oscuras y barba teñida, el doctor Allen.
El señor Ward y el doctor Willet descubrieron que el joven estaba perdiendo la cordura y le enviaron al psiquiátrico, dispuestos a investigar la casa de campo de Pawtuxet. Ante el terrible hedor, el señor Ward no pudo continuar. Willet, por el contrario, encontró la losa que llevaba a los oscuros rincones laberínticos del subsuelo y allí encontró documentos antiguos y seres espectrales, incluso invocó a uno de ellos. Cuando volvió en sí estaba en una cama y en su bolsillo había una nota con caracteres antiguos que le pedía que matara a Curwen con ácido. Los dos hombres están seguros de que Charles ha traído a Curwen al presente a través de la magia oscura y que no puede ser otro que el doctor Allen. Cuando hablan con los detectives y éstos les dicen que han encontrado las gafas y la barba postiza del hombre desaparecido, ellos atan cabos y no dudan de que Curwen, Charles y Allen son la misma persona. El doctor Willet cree estar seguro de que Curwen ha usurpado el cuerpo del joven Ward, así que sube al ático y lo purga. Tras el lugar donde se había encontrado el retrato desaparecido de Curwen halla los restos de Charles Ward. Después sólo tiene que ir al psiquiátrico y desenmascarar a Curwen, que ha suplantado al muchacho, al que destruye a través de un anticonjuro. Ante él aparecen los restos del viejo retrato. Ni siquiera ha necesitado ácido.

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