jueves, marzo 19, 2009

Un cuento de las Montañas Escabrosas

Este relato, publicado en una época avanzada de la producción poeiana, no alcanzó el prestigio que merece. 
Su tema ilumina doblemente la persona de Poe: el paisaje de las Montañas Rocosas es el que recorría con sus camaradas de la universidad de Virginia y las sensaciones, derivadas de la morfina, que experimenta Bedloe en su paseo provienen de una experiencia muy repetida a lo largo de la historia.
Es uno de los cuentos más irreales de Poe.

Nos cuenta la historia de un hombre, Bedloe, que sufre neuralgias; su doctor se llama Templeton y experimenta con él para poder ayudarle, necesita medicarse con morfina y además le practican experimentos que le producían somnolencia magnética (mesmerismo).

Un día salió a dar un paseo, como de costumbre, y comenzó a tener unas alucinaciones: se encontró en una ciudad india o árabe como las de Las mil y una noches y fue perseguido por varias personas, al final se vio muerto, pero él se desplegó de su cuerpo y siguió andando camino de casa hasta que volvió a sentirse en su cuerpo. Cuando llegó y lo contó, Templeton creyó que todo había sido un sueño pero Bedloe negaba que hubiera sido así. Un rato después, Templeton le enseñó un cuadro y un manuscrito que había hecho mientras a Bedloe estaba en su paseo. Lo que ponía en esos escritos era exactamente lo que Bedloe había vivido. Templeton le contó que ésa era la historia que le ocurrió a un gran amigo suyo llamado Oldeb en la ciudad india de Benarés.
Una semana después Bedloe murió, y en el periódico a pareció escrito como Bedlo (aunque es un error tipográfico), que es Oldeb a la inversa.

El personaje principal es Bedloe: un hombre alto, delgado y muy encorvado. Tenía miembros excesivamente largos y descarnados, la frente ancha y alta, la tez absolutamente exangüe, la boca grande y flexible y los dientes desparejados, aunque sanos. El temperamento de Bedloe era sensitivo, excitable y exaltado en el más alto grado. Su imaginación se mostraba singularmente vigorosa y creadora, y sin duda sacaba fuerzas adicionales del uso habitual de la morfina, que ingería en gran cantidad y sin la cual le hubiera resultado imposible vivir.

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