jueves, marzo 19, 2009

El tonel de amontillado

Montresor estaba harto de las ofensas de su amigo Fortunato, pero cuando llegaron los insultos se prometió que se vengaría. Amasó la venganza durante un tiempo hasta que llegó la oportunidad de llevarla a cabo. Montresor sabía que su amigo era legal en la cata de vinos y ahí encontraría el ardid para devolvérsela. 
Eran carnavales cuando se lo encontró. Fortunato iba disfrazado de bufón y los cascabeles sonaban al caminar. Montresor le engaña diciendo que tiene un vino amontillado en un tonel, que quiere saber su opinión experta. Llegan al palazzo y los dos hombres bajan a las criptas donde se encuentra la bodega. A medida que van caminando, Montresor va sirviéndole vino a su compañero. Finalmente le encierra en un cuartucho, le pone cadenas y comienza a construir una pared. En medio de los efluvios etílicos, Fortunato cree que es una broma. De repente, se hace el silencio. Medio siglo lleva Fortunato detrás de la pared.

"Todo el espíritu de El tonel de amontillado depende del disfraz carnavalesco de Fortunato, el gorro de cascabeles y el traje de bufón. Una vez que Poe acertó en vestir a su víctima grotescamente, halló la clave del cuento". (R. L. Stevenson)

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