jueves, marzo 19, 2009

La máscara de la Muerte Roja

La Muerte Roja se fue extendiendo cual plaga sobre los habitantes de un país. Su sello era la sangre y, poco a poco, iban muriendo. El príncipe Próspero se llevó consigo a mil hombres y damas y se encerraron en una abadía fortificada, donde nadie podía entrar ni salir. Cuando ya llevaban unos meses, el príncipe decidió hacer una fiesta de máscaras cabían todo tipo de disfraces, tanto sobrenaturales como grotescos.
Había dispuesto siete salones para el baile; los seis primeros, cada uno de un color, y los cristales del mismo tono que cada salón. El séptimo estaba cubierto con cortinajes de terciopelo negro y los cristales eran de color escarlata. En un rincón había un reloj de ébano que sonaba a cada hora y entonces la música callaba y todos escuchaban con temor para volver a bailar después.
Nadie entraba en el salón de terciopelo negro. Pero a eso de las doce, cuando el reloj de ébano empezó a sonar, un intruso llegó a los salones y todos se escandalizaron al verle. El recién llegado llevaba una mortaja cubierta de sangre. El príncipe Próspero quiso apresarlo y le siguió a través de todos los salones hasta el de los cristales rojos, donde cayó muerto. La mortaja estaba vacía y entonces, tarde, todos se dieron cuenta de que la Muerte Roja había entrado en la abadía.

No hay comentarios: