
Veo al pintor, inmerso en su trabajo. Gotas de sudor resbalan por su rostro ceñudo. Son infinitas las horas que pasa frente al lienzo.
Los días dan paso a las noches y las largas jornadas se convierten en meses. El invierno da paso a la primavera y la pintura está casi acabada. Es una obra maestra, magnífica, envuelta en las brumas de la latente melancolía del pintor.
Pero un cambio de última hora ha estropeado la imagen... Volverán las lluvias torrenciales y las granizadas invernales a medida que se abocetea la nueva pintura. Quién sabe si la próxima primavera un detalle final pueda llevar al traste de nuevo esa magnífica obra.
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