
Dunwich y su comarca es un lugar nefasto. Casi todo carece de vida y los aldeanos de músculos nervudos y rostros malicentos miran con recelo a los visitantes. Es un lugar perdido, lleno de polvo y arruinado por un monstruo que le insufló la vida. Es el esqueleto lleno de telarañas de una población que vive aterrorizada ante lo que sufrió.
Todo comenzó cuando la deforme y albina Lavinia Whateley tuvo un bebé. Nadie sabía quién era el padre, pero el niño tenía unos genes muy diferentes a los de la madre (moreno, peludo, de piel oscura y precoz). El viejo Whateley que había practicado las artes oscuras comenzó a hacer reformas en la casa y todas las ventanas del piso superior fueron tapadas con tablas. Nadie en el pueblo comprendía nada. Lavinia subía con su hijo al altar de los antiguos dioses de Sentinel Hill donde invocaban a seres de otros mundos. El anciano compraba reses que aparecían con llagas en el cuello.
El muchacho iba creciendo precoz, tanto física como intelectualmente. Antes de cumplir los cuatro años medía más de dos metros, habla con locuacidad y estudiaba diversos conjuros. Pero necesitaba un libro, el Necronomicon, por lo que tuvo que hacer una visita a la biblioteca de Arkham. El doctor Armitage, que ya había visitado Dunwich y estaba informado de los rumores y sucesos extraños que allí ocurrían, no le prestó el libro y avisó a otras bibliotecas para que no se lo enseñaran. Hasta que una noche intentó robarlo. Los perros guardianes, que siempre ladraban al pasar él, acabaron con la vida de Wilbur Whateley, cuyo cuerpo era el de un monstruo lleno de ojos y tentáculos.
Pero ahí no acabó la cosa. De repente, en Dunwich empezaron a suceder cosas extrañas. De repente, la casa de los Whateley se derrumbó y aparecieron inmensas pisadas que se dirigían a Sentinel Hill. Pero nadie conseguía ver al monstruoso ser. El doctor Armitage fue a Dunwich con dos colegas, preparados para enfrentarse a ese ser.
Después de seguir las pisadas de ese monstruo invisible que había sembrado el pánico hasta el altar de los antiguos dioses, dejando atrás a los pavorosos aldeanos, los tres hombres le dieron visibilidad con los polvos mágicos de un pulverizador y acabaron con él gracias a conjuros mágicos. El polvo y el hedor de ese ser monstruoso jamás desapareció totalmente de Dunwich.
Sólo el doctor Armitage comprendió que ese monstruo era el hermano gemelo de Wilbur Whateley.
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