viernes, marzo 27, 2009

Pisa el acelerador


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Me encanta conducir. Cuando estaba en Salamanca era quizás una de las cosas que más echaba de menos; y, cuando regresaba, apenas tenía tiempo para disfrutarlo. Ahora es diferente. Desde el primer día he tenido un coche para mí sola y he ido de aquí para allá sin parar.
Lo mejor es la postal del pico del San Lorenzo con el sol matinal deslumbrando en la nieve. Es algo que veo todas las mañanas y se me ha quedado grabado. 
Me siento tranquila, aunque quizás un poco agobiada porque nunca tengo el tiempo suficiente para hacer todo lo que me propongo.
Mi coche está en el taller y hoy he tenido que coger el de mi hermano pequeño. Siempre se queja si le tocan sus cosas pero esta tarde sólo me ha pedido que le llene el depósito. Cuando conducía pensaba en mi tío, porque ese coche que lleva ahora mi hermano era el suyo. No tenía mucho tiempo entonces y mi hermano lo cuida como oro en paño. 
Mañana me tocará más carretera, pero hacia el País Vasco. Y como hay muchos vasquitos que se vienen a Ezcaray por la nieve seguro que, aunque madrugue, habrá mucho tráfico.

Después me dedicaré a escribir. Sí, tengo que recuperar muchas horas.

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