
El narrador habla de un viaje en barco, aplazado por extrañas circunstancias, a pesar del buen tiempo para navegar. Entre la lista de viajeros encuentra a un conocido, Cornelius Wyatt, un artista que ha alquilado tres camarotes. Cada camarote tiene una litera y al narrador le extraña que el artista mantenga un cuarto de más, ya que en principio iban sus dos hermanas, su esposa y una criada, pero la criada no sube a bordo.
Ente las pertenencias del artista hay una caja oblonga que mete en su camarote, a pesar de la estrechez. El narrador cree que el hombre esconde una de sus pinturas. Le observa de cerca y, desde su propio camarote, comprueba que la esposa, de la que se ríe el resto de pasajeros por su vulgaridad, pasa al camarote vacío a dormir todas las noches.
El barco se ve espoleado por una dura tormenta y los pasajeros se salvan a través de los botes, pero el señor Wyatt quiere volver al barco a por su caja. Desde allí ven cómo se ata a la caja y se tira al mar, que enseguida lo engulle. El capitán Hardy asegura que no flotará mientras no se consuma la sal de la caja, pero calla por respeto a las mujeres de la familia del artista, que están delante.
Un tiempo después del naufragio, el narrador se encuentra con el capitán Hardy, que le explica que, poco antes de embarcar, la esposa de Wyatt murió y sus restos mortales iban en la caja oblonga, pero como temían la reacción de los pasajeros lo mantuvieron en secreto y la criada se hizo pasar por la señora Wyatt.
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