
Pese a la felicidad y la alegría con que me lo tomo todo y aunque el día ha salido caluroso, he tenido un momento de pánico hoy. Lo cierto es que he tirado de teléfono y he conseguido todo lo que me he propuesto, excepto que me pusieran un ordenador portátil en red. Meterlo en internet ha sido lo más fácil, pero yo quería el acceso al ordenador principal. Nunca había tocado el Windows Vista hasta hoy. Muy bonito, pero poco práctico.
He tenido que llamar al técnico más cercano y ¡cuál ha sido mi sorpresa al ver a Juan en la puerta! Es amigo de F. y yo quería que F. no se enterara de mi estancia aquí. Pero ahora ya es tarde. Sí, me ha entrado pánico. Después de siete meses, normal. No quiero ni verle y, si estoy aquí, es inevitable que nos crucemos. Si esta comarca fuera más grande...
¿Por qué tengo que tener tan mala suerte? Basta que no quieras ver a alguien para que aparezca hasta en la sopa. Estoy segura de que se dejará ver este fin de semana. No en vano tiene que pasar obligatoriamente por mi casa con el coche, vaya en la dirección que vaya.
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