jueves, septiembre 30, 2010

Hace un año ya


A veces el blog me sirve para recordar, para releer circunstancias del pasado que quizás están arrinconadas en la memoria. Me ha entrado la curiosidad, porque me preguntaba cuándo fue la noche en que mi retina grabó su perfil para siempre. Recuerdo la noche, su dulzura, sus palabras, su silueta perfilada bajo la luz plateada de una luna cómplice. Este fin de semana hará un año (realmente pensaba que había sido septiembre, pero no).
Al releer momentos del año pasado he hecho escala en el viaje a Bélgica. Un viernes como mañana hice un viaje relámpago a Madrid...
Pero hace un año él era un desconocido, era alguien muy distante, me atraía pero llevaba al menos dos meses sin verle, y mi voz no temblaba tanto. Aunque ya le quería un poco.

Hoy prefiero el hoy.

Un jueves que termina y septiembre que acaba ya

Al final se me ha hecho de noche. Estaba recordando cómo era todo hace un año. Cuando llevaba tanto tiempo sin verle y, de repente, volvió a aparecer. Entonces sentía una atracción irrefrenable hacia él. Apenas era un desconocido que ya hacía saltar las alarmas de mi corazón. Hoy es un sentimiento mucho más profundo (que no voy a concretar) que se ha asentado, que me reconforta, que me hace sonreír la mayor parte de las veces...
Ya no es ese desconocido, porque conozco algo más de él. Ahora le miro a los ojos y comprendo por qué le quiero tanto.
Nunca antes había querido tanto a alguien. Y esto que siento es de una belleza impresionante.

Me voy a casa.

Las últimas horas

Esta semana ha venido gente con niños. A todos les ofrezco caramelos o chupa-chups. Se van encantados. Y con una sonrisa de oreja a oreja.

El día va a terminar tan nublado como ha amanecido. Creo que mañana voy a hacer horario de mañana y tarde, porque el día es largo y no me va a dar tiempo a echarme siesta. Y por la noche tengo intención de salir. Y quizás verle, que echo de menos las noches en los bares, rozarle sutilmente y decirle lo guapo que está.
Me gustaría tomar algo con él, pero no mañana ni el sábado por la noche. Hoy. Me gustaría ir a tomar algo con él hoy. Abrazarle quizás, y darle las gracias por hacer que todos los días sean maravillosos, por ser esa persona tan especial.

Voy a escribir en color verde. Pero necesito que me dé el aire, así que antes iré a tomarme algo, para despejarme, dejar la mente en blanco un rato. Desconectar. Dedicar unos minutos a esa persona tan adorable.

Espero marcharme antes de que se haga de noche.

Hoy he visto una estrella

Hace mucho tiempo que no hablo de las estrellas. Pero todos los días, sobre todo últimamente que coincido con el anochecer, miro hacia el firmamento cuando regreso a casa. Y vuelvo a acordarme de él, vuelvo a ver su imagen serena, tranquila, perfecta. Las estrellas que veo por la noche me relajan, pensar en él me relaja. Quizás ése sea el nexo común y por eso siempre que miro hacia el cielo de inmediato me acuerdo de él.
Las estrellas simbolizan, por lo general, la buena suerte.

Debo ir a dormir. A soñar con él...

miércoles, septiembre 29, 2010

Que no nos quiten los sueños

En algún momento de esta tarde he escrito que me encontraba soñadora. Sigo estando soñadora. Parece ser que a veces los sueños, por su belleza, su misterio o su grandeza, pudieran desplazar a la realidad. Pero no es mi caso. Yo sueño mucho pero tengo los pies firmes sobre la tierra.
Por otro lado, creo que los sueños crean en los hombres ilusiones, susceptibles de ser cumplidas o no, y las ilusiones nos dan muchas mañanas energías para empezar el día con buen pie. Los seres humanos necesitamos soñar, porque, en cierto modo, es otra vía de escape, sobre todo ante las crudezas que nos depara el destino en diversas ocasiones.
De hecho, se nos otorgaron los sueños como un regalo que llega cada noche sin avisar y se desvanece cada mañana al abrir los ojos. Dicen los expertos en el tema que todos soñamos cada noche todas las noches de nuestra vida, aunque la mayor parte de las veces pensemos que no hemos soñado o no recordemos lo que pasaba por ese mundo irreal mientras nos manteníamos en esa otra dimensión.
Soy fiel defensora de los sueños, de lo importante que es soñar cada noche. En mi caso concreto, ha ocurrido que me vaya triste a dormir y que me despierte con una sonrisa de oreja a oreja porque en mis sueños aparecía él, esa persona tan especial para mí. Yo creo que sueño con él todas las noches; lamentablemente se esfuma todo al despertar en la mayor parte de las ocasiones.
Creo que soñar es importante siempre que sepamos dónde está el límite. Que yo le cubra de besos a ese ángel cada noche no quiere decir que lo vaya a hacer cuando le tenga delante. Que me gustaría, sí, pero sé dónde está el límite y sé de dónde no puedo pasar.

Esta tarde soñaba con los ojos abiertos. Y sonreía.

Que no nos quiten los sueños.

Si yo sueño que le abrazo cada noche y sueño que le doy la mano al despertar... es una imagen muy dulce para empezar cualquier día. Ése es... el sueño del amor. Le amo y por eso mis sueños son maravillosos, porque en la mayoría aparece él...

En amarillo

Hoy es un día dorado, de ahí que haya escogido el amarillo para escribir. Sin embargo, aún no he escrito nada, sino que lo dejaré para cuando llegue a casa.
Como siempre se me ha hecho tarde. Ahora sí que es un buen momento para marchar.

Está acabando septiembre. Es decir, que el crudo invierno está cada vez más cerca.

Una tarde tranquila

Hace una tarde magnífica. Me pregunto si habrán abierto ya la ermita o esperarán al día 1 de octubre. Estaría bien darse una vuelta por allí cuando me marche (siempre que a las siete me vaya y que no se me haga de noche, como los últimos días).
Hoy me apetece escribir -a mano-, pero basta que me ponga para que alguien perturbe mi tranquilidad.
Me siento feliz. A él le cubriría de besos en este preciso momento.

Pequeños momentos que son grandes

A propósito de lo que escribía antes, venía a la oficina pensando en todo lo que me quedaba por decir. Que esos momentos duran una fracción de segundo, pero son grandes, porque te dan alegrías todos los días. Y son grandes porque muchos de esos momentos están relacionados con esa persona tan especial.
Hoy también se me ha adelantado. Creo haber visto su coche al venir.

Es adorable. Los pequeños momentos que te sonsacan una sonrisa todos los días son grandes gracias a él. Es que es un encanto.

Hoy me encuentro soñadora...

A veces la vida está hecha de momentos

Los días están formados por momentos. Unos mejores, otros peores. Aunque yo sólo me acuerdo de los mejores y en los mejores momentos siempre está él: su mirada perfecta, su sonrisa misteriosa, la sensualidad de su voz, el color de su ropa, la sabiduría que aporta, su personalidad... que muchas veces (o casi todas) aviva mis emociones.
Menos mal que en esos momentos los pensamientos son privados. Porque cuando él habla me ensimismo imaginando besándole, acariciándole, susurrándole palabras de amor... Disfruto de esos momentos. Al volver, siempre tengo esa sensación de haber compartido unos minutos de magia con un ángel que me aporta un millón de nuevas sensaciones, a cada cual más placentera.
También he visto su coche después. Lo tiene tan limpio que ahora sólo puedo dibujar estrellas imaginarias. Hoy también he mirado a ver si venía por el horizonte.

Me voy a echar un rato antes de que llegue el momento de marchar. Y, al echarme, aparece otro momento dedicado a él, porque cerraré los ojos y pensaré en él. Entonces sentiré calma y pensaré en lo mucho que le quiero. No es para menos.

Un momento compartido con él... es toda una vida, todo un mundo aparte.

Un día que parece tranquilo

Anoche, llegando a casa, un vehículo de Tráfico estaba desviando toda la circulación por el empalme de mi pueblo para hacerlos salir más adelante. No se veía un accidente en el puente, pero era extraño que nos desviaran a todos, aunque yo tenía que ir por ahí obligatoriamente.
Esta mañana, justo enfrente de donde ayer estaban los guardias, una furgoneta con mucha gente estaba parada allí.
Los camiones circulan por la carretera. Aquí no se ven piquetes. Está todo demasiado tranquilo. Mejor, la verdad es que mejor así.

Dos pasos más cerca de los sueños

Tengo un frío glacial. No me apetece nada más que tumbarme en la cama, taparme hasta la nariz y soñar con él.

Mañana se paraliza todo el país. Desayunaré en casa como caso excepcional, aunque cuando lo pienso me imagino cómo sería empezar el día con él, mirarle con los ojos aún hinchados de quien acaba de despertar, con el pelo revuelto y sonriéndole, sonriéndole siempre y deseándole un buen día.
Cuando pienso en él todo es de una belleza sublime. ¿Cómo no iba a quererle?

Es hora de soñar.

martes, septiembre 28, 2010

Próximos objetivos: dos países en el punto de mira

Acabo de solicitar que me preparen un viaje a Grecia para noviembre. Pero no me conformo con Atenas, ciudad que está descuidada y sólo cuenta con esa maravillosa Acrópolis. No, tengo que dar un paseo por algunas islas: Mikonos y Santorini. Querían ponerme una tercera isla, pero lo he desechado, porque quiero descansar un poco. Quiero disfrutar un poco del Mediterráneo y cruzaré los dedos para que haga buen tiempo o, al menos, mejor tiempo que aquí.
En otro orden de cosas y puesta en el tema de los viajes, deseo ir a Rusia. Lo he dejado caer. Como aún no sé cuándo cogeré vacaciones el año que viene, no puedo decir en qué fecha será. Yo creo que puede caer ese viaje en junio, pero no es algo seguro (la fecha, el viaje sí). Menos mal que he hablado del tema, porque parece ser que me tienen que hacer el visado con un mes y medio de antelación. Los rusos son muy estrictos a la hora de entrar en su país. Pero quiero conocer Moscú y San Petersburgo. Tengo los ojos puestos allí y es el viaje que toca el año que viene.
Y ya tengo ese gusanillo que viene cuando un viaje se convierte de sueño en ilusión y de ilusión en hecho palpable y realizable. En cierto modo, me gustaría compartirlo con una persona. Seguramente lo compartiré con él, pero de una forma algo indirecta. Como... la otra vez. No es lo mismo contarlo que vivirlo.

Un cuento sufí

Esta tarde he leído un cuento sufí con una moraleja que el común de los mortales no suele cumplir, por lo general.
Hablaba de un anciano que ganaba todas las batallas. Todo el mundo se preguntaba cómo un anciano que apenas se tenía podía vencer a cualquier adversario.
Un día se presentó un hombre joven y vigoroso, con unos músculos de acero, con intención de vencer al temido anciano. El hombrecillo salió a luchar con él. Al cabo de varias horas, el hombretón joven se marchó vencido y derrotado. Muchos le preguntaron al anciano cómo había podido vencer a un hombre muchos años más joven que él y con mucha más fuerza. El anciano preguntó a su vez: "Si te hacen un regalo y lo devuelves porque no lo quieres, ¿de quién es el regalo?". Respondiéronle: "Del que ha hecho el regalo". Entonces el anciano respondió: "Si una persona me entrega su ira, su venganza, sus malas artes y yo no las recojo, esa persona se marchará con todo lo que yo no he querido coger, no me he querido poner a su nivel".
Este cuento rezuma sabiduría. Viene a decir que, por lo general, el ser humano tiende a devolver aquello que se le da. Venía a propósito de que el ser humano devuelve violencia cuando se le da violencia (el cuento se narraba en el contexto de los conflictos religiosos mundiales, sobre el concurso de caricaturas de Mahoma que sacó a la luz un periódico danés hace unos pocos años y todo lo que implicaba, o más cercano en el tiempo, si el 11 de septiembre se hubieran quemado Coranes en Nueva York).
Sentimentalmente hablando, este cuento también me lleva a pensar en mi propia moraleja personal.

El cuento es de gran belleza. Es una pena que yo no lo haya contado tan bien como debiera porque creo que es buena hora para irme.

Demasiada gente

Gente, gente, gente. Llevo viendo mucha gente durante toda la tarde. Al menos, ahora puedo tomarme unos minutos de respiro, aunque aquí no se respira nunca.
Tampoco me queda mucho para marchar.

Hace una tarde espléndida. Veo a la gente que pasa por el otro lado del cristal e imagino lo que me gustaría caminar con él. No sé, quizás tomarnos unos minutos de libertad y compartirlos. Quizás decirle que es un ángel. Nunca se lo he dicho. Hay tantas cosas que no le he dicho...

Pienso en él y me dulcifico. Y suspiro. Hoy escribiré en rojo. Aunque creo que voy a escribir cuando llegue a casa, que me iré a las siete en punto, y allí me dejaré llevar.

Al menos, el trasiego de gente va cesando.

A las cuatro

Es genial llegar por la tarde y ver algo de él. Saber que ya está aquí, que quizás... si hubiera llegado antes... le hubiera vuelto a ver.
Y hoy estaba muy guapo. Hoy le hubiera cubierto de besos y de caricias. Como casi todos los días.

El corazón se me alboroza cuando sé que está tan cerca.

Cosas que llegan desde Egipto


Mi hermano me ha traído de Egipto algunos recuerdos: una caja de nácar donde meter cosas, un escarabajo engarzado en una pulsera de cuero como las que llevaba con dieciséis años, un dedal con motivos egipcios, un espejo para llevar en el bolso, un marcapáginas hecho de papiro, postales y sellos egipcios. Hace años que dejé de coleccionar sellos.
Nos ha estado contando cosas de allí. Todo un mundo aparte.

Siempre se me hace tarde...

Despertar poco a poco

Anoche fue uno de esos días que me quedé dormida como un bebé, con luz y portátil encendidos. Cuando me he despertado eran las siete de la mañana... Me he dado media vuelta y he seguido durmiendo.
Le buscaba a él entre las brumas del sueño y posiblemente haya aparecido. Al despertar, un rato después, estaba sonriendo.
Pensaba de nuevo en él y me sentía feliz, aunque el sol matinal me deslumbraba cuando venía aquí.

Anoche quería escribir algo, pero en cuanto me tumbé esa idea se desvaneció... Volverá. La idea volverá. Creo que era algo relacionado con él. Siempre que pienso en él tengo unas magníficas ideas para escribir algo.

lunes, septiembre 27, 2010

El pequeño instante de magia

Adoro estas horas de tranquilidad que transcurren desde después de cenar hasta el instante antes de dormir. Sabes que es demasiado pronto para embarcarse en el mundo de los sueños, pero demasiado tarde para darle vueltas a la cabeza.
Como no veo la televisión, estas horas previas a dormir las dedico a navegar por Internet o escribir algo, a leer (aunque suelo dejarlo para un poco más tarde) y, sobre todo, a pensar en él.
Son momentos en que te apetece abrir la ventana y mirar hacia las estrellas. Buscas la tranquilidad del final del día. Alejas las preocupaciones para retomarlas mañana a primera hora. Te dedicas un momento para ser feliz sin más, un minuto para ti. A veces recapacitas sobre ciertas cosas que han ocurrido o piensas lo que le dirás a alguien con quien has podido quedar mañana. Pero realmente has desconectado y el peso de cualquier preocupación es tan ligero como una pluma. Sueñas con esa persona, pero esta vez sueñas despierta. Recuerdas sus rasgos, la bondad que rezuma esa mirada tan dulce, la sonrisa que te regala cuando le ves, su sabiduría y todo lo que te aporta, las palabras armónicas de esa voz tan sensual... y sientes paz. Él es una de las pocas personas en este mundo que me aporta paz y muchas, muchas alegrías.
Piensas en que mañana quizás le vuelvas a ver, quizás vuelvas a sentir que una parte de ti se va con él, quizás vuelvas a emocionarte en ese momento en que él aparece y dura segundos, pero qué intensidad tienen esos segundos.
Añoras ese contacto con su piel, añoras los besos que nunca le diste, añoras las caricias que nunca recibiste, añoras los sueños que nunca se cumplieron... Pero él sigue haciéndote sentir, sigue haciéndose querer. Él hace que me sienta realmente viva.

Es el momento. Este instante actual tiene su magia, una magia que posiblemente sea estimulada por la imagen de ese ángel...

Pensaba en...

Pensaba en él. En su dulzura. En su bondad. En su nobleza.
Pensaba en él y me preguntaba si ya habrá llegado a casa, en qué estará pensando.
Pensaba en él y me imaginaba preguntándole qué tal ha ido el día, dejándome llevar por la sensualidad de su voz. Y después le describiría el día que he pasado yo: "Pues mira, yo me he encontrado con un ángel, me ha mirado y sentido que miles de mariposas lanzaban haces de luz sobre mi piel, he sentido que una mano invisible y delicada me tocaba el alma de una manera muy dulce".

Pensaba en él y me sentía algo más feliz.

Ahora pienso en que debería ir a cenar.

Colores cálidos en el horizonte

Venía a casa y enfrente se perfilaba el cerro rodeado de nubes rosas y anaranjadas. Era de una belleza insólita ese atardecer...
Y pensaba, pensaba en cuánto tiempo llevo observando lo que me rodea, desde cuándo miro todo como si fuera la primera vez, desde cuando camino más despacio sólo para contemplar algo en que antes no había reparado.
Antes también me fijaba, pero era todo más fugaz. Ahora me rindo ante la belleza que me rodea y me encuentro disfrutando de todo.
Esto ocurre desde que le conozco a él. No es de extrañar que empezara diciendo que todo era magia. Esa magia derivó en amor. Al amarle a él amo todo lo que me rodea.
Me siento realmente bien, sobre todo ahora que he llegado a casa y he podido quitarme los tacones, relajarme, mientras espero a darme un baño de esos que duran horas. Prefiero las duchas, pero hoy deseo un baño con mucha espuma y sales.

Otro día cubierto de perfección

Escribía hace unos minutos: "Hoy ha sido otro día de esos perfectos". Me he quedado pensando sobre las palabras que estaban escritas con mi letra sobre un papel azul.
¿Y quién hace que todo sea perfecto? Porque todo es más perfecto cuando sus ojos se cruzan con los míos en esa fracción de segundo en que desaparece todo lo demás, en esa milésima de tiempo en que vuelves a descubrir en su mirada angelical todo lo mejor del mundo, en esa palabra melodiosa que acaba de pronunciar y cuyos ecos siguen sonando en tus oídos.
Y entonces piensas: "Qué grandeza hay en esa persona".

Hoy ha sido otro de esos días simplemente perfectos. Parafraseo a Lou Reed cuando canta: "Just a perfect day".

Y me voy a casa, que anochece. Aunque ahora... ahora lo daría todo por caminar por las calles con él, cogerle de la mano y darle un beso en cada farola...

Un destello de magia cada minuto


Sólo a mi padre se le puede ocurrir traer al perro aquí, que estaba en el coche y no paraba de ladrar. Me acabo de tomar un café y tengo esa vital necesidad de escribir. Hoy será en azul. Pero como estoy esperando una visita, prefiero dejarlo para después.
Estoy pensando en él. En las alegrías que me da cada mañana, cada noche, cada instante...
Jamás hubiera imaginado llegar a querer tanto a una persona. Pero es obvio que le quiero muchísimo.
Me gustaría compartir tantas cosas con él...

Voy a escribir un rato. Ahora que puedo centrarme en mis pensamientos durante un rato y desconectar de todo lo demás.

Antonio Salas vuelve a la carga

He empezado a leer otro libro. Tiene 700 páginas y es periodismo de investigación. Se trata del último estudio de Antonio Salas, que se convierte en 'topo' del terrorismo internacional. Para ello tuvo que aprender árabe y documentarse sobre la ideología islámica, entre otras cosas.

Sus dos investigaciones anteriores también llegaron a mis manos. Diario de un 'skin' me fascinó, incluso me puse en contacto con él a través del correo electrónico para felicitarle. Me respondió, cosa que me sorprendió, ya que imaginaba que no lo haría. Siendo amenazado y corriendo peligro su vida, Antonio Salas sólo es un nombre que oculta su verdadera identidad. Me parece muy arriesgado lo que hace, pero el verdadero periodismo de investigación debe hacerse desde dentro.
Hace años que leí Diario de un 'skin'. Aprendí mucho de lo que Antonio Salas había vivido en su convivencia con los grupos neonazis españoles, hasta que un 'chivatazo' puso fin a su ardua investigación. En ese momento lo vives, te sientes dentro de la piel de la persona que lo está contando. A veces, se te pone la piel de gallina...

Después llegó El año que trafiqué con mujeres. No me lo leí. Aunque lo tengo pendiente y quizás algún día lo coja, el tema no es santo de mi devoción. Porque sé que no voy a poder leerlo, porque sé que hay partes muy duras que quizás yo no pueda soportar. Como mujer. De momento, no tengo el valor suficiente para leerme ese libro, aunque diré que sí que vi el reportaje basado en este libro que hace unos años echaron por televisión.

Antonio Salas llega con otra nueva investigación. Creo que es la más arriesgada de todas. Sus 700 páginas lo confirman. Se trata de El Palestino. Durante seis años, Antonio Salas ha estado infiltrado en las redes del terrorismo internacional. Acababa de publicar su segunda investigación cuando ocurrieron los atentados del 11-M. Ahí fue cuando tomó la decisión.
El tema me atrae. Siempre me ha atraído. Desde que en la universidad lo estudié. Desde que pasó lo que pasó en la Alemania nazi y el pueblo de Israel exigía para sí la Tierra Prometida, una recompensa por las injusticias que se habían cometido con ellos. Con el paso del tiempo, los palestinos se convierten en apátridas, refugiados en tierra de nadie, recogidos solidariamente por otros países árabes(*). Es una de las pocas veces que me solidarizo con el pueblo musulmán(*). Me parece de tal injusticia que les quitaran su tierra a los palestinos para dársela a los judíos (y que luego éstos invadieran el resto del territorio) que no tengo palabras. Desde 1945 es la eterna lucha por un territorio. Yasser Arafat murió sin ver a los palestinos en una tierra llamada Palestina. Con él, que primero fue terrorista, los árabes (palestinos) depusieron las armas. Llegó a recibir el Premio Nobel de la Paz.
He hecho un resumen rápido, porque es un tema que se las trae. Que no he hablado de los kibutzs, ni de la guerra del Yom Kipur, ni de los acuerdos de Camp David, ni de la zona de Gaza y Cisjordania, ni de que Israel, desde mi punto de vista, cuenta con uno de los ejércitos más preparados y potentes del mundo (y, como consecuencia, es uno de los países más seguros del mundo). He obviado muchas de los puntos clave de este conflicto que dura décadas, porque me llevaría toda la tarde...
Reconozco que he leído mucho sobre el tema, que Antonio Salas no cambiará mi opinión sobre lo que pienso del conflicto árabe-israelí, porque es una concepción fundamentada en años de estudio y en años de lecturas históricas. Desconozco lo que sigue en el libro, aunque sé que él se 'disfraza' de palestino para contactar con terroristas islámicos.
Supongo que, de vez en cuando, a medida que vaya leyendo, haré paréntesis para leer otros libros más simples. Pero es cierto que lo poco que he leído ya me ha enganchado.

(*) No he diferenciado los términos "árabe" y "musulmán" al escribir, pero que quede claro que no todos los árabes son musulmanes. Es decir, "musulmán" es el practicante del Islam, pero no en todos los países árabes se practica el Islam. "Árabe" es un término más amplio, que incluye a todos los países en los que se habla árabe.
Aunque no he matizado esta diferencia mientras escribía, que quede claro que prefiero distinguir estos dos términos. En este contexto, la diferencia es minúscula: los palestinos son árabes y la gran mayoría de los palestinos profesan el Islam.

Casi la hora

He venido a casa contenta, permitiendo que los rayos del sol se reflejaran en mi rostro feliz. Lamentablemente había olvidado las gafas en casa.

Se aproxima el momento de partir, de desbrozar las tres horas de la tarde que tengo por delante. Y de soñar, porque a veces paro sólo para imaginarle.

Su voz

Su voz es mágica y sensual. Le escucho al otro lado y todo se dulcifica. Es como escuchar a un ángel, claro que él es un ángel.
Es adorable y encantador.

Contra el viento del norte


Imagen relacionada
Horas es lo que me ha costado leer esta novela. Es cierto que tiene muchos espacios en blanco y que es un vocabulario sencillo el que se utiliza a lo largo de todo el libro. Me ha gustado, aunque me ha dejado un amargo sabor de boca al final.
Es una novela moderna que utiliza el modo epistolar: las cartas de amor del siglo XXI, que no podían ser de otra manera que utilizando Internet y el correo electrónico como medio para comunicarse con la persona amada.
Lo curioso es que, desde la ficción, se acerca bastante a la realidad de hoy. Internet como medio para conocer a otras personas, como medio para comenzar relaciones (de amor o no), como medio para hablar de todo sin haber visto el rostro de la persona que te está contestando al otro lado.
Yo siempre he pensando que no es tan bueno Internet en ese sentido en que eclipsa el cara a cara, no con gente que conoces, pero cuando al otro lado hay un desconocido al que intentas poner cara, también necesitas escuchar su voz, oler su perfume, mirarle a los ojos, observar sus gestos. Internet, en este sentido, es un medio muy frío para avivar emociones, para comenzar una relación, para hablar de amor; se convierte en algo frágil y superficial, se alimenta algo que sólo es polvo. Donde estén los roces que estremecen, mirar a los ojos mientras se habla, escuchar la voz...

Esta novela trata de eso: una chica, Emmi, se equivoca al escribir un e-mail, y el destinatario, Leo, empieza a responderla, de tal forma que crean una relación, primero basada en la curiosidad, después en el interés, después llega la confianza y terminan enamorándose (lo siento, tengo que ponerlo en cursiva, porque ¿cómo puede enamorarse alguien de una persona a la que no ha visto, a la que no ha tocado, a la que no ha mirado a los ojos, a la que no ha escuchado nunca...?). Los juegos de palabras dan lugar a una fe ciega en la otra persona que siempre va a estar ahí, escribiendo, respondiendo, leyendo. Terminan perdiendo el rumbo de su propia vida, tanto que será el marido de Emmi el que se ponga en contacto con Leo, impulsándoles a conocerse, sólo que ese encuentro nunca tendrá lugar y Leo pondrá tierra de por medio, porque se ha dado cuenta del amor que profesa Bernhard por su esposa.

Pese a mi opinión, el libro está escrito con frescura, se lee rápido y engancha. El autor sacará una segunda parte, y me parece bien, porque nos quedamos con la intriga respecto a si los dos cybernautas se terminarán conociendo al final en persona.

Llegarán días más fríos

No me gusta el invierno, ni el frío, ni la nieve, ni el viento, ni la lluvia... Por no gustarme, ni siquiera me gusta la Navidad. A medida que se los días van acortando y que se acercan esos días de frío glacial, suelo recordar con más frecuencia el verano.
No es tanto el frío ni el invierno, sino la ausencia de vida. Vas por las calles vacías, casi fantasmales. Cuando por las noches llego a casa siempre me enfrento a los reflejos anaranjados que las farolas dejan en el asfalto; lo que está alrededor está cubierto por una espesa neblina, por una telaraña que no deja ver mucho más. La niebla lo convierte en tétrico. Es la soledad del invierno. No me entristece, pero sí me deja nostálgica.
Sin embargo, pienso en un ángel, y ya no siento el frío, sino el calor de sus alas, la cálida mirada, la calurosa sonrisa. Incluso imagino que le abrazo frente a una chimenea donde el fuego chisporrotea sin parar. Entonces, ese invierno que se va acercando a pasos agigantados ya no resulta tan frío, tan fantasmal, tan solitario.
Llegarán días más fríos, pero después volverá de nuevo la primavera con su alegre manto de flores.

domingo, septiembre 26, 2010

Una ráfaga de aire gélido

Entonces, cuando me ha azotado el aire frío del atardecer, mi mirada se ha posado en el horizonte, en el lugar que supongo está él, aunque desde mi pueblo no se vea ni la torre de la catedral.
Entonces, cuando me he acordado de él, me he preguntado si el mismo aire le acaricia ese rostro tan dulce.
Entonces, en ese momento tan fugaz, he sentido que me deshacía por dentro en trocitos de amor que se desperdigaba en todas las direcciones.

Las nogueras desde otro rincón

En las piscinas hace frío. No creo que tarde mucho en volver. Se ve el lugar donde he estado esta mañana, aunque se vea tan lejano...
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

El sabor del otoño

Hace frío y ya va terminando septiembre. Parece mentira, que ayer estábamos aún en verano. Lo confirma que las piscinas aún estén abiertas, aunque sólo sea el bar. Allá me voy a ir a tomar algo, aunque en medio de la nada tiene que tirar mucho aire. Llega la época de abrigarse.
Desde mi ventana veo que las nubes se desplazan lentamente para dejar huecos de cielo azul. Me gusta verlo. Se agradece que el cielo no esté tan cargado de nubes grises (como estaba esta mañana). Aunque para mí no existen los días grises. ¿Por qué será...?

Me voy. Me voy antes de que anochezca.

El Cementerio del Este

Considero que los cementerios son lugares de interés que, en ciertos lugares, sirven para conocer la ciudad donde se albergan los restos de sus muertos. He visitado cementerios en algunos países y ciertamente creo que son lugares de culto, un mundo de arte dedicado a seres cuyo recuerdo sigue vivo en esas piedras legendarias.
Muchos cementerios son museos al aire libre.
Un día, estaba navegando por internet y me encontré con una escultura que me llamó la atención. Era la escultura de una tumba que se encuentra en el cementerio de Poblenou, el Cementerio del Este de Barcelona. Era una escultura que cortaba la respiración. Era El Beso de la Muerte.

Los ojos amarillos de los cocodrilos



Me he leído esta novela de un tirón, quizás porque engancha casi desde el principio. A veces, llegan a mis manos libros que son una joya en sí mismos. Éste es una de esas inesperadas sorpresas que terminan agradando. Tiene sus pequeñas lecciones morales sacadas de la vida misma, una vida ambientada en París, aunque con personajes de ficción. ¿Y qué relación tienen los cocodrilos con París?

Siempre he pensado que una buena novela se forja a través de sus personajes. Y si esos personajes están dotados de una personalidad magistralmente perfilada, como es el caso, posiblemente encandilen el alma del lector. Aquí las personalidades de todos y cada uno de los personajes está genialmente descrita y eso lo convierte en algo único. En definitiva, es un libro que, basándose en la rutina de la vida diaria, te termina dejando un buen sabor de boca al terminar. Porque todo el mundo de esta novela termina recogiendo lo que siembra. En ciertos aspectos me ha terminado recordando a la película, también francesa, de Amélie, donde la protagonista hacía el bien a quien era bueno y era malvada con quien tenía mal corazón.
Así pues, más que la trama de la historia, es menester analizar el entretejido de personajes que aparecen en esta novela.

Joséphine Cortès siempre ha sido la sombra de su hermana mayor: no es guapa ni tiene buen tipo, aunque ella no sabe que tiene un talento superior; se dedica a hacer su tesis sobre el siglo XII, una experta en la materia, aparte de dar clases de historia. Tiene un gran corazón y es trabajadora. Mantiene a toda su familia con un sueldo miserable. Su marido, Antoine, se encuentra en paro y no tiene ganas de ponerse a trabajar, al menos no en cualquier trabajo. Sus dos hijas, Hortense y Zoé, están entrando en la adolescencia y no se sienten muy seguras en la casa familiar. Un día, Joséphine se entera de que su marido le pone los cuernos con Mylène, una peluquera a la que ha visto un par de veces. Discuten y él se marcha de casa. Ella, que siempre ha sido pusilánime, no le pide que regrese y, mientras, se pregunta cómo se las va a arreglar sola.

Iris Dupin es la hermana modelo de Joséphine. Es una bomba sexual, casada con el más célebre abogado de París, Philippe, que la cubre de montañas de oro. Iris es una persona fría y superficial, nunca ha estado enamorada de su marido, sino que recuerda a su amante en la Universidad de Columbia, Gabor Minar, que ahora se ha convertido en un famoso director de cine. Su marido, poco a poco, comienza a descubrir la fachada de mentiras y maldad en que se asienta la vida de su esposa. Juntos tienen un hijo, Alexandre, que es ignorado por ambos padres, motivo por el cual el niño se ha convertido en un chico serio y melancólico, al que nadie escucha.

Shirley es la mejor amiga de Joséphine. Son vecinas y se ayudan mutuamente. Shirley es una escocesa con una figura escultórica, una mujer que llama la atención. Sin embargo, cría sola a su hijo Gaby. Las conversaciones entre Jo y Shirley son realmente magníficas, pues son dos grandes corazones dando (y recibiendo) pequeños consejos. En realidad, son dos luchadoras.

Henriette Grobz es la madre viuda de Joséphine y de Iris. Se ha casado en segundas nupcias con Marcel Grobz, a quien considera un patán. Él le pidió un hijo para heredar su inmensa fortuna, pero ella se alejó muy pronto de él, en cuanto consiguió el régimen de gananciales, por lo que Marcel está atado a ella de pies y manos y no puede moverse sin que Henriette lo sepa. Sin embargo, la ilusión de la vida de Marcel la marca su fiel secretaria, Josiane, una treintañera a la que casi dobla la edad. A ella le pide un hijo y, tras muchos intentos, ella traerá al mundo a un pequeño Marcel. Esto llevará a la ruptura con Henriette y a la felicidad con Josiane y su retoño.

Todo se lía cuando Antoine Cortès decide marcharse a Kenia con su amante. Pide un crédito al banco, que sólo es avalado por ser familiar de Philippe Dupin y Marcel Grobz. Antoine trabajará para un chino con ansias de dinero en un criadero de cocodrilos. Mylène crea su propia empresa de cosméticos y peluquería en la que, con el tiempo, no cuenta con Antoine, cuya personalidad se debilita a medida que avanza la novela. Se arrepiente muchas veces de haber abandonado tan fácilmente a su esposa y a sus hijas y ahoga sus penas en alcohol. Un día será devorado por los cocodrilos.

Iris Dupin, que flota en los montones de dinero de su marido, decide que quiere hacerse famosa. Una mentira la lleva a embaucar a su hermana, la dulce Joséphine, para que sea cómplice con ella de un fraude que terminará explotando. Iris comenta con un editor que está empezando a escribir un libro histórico que versa sobre el siglo XII. Todo París comenta que la magnífica Iris Dupin está escribiendo una novela histórica. Iris no quiere que su farsa se descubra, así que le pide a su hermana que la ayude. Joséphine, que ha comenzado a trabajar para el bufete de Philippe traduciendo libros de otros idiomas, le escribe la novela que terminará convirtiéndose en un éxito de ventas: Iris se lleva la fama, Joséphine se queda con el dinero. Pero las personas cercanas a las hermanas las descubren: Philippe y Luca. Luca es un joven historiador que se enamora de Joséphine y que encuentra en la novela trozos de sus conversaciones con Jo.
Todo se termina sabiendo. Philippe conseguirá enfrentar a Iris con su antiguo amante, Gabor, que la ignorará por completo. Humillada vuelve a París, cuando Hortense, que parece seguir los pasos de su tía Iris y de su abuela Henriette, se da cuenta de que su madre está trabajando como una negra para sacar a sus dos hijas adelante con el sudor de su frente y se presenta en un famoso programa de televisión para desenmascarar a Iris Dupin. Madre e hija se dan cuenta del amor que se profesan, aunque parecía que nunca se habían llevado bien.

Al final, te quedas con ciertas frases dignas de mención, que te hacen reflexionar:

Cuando se tiene miedo, siempre hay que mirarlo a la cara y darle un nombre. Si no, te aplasta y te arrastra como una ola gigantesca”.

El amor es la mayor de las riquezas. El amor que damos y el que recibimos. Y yo no puedo pasarme sin esa riqueza…”.

Le hubiese gustado detener el tiempo, quedarse con ese momento de felicidad y guardarlo en una botella. La felicidad está hecha de pequeñas cosas. Siempre se la espera con mayúsculas, pero llega a nosotros de puntillas y puede pasar bajo nuestras narices sin darnos cuenta. Esta noche, la había agarrado y no la soltaba”.

Hay gente cuya mirada nos hace mejorar. Son escasos, pero cuando los encontramos, no hay que dejarlos pasar”.

El amor es hijo de la bohemia, no conoce ley alguna… Si tú no me quieres, yo te quiero, y si te quiero, ten cuidado”.

Cuando se escribe, hay que abrir completamente las puertas a la vida con el fin de que se mezcle con las palabras y alimente la imaginación”.

He comprendido que la felicidad no es vivir una pequeña vida sin embrollos, sin cometer errores ni moverse. La felicidad es aceptar la lucha, el esfuerzo, la duda y avanzar, avanzar franqueando cada obstáculo”.

La lucha diaria reposa en el amor. No en la ambición, la necesidad de tener, de poseer, sino en el amor… No en el amor en sí mismo, tampoco. Eso es la desgracia, es lo que nos hace dar vueltas sin llegar a ninguna parte. ¡No!, en el amor a los demás, el amor por la vida”.

Para vivir bien hay que lanzarse a la vida, perderse y volverse a encontrar, y perderse otra vez, abandonar y volver a empezar, pero nunca, nunca pensar que un día podremos descansar porque esto no se detiene nunca… La tranquilidad la disfrutaremos más tarde”.

La vida es una persona, una persona que hay que tomar por compañera. Entrar en su corriente, en sus remolinos, a veces te hace tragar agua y te crees que vas a morir, y después te agarra por el pelo y te deja más lejos. A veces te hace bailar, otras te pisa los pies. Hay que entrar en la vida como se entra en un baile. No parar el movimiento llorando por uno, acusando a los demás, bebiendo, tomando pastillitas para amortiguar el choque. Bailar, bailar, bailar. Pasar las pruebas que te envía para hacerte más fuerte, más determinada.
Llegarían otras olas, pero sabía que tendría la fuerza de atravesarlas y que siempre, siempre habría alguien en la orilla”.

Se reconoce la felicidad por el ruido que hace al marcharse”.

No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”. (Séneca)

Un paseo por los caminos


Esta mañana me apetecía caminar y hacer fotos. Es curioso, pero desde que llegué de Japón no me he atrevido a coger la Canon y marcharme por los caminos a hacer fotos. Con las instrucciones en japonés, no sé para qué sirven el 80% de los botones y, por pereza, no me he descargado aún las instrucciones en inglés desde iNet.
De repente, me he dado cuenta de que me apetecía hacer fotos y ¿qué mejor sitio que desde la punta del Castillo? No es que haya allí arriba exactamente un castillo, aunque dicen las viejas leyendas que existió. A ese cerro se le llama simplemente así. Por lo que fue quizás... Arriba sólo hay un pivote y una placa que dice los metros de altura (que ahora no recuerdo), pero si el día es claro hay unas vistas magníficas.
Sin embargo, he salido tarde de casa. Y he optado por parar el coche en un lado del camino de parcelaria, para encontrarme subiendo hasta la finca de nogueras que tiene mi padre en las laderas del Castillo.
Con la ermita y las piscinas cerradas y sin ganas de caminar por la misma naturaleza de los últimos meses, con esa necesidad de cubrir todo con un objetivo nuevo... me he encontrado allí.
Lo que quedaba atrás...
La tan cercana, pero a vez inalcanzable, cima del Castillo.
Se veían partes de las obras de la carretera, el puente por el que aún no pasan coches, al menos no los vehículos de la autovía...
La punta del cerro, del Castillo, en cuya cima tantas veces he estado. Parece cercano, pero ese último tramo es el más costoso.
Al llegar al final de la pendiente, ha aparecido mi pueblo, tan cercano y a la vez sin poder tocarlo. Me recuerda a la imagen que me vino anoche a la mente, en que aparece ese ángel, la de compartir un mundo que se extiende a nuestros ojos.

Yoguito
El camino por el que habíamos venido y toda la 'campiña' otoñal alrededor.

Lo más cerca del paraíso

Caminar junto a un ángel tiene que ser algo parecido a estar en el paraíso. Todo en él es envolvente... Su mirada serena, la sensualidad de sus palabras, la calidez de sus manos, la dulzura de su rostro, sus cabellos al viento…

Me imagino junto a él en el borde de un precipicio, con todo un mundo ante nuestros ojos. Un mundo, nuestro mundo, nuestra paz. Observando al frente, cogiéndonos de la mano y escuchando los ruidos ajenos…

Caminar junto a él tiene que ser lo más parecido a estar en el paraíso.

sábado, septiembre 25, 2010

En el aire

Hoy es un día de esos en que me gustaría ir de copas con él, en una ciudad casi vacía, con los bares para nosotros solos. O casi, porque hay boda. Pero él probablemente estará en Logroño, como la mayoría de los riojanos. Mis amigos se han ido todos para allí. He estado tomando café con unos cuantos y me han dicho que habían quedado a las ocho para marchar.
He estado viendo un poco la televisión. En La Noria está Cándido Méndez hablando de la huelga del 29 de septiembre. Yo, en principio, tengo intención de ir a trabajar el miércoles. Un día sin aparecer se nota bastante...
En fin, leeré un rato o, mejor, pensaré en él. En su magnetismo. En su bondad. En su tranquilidad. En su dulzura...

Desechando ciertas fiestas

Llevo toda la mañana pensando en él, preguntándome dónde estará y qué hará. Me han preguntado si iré esta noche a Logroño. Posiblemente no vaya y me dedique a la vida contemplativa. Quizás me esté haciendo mayor.
Hace unos diez años me desvivía por ir a San Mateo, lo pensábamos con varias semanas de antelación y esperábamos que el tiempo pasase rápido para que llegaran las fiestas. Ahora no deseo, por nada del mundo, embarcarme en bares repletos de gente, caminar hasta ver el sol en las vaquillas, desayunar cerca de la universidad y que llegue alguna resaca que no apetece soportar.
Prefiero un fin de semana tranquilo por Logroño, sin que sean fiestas, e incluso en ese pensamiento también aparece ese ángel...

Arco iris

Abres los ojos un sábado por la mañana, sin preocupaciones cercanas, sabiendo que tienes todo un día por delante... Miras por la ventana y descubres un día completamente gris, con algodonosas nubes grisáceas que amenazan lluvia...
Vuelves a la cama y cierras los ojos. Poco a poco, se perfila su imagen en tu mente. Imaginas despertar junto a él, mientras escuchas cómo bailan los latidos de su corazón, acompasados con los tuyos. Observas sus ojos y descubres en esa mirada perfecta todo lo mejor del mundo.
Entonces sonríes, porque sabes que ha aparecido el arco iris en este día gris, aunque nadie más lo pueda ver.

Una llamada a las tres

Una llamada al teléfono fijo a las tres me ha desvelado por completo. Era mi hermano, diciendo que acababan de aterrizar en Madrid. A ver qué nos cuentan de Egipto.

Intentaré leer un rato a ver si consigo dormir.

La riqueza del amor

No es más rico el que más tiene…”; ¡cuánta razón hay en esas pocas palabras!
Últimamente yo me siento desbordada por un tipo de riqueza que sólo nos brinda el amor, ese amor puro que siento por esa persona tan especial, que hace que ame todo lo que me rodea, que quiera a todo el mundo, que sonría a todas horas, que todo tenga otro color, que se pare el mundo…
Sentirse así es algo de una belleza insólita. Cada día me siento enriquecida por un río de emociones que fluyen sin parar.
Cuando está él y le miro a los ojos, no existe nadie más. Desaparecen las personas que estén con él, se difuminan las personas que estén alrededor. Me siento envuelta por su halo de dulzura, hechizada por su personalidad. Cuando le miro me siento muy pequeña, pero a la vez siento que algo dentro de mí se engrandece. He aquí donde está una parte de esa riqueza emocional que él me brinda cada día.
Y sin ser completa, esa riqueza me hace amarle cada día más y amar mucho más todo lo que hay a mí alrededor. Porque cuando está él sólo existe él y todo se torna perfecto.

viernes, septiembre 24, 2010

Nueve en el reloj

Mi hermano acaba de coger el avión de regreso desde El Cairo. Llegan de madrugada a Madrid. Seguro que tienen muchas cosas que contar.
Al final me he echado una siesta larguísima, porque me he quedado pensando en él y poco a poco he sentido que el sueño me iba arropando dulcemente.

Hace dos días me preguntaban en la cafetería si había dormido bien. Respondí que duermo de un tirón todas las noches. Parece ser que la noche anterior a esa conversación había bochorno. No sé, yo no me enteré. Desde hace mucho tiempo duermo de un tirón y pocos son los días en que estoy dando vueltas en la cama hasta que llega el sueño...