lunes, septiembre 20, 2010

Pasadas las cuatro

Una de las mejores cosas que te puede dar la tarde es llegar a la oficina y ver su coche. Habituada a que aparque en otro lugar más escondido, saber que ha llegado antes que yo hace que sienta revoloteando mariposas en la boca del estómago. Llegaba tarde y en mi mente pensaba que, de haber llegado unos minutos antes, quizás me hubiera encontrado con él...
Después de aparcar, he caminado en esa dirección, con esa vital necesidad de dibujar otra estrella, pero al verlo tan limpio he desechado la idea. Al reflexionar, me he dado cuenta de que si lo hacía una segunda vez él iba a intuir quién es la autora. Mentalmente, mientras lo rodeaba, dibujaba mil estrellas, aunque haya seguido caminando. Más feliz, más contenta, más consciente de su cercanía.
Le quiero más...
Me hubiera gustado verle. Aunque seguro que hoy también está guapísimo.

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