jueves, septiembre 16, 2010

Abriendo la Caja de Pandora

Destapar viejos recuerdos, además dolorosos, no es plato de buen gusto para nadie. Ver a una persona del pasado que hizo tanto daño podría haberme afectado más. ¿Realmente me importaba tanto que estuviera aparcado fuera? Le he ignorado, he mirado para otro lado y me he puesto a caminar unos pasos calle arriba, media vuelta y hacia abajo. ¿Por qué? Porque cuando me he dado cuenta de que él estaba dentro del coche quería escapar de su campo de visión. No me afecta, porque esa persona es simplemente pasado. Ni siquiera duele. Es posible que a él le siente peor que sea yo la que le ignore, que sea quien mire para otro lado, quien sea la que haya puesto punto final a una historia desastrosa emocionalmente.

¿Dolor? El dolor pasó. Mi vida ha cambiado radicalmente desde hace tres años. He aprendido a vivir de nuevo, a sentir de nuevo, a querer de nuevo. Y al amar, he comprendido que entonces era un sendero de espinas que producían llagas muy dolorosas. Era algo destructivo porque me estaba cercenando el alma, hasta que dije que no más.

¿Por qué siento ira cuando veo a esa persona del pasado (cuando debería sentir odio)? La razón es que hay una cuenta pendiente. Yo no le he perdonado. Nadie hace daño ni crea dolor de manera consciente. ¿Qué tipo de persona es aquella que lo hace así? Un monstruo. Causar dolor siendo consciente de ello. ¿Cómo perdonar algo así? Llegará un día en que sienta que, simplemente, le he perdonado.

Pero no me siento afectada por haberle visto. Era como un extraño. Todo había pasado. Sé que ya no me queda nada de él, ni siquiera los recuerdos. Y que, al final, cuando le haya perdonado es como si tan sólo fuera una sombra, sin más. Aunque, pensándolo bien, quizás ya esté perdonado, sino ¿por qué esta indiferencia por mi parte?

¿Por qué me siento tan indiferente? Quizás es que en mi vida han aparecido otras personas que enriquecen todo lo que me rodea, que son encantadoras por sí mismas. Y luego existe ese ángel al que colmaría de un millón de besos.

¡Cuánto ha cambiado mi vida desde entonces! Todo tiene una magia especial, que antes no existía. Quizás provenga de los sensuales dedos de una persona, esa persona que a mí me brinda alegrías cada mañana, cada noche, cada momento del día en que le dedico un pensamiento, por mínimo que sea. Comprendo que su presencia en mi vida es una de las cosas más importantes que me han pasado en los últimos meses. Y deseo que siga así, porque él ha conseguido en muy poco tiempo que el mundo sea simplemente mejor.

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