
Cuando me he marchado, él aún seguía. Me pregunto si, de haber esperado un rato más, me hubiera cruzado con él. De todas formas, he mirado calle abajo, a ver si el azar le hacía caminar en ese preciso instante, pero no...
Cuando venía a casa, mientras los relámpagos iluminaban la noche sobre los tejados de mi pueblo, pensaba en él, en ese encanto innato que emana de él, en esa dulzura tan reconfortante, en esa mirada tan noble...
Sentía una magia especial dentro de mí, un sentimiento de ternura que me estaba desbordando.
Su magia...
No hay comentarios:
Publicar un comentario