
Cuando he venido empezaba a llover. Me estaba mojando pero no me importaba, porque estaba subyugada por el aroma de la lluvia. Adoro ese olor a mojado.
Se ha quedado una tarde agradable, una de esas tardes en que apetece salir a la calle y caminar sin rumbo fijo. Cuando pienso a sí no me veo caminando sola... sino con ese ángel cargado de dulzura. Cualquier situación agradable me la imagino siempre con él.
Hoy voy a escribir en azul. Azul como el cielo que ahora da un color especial a esta tarde. Azul como el mar en calma. Escribiré y me marcharé a disfrutar del resto de la tarde.
El azul me recuerda a un poema de Bécquer, aquel que decía: "Tu pupila es azul...". A mí me dicen más los ojos oscuros, o al menos esos ojos oscuros. Trayendo a Bécquer del recuerdo, entonces preferiría aquel otro poema que decía:
"¿Qué es poesía?, me dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú".
Claro... Él es poesía. Cuando escribo pensando en él no me cuesta encontrar las palabras que a veces describen algo indescriptible. Siento la magia cuando pienso en él y mis dedos escriben movidos por una energía que sólo reciben cuando él está cercano, tanto en mi mente como en mi corazón.
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