
Una vez leí que un simple gesto amable plantaba una semilla que se extendía en todas las direcciones, haciendo crecer árboles en el futuro.
En esta frase que, a simple vista, parece tan sencilla se concentra una enorme fuente de sabiduría, porque es sabio aquél que es capaz de brindar una sonrisa al prójimo incluso en los peores momentos de su vida.
¿Para qué mostrar al mundo un rictus serio, enfadado o contrito cuando todo sale mejor de buen humor? No siempre es fácil. Somos humanos y, como tales, el estado de nuestra alma varía según situaciones, circunstancias y personas. A veces es complicado ocultar esos estados de tristeza o nuestros enfados, pero eso no significa que no sea posible.
Los estados del alma son efímeros, porque terminarán pasando, pero nuestra alma es eterna y por eso es tan importante no contaminarla con situaciones negativas o pesimistas. Es necesario mantenerla pura, cristalina. Por eso son tan importantes esos pequeños gestos amables, y aunque sean pequeños gestos son los que dotan de grandeza al espíritu de la persona que se los regala al resto del mundo. La persona que los reciba siempre lo agradecerá.
Una sonrisa siempre muestra lo mejor de una persona porque es uno de los reflejos con los que se comunica el alma.
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