jueves, septiembre 23, 2010

La calma nocturna

Hoy no tengo prisa por marchar. Y eso que el día ha sido largo. No tenía intención de quedarme a comer y, sin embargo, en una decisión de último momento he ido al Gambrinus. Si mañana apareciera una hora más tarde en la oficina, no pasaría nada. Pero sé que, como mucho, me retrasaré diez minutos.

Me pregunto si él estará durmiendo ya, y si habrá visto la luna. Esté donde esté, sigue siendo el mismo ángel que hace que mi corazón palpite más deprisa.

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