lunes, septiembre 13, 2010

En rojo

Ya puedo irme a casa. Pero estoy escribiendo. A veces paro, porque entonces siento que la mano se me resiente, ya que hace mucho que no escribo a mano algo extenso (desde junio por lo menos). He elegido hojas rojas, porque el rojo es el color de la pasión, pero también el color del amor.
Después de haberme mentalizado de que se habían acabado los viajes en mucho tiempo, sé que no ocurrirá tal cosa. Que en noviembre marcharé a Grecia y en mayo o junio del año que viene visitaré Moscú y San Petersburgo. No es casual que estuviera leyéndome a Tolstoi no hace muchos días. Quiero empaparme de cultura rusa. Y lo más sorprendente es que seguiré llevando su recuerdo en mi mochila y volverá a ocurrir lo mismo que pasó la primera noche en Osaka. Mis manos se verán dotadas de una energía, que quizás proviene desde el corazón, y describirán todo lo que me rodea.
De momento, no tengo más viajes proyectados. Pensaba que iba a tener que decir adiós a Rusia, pero me temo que no tendré que hacerlo. O sí. Depende. Hasta el año que viene queda aún mucho y en estos meses pueden ocurrir otras cosas.
Voy a seguir con mis folios rojos.

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