
Si una persona despierta en ti sensaciones tan placenteras como nunca nadie había despertado en tu interior, esa única persona es especial y sólo por eso es digna de admiración.
Al final del día me encuentro pensando en él y en esa dulzura que emana de él, dulzura que me contagia siempre que me encuentro con él. También me hace sonreír y, de hecho, la alegría dura casi eternamente.
Me brinda un minuto y soy feliz todo el día...
¡Qué no daría yo por poderle aportar tan sólo un poco de lo que él me aporta a mí cada día!
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