lunes, septiembre 13, 2010

Los reflejos del sol

Se está bien en la calle. Hoy es un día que invita a salir fuera, a pasear.

Sólo tengo que cerrar los ojos para imaginar que cojo la mano de un ángel y que caminamos a la par por las calles de esta ciudad, regalándonos ese tiempo que es tan precioso para todo el mundo, un tiempo que, sin duda, termina acabando. Pero en esos instantes no existirían relojes, ni otras personas, ni árboles, ni aire. Sólo existiría él, en toda su grandeza.

Adoramos a personas porque simplemente son admirables. ¿Qué hay en él para que le quiera cada día un poco más? Supongo que es todo, es él en sí mismo.

Tengo ganas de verle y, en parte, tendría una excusa perfecta para hacerlo, aunque fuera preguntando por otra persona. Al fin y al cabo, ya que me voy a poner a mirar todo también tendré que pasarme por ahí.

Estoy esperando a que me traigan unas llaves, por eso aún estoy en la oficina. Yo creo que iré a tomarme un café rápido y volveré a escribir. Tengo unas intensas ganas de escribir, como lo hacía en marzo y abril. De escribirle…

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