
Horas es lo que me ha costado leer esta novela. Es cierto que tiene muchos espacios en blanco y que es un vocabulario sencillo el que se utiliza a lo largo de todo el libro. Me ha gustado, aunque me ha dejado un amargo sabor de boca al final.
Es una novela moderna que utiliza el modo epistolar: las cartas de amor del siglo XXI, que no podían ser de otra manera que utilizando Internet y el correo electrónico como medio para comunicarse con la persona amada.
Lo curioso es que, desde la ficción, se acerca bastante a la realidad de hoy. Internet como medio para conocer a otras personas, como medio para comenzar relaciones (de amor o no), como medio para hablar de todo sin haber visto el rostro de la persona que te está contestando al otro lado.
Yo siempre he pensando que no es tan bueno Internet en ese sentido en que eclipsa el cara a cara, no con gente que conoces, pero cuando al otro lado hay un desconocido al que intentas poner cara, también necesitas escuchar su voz, oler su perfume, mirarle a los ojos, observar sus gestos. Internet, en este sentido, es un medio muy frío para avivar emociones, para comenzar una relación, para hablar de amor; se convierte en algo frágil y superficial, se alimenta algo que sólo es polvo. Donde estén los roces que estremecen, mirar a los ojos mientras se habla, escuchar la voz...
Esta novela trata de eso: una chica, Emmi, se equivoca al escribir un e-mail, y el destinatario, Leo, empieza a responderla, de tal forma que crean una relación, primero basada en la curiosidad, después en el interés, después llega la confianza y terminan enamorándose (lo siento, tengo que ponerlo en cursiva, porque ¿cómo puede enamorarse alguien de una persona a la que no ha visto, a la que no ha tocado, a la que no ha mirado a los ojos, a la que no ha escuchado nunca...?). Los juegos de palabras dan lugar a una fe ciega en la otra persona que siempre va a estar ahí, escribiendo, respondiendo, leyendo. Terminan perdiendo el rumbo de su propia vida, tanto que será el marido de Emmi el que se ponga en contacto con Leo, impulsándoles a conocerse, sólo que ese encuentro nunca tendrá lugar y Leo pondrá tierra de por medio, porque se ha dado cuenta del amor que profesa Bernhard por su esposa.
Pese a mi opinión, el libro está escrito con frescura, se lee rápido y engancha. El autor sacará una segunda parte, y me parece bien, porque nos quedamos con la intriga respecto a si los dos cybernautas se terminarán conociendo al final en persona.
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